2007 – Mesa redonda Madrid

NUEVAS ESCRITURAS DEL FANTASMA

Mesa redonda Madrid

Coordinadora : Maria Cruz Estada, psicoanalista, miembro de Análisis Freudiano (Madrid)

 

Participantes : Oscar Strada, psicoanalista, Presidente de l’(a)grupación psicoanalítica de Alicante

Bernard Brémond, psicoanalista, miembro de Análisis Freudiano (Nantes)

Jesús Gonzalez Requena, catedrático de Comunicación Audiovisual

De la Universidad Complutense de Madrid y Presidente de la Asociación cultural “Trama y Fondo

Eva Van Morlegan, psicoanalista, miembro de Análisis Freudiano y de la Fundación Europea para el Psicoanálisis (Madrid)

Javier Frère, psicoanalista y miembro de la Fundación

Psicoanalítica-Madrid 1987

Roque Hernández, psicoanalista, director del Centro de Orientación Sociolaboral y Clínica El Molinet, (Mancomunidad Valle del
Vinalopó, Alicante) miembro de Análisis Freudiano

 

María-Cruz Estada:

 

Bienvenidos a este debate de Análisis Freudiano sobre las nuevas escrituras del fantasma, título este año del argumento y del tema de nuestro trabajo. He tomado como origen de mis reflexiones el subtítulo: ¿está el sujeto barrado en su deseo por el objeto? Esta definición, en su forma afirmativa es la formula del fantasma: el sujeto barrado en su deseo por el objeto, y me llamó la atención que se cuestionara algo que se daba por hecho. Esto me hizo pensar que estamos en un tiempo marcado por la desacralización y por una falta de confianza en el símbolo. Y cuando digo poca confianza en el símbolo no me refiero a su aspecto icónico, que por el contrario está de actualidad: no hay más que ver la importancia que cobran las marcas que son en este momento los distintivos de los adolescentes.

Cuando digo desacralización y falta de confianza me refiero al símbolo como aquello que da sentido y que organiza los intercambios entre los seres humanos, y si los intercambios entre los seres humanos están perdiendo su carácter simbólico, el objeto al contrario parece ir ganando terreno en su aspecto material. Encontramos manifestaciones de ello tanto en el dominio social como en el espacio de la clínica.

En las curas, en este momento, escuchamos cosas inquietantes, sobre todo a gente de veinte, treinta años. Tomo el ejemplo de una adolescente que hablaba en sesión de una amiga suya a la que considera muy autónoma, muy independiente. Su amiga le dijo: “Si yo tuviera dinero, tendría un hijo”, y me dice que su amiga tiene razón porque ahora no es necesario formar una pareja para tener un hijo porque se puede hacer por inseminación artificial. Al ver mi sorpresa, la analizante comenta que es un tema que hablan mucho entre amigas, que la mitad está a favor de esta forma de concebir y la otra mitad en contra. Lo que llamó mi atención fue la desenvoltura con la que hablaba del aspecto comercial, material, del tema.

 

Os lanzo entonces una primera pregunta: si por un lado esta falta de confianza en lo simbólico y, por otra, este aspecto cada vez más material que toma el objeto en su vertiente imaginaria, nos permitiría hablar de nuevas escrituras del fantasma.

 

Oscar Strada:

 

Creo que si referimos la cuestión que tú planteas sobre el objeto o este aparente cambio de objeto en relación con la estructura del fantasma, es cuestionable y me parece difícil de sostener, ya que el objeto en sí, en tanto está ligado a la gramática del fantasma a la lógica del fantasma, a la Urverdrängung, a la represión originaria es difícil producir un cambio en el objeto.

Sabemos que, en todo caso, la dirección de la cura va a apuntar a cambiar algo del orden del sujeto en la relación con el objeto pero no el objeto. La cura puede cambiar la relación del sujeto con el objeto pero no el objeto.

Lo que sí me parece que abre una nueva perspectiva en la cura, en relación con el objeto, son las vestimentas del objeto, las nuevas vestiduras del objeto. Sabemos que el guardarropa queda, del lado del analista, donde se dejan los abrigos. Pero lo que permite esta investidura, aludiendo a la introducción de Maria-Cruz, es salvaguardar lo que es la axiomática del fantasma, es decir la frase. Lacan dice una frase preciosa algo así como que lo que se puede hacer con el objeto es explorar los márgenes de exteriorización del objeto, que puede aparecer como si fueran otros, pero no es otro objeto sino son las formas lo que cambia. Añade que el trabajo analítico consistiría en conducir al sujeto hacia este lugar de la falta, para ser lavada, centrifugada de todo lo que comporta de superfluo. Pienso que hay que centrarse en la frase, en la estructura de la frase.

 

Javier Frère:

 

Respecto de la introducción que planteabas, la pregunta podría parecer, de tan clara, rara. Pero cuando te explayabas en tu exposición se entendía por qué. ¿Está el sujeto barrado en su deseo por el objeto?: sí habría que decir. Habría que decir que sí, evidentemente, sin embargo después de escuchar la introducción de María Cruz, diría que el objeto del que habla no es necesariamente el objeto a. A mí me daba la impresión que estabas hablando de las vertientes más imaginarias del objeto. En este carácter de mercancía que va adquiriendo, parece ser, el objeto en nuestra sociedad. Aunque de todas maneras deberíamos decir que las versiones de la imagen del objeto funcionan estructuralmente recubriendo el objeto a.

A mí me parecía interesante el fragmento clínico que traías, y me hacía plantearme una cuestión. Es decir, evidentemente ahí hay un texto que dice, algo así como, si tuviera dinero tendría un hijo y el comentario es no se necesita un hombre se necesita dinero y sin embargo cabría la pregunta como la pregunta clínica en el sentido de pensar que de todas maneras hay allí una objeción. Claro, yo no sé si en la exploración clínica que nos podría dar eso, pero en cualquier caso ahí hay una objeción en el sentido de “si tuviera dinero”. Es cierto que habla de una especie de cortocircuito respecto de parece ser de la diferencia sexual. Pero me preguntaba si esa objeción no está disfrazando un obstáculo más estructural con el que la paciente se encontraría, mejor dicho la amiga de la paciente que en fin de alguna manera podemos pensar que la paciente está identificada con esa amiga, que esta hablando de sí misma. Entonces lo que me planteaba es un
poco lo que decía Oscar, si independientemente de estas presentaciones imaginarias históricamente determinadas, digamos, del objeto, no deberíamos pensar que la función estructural del objeto insiste y persiste a pesar de las apariencias.

 

Roque Hernández:

 

Actualmente, el discurso social propone un sujeto que no está barrado en su deseo por el objeto. Eso es lo que pretende al menos el discurso del maestro imperante, el discurso científico-técnico. En ese sentido me parece novedoso que Lacan en el seminario IV “La relación de objeto” subraye la importancia del acceso a la falta de objeto. La falta es algo a lo que hay que acceder y a partir de ese momento el reencuentro con el objeto será bajo el signo de una repetición imposible. Otra cuestión que también desarrolla en ese seminario es que el objeto de la necesidad viene a compensar algo de lo fallido en lo simbólico de la demanda. Entonces yo pienso que tenemos que preguntarnos algo en relación con lo simbólico de la demanda. Actualmente, para satisfacer al sujeto, existe un ofrecimiento por parte del discurso social de objetos de consumo, pero sin pasar por lo simbólico de la demanda. Demanda que es el único camino par que el sujeto se encuentre, más pronto que tarde, con la privación, la frustración y la castración.

 

Jesús González Requena:

 

espero que no os enfadéis conmigo por lo que voy a decir. Estoy totalmente de acuerdo en la caracterización de ese malestar inmediato contemporáneo que conceptualizas muy precisamente con la expresión de sacralización. Lo que pasa es que en mi opinión eso es contradictorio con situar el debate en términos del fantasma tal y como lo caracteriza Lacan.

Tu decías esa desacralización tiene que ver con una crisis del símbolo, de lo simbólico, además como fundamento del sentido. Y estoy de acuerdo pero esa no es la posición lacaniana. Pues a partir del seminario IV, Lacan tiende a concebir al símbolo como un significante vacío, que sujeta el espejismo imaginario. Si es así, es que toda sacralidad, toda dimensión simbólica en el sentido fuerte es inviable. Que toda sacralidad, todo símbolo o toda función simbólica en el sentido fuerte, es decir, fundador de subjetividad, es inviable, es un espejismo. Y precisamente esa es la posición a la que llega progresivamente Lacan y en la que emerge su definición del fantasma. En un momento dado Lacan se encuentra totalmente, coincide totalmente con la filosofía de la deconstrucción, por ejemplo coincide directamente con Derrida en esa idea caracterizadora digo del pensamiento de la deconstrucción que es que el sentido es un espejismo, que es imaginario. Entonces cuál es la perspectiva para el sujeto. Tal y como la sitúa precisamente en el ámbito de la experiencia analítica, pues precisamente atravesar el fantasma y en esa misma medida disolverse, deshacerse en esa travesía. De manera que, precisamente qué quiere decir eso sino que el sujeto como tal es también él un espejismo.

Y ahí precisamente, vuelvo al punto de partida, desde luego hay una crisis radical de lo simbólico, pero el propio Lacan ha participado activamente en el desarrollo de esa crisis. Y sin embargo hasta cierto momento él fue quien mejor caracterizó las condiciones de esa crisis. Es él quien primero formula que el rasgo caracterizador del siglo XX es la crisis de la función paterna, y dos, precisamente en función a la falla de esa función como fundamento de lo simbólico introduce ese giro fundamental en el pensamiento analítico que es la teoría de la psicosis. Y ahí, en ese contexto sí hay una dimensión sagrada del símbolo, fundadora de subjetividad, que ahí precisamente se articula una dimensión fundadora, el símbolo, fundadora de subjetividad en positivo del sujeto no como espejismo sino como algo más, algo positivo en la dimensión de la palabra, sagrado evidentemente. Pero digo, y este es el carácter contradictorio siempre del pensamiento lacaniano, en el mismo momento en que llega ahí, él retrocede. Precisamente porque en Lacan, en el psicoanálisis de Lacan el auténtico agujero es el padre.

 

Oscar Strada:

 

Es el padre analista, pero no es el lugar que funda su propio nombre.

 

Jesús González Requena:

 

Sí, pero siempre en posición perversa, con respecto a su escuela.

 

Oscar Strada:

 

Sí, sí, sin duda alguna. Era una acotación, que efectivamente el agujero del nombre del padre que él funda por otro lado, de su analista destituido precipitadamente, pero funda su propio nombre como dice Jesús de una manera perversa.

 

Javier Frère:

 

Perverso en el sentido de versión del padre, no de renegación.

 

Oscar Strada:

 

Sí, porque funda su propio nombre.

 

Eva Van Morlegan:

 

De manera perversa en el sentido de père-version.

 

Oscar Strada:

 

Una versión del padre a través de su propio análisis. Casi como un salto en lo real. Interesante.

 

Javier Frère:

 

Para volver a lo que decía Jesús: ese poco de real que hay en juego, en la tela fantasmática de la realidad, es el objeto a. Me da la impresión de que la fundación no depende exclusivamente del padre, sino de la intersección o de la operación paterna, de la función paterna, en el punto de emergencia de un objeto a. De ese poco de real y me parece que esto se manifiesta de una manera clara precisamente en lo que sería el desencadenamiento psicótico, donde, digamos, que este punto de oposición simbólica al padre como punto de desencadenamiento, me da la impresión que no lo podemos pensar sin una cierta dimensión del objeto causa convocando a esa función. Convocando, llamando a la función paterna. En la medida en que ahí se presenta un puro agujero, el imaginario no se sostiene. Esta dimensión de espejismo que tiene la realidad fantasmática, tomada entre el triángulo simbólico, entre el triángulo imaginario, no es una banalidad este espejismo. La posibilidad de sostener este espejismo es la diferencia entre volverse loco o no. Aunque no sé si iba por ahí lo que decía Jesús, pero bueno, me sugería eso.

 

María Cruz Estada:

 

Si el fantasma pierde por el lado simbólico y gana gracias al aspecto más imaginario del objeto, esto tendría que tener relación con lo que Freud comenta en su texto sobre «Los fantasmas histéricos y su relación con la bisexualidad», cuando dice que ciertas histéricas exteriorizan sus fantasías en una realización consciente. Por ejemplo, vemos que en relación con el propio cuerpo se intenta cada vez menos SER COMO el tipo ideal de su sexo, para SER el tipo ideal de su sexo, lo que entraña un pasaje por el quirófano: cortar, coser, corregir, añadir y no importa a qué precio, se trata de convertirse en el tipo ideal de su propio sexo, lo que es distinto que la vía de las identificaciones secundarias y remite a un fantasma de ser sin fisuras. El resultado es inverso, es decir que encontramos mucha gente al fin convertida en un objeto de desecho que es justamente uno de los aspectos del objeto «a». Y quería dirigirte a ti esta reflexión Eva, a propósito del viraje entre objeto de deseo y objeto de desecho, puesto que hablaste en el Seminario del hospital de este tema en relación con la histeria.

 

Eva Van Morlegan:

 

Efectivamente, en el seminario que sostenemos en el hospital de Madrid, comentaba esta dificultad, entre hacer semblante de objeto y aparecer como objeto en relación con la histeria donde por un lado tendríamos el fantasma en su vertiente más real, por tender a provocar la división del Otro. Pero cuando el otro se abre al deseo, la histérica se angustia. Está dispuesta a encarnar el objeto del fantasma del otro, del semejante y a veces llega lo bastante lejos como para anularse como sujeto. No es raro que alguien que se consagra de este modo a la realización del fantasma del otro, se pregunte: «¿Quién soy?»; pero no es la pérdida del objeto lo que angustia a la histérica, sino el momento en que cae como objeto imaginario. Perdiendo el objeto imaginario que es el que ella cuida, el que mantiene como faltante al objeto ’a’ causa del deseo, la histérica se convierte en un objeto de desecho y entonces la angustia se produce.

Efectivamente vemos un cambio en la clínica como planteabas. Cada vez viene a nuestra consulta más gente con síntomas —anorexias, problemas escolares, mujeres maltratadas— sin pregunta. En estas personas habría una especie de escena de demostración, con mucha dificultad para asociar, es como si estuvieran en un punto, diría, casi de abolición máxima, de desaparición

máxima del sujeto. Cuando se les pregunta para intentar que se produzca algún discurso, responden “No sé, no sé”. Tenemos entonces por un lado esta forma de presentación bajo la forma de un anonadamiento y por otro, esta enorme dificultad para asociar libremente, como si el sujeto pareciera no ser representado por un significante sino por una escena, y nuestra dificultad es hacer pasar esta escena en forma de palabras..

 

Jesús González Requena:

 

Bueno yo cruzaría esto con la otra cuestión que formulabas después sobre lo social y los textos sobre la capacidad de influir o el grado de conexión de un plano con otro. De hecho ese doble juego o esa reducción de la vivencia del deseo en el plano además escindido del objeto imaginario y el objeto desecho, el objeto basura realmente configura el espacio de los textos sociales, quiero decir, el spot publicitario la publicidad en su conjunto está del lado del objeto puramente imaginario y en esa medida descarnado, puramente visual y del otro lado está el espectáculo del horror, el cine de terror, el reality show, propiamente el cuerpo emergiendo como basura y precisamente hay disociación radical de lo uno a lo otro que en mi opinión da al paisaje social una lógica propiamente esquizoide. De manera que hay una experiencia una exposición de placer ante esa identificación imaginaria en el campo del yo ideal y totalmente desexualizada necesariamente, o bien por el contrario hay una experiencia del cuerpo, un goce, un encuentro con lo sexual que no tiene otra manifestación que la de lo siniestro, precisamente porque falta el símbolo que pueda articular esos dos planos y trascenderlo y situarlo en una perspectiva, Freud diría de sublimación pero yo diría que deberíamos llegar mas lejos y hablar de una reconquista del campo de lo sublime, categoría que hemos olvidado pero que ha configurado nuestra cultura, nuestra civilización más exactamente. Tú, Javier, antes decías que situabas el encuentro con lo real — y un encuentro raro, dicho sea de paso— en el objeto a y la aproximación del objeto a cobra la forma precisamente, y así lo describe Lacan, de ese objeto a desecho, basura. Y el problema es que hoy en día nuestra civilización sólo concibe lo real de ese lado. De manera que frente a ello lo simbólico siempre es demasiado poco, en el límite un espejismo. Ahora bien, por qué no considerar lo real mismo de la palabra,

 

Javier Frère:

 

De la «parole«.

 

Jesús González Requena:

 

No, no, digo del signo, digo de la palabra en el sentido más fuerte, más singularizado la palabra, que se da en un acto de intercambio irrepetible. Eso es real, eso tiene peso, eso deja una huella que perfora en el cerebro del ser. Y que probablemente sea el fundamento materialista del alma y creo que ahí es donde podemos situar el tema de lo sagrado.

 

Oscar Strada:

 

Yo quería precisar, si no entendí mal, algo de lo que has dicho tú María Cruz y que Eva acentuó un punto ahí. Yo creo que en el tema de la estética de la cirugía plástica, lo que aludías, del ser el ideal, de ser el tipo el sujeto y no como sujeto de identificación, me parece que no tiene nada que ver con el objeto a. Hay que recordar que la lógica del fantasma es una propuesta imposible. Una proposición imposible, porque no se puede unir un sujeto efecto del significante con el objeto a, que no tiene nada que ver con el significante. Igual que en el caso de la anorexia, por ejemplo, yo pienso que las cicatrices las marcas en el cuerpo, hay que entenderlas desde un lugar otro desde la búsqueda de la puerta de un goce perdido, de un goce perdido vanamente y que marca simplemente, marca el valor sintomal, sintomático del sujeto, es decir del sujeto barrado, como sujeto barrado que esta del lado, totalmente, eso hay que verlo del lado del sujeto y no del lado del objeto, que no tiene nada que ver que no hay ninguna posibilidad de identificación al objeto. No a lugar. Y lo que decía Eva, yo pienso que eso que viene que es verdad en el caso de la anorexia o en algunos adolescente que presentan dismorfofobias de un rasgo la única posibilidad es llevarlos justamente al sujeto barrado a un cuestionamiento del sujeto no del objeto y que eso es justamente una resistencia verlo del lado del objeto y que como la histeria también es la puerta, la única puerta de entrada.

Y en lo que decía Jesús de lo real, yo creo que sí, que la lógica o la gramática del fantasma es justamente la una gra
mática afortunada, porque permite, es la única posibilidad lógica que tiene el sujeto frente a lo real o de entrar a lo real para el sujeto y entra con un amortiguador. Ni más allá ni más acá. El acordeón de la losange no se puede entender de otra manera. Es algo que acerca y aleja al objeto. Yo pensaría en una especie de topología, como el pianista que con la mano izquierda marca los tonos, algo de la armonía, para que de la mano derecha se pueda buscar algo de esa melodía evanescente que parece que fuera como la huella de Viernes una vez que haya pisado aquello que Lacan dice tan poéticamente, pero que no tiene que ver con el significante. Tiene que ver, más bien, con lo que puede tener de objeto ese objeto que puede estar en la voz; está más vale de ese lado de una imposibilidad lógica de unir la mano izquierda con la mano derecha y creo que habría que recordar eso, que es imposible esa unión. Y todos esos intentos de apariencia fantasmal, de relación con el objeto, no son más que el fracaso del sujeto y al mismo tiempo el triunfo de poder mantenerse como sujeto escindido como sujeto barrado. No hay nada del objeto en el tema de la estética de las nuevas versiones modernas de intento de ser, es más que una reafirmación de ser el sujeto barrado otra vez.

 

Bernard Brémond:

 

Yo recojo la metáfora del pianista que dio Oscar, porque está la mano izquierda, la mano derecha y también la partitura. De lo que habéis dicho, lo que recuerdo más es el término desacralización. Personalmente veo el extremo de la sacralización, en el hecho de que todos los objetos imaginarios que se proponen profusamente hoy en día al sujeto, estos objetos imaginarios no son encontrados por el sujeto sobre el fondo del objeto perdido. Lo que está en el centro de la teoría de Lacan, sobre el objeto a, es el objeto a como objeto perdido. La letra a, primero se usa para hablar del objeto imaginario y sólo poco a poco Lacan formaliza el objeto a. Entonces tendríamos que pensar lo que une y lo que separa al objeto a y el objeto imaginario.

En cuanto al espejismo, hay varias maneras para un sujeto de ser engañado por sus objetos. No es lo mismo un sujeto que esta engañado por un fetiche, del sujeto que se engaña con un objeto transicional, o un niño, como el nieto de Freud, que se engaña para suplir las ausencias de su madre con una bobina. Esos tres objetos: el fetiche, el objeto tradicional y la bobina, no son objetos a, sino objetos que en una primera aproximación se podrían llamar imaginarios, pero es demasiado vago. Y estas tres diferentes maneras de presentar un engaño no tienen la misma relación con el objeto perdido. El sujeto no está barrado de la misma manera en su relación con el objeto.

En conclusión, una de las preguntas concierne la operación de la cura: ¿opera la cura sobre el fantasma y cómo? Estoy de acuerdo con lo que dijo Óscar Estrada, la cura analítica no permite cambiar el objeto, pero sí modificar la relación con el objeto, modificar las formas de engañarse. Alguien habló antes de la travesía del fantasma. Me parece que el atravesamiento del fantasma seda cuando el enganche del sujeto al objeto a es tal, que este objeto ha tomado una dimensión de ficción. Y esto apunta al losange que hay entre la S barrada y el objeto a. En el fantasma las dos partes del losange están pegadas. Para tomar los términos de Lacan, alienación y separación en la relación con el objeto están mezclados. Quizá la meta de la cura sea separar esas dos partes del losange, partirlo, y ahí es donde nos encontraríamos con lo que tú, Oscar, dijiste sobre la mano izquierda y derecha.

 

Oscar Strada:

 

Yo estoy totalmente de acuerdo con lo que ha dicho Bernard. Tomaría el punto de que en la perforación del fantasma en relación con el objeto, hay una estructura de ficción que justamente el fantasma pone de manifiesto en el relato. Es la función. Hay en estos momentos una película en las pantallas españolas “En carne viva” de Jane Campion. En ese film, la protagonista que es profesora de literatura le cuenta a su hermana, de manera interrogativa negativa, algo así: “¿Nunca has hecho el amor de manera imaginaria? Así puedes tener a quien desees…” y esto me parece que marca muy bien la estructura del fantasma. Y además se lo cuenta a su hermana a la que pone en el lugar del analista. Es una frase, un relato, que tiene esta estructura de ficción dicho a otra persona y que se da sobre el trasfondo siniestro de que a la protagonista la acecha un asesino en serie que marca el punto del amo, del lugar de la muerte. Me parece que eso marca muy bien esa dinámica que se da en el lado del sujeto sobre la marca de la falta de objeto en esa relación imaginaria y que es la función pantalla que cumple el fantasma. Justamente el amor para la protagonista está sobre la base de la falta, de la no relación sexual. Entonces el relato del fantasma, la frase en esta modalidad de confesión, tiene justamente la función de colocar esos objetos a imaginarios en el lugar —imposible de ocupar— del objeto a como falta.

 

Javier Frère:

 

Yo estaba pensando, no sé si es otra cosa, o es otra vertiente de la cuestión. Efectivamente se estaba planteando este asunto que más que pensar en cambios de objeto, habría que pensar en las distintas modalidades de vinculación del sujeto con el objeto. Y donde habría que diferenciar estas propuestas sociales de objetos imaginarios que taponarían la división subjetiva del objeto a que está precisamente ahí para causarla. Ahora, es decir, objeto a, que por otra parte que no hay acceso más que por versiones. Yo estaba pensando en una sesión de esta mañana, antes de venir para aquí, donde un hombre que ha sufrido en el pasado ataques de pánico y entonces relata cómo uno de sus jefes le hace una consulta por otro empleado que está de baja y que no se reincorpora al trabajo y que el jefe quiere que se reincorpore. El jefe le dice que ya ha hecho una consulta con otra persona y que le ha dicho que el trabajador no debe reintegrarse al trabajo. Mi paciente hace a su vez una consulta, porque no es un tema de su especialidad aunque está vinculado, y lo llama al jefe y le dice que esta segunda persona también dice que el empleado no debe reincorporarse. Y el jefe dice “otro caradura”. Mi paciente tiene un pequeño estado de mucha angustia y dice que cree que el jefe se refiere a él como caradura. Entonces interrogado por esto dice que en realidad no sabe a quién se refería el jefe, entonces yo aprovecho para señalarle algo que ya le había señalado muchas veces o otras veces por lo menos, no sé: Que él no sabe pero que se ofrece él para tapar ese punto de ignorancia. No sé por qué esta vez el paciente se sorprende y queda afectado por esta interpretación que ya había sido señalada en otro momento. Todo esto para señalar algo que me parece que también entra en consideración con este tema del fantasma y es que este asunto de la travesía, que me parece una expresión mucho mejor que atravesamiento, porque el atravesamiento me da la impresión de que si uno atraviesa la ventana se cae al vacío ¿no?

 

Eva Van Morlegan:

 

¡Te caes en el vacío! (risas) Es eso ¿no?

 

Javier Frère: .

 

..una aventura y un recorrido que efectivamente me parece que es eso lo que más tiene que ver con lo que experimentamos en la clínica, no con ningún atravesamiento. Esta travesía en lo que tiene de construcción y recorrido termina por revelar esta posición de objeto del Otro, en la que el fantasma se sostiene. Entonces me da la impresión que lo que deberíamos plantear y creo que está un poco en el espíritu de lo que se ha estado diciendo y creo que es que la travesía tiene la potencia de producir un desalojamiento del sujeto de esa posición de objeto del Otro y devolver de alguna manera una cierta posición de sujeto con las consecuencias sintomáticas que esto indudablemente tiene. Desalojado de la posición de objeto del Otro retoma una cierta posición de una responsabilidad frente a su deseo de una posición de sujeto.

Volviendo a mi paciente, él se ofrece como objeto caradura del Otro, en la dificultad de poder sostener el interrogante de esa palabra “otro caradura”. Yo situaría en esa interrogación, en ese enigma, una formación del objeto a, por decirlo de alguna manera. En la medida de que eso se sostiene, le ubica a él en una posición de sujeto. Y eso va a tener una consecuencia en la plasmación sintomática que el fantasma siempre tiene. Una cosa es sostener “yo soy el objeto”, “el caradura soy yo” y otra cosa es la pregunta ¿qué es este caradura? ¿De qué está hablando este hombre?.

 

Jesús González Requena:

 

¿El fantasma es una pantalla, eso es un presupuesto? Esto es una pregunta. Es que creo que lo situáis como una pantalla en el sentido que dice Lacan, de algo que oculta, vela. Velo y pantalla porque precisamente vela configurando algo que no es lo que hay detrás. Pues, desde luego Lacan lo formula así y puedo equivocarme pero yo creo que el sentido en que Lacan habla de ello es más atravesamiento que travesía, es mi sensación. Yo desde luego preferiría hablar de travesía, pero porque no estoy convencido de que el fantasma sea una pantalla. El fantasma del que Lacan habla no estoy convencido de que sea el fantasma del que habla Freud y ello porque bueno el fantasma es una escena, la escena por antonomasia es la escena primaria y la escena primaria no es para nada una pantalla. Y las escenas fantasmáticas siempre tienen alguna relación esencial, va descubriendo progresivamente Freud, con la escena originaria. Haciendo las otras escenas de pantallas, pero precisamente una pantalla detrás de la cual hay una escena más radical, que no es una pantalla sino todo lo contrario. Lo que pasa que cuando Lacan habla de fantasma se olvida de la escena primaria y en esa misma medida estamos siempre del lado del engaño. Quiero decir, hace un momento decía Bernard que la cura apuntaría a modificar las formas de engañarse. Yo en esto no soy nada lacaniano, yo pienso que la cura debe apuntar hacia la verdad.

 

María Cruz Estada:

 

Ahí está la sacralización de nuevo.

 

Jesús González Requena:

 

¡Exacto! No, bueno…

 

María Cruz Estada:

 

Pero con lo sagrado en su aspecto de religión…

 

Jesús González Requena:

 

Siento no haberos traído el último número de “Trama y fondo” sobre el bien. Precisamente yo trabajo ahí sobre la diferencia de la ética en Freud y Lacan. En Freud la verdad existe y es el punto de llegada y en Lacan —al modo de Nietzsche— no es más que un espejismo. Esto llevaría tiempo argumentarlo, por eso me comprometo a mandarles el artículo. Pero en mi opinión precisamente tendríamos que matizar estas cuestiones sobre esa vinculación, entre las escenas fantasmáticas y la escena primordial que constituyen su verdad de fondo.

 

Oscar Strada:

 

Vamos a ver. Dos cosas. Primero no estoy para nada de acuerdo en que la escena primaria tenga que ver con el fantasma fundamental y que por lo tanto sea una imagen. No hay ninguna posibilidad que sea una imagen. No hay ninguna representación del fantasma fundamental. Por eso el fantasma fundamental es un axioma, porque es lo que está en el lugar de lo real y por eso tiene que ver con la frase. Funciona como la primera letra de la frase y ahí viene el desencadenamiento de lo que se cuenta. Segunda cuestión, la relación entre el fantasma para Freud y el fantasma para Lacan. Efectivamente son diferentes pero hay puntos de unión. En 1908 Freud escribe “El poeta y la fantasía”, y Lacan habla del valor de lo poético en la palabra y justamente en el axioma, la famosa discusión de Lacan con Chomsky, termina diciendo Lacan: no soy un científico soy un poeta. Y es verdad que Freud en este trabajo sobre el poeta y el fantasma habla del placer del valor de la descarga de la fantasía, pero en Lacan también hay una forma del fantasma que tiene que ver con el placer y el goce en la función de lo poético y me parece que ese es un punto que hay que considerar en el relato del fantasma, que tiene una estructura de ficción porque justamente…perdón, que del fantasma se puede saber, del fantasma fundamental lo que se dice, no como representación, me parece, para mi, como imagen…

 

Bernard Brémond:

 

¿Pero no crees que se puede considerar, como hace Lacan, que el fantasma descrito por Freud en “Pegan a un niño”, podría ser considerado como una de las figuraciones posibles del fantasma fundamental ya que, según la lectura de Lacan, ese fantasma se refiere a la relación del sujeto con el significante, en tanto que es el significante el que constituye al sujeto?

 

Oscar Strada:

 

Sí, pero como axioma, porque no se dice «Pegan a un niño porque hizo tal cosa», no hay ninguna representación ni dramatización, es un axioma, es como una verdad.

 

María Cruz Estada:

 

Lacan dice que la frase del fantasma funciona como un real; me parece que no se refiere tanto a un agujero en el plano de la representación, sino al hecho de que en el análisis, esta frase funciona como un real, en el sentido en que una vez enunciada, no podemos asociarla, no podemos hacerla derivar. He llegado a esta conclusión: que lo real aquí tiene que ver con el hecho de que la frase constituya un punto de fijeza en el dis
curso del paciente.

 

Oscar Strada:

 

Por eso no se puede analizar.

 

Roque Hernández:

 

Un poco para que me sirva a mí para retomar lo que quería decir, efectivamente pienso la cura más en términos de atravesamiento que de aventura, en el sentido de que algo en ese explorar los bordes lo real queda más ajustado en el trabajo analítico cuando las significaciones que el paciente trae y que tiene que ver con sus identificaciones caen cuando hay un acto analítico. Cuando esto sucede, el cuerpo queda afectado necesariamente, aparece la angustia y el sujeto viene después a suturar de nuevo con la palabra ese fondo de angustia que caracteriza su relación con el Otro. Eso me llevaba a un enunciado de Lacan que me ha interrogado a propósito del fetichismo. Él dice que el sujeto oscila, en la relación especular de la madre con el falo, entre una de esas dos posiciones. En esta oscilación es donde me cuestionaba la referencia al objeto encubridor, en el sentido de que es una pantalla que viene al lugar donde la historia se detiene, o donde la memoria se detiene, que tocaría para mí a esta cuestión de lo no inscrito en lo simbólico o de lo reprimido no asumido por el sujeto y que en la cura psicoanalítica tratamos de desvelar.

 

Jesús González

Requena:

 

 

Es que la escena, el fantasma y yo lo declino en términos freudianos, la escena fantasmática no es una imagen aunque contiene una imagen, la escena es antes que nada una escena, en esa escena aparece una imagen del objeto de deseo pero la escena esta temporalizada y precisamente esa temporalización apunta a un acto que es el del atravesamiento del objeto. Así, digamos, la escena fantasmática de la que también habla Freud su manifestación más explicita la que aparece como fantasía diurna precisamente es siempre una demora de esa escena que nunca llega al momento del acto, pero el acto está siempre allí, más allá y ese acto que esta siempre allí más allá es precisamente el acto. El acto por antonomasia en el pensamiento freudiano es el acto que está en el centro de la escena primaria. Pegan a un niño es sin duda un fantasma, digamos así de segundo o tercer grado, pero como apuntaba oportunamente Bernard tiene de fondo ese fantasma esencial. En ese fantasma esencial hay violencia, alguien actúa violentamente sobre otro y eso se manifiesta en el fantasma de segundo o tercer grado como pegan a un niño.

 

Bernard Brémond:

 

Sólo quiero hacer dos puntualizaciones para recoger este termino de travesía del fantasma. Para mí la cura es también un recorrido balizado por un cierto número de pérdidas, de caídas que más que caída de objetos, son caídas de una cierta relación con el objeto. Para volver a la escena primaria, me parece muy interesante lo que dice Jesús en relación con “Pegan a un niño”. Me parece que lo que está en juego con el fantasma de la escena primitiva, es “yo no estaba allí”. Más precisamente, el sujeto no estaba en el momento en que ha sido concebido y su fantasma sería: «Antes de nacer, ¡yo era francamente un ser maravilloso!”.

 

Javier Frère:

 

Me parece esencial esta puntualización que hace Bernard: por el hecho de la estructura estoy excluido de la escena primaria, exclusión por estructura en tanto no había nacido. Yo no había nacido y sin embargo el fantasma va como a poner versiones, primera, segunda y hasta tercera versión para abordar ese agujero imposible de llenar. Entonces en “Pegan a un niño” hay una pregunta de Freud que, bien pensada, es muy loca. La segunda fase del fantasma no está dicha por el paciente no es recordada, es una construcción, una interpretación que hace el analista y esto podría considerarse —y de hecho en algunas lecturas de Freud es considerado— como una cosa completamente arbitraria. Esto tiene, en todo caso, una dimensión de construcción en el sentido de construcciones en análisis.

 

Oscar Strada:

 

Como ratas por florines.

 

Javier Frère:

 

Ah, ratas por florines, sí, ratten… Entonces digamos que, finalmente en la fantasía, en el tercer momento de la fantasía de “Pegan a un niño” que sería la fantasía que tiene una carga erótica, el sujeto esta representado por esos niños que son pegados. Lo que Freud va a decir, va a interpretar, es que en la segunda fase es el sujeto el golpeado por el padre y que tiene esta dimensión de violencia pero también de ser amado por el padre. Entonces me preguntaba si incluso en esta segunda escena inconsciente no hay algo de una escena primaria en donde el sujeto estuviera presente y que de alguna manera como que lograra una cierta burla de la exclusión de la escena primordial, preservando a la vez la imposibilidad radical de representación de la escena primordial, en tanto estructuralmente el sujeto está excluido, y ausente de esa escena porque no había nacido.

 

Jesús González Requena:

 

La escena primaria tiene dos manifestaciones posibles en Freud. Porque por una parte es y en eso Freud siempre mantiene una ambigüedad, o bien la escena que el niño vio de los padres o bien la escena que el niño construyó de los padres, pero siempre esta en relación con la representación de ese origen que es el suyo. Por eso está y no está pero Freud precisamente siempre que habla de la escena primaria localiza ahí al sujeto mirándola. Por ejemplo en esta imagen del árbol lleno de lobos, que el sujeto mira tras la ventana.

 

Oscar Strada:

 

Incluso ahí hay una cierta representación de lo irrepresentable, como un intento de representación de lo irrepresentable.

 

Jesús González Requena:

 

Es cierto, pero a lo mejor convendría que lo lexicalizáramos de otra manera. Irrepresentable bien, pero a la vez configurable a través de una construcción simbólica que ciñe justamente ese límite.

 

Oscar Strada:

 

Precisamente alrededor de eso irrepresentable hay permanente producción.

 

Jesús
González Requena:

 

Lo que pasa es que ahí es donde deberíamos situar la cuestión de la verdad de la que nos hemos desecho en las últimas décadas. ¿Cuál es el problema de occidente en este momento? Que no cree en ninguna verdad. Y parece que no pasa nada, parece que hubiéramos descubierto la realidad de las cosas, y no, más bien todo lo contrario, sin verdad sin dimensión de la verdad entramos en un proceso de extinción, desaparición, aniquilación, literalmente desaparición biológica, porque no tenemos fuerza para reproducirnos. La verdad nunca es universal pero eso ya por ejemplo lo ha articulado de sobra por una parte el cristianismo, el existencialismo, no hay nada universal, lo universal es metafísico. Tenemos lo que tenemos en la circunstancia histórica en la que sobrevivimos frente a lo real y siempre es concreta jamás universal. Pero precisamente sobrevivimos en tanto creemos, hacemos verdaderas las palabras con las que configuramos nuestro espacio en, ante, frente a lo real.

 

Oscar Strada:

 

Jesús, pero ¿de qué verdad estas hablando? La verdad del psicoanálisis, la verdad de una falta o la verdad de la imposibilidad de la relación sexual? En el sentido de la unión con el objeto, si es esa la verdad, ¿es universal o no? Acláranos, por favor.

 

Jesús González Requena:

 

Claro ¿qué es la verdad?

 

Oscar Strada:

 

¿A qué concepto de verdad te refieres?

 

Jesús González Requena:

 

El concepto de verdad es el de la palabra que sostiene al ser. Nada tiene que ver con lo imaginario de la fusión con el objeto todo lo contrario tiene que ver con lo real porque es la palabra que sostiene al sujeto frente a lo real: la estructura esencial de esa palabra es debiera ser, ha sido la palabra del padre. Y la palabra del padre precisamente en tanto que no es solo una palabra negativa que prohíbe y hace posible al objeto perdido sino es también y esta es la dimensión que deberíamos reabrir y desarrollar, es la palabra positiva que tiene la estructura de la promesa o si quieres del juramento.

 

Oscar Strada:

 

¿Como Austin, el valor performativo?

 

Jesús González Requena:

 

Sí, sí, sin duda tiene un valor performativo. Es el padre, sin duda tiene un valor preformativo, es la palabra que dice “tú eres a pesar de todo” y a hay un relato para ti y esa palabra funda por tanto el relato que es la dimensión simbólica, la única en que el hombre puede vivir.

 

Oscar Strada:

 

Esa es la morada del psicoanálisis.

 

Eva Van Morlegan:

 

Es interesante lo que dices, en el sentido de que el padre no tiene sólo una función de prohibición, sino también la posibilidad de una promesa.

 

Bernard Brémond:

 

Quiero retomar lo que ha dicho Jesús, de una forma un poco atrevida, pero al nivel mismo de la clínica. Eso va con esa pregunta que se planteó antes de si el fantasma es sólo una pantalla o un velo. Entonces el segundo tiempo del fantasma “Pegan a un niño” que es “mi padre me pega”, ahí está la verdad, esta frase no se reencontrará, nunca podrás reencontrarla pero es la verdad. Y es necesario que este tiempo haya tenido lugar, aunque no sea reencontrable.

De la misma manera, se podría decir que en el recorrido del Edipo de la niña, es necesario que haya habido este tiempo “tendré un niño de papá”, cosa que debe desaparecer absolutamente bajo la represión. Pero de una manera impuesta podríamos decir “tendré un niño de papá”, ahí la verdad habla. Si bien debe desaparecer radicalmente.

 

María-Cruz Estada:

 

Bueno creo que podemos terminar aquí y quería agradeceros a todos que por vuestra participación tan activa, casi no me habéis dejado preguntar nada; es lo que esperaba de vosotros (risas) así que muchas gracias en nombre de Análisis Freudiano.

  • Superior
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