COMENTARIO DE LA PELÍCULA “HABLAR DE VERDAD”

Eva Van Morlegan

Psichoanalista, miembro de Analysis Freudiano

 

La película “Hablar de verdad” nos muestra que para Françoise Dolto la cura psicoanalítica no es solo un procedimiento terapéutico, es fundamentalmente un encuentro fundado sobre el mutuo reconocimiento del otro como sujeto. Ella apuesta a que en ese ser que le traen a la consulta pueda llegar a constituirse un sujeto.

Sostiene que es posible entrar en comunicación con el niño por más pequeño o loco que sea, que el niño posee siempre el entendimiento del “hablar verdadero”. Insiste durante su enseñanza que un niño puede entender lo que se le dice si las palabras contienen una verdad para él sobre su historia, sus padres o los sucesos que tuvieron importancia en su vida.

Considera que el ser humano es la encarnación simbólica de tres deseos: el de su padre, el de su madre y el suyo propio, en tanto somos seres de lenguaje.

 

Esto nos permite señalar una primera diferencia entre el psicoanálisis con niños y el psicoanálisis con adultos. Cuando se trata de la consulta por un niño quienes llaman son los padres. Son ellos los que nos vienen a hablar de su preocupación por lo que a su hijo le pasa. En la experiencia analítica con adultos los padres también están presentes en la sesión, pero presentes en el discurso del paciente, en la versión que cada uno cuenta de ellos en la construcción de su mito individual. Pero en el psicoanálisis con niños comenzamos el trabajo con los padres que vienen a nuestras consultas para hablarnos del niño, se trata entonces de sostener una posición transferencial con los padres que facilite el diálogo y que permita la escucha del lugar que tiene este niño para cada uno de los padres y que función cumple su síntoma en la estructura familiar.

 

Cuando el niño por el que consultan es menor de 5 años el trabajo con los padres es condición indispensable, como plantea con claridad Robert Levy[1]: “el psicoanálisis con niños en el estadio infantil no es sin los padres”.

 

En esta película tenemos un ejemplo de cómo Françoise Dolto procede en su práctica clínica cuando recibe el pedido de tratamiento para un niño. Lo vemos en la historia de la niña con la muñeca rota; allí nos transmite como en su hacer como psicoanalista está atenta tanto a la palabra de los padres como a lo que la niña hace, y nos hace ver que también escucha la manera que la niña tiene de expresarse.

Destaca que “un niño que llevan a consulta es frecuentemente el síntoma de sus padres”. Razón por la cual Françoise Dolto piensa que hay que tener una práctica como psicoanalista de adultos antes de comenzar a trabajar con niños.

 

En el comienzo de la película nos plantea que en las patologías graves hay un corte en la relación con el mundo y una repetición estereotipada. Corte con la realidad, es decir, apartamiento de la realidad y repetición estereotipada, donde hay un juego repetitivo, sin diferencias en el que no se puede inscribir nada, repetición en lo real, registro que da forma al juego: calcado, idéntico a sí mismo,

El juego constituye un paso indispensable en el desarrollo del niño, y nos permite acceder al tiempo de constitución psíquica del niño.

Sabemos que no es el mismo tiempo de estructuración psíquica el del niño que coge un juguete y lo lleva a la boca, de aquel que con el juego del cucu-trás inscribe la presencia-ausencia, del que juega a ser distintos personajes hasta llegar a los juegos con reglas.

Cuando un niño juega podemos afirmar que hubo un Otro deseante -la madre- que marcó ese cuerpo biológico haciéndolo pulsional a partir de sus palabras y sus cuidados. Muchas veces llegan a nuestras consultas niños que no juegan y eso habla que el niño está en posición de objeto, lo cual da cuenta de su dificultad para ocupar un lugar desde donde apropiarse lúdicamente del mundo que le rodea.

 

La función de la madre es interpretar lo que el niño demanda, ya que el niño no solo no puede decir lo que le pasa, sino que tampoco puede significar lo que le pasa, será la madre desde su mundo simbólico quien irá construyendo esa significación. Dice Gastón Bachelard: [2] “…El fuego pega antes que quema…”, es decir, cuando el niño va a acercar la mano al fuego, llega primero la mano de la madre, que detiene el movimiento para que el niño no se queme. Lo simbólico de la madre vendrá en auxilio de ese osado e inconsciente investigador, que es el niño. De este modo la madre es agente de transmisión, transmisora de un orden y de una significación.

 

La madre al escuchar el grito del niño como una demanda, le da su propia significación y de este modo lo que ella desea se convierte en lo que el niño demanda y necesita. Esto que en su momento es necesario y constitutivo tiene que encontrar un límite, es decir que el deseo materno tiene que encontrar un límite, único modo de dar lugar al surgimiento de un sujeto autónomo del poder o del saber materno. Este límite, que se atribuirá al padre, en psicoanálisis lo llamamos Nombre del Padre.

 

Lacan define el “deseo de la madre” en su texto “De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis”[3] como un significante que merece ser llamado una primera operación simbólica plena. Es un significante que solo vale porque evoca su propia falta. No tiene más juego que la presencia o la ausencia.

Pero es el “deseo de la madre” el que constituye el hueco de la falta de un significante, que permite que se articule el Nombre del Padre.

 

Para que el niño pueda ocupar un lugar en tanto niño con un deseo propio, tiene que poder caer del lugar de ser el objeto que completa al gran A encarnado en la madre, tiene que desocupar ese lugar de objeto y por la misma operación el A queda descompletado.

 

Lo que facilitaría esta operación es que la madre “tenga un padre en la cabeza”, ya que la castración materna es anterior a la castración paterna que es su sustituto. Es decir la castración paterna es algo vinculado a la sustitución metafórica.

 

Como dice Juan Carlos Indart[4] : “La castración paterna no es metonímica, no es una más de la serie respecto de lo que se presenta como castración materna, sino que la sustituye”.

 

Todo este proceso, en el que están implicados los padres, es el que tiene que hacer el niño para ir avanzando en los distintos tiempos del juego que antes mencionaba.

 

También es notable como la película nos muestra que Françoise Doltó trabajaba en el sentido de crear la demanda del niño y su compromiso en el tratamiento. El pag
o simbólico que le exige iría en esta línea, buscar el compromiso del niño en el tratamiento. Pero para que esto sea posible hay todo un trabajo previo a realizar. Trabajo a realizar con los padres sobre la demanda de tratamiento, ya que en principio esa demanda suele ser de la escuela o de los médicos y es necesario que los padres asuman esa demanda para que se pueda generar un espacio de tratamiento para el niño. La demanda de los padres es el primer paso necesario que posibilita el trabajo analítico.

Mannoni nos dice en «Toda demanda de cura de niño cuestiona a los padres y es raro que un análisis de niño pueda ser conducido sin tocar para nada los problemas fundamentales de uno u otro de los padres”. [5]

Muchas veces la intervención con los padres permite esclarecimientos y cambios en el lugar del niño con desaparición de los síntomas, aun sin haber visto o tratado al niño.

 

En la película Françoise Dolto también nos señala que no hay diferencia entre el psicoanálisis de un niño o de un adulto, que la diferencia está en que se expresan de distinta manera.

 

Al niño se le invita a que dibuje o modele, al adulto a que asocie libremente y que diga todo lo que se le pasa por la cabeza. Y destaca como fundamental la necesidad de pedirle al niño las asociaciones sobre los dibujos que ha hecho para poder interpretar, es decir, trata el dibujo como si de un sueño o de un acto fallido se tratara.

 

Françoise Dolto cree en el sujeto y en sus tratamientos apuesta porque la palabra pueda ser escuchada por el sujeto, no por el yo. Nos dice que ella le habla al sujeto aunque en algunos casos el sujeto sea un sujeto en fuga. Trata en todo momento de encontrar el camino para comunicarse con el sujeto.

 

Sabemos que el sujeto no está constituido de antemano y que muchas veces el trabajo del psicoanalista tiene que ir el sentido de favorecer esa construcción. Pienso que Françoise Dolto nos da a entender que hay un sujeto desde el inicio en su concepción teórica, pero en su práctica clínica favorece esta construcción. Diría que Françoise Dolto cura “más allá de ella”.

 

Destaca también que ser psicoanalista de niños no tiene nada que ver con ser educador, que esa es una función que tienen que realizar los padres.

Le cito: “Nuestra función no es educar. Nuestra actitud concierne únicamente al ser simbólico y esa es nuestra castración de analistas…”

“… Nuestro papel no es desear algo para alguien sino ser aquel gracias al cual él puede advenir a su deseo”.[6]

 

Cuestión que también pone de manifiesto en este film cuando nos dice que la cura en su ética es la misma, es decir que no hay diferencia entre el psicoanálisis de niños y de adultos ya que la ética del psicoanálisis apunta a la falta, a la no ignorancia del deseo. De este modo en el tratamiento psicoanalítico se trata de facilitar que se produzca o reintroduzca la metáfora paterna, es decir que la función paterna sea operativa como condición que hace posible un análisis.

 

Françoise Dolto era una mujer muy comprometida con su trabajo, sobre todo en el campo de la prevención por eso decide crear la Casa Verde. La Casa Verde es un lugar al que acuden los padres con los niños, donde se pone en juego la primera separación que les permite iniciarse en la autonomía en presencia de los padres que son los que le dan su identidad. Cuestión que más tarde facilitará la integración del niño en la escuela infantil.

 

Ella postula que la escuela tiene que ser un lugar que ayude al niño en su autonomía, a poner en juego su deseo, a responsabilizarse de sus elecciones. En fin, Dolto cree firmemente que el mundo puede cambiar, por eso es tan dura en el prólogo del libro del Mannoni “La 1ª entrevista con el psicoanalista”[7]. También es muy crítica con los padres, le cito: “que angustiados ante el futuro de sus hijos, intentan imponer la lepra de los deberes obligatorios, de las lecciones devoradas, se jactan ante las buenas notas del niño y se deprimen ante las malas”. Es un prólogo muy largo donde ella sigue haciendo críticas a la enseñanza uniforme e imperativa para todo el mundo por igual. Pero por sobre todo destaca que “Es preciso tener en cuenta el inconsciente en la educación de los niños”. Esta frase que parece referirse a algo obvio, es muy importante a la hora de educar, porque por ej. la gente a veces juzga al niño por lo que siente, podemos pensar en el tema de los celos por el nacimiento de un hermano, hay madres que reaccionan diciendo que su niño es malo porque intenta hacerle daño a su hermano, o en la escuela la tutora dice que un niño es malo porque pega, empuja o muerde, y así vemos cómo con este discurso fijan al niño en una “posición de maldad”. Transforman lo que serían los celos normales que todo niño siente al tener un hermano, o la agresión constitutiva infantil en una agresividad sostenida. Y una escuela que no tiene en cuenta el inconsciente también fija al niño en determinados lugares, en lugar de ayudarle a salir de esos lugares en que queda atrapado. Para poder enseñar el colegio debería antes educar, y para ello sostener al niño en su proceso de construcción psíquica.

 

Lamentablemente hoy en día hay muchos niños diagnosticados de hiperactividad con o sin trastorno de déficit de atención, que entrarían dentro de lo que se llaman los nuevos síntomas en la infancia, pero en realidad de nuevo no tienen nada ya que antes se hablaba de niños inquietos y un poco distraídos, y seguramente muchos de nosotros hemos pensado, si me hubiesen pillado en la infancia me hubiesen colocado esta etiqueta.

 

Este furor por el diagnóstico tiene que ver con una nueva manera enfocar la nosología que hay entre médicos y psiquiatras y también con intereses económicos de la industria farmacológica. En relación a este tema hay una entrevista muy interesante que le hicieron a nuestro colega Guillermo Kozameh en la revista “Ser padres”.

 

Dolto habla de hiperactividad aunque no era un tema de “moda” en su época, y lo refiere a niños que necesitan hacer mucho ruido para hacerse escuchar, por ej. por padres que están en una situación de duelo, y en general padres que están tomados por situaciones traumáticas que no pueden elaborar y que tienen disminuida su capacidad de atención al niño. También Winnicot [8]comenta (mucho antes que Dolto) que las madres depresivas suelen tener niños movedizos y maníacos como una manera de sacar a la madre de este estado.

 

En el libro de R. Lévy antes citado encontramos referencias sobre este tema y en una de ella nos dice que “el síntoma de hiperactividad o de inestabilidad psicomotriz se presenta en niños a los cuales no se les puede poner límites, lo cual es testimonio de la incapacidad del padre de enunciar un “no”.

 

Detengo aquí mi comentario, quedan muchas cuestione
s interesantes para comentar que la película plantea, espero que las retomemos luego en el coloquio.

 

 


 

[1] Robert Lévy Lo infantil en Picoanálisis” Ed. Letra Viva

[2] G. Bachelard. “Psicoanálisis del Fuego”. Ed. Schapire.

[3] J. Lacan. Escritos II Ed. Siglo XXI.

[4] J.C. Indart. Metonimia y Goce. Ed. Biblioteca del Taller.

[5] Maud Mannoni. “El niño, su “enfermedad” y los otros”. Ed. Nueva visión

[6] F. Dolto prologo al libro de M Mannoni “La primera entrevista con el psicoanalista”. Ed. Gedisa.

[7] Idem.

[8] D.W. Winnicott. “Escritos de pediatría y psocianálisis”. Ed. Paidós.

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