CUESTIÓN DE VIDA Y MUERTE: DE ALGUNOS PASAJES EN EL C.O. “EL MOLINET”

 

Roque Hernández Núñez de Arenas

Psicoanalista. Psicólogo Clínico. Miembro de AF. Director del Centro de Orientación Sociolaboral y Clínica «El Molinet» (M.I.V.V.) Alicante

 

“No procedo en el mundo de los ob-jetos sino por la vía de los obstáculos que se oponen a mi deseo”.

.(J. Lacan. Seminario 8. La transferencia, pag.418).

 

Una institución analítica es la que permite escuchar y pensar los significantes con los que el sujeto nombra esos obstáculos. “Discapacidad psíquica, debilidad mental, locura, muerte, vida, sexo “ son, entre otros, algunos de los significantes que circulan en el Molinet. En la confrontación con estos obstáculos se organizan los síntomas como expresión de un malestar con que el sujeto se viste y se defiende.

 

Así Tino se debate entre estar loco y hacerse el loco, entre pasar y el paso que le permitiría atravesar cierto umbral, pues no se puede vivir en lo indiferenciado.

Él mismo se da cuenta de que algo se repite “que pesado que soy, siempre digo lo mismo…”yo paso” ¡ay! ¿ves? otra vez ya me he enfadado….no tengo que pegarle a nadie ”. Su movimiento compulsivo de su casa al Centro y viceversa, tiene algo de mortífero y de novedad pues es en ese mismo movimiento donde encuentra su impulso vital no sin angustia y agresividad.

 

Con el tiempo, el movimiento se fue ampliando a otros lugares y significantes: un piso de acogida donde vive, otros lugares del pueblo por donde pasa, otras gentes etc. De algún modo podemos pensar un desplazamiento desde los pasajes al acto sin sujeto que ocurrían antes, al tiempo en que un sujeto inestable se pregunta por lo que le pasa: “Vengo a que me quites las manías…tengo un carácter….mi padre dice que tengo dos caras….mi madre llora…..no se por qué…. dice que me va a meter interno pero no puede, ¿es bueno llorar? “ me acuerdo de mis abuelos que murieron” “y de mis sobrinos” ¿son buenas las pastillas? ¿tu como me ves? ¿estás preocupado por mí? …Yo no soy ningún gandul hijo de puta…mi padre pasa…me dice que haga caso del director” “espero que nos dures” “ otro director me habría echado” “tengo que portarme bien si no a mi padre le puede pasar algo” . Sobre estas frases vuelve una y otra vez como si cada día tuviera que constatar la existencia estable de sus puntos de referencia. La institución y el analista en ella, ocupan el lugar del destinatario que con su presencia y con su acto acompaña este movimiento simbólico en su intento de anudar presencia y ausencia, vida y muerte (fort-da). Uno de esos momentos de angustia y agresividad, importante en el curso de la transferencia, se saldó con un “ ¿tu quieres que me corte las venas?”desafiante y a la vez demandante.

 

Vemos como pulsión de v-ida y muerte están orientadas hacia un mismo movimiento, en una suerte de equilibrio inestable

 

Poner en conexión el concepto psicoanalítico de pulsión de muerte, que no tiene nada que ver con la muerte biológica, con una institución como el molinet puede ser un modo de contrariar el exceso de sentido que cierra puertas a la posibilidad de que cada sujeto llamado discapacitado construya un sentido que le sea propio, un modo de contrariar la tendencia (mortífera) al estatismo, a la inercia, al todo vale irresponsable, que se impone en la actualidad en las instituciones y que atacando las conexiones simbólicas, y los lazos de trabajo y solidaridad entre profesionales, aboca al mutismo, la soledad, la inhibición del sujeto al que consume, sirviéndose de él, a falta de poder cumplir la función de facilitar que el sujeto pueda servirse de ella, de la institución.

 

No se trata de dramatizar el sexo, la muerte o la vida, ni de gozar de ello de manera catártica, sino de darle a la pulsión de muerte su lugar en la estructura subjetiva como aquello que nos hace despertar de la “rutina cotidiana”.

 

La representación de la muerte, la agresividad, el sexo, la juventud suscitan resistencias, y no solo, en el ámbito de las instituciones que se ocupan de las personas llamadas discapacitadas, incluidas sus familias. Violenta esos enunciados parciales que se escuchan a menudo y que apuntan a fijar un sentido común interesado: ¡que bonito, que cariñosos, que simpáticos, que bien estáis aquí! ¡tenéis el cielo ganado, que lastima!, moral que ignora que lo que se juega para cada sujeto es, a su manera, cuestión de vida y muerte. Es decir una cuestión que atañe no al bien común, sino de la ética del sujeto. Lacan decía que la pulsión de muerte era la afirmación desesperada de la vida.

 

Valga como ejemplo de esta sordera la decisión tomada por un ginecólogo de “vaciar” a una mujer “discapacitada” ante la detección de un mioma en su ovario. El apelativo dirigido a su analista por el medico en los términos “ Vd. es un convidado de piedra” señala bien lo incómodo de la posición del analista y del psicoanálisis, el cual es invitado, siempre que no abra la boca. Cuando la paciente abrió la boca y dijo “Dr. Quiero saber qué me van a hacer” recibió por respuesta “ no te preocupes, te abriremos como a un quesito….pero en el verano te podrás poner tu biquini ja ja”. Como es de suponer esa alianza entre su madre y el médico que permitió acelerar incluso la operación sin cuestionarla, no zanjará las preguntas que esta paciente se hace sobre su sexualidad, y su fantaseada maternidad. Lamentablemente la madre está ahora más neurótica que antes y la persigue queriendo controlar el consumo de pastillas que ella pide y compra para suturar su dolor que no tenía que estar allí según el médico y la madre, cuestión esta que tanto habla de su dolor subjetivo como de lo que le amputaron.

 

Vida, muerte, sexo, forman parte de los enigmas Reales que acompañan al sujeto, sin excepción y el analista tiene que poder escucharlos en el ámbito de la transferencia, de la cura y de la institución para llegar al punto en que vida y muerte se desnudan de sus semblantes y se anudan para cada sujeto a su manera.

 

Las ideas de suicidio precedieron la entrada de Simón en el Molinet. El trabajo con él, esto es con esa faceta dinámica de la pulsión de muerte donde agresividad, angustia y creatividad se tocan, dio lugar a la creación de un dispositivo llamado “Espai cultural” que pusimos en marcha en el Molinet hace años al que acudíamos algunos profesionales y enfermos reunidos para hacer algo cultural. Este dispositivo acoge al sujeto y su síntoma y hoy es una página web abierta a la ciudadanía que podéis visitar. Allí escribió sobre la muerte

 

En una de l
as presentaciones publicas que hicimos de este dispositivo Simón dijo “ el Espai me da vida”, pero también, me parece, mantiene una conexión hacia el Otro, un destinatario a través del cual canalizar el vacío y el odio del que habla y tolerar las diferencias, ya que cuando el odio se vuelve sobre sí mismo toma la forma de temibles ataques de epilepsia o crisis de angustia.

 

Allí donde el sujeto se encuentra con lo Real, imposible, en este caso la muerte o el sexo, el goce, en su vertiente de síntoma, es convocado como último recurso. La bestia en el sujeto se retuerce buscando el agujero, para salir del obstáculo en que se encuentra atrapado. Es allí cuando necesita de la presencia del Otro.

 

La madre de Pepi dice que se va a morir. En realidad habla de su temor a morir desde hace años, no sin que, a veces, aparezca ese humor que, según ella, hacía reír a su padre. Una caída un día que fue a atender mi llamada telefónica “ como si me tirara a la piscina”, dijo, se articuló a otra caída posterior donde dijo que “ se rompió la muñeca”. Cuestión esta que podríamos escuchar también de manera metafórica, pues qué niña no ha jugado con ellas algo de su maternidad.

Pero también la institución materna tiene que estar abierta a su propia destitución, a su propia ruptura, sobre ese proceso lógico llamado en psicoanálisis Alienación-Separación.

 

En este momento, madre e hija no salen de casa y el obstáculo se llama “ insuficiencia respiratoria”. En otros momentos el obstáculo se manifestó a través de ataques epilépticos violentos que desfiguraron su cara de muñeca y una tos molestona tras la muerte del padre. El momento actual me hace pensar en una reacción terapéutica negativa o en el apetito-deseo de la Muerte, (que no deseo de muerte), del que hablaba Lacan.

 

Allí donde la organización narcisista en esta madre tiende a la unión con su hija hasta en la muerte, es de esperar que la función del analista permita a la pulsión, con ese empuje constante que la caracteriza, contrariar esa tendencia mortífera y desvelar la diferencia, lo heterogéneo, el vacío, la hiancia no solo entre las dos (madre e hija), sino en su propia vida, pues lo que no puede soportar es la castración de no tener la última palabra sobre su hija, y no saber qué será de su hija, que hará esta cuando ella muera.

 

Para nada se trata de llenar o cargar de culpa a las madres o a los padres, sino de poder escucharla, vaciando (des-ocupando) un poco esa exigencia superyoica que hace de la institución materna o paterna, una institución ideal, omnipotente y para siempre, pues como decíamos, toda institución alberga en sí misma su propia des-titución, es decir es no-toda. Desde esta perspectiva se pueden escuchar también los fantasmas de muerte de esas madres que confiesan de diversos modos que anhelan que su hijo muera antes que ellas o con ellas, como para dejar la tarea acabada. Evidentemente cuando falta la falta, solo cabe el ahogo.

 

No es casual que muchas de las instituciones que atienden a personas con discapacidad sigan en manos de las Asociaciones de padres y madres (nunca se separaron; “nadie para cuidarlos, como lo hacen ellos”, pero nadie tampoco se interesó en ellos verdaderamente). Pero hasta estas no pueden obviar las reglas del mercado y así cada vez más las instituciones son transferidas a empresas, convirtiéndose en establecimientos, no en calidad de centros de alto rendimiento, ni siquiera de centros intercambio, sino más bien de Centros de gestión de residuos. Pero como sabemos, hasta los residuos se pueden y se deben gestionar con calidad, buenas prácticas y moderación del gasto. El lenguaje como vemos se puede usar de manera perversa, nunca se cierra sobre si mismo y nos obliga al trabajo de puntuar las cosas, de definirlas, de elaborarlas una y otra vez. No es tiempo para la pereza. Pero cuidado, trabajar no es dejarse engullir por una cadena burocrática de procesos y protocolos, sino poder construir espacios abiertos al intercambio, hacer vivir los intervalos donde poder pensar la experiencia sosteniendo las diferencias lo cual no es cómodo. Nadie ha dicho que la subjetividad tenga que ser cómoda.

 

A eso estamos convocados ahora con la llamada ley de dependencia, la reducción extrema del tratamiento a los simples cuidados, sin que se haya definido “ que es cuidar”, así como a revelar de nuevo conceptos que no por repetidos han perdido su valor: educación, cura, sujeto del inconsciente, institución… No se puede sino denunciar la peligrosa tendencia a la desubjetivación a que son abocadas las instituciones, allí donde toda institución ha de aceptar echar y acompañar el pulso de los jóvenes a los que trata, y estar abierta a su propia destitución.

 

Si el análisis, dice Lacan, no ha conseguido hacer comprender a los hombres que su deseo, no es lo mismo que sus necesidades, y en segundo lugar, que el deseo presenta en sí mismo un carácter peligroso, de amenaza para el individuo, evidenciado por el carácter claramente amenazante que comporta para el rebaño, entonces me pregunto si alguna vez habrá servido para algo.

 

Que sea peligroso no nos exime de la responsabilidad de no retroceder.

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