¿PSICOANÁLISIS EN LA ESCUELA INFANTIL?

Pablo Montero Candial

 

PRESENTACIÓN

Buenas tardes, en los minutos de que dispongo voy a tratar sobre todo de compartir con vosotros mi experiencia en el trabajo en escuelas infantiles con niños pequeños, como maestro primero y como Asesor Psicopedagógico después. Para que os situéis os contaré que soy socio de una escuela infantil en Tomares y que estuve durante 10 años como profesor de una clase con niños de 4 y 5 años. Ya entonces no me podía desvincular de lo que como psicoanalista en formación iba aprendiendo y me preguntaba cómo eso estaba influyendo en mi trabajo; contaba con la ventaja de no tener ningún tipo de supervisión desde las instancias educativas regladas con lo cual podía crear mi propio estilo. Una de mis dudas desde el principio era cómo se podían articular lo que en psicoanálisis iba aprendiendo con mi trabajo como maestro.

 

Antes de entrar en materia quiero citar unas palabras de Freud respecto a esta cuestión en su 34 Conferencia:

“Pero hay un tema que no puedo pasar de largo tan fácilmente, no porque yo entienda gran cosa de él ni haya aportado mucho. Todo lo contrario, apenas si lo he tratado alguna vez. Pero es importantísimo, ofrece grandísimas esperanzas para el futuro, quizá es lo más importante de todo cuanto el análisis cultiva. Me refiero a la aplicación del psicoanálisis a la pedagogía, la educación de la generación futura. Me regocija poder decir al menos que mi hija Anna Freud se ha impuesto este trabajo como la misión de su vida, reparando así mi descuido”.

 

PARTE 1

 

I. No era mi intención en esta etapa como maestro “hacer psicoanálisis” con

mis alumnos pero hubo dos aspectos que caracterizaron mi labor: el primero una inevitable mirada psicoanalítica que me permitió enriquecer el trabajo cotidiano y el segundo tratar de ocupar un determinado lugar en la relación con mis alumnos y sus familias. Ese lugar era flexible ya que en ocasiones me tenía que entregar a tareas de enseñante y en otras sin saber cómo se creaban situaciones que recordaban al trabajo terapéutico con grupos o al de Psicólogo en las tutorías. Desde este segundo lugar pude enfocar muchos de los conflictos que surgieron con cierta ventaja ya que podía crear la empatía necesaria con los niños y también con sus padres, además de utilizar recursos como por ejemplo los cuentos de hadas o el dibujo y la pintura. Tal vez, la mayor influencia del psicoanálisis en mi trabajo fue la comprensión de los procesos psíquicos que se producen en estas edades y la posibilidad de empatizar con mis alumnos.

 

Os voy a contar una viñeta de lo que en los primeros momentos llamaba

bastante la atención de mis compañeras , aunque con el tiempo ellas mismas terminaron enfocando muchas situaciones de manera similar:

  • En muchos casos los primeros días que acude un niño a la Escuela son difíciles, muchos lloran e incluso vomitan, otros callan y se inhiben etc… La respuesta de la educadora aquí es clave. En muchos casos se soportaba el llanto del niño hasta que se cansaba por “extinción”, a lo mejor de la manita de la Profesora. Se les decía cosas como no llores más, que no pasa nada, que mamá vendrá luego. En algunos casos incluso los padres se iban corriendo cuando dejaban a sus hijos sin despedirse. El enfoque en estas situaciones cambió: los padres se despedían en la puerta diciendo la verdad y la educadora trataba de contener, consolar y acompañar al niño hasta que se le pasaba. En muchas ocasiones bastaba con decir lo siguiente: “ a lo mejor te sientes triste porque tu mamá se ha ido a trabajar y tu preferirías estar con ella y no venir a la escuela, entiendo que te sientas mal; ya sabes que como todos los días, mamá después de trabajar vendrá a por ti para llevarte a casa ¿qué te parece si mientras tanto hacemos algo divertido? La mayoría de las veces el niño se enjuga las lágrimas y se dispone a jugar, en otras se calma y le da la manita a la profe un rato más. Es sorprendente en algunos niños como después de escuchar estas palabras pasan de llanto desgarrador a la calma.

 

El único punto de conflicto constituyó que no me sentía un maestro con formación psicoanálitica y análisis personal si no un psicoanalista trabajando como maestro de educación infantil. Conforme iban pasando cursos ese doble rol iba pesando más ya que iba apareciendo con fuerza la necesidad de dar un salto a otro lugar que me generaba algunos miedos pero que era inevitable. Y así fue como hace 5 años creamos en la escuela el Dto. psicopedagógico y lo empecé a coordinar.

 

II. Entre todas las conclusiones que saqué quiero destacar dos: Una fue que el psicoanálisis, o más bien una mirada psicoanalítica y un trabajo personal analítico, le pueden dar calidad al trabajo de un maestro; es decir, el Psicoanálisis enriquece la Pedagogía. Y la otra que la el trabajo directo con los niños, en un contexto educativo, ofrece al psicoanalista una visión de la realidad infantil y familiar interna y externa difícil de adquirir en el diván, la formación o el escenario terapéutico. Es decir, la Pedagogía enriquece el Psicoanálisis. De hecho, en mi trabajo en la consulta como terapeuta de niños utilizo muchos recursos adquiridos en esta etapa, como por ejemplo, los cuentos, juegos, los diferentes materiales para la expresión, como la pintura, las acuarelas y el dibujo y la construcción de cosas, como barcos, futbolines, grafittis, cuadros o cajas de cartón…

 

III. Estas herramientas favorecen la transferencia con el paciente y constituyen un aliado valiosísimo ya que unidas ejercen la función encuadrante que necesita todo tratamiento para salir adelante. Recuerdo aquí unas palabras de André Green respecto a la función del encuadre: “Cuando se es separado de la madre lo importante no es el recuerdo de su rostro, su sonrisa, si no los trazos del cuadro que representaba el contacto con su cuerpo. Y que en ese momento han fijado un encuadre para su representación” Entrevista a André Green. Revista de psicoanálisis. Nº 6. 1999. Pág. 340 .

 

 

Green plantea que todo encuadre clínico debe tener la característica de ser encuadrante, o sea que impulse y favorezca el trabajo psíquico. Es en este escenario transferencial donde se producen las repeticiones de los conflictos y cómo los niños se enfrentan a ellos, creando así oportunidades para la intervención terapéutica.

Y aquí quiero mostrar otra viñeta:

 

  • Como psicoanalistas sabemos la importancia que tiene para el bebé en cuanto a la elaboración de sus angustias los juegos de aparecer y desaparecer, los bebés por ejemplo, tiran el sonajero y mamá se lo recoge una y otra vez. También sabemos lo provechoso a nivel psíquico que resulta para un niño jugar al escondite. Poder es
    tar sin el otro, elaborar sus miedos de abandono, sentir que hay un límite entre sus padres y él, entre otras cosas. Pues bien en las escuela hacemos una actividad de expresión llamada Taller de cajas de cartón (con forma de casa, barcos, coches trenes..) para que los niños jueguen como quieran. También procuramos que en todas las clases haya un sitio seguro donde se puedan esconder. A todos los que tengáis hijos pequeños os recomiendo poner una caja de cartón grande con una puerta, en el salón y no le deis pistas al niño de lo que tiene que hacer. En general tienen diversión para rato. Y en la consulta me ha sido muy útil también para trabajar con algunos niños; recuerdo un paciente de 9 años con el que estuve jugando al escondite durante seís meses. Este paciente tenía serios problemas de relación con el exterior y al año de tratamiento empezó a tener una pandilla de amigos y a jugar brillantemente al baloncesto.

 

Como veis, la cabra tira al monte así que voy a salir de la consulta y a continuar con mis aventuras como Psicólogo en la escuela infantil.

Así fue como hace cinco años comencé mi trabajo como asesor psicopedagógico en varios centros de educación infantil. En mi propia escuela planteé el trabajo en diferentes frentes: uno referido a las educadoras, otro a las familias, otro al centro y otro a la observación y trabajo directo con los niños.

 

PARTE 2

El trabajo con las educadoras

 

Con las educadoras se acordó mantener reuniones mensuales en las que tratar los conflictos cotidianos en el aula y con las familias. El problema básico que me encontré en ese momento venía derivado del lugar que las profesoras ocupaban respecto a los padres y la idea general que tenían sobre la educación infantil. Sobre todo se colocaban en un lugar de saber respecto a las familias y a las propias compañeras lo que las llevaba cuando las cosas iban bien a la gratificación narcisista omnipotente y cuando se encontraban con dificultades y problemas a una herida narcisista que sólo se curaba cuando terminaban controlando la situación. Debían saber en cada momento qué hacer y ofrecer a los padres una respuesta a sus demandas. Se escuchaban cosas como “he conseguido que no llore”, “voy a trabajarle la autoestima”, “le he dicho a la madre lo que tiene que hacer”, “por fin ya me come este niño”. También asumían cosas que no les correspondían como educadoras como quitarle los pañales a los niños o el chupete; eran famosas las campañas de retirada del pañal decididas por la “seño”. Por otro lado se observaba una cierta rivalidad ente las propias señoritas, escuchando cosas como “pues a ti los niños te lloran mucho” o “en mi clase ya me han aprendido todos el color rojo”. Evidentemente ese lugar común tenía que ver con las dificultades para asumir su propia castración, lo que las llevaba a someterse a una presión que por otro lado suponía un goce.

 

Con este panorama llegué yo, encima hombre en un gremio de mujeres. Por supuesto me colocaron rápidamente en el lugar del saber, esperando un discurso universitario que les siguiera alimentando la ilusión de que la completud es posible y que aunque acepten que ellas no saben todo, existe alguien que sí lo sabe. Lo cual vuelve a remitir a la castración ¿qué hago con la falta?

 

En estas reuniones enseguida pudieron comprobar que me resistía a colocarme en ese lugar omnipotente y que procuraba abordar las situaciones y conflictos planteados desde un sitio que les permitía aceptar que se puede no saber y que eso precisamente les permitía resolver muchas situaciones cotidianas. Como sabemos los que nos dedicamos a esto, es difícil sostener este lugar en un entorno educativo y muchas veces hay que dar una de cal y otra de arena. Aquí el psicodrama psicoanalítico me fue de gran utilidad.

 

En estos años he podido observar cómo han ido ocupando un lugar más relajado, más digno, con menos presión y sin ocuparse de todo y satisfacer a todos.

 

Todo esto trataba de hacerlo compatible con los seminarios y el asesoramiento cotidiano más directo. Aunque muchas veces, en el rápido día a día, con sus exigencias, me veo como una especie de consejero apagafuegos, siempre trato de ofrecer un sentido, transmitir una elaboración que permita una reflexión y por supuesto sin decir verdades absolutas. Suelo utilizar las dos palabras favoritas de Montaigne “tal vez”.

Voy a contar aquí otra viñeta de una situación típica que se da en las escuelas infantiles y que generalmente tiene sólo un abordaje conductual. Estas situaciones las trabajamos también en las reuniones con las profesoras:

  • Un día al comenzar el recreo salieron corriendo varios niños de dos años y medio para montarse en los triciclos; uno de ellos se quedó rezagado y no pudo coger ninguno, se acercó a uno de sus compañeros le pegó un fuerte empujón y le arrebató el preciado juguete. Llantos, cabreo de la profesora etc… Aquí se plantean dos situaciones: qué hacer con el que ha sido empujado y qué hacer con el empujador.

Mientras una compañera socorría al niño me acerqué a Miguel, que seguía montado en su trofeo y le dije: “parece que tenías tantas ganas de coger el triciclo para jugar que no has podido controlarte y has empujado a tu compañero ¿es así?” .-el niño asintió. Parece que deseabas tanto el juguete que no has tenido en cuenta el daño que le podías hacer a tu amigo. ¿Qué te parece que se puede hacer ahora Miguel? .- el niño cogió el triciclo se acercó a su compañero le pidió perdón y se lo entregó.

Al niño empujado se le alentó a que expresara su enfado a su amigo diciéndole con fuerza algo así como “¡¡¡No me gusta!!! ¡¡¡No lo vuelvas a hacer!!!

La respuesta común en estos casos es gritar, reñir al agresor, castigarlo a pensar etc…

 

 

PARTE 3

El trabajo con las familias

 

En mi centro el trabajo con las familias lo planteo desde varios ámbitos:

 

1. Las entrevistas: demandadas por mí de forma rutinaria para recoger datos y cambiar impresiones en el periodo de adaptación y demandadas por los padres a modo de consulta. En general, en las primeras casi siempre se plantean dudas y preguntas y lo que trato es de calmar las angustias derivadas de la primera separación de su retoño y crear las condiciones para posibles demandas a lo largo del curso.

 

En las entrevistas de consulta, unas cien al año más o menos, en general se plantean los típicos conflictos de la primera infancia. Como nunca se sabe lo que hay detrás hay que tener mucho cuidado con lo que se dice, así que dedico una media hora a escuchar y preguntar mientras voy elaborando hipótesis. El objetivo sería que puedan acceder a la subjetividad, reflexionar sobre lo diferentes aspectos con
los que tiene que ver la demanda que traen y pensar juntos qué se puede hacer. Eso en 50 minutos. En pocos casos realizo una derivación y en algunos le pido que nos volvamos a ver en un tiempo. Ni que decir tiene que casi siempre viene la madre.

 

Muchas veces lo que buscan es calmar sus angustias y poder ver con perspectiva lo que les pasa. También he detectado en ocasiones lo siguiente:

 

– La función paterna está difuminada, los papás de esta generación vivieron la tiranía de sus padres y ahora viven la tiranía de sus hijos. Aunque también se encuentran padres con las cosas muy claras.

– Existe alguna corriente ideológica que están creando mucha confusión. Por un lado está la moda Stivill con sus técnicas conductuales, por otro la de los que abogan por la endogamia recomendando el contacto físico extremo entre padres e hijos durante la primera infancia (el pecho hasta los dos o tres años, dormir todos en el lecho conyugal, bañarse juntos…). Algunos de estos niños, como sabemos, recalan con el tiempo en las consultas psicológicas con variada sintomatología.

– Psicologización de los discursos paternos, más que educar a los niños parece que los adiestran con las técnicas que encuentran en internet.

– Confusión sobre el tema de los límites. Pasan de la permisividad a los gritos y exigencias. Hay dificultad para establecer una relación directa entre las funciones materna y paterna, las circunstancias vitales y el comportamiento de los niños. Muchas veces me planteo en estas entrevistas algo así como establecer un puente entre la demanda y las verdaderas causas del conflicto; cuando comprenden con qué tiene que ver es más fácil saber qué hacer.

2. Las reuniones con los padres. De dos tipos:

– las charlas coloquio: expongo un tema y se pasa al coloquio

-El taller de padres y madres o Escuela de padres: en la que ya se crea un grupo con compromiso de asistencia: qué difícil es crear un grupo de padres…

 

Hay bastante más cosas pero voy a pasar a los niños.

 

PARTE 4

Pensar en puentes

 

Las demandas que generalmente hacen los padres tienen que ver con momentos de angustia ante una situación que no saben cómo resolver: que se ha vuelto a hacer pipí después de controlar, que no sé cómo quitarle el chupete, cómo le quito los pañales, que está celosa por la llegada del hermanito, que tiene muchos berrinches, cómo me lo saco de la cama, que le quiero quitar el pecho, que cómo le enseño a dormir solo…En general buscan una orientación, alguien que los escuche y tranquilice y los ayude a pensar cómo afrontar estas situaciones. También podríamos decir que como ellos no saben buscan a alguien que sí sabe pero eso ya lo he contado antes. Y es aquí cuando empiezo a pensar en puentes, por un lado hacia atrás, o sea, cómo relacionar la punta del iceberg con los orígenes y historia familiar y por otro lado hacia delante, es decir, como crear las condiciones para que se pueda resolver la situación. Cuando no saben qué hacer les digo que si están dispuestos a construir un puente los puedo ayudar.

Cuando tienen la posibilidad de transitar el abismo y elaborar simbólicamente los procesos necesarios para ir madurando como sujeto de deseo, los padres que consultan suelen acceder a este planteamiento. Y es curioso cómo en una sola entrevista muchas veces son capaces de hacer consciencia de lo que ocurre y elaborar la situación, es decir, darle sentido a lo que pasa y empezar a trabajar para el cambio. Muchas de las situaciones que plantean los padres se resuelven en muy poco tiempo y no es necesario ir más allá.

Si la intervención se produce únicamente desde la pauta conductual se pierde una ocasión de oro para que los padres se sitúen como sujetos autónomos que perciban a sus hijos como sujetos deseantes y no como individuos a los que adiestrar.

La patología la solemos encontrar cuando no se tienen las herramientas simbólicas para construir dichos puentes. Y ahí es donde quiero ir a parar.

 

Es en ese momento inicial, cuando el niño nace y se encuentra con la madre que se constituye el psiquismo. Al principio el niño no distingue el yo del no-yo y es la función materna la encargada de acercar paulatinamente al niño a una realidad que poco a poco pueda ir aceptando. En este proceso pueden pasar muchas cosas pero me voy a centrar en la patología del límite que es lo que me estoy encontrando cada vez más. Niños con un frágil límite interno sin recursos para poder controlarse. Cuando no se ha respetado el ritmo que el niño necesita y no se le han facilitado herramientas simbólicas de freno (la ternura, los objetos sustitutorios, transicionales, cuentos, canciones, juegos…. ), las pulsiones no son frenadas y transformadas y pasan al cuerpo en forma de descarga. Y aquí nos encontramos con problemáticas distintas: hiperactividad, disfluencia, problemas de aprendizaje etc… De aquí a la medicalización de los procesos psíquicos hay un paso. En general, en estos casos, se observa una estructura familiar desdibujada que no sostiene ni soporta los procesos psíquicos infantiles y que no ofrece un límite externo adecuado que genere a su vez en los hijos límites internos que frenen la tensión y favorezcan la representación simbólica.

Aprovecho este momento para hacer un llamamiento al gremio de psicoanalistas a salir a la calle, a dejar oír nuestro discurso en todo tipo de foros, a hacernos comprender por la gente sin utilizar palabras raras para ellos. Creo que debemos elaborar nuestra propia angustia de separación de los padres-maestros del psicoanálisis y atrevernos a experimentar el psicoanálisis en la vida cotidiana.

También quiero hacer una propuesta. Ha llegado a mis manos un documento elaborado por algunos Psicoanalistas, como Silvia Bleichmar y Ricardo Rodulfo entre otros, sobre la medicalización infantil y presentado al gobierno creo de Venezuela. Propongo crear una comisión que elabore un documento y que se haga llegar a los diferentes estamentos oficiales.

Lo podéis encontrar en: http://www.forumadd.com.ar/consenso.htm

Gracias por escucharme.

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