QUE NOS ENSEÑAN LOS SUJETOS ADOLESCENTES

Sylvain Frérot

Psychanalyste membre d’Analyse Freudienne

Traduccion : Lola Monleon

En el servicio de consulta y de atención donde ejerzo la función de psicoanalista, y donde recibo a niños, adolescentes, a sus padres, y a adultos jóvenes (que son estudiantes) hay una cuestión que se plantea actualmente de forma particularmente insistente, la del diagnóstico y su elaboración. Y eso en un contexto donde en Francia se asiste a una proliferación de los llamados centros de referencia especializados en la hiperactividad, el autismo, los trastornos de la adolescencia….Estos centros de referencia realizan evaluaciones diagnósticas pero no se embarcan en la realización de tratamientos, no asumen ninguna responsabilidad terapéutica. No tienen por misión sino realizar un diagnóstico mediante el cual la familia puede hacer valer ciertos derechos, particularmente financieros si hay reconocimiento de una discapacidad. Nos damos cuenta de que no hablamos en absoluto de lo mismo cuando se habla de síntomas y de estructuras psicopatológicas. Actualmente, constatamos como los síntomas han sido reducidos a manifestaciones, a comportamientos que hay que eliminar. Tuvimos hace un tiempo una epidemia de “hiperactivos” con sus prescripciones de ritalina, después una epidemia de superdotados e “intelectualmente precoces”, y actualmente una epidemia de autistas, eso por no hablar de los adolescentes y adultos jóvenes, de la epidemia de bipolares con los efectos de nominación alienante que estos diagnósticos producen.

 

Encontrarse con un sujeto y hacer una hipótesis diagnóstica en la clínica psicoanalítica compromete a algo completamente distinto, y sitúa al síntoma, a su construcción y a su función, de forma muy diferente; pensar en la adolescencia por ejemplo como un estado límite del sujeto puede abrir perspectivas muy importantes en la práctica, éstas buscan la creatividad del facultativo y la de la institución que los recibe.

 

Etimológicamente, el síntoma se define como un “acontecimiento desdichado”, una “coincidencia”, un “esto no funciona”. Lo que Freud descubrió con su enfoque del síntoma y aprendió de la boca de sus pacientes, es que se trata de un saber que no se sabe, es decir que el síntoma es una formación del inconsciente. Se anuda ahí una cierta relación del sujeto con el goce. Leer y releer a Freud permite clarificar y dar los ejes fundamentales para pensar en la clínica de hoy en día. En la 17ª«conferencia de introducción al psicoanálisis» (1916 – 1917), habla « del sentido de los síntomas ». Ahí desarrolla el caso de una joven adolescente que no puede dirigir su deseo fuera de la familia, quien no puede acceder a una posición de sujeto sexuado. Esta joven es muy fóbica. Es hija única y no puede salir sola, necesita que alguien le coja de la mano. Por otro lado, está atrapada en un ceremonial en el momento de acostarse que torna imperativo el que no escuche ningún ruido, ella impone el silencio, pero también que la puerta de los padres quede entreabierta. Freud propone un cierto número de interpretaciones muy ingeniosas que juegan con algunos significantes (por ejemplo, no tocar) y relanzan las asociaciones….interpretaciones que por supuesto no pueden erigirse en saber. Lo que nos describe, es con lo que tropieza esta chica, está atrapada entre el padre y la madre, hasta el punto de compartir, en medio de la crisis, algunas veces el lecho conyugal (el camino de los insomnios y otros sonambulismos la llevan a menudo derecho a la habitación de los padres)….podemos decir que está atrapada en el goce de la pareja parental. Ni uno ni el otro ha podido, bajo el imperativo de este ceremonial en el cual ellos participan, cerrar la puerta al goce…..telón¡¡¡¡Es este decir “no” lo que permite al sujeto fantasear. Total, a esta joven eso le excita todas las noches y eso le impide dormir, pero también hay ahí algo que busca hacerse oír: que el goce que está en juego en la posición que ella ocupa en la pareja parental pone una barrera al deseo, a la posibilidad para el sujeto de investir un objeto exterior a la familia, a ella le ha sido asignado un destino de por vida. Parafraseando a Lacan, podemos decir que el síntoma del sujeto adolescente responde a lo sintomático de la estructura familiar, se define en este contexto como representante de la verdad de la pareja familiar. Me remito también aquí al trabajo de Robert Levy cuando habla de “el niño síntoma de sus padres” (véase « Lo infantil en psicoanálisis»). Este lugar impide el paso al deseo en tanto el deseo se apoya en la ley, no en la ley del superyó que emite mandatos, imperativos categóricos, sino la ley de la castración simbólica. ¿Qué decir de esta joven? Me apoyaré aquí en una formulación de M. Safouan (en su último libro aparecido en Francia « El lenguaje ordinario y la diferencia sexual ») : “la castración simbólica, es lo que permite al sujeto orientar su deseo fuera de la familia, liberarse de una deuda de amor cada vez más exigente, es la diferencia, el corte que hace la madre, el padre, entre su ternura y su sensualidad en la relación con el niño, la distinción que hace cada uno de ellos entre ternura y erotización en la relación”; esto tiene sus consecuencias, particularmente en el momento de la adolescencia, (esta cuestión es muy delicada en el caso de las chicas jóvenes y retorna a menudo en las curas del adulto, en un après-coup). Pienso también en un joven con quien me encontré hace poco, quien me hablaba de las idas y venidas de su madre, después de su padre a su habitación inquietándose siempre por sus cambios de humor. (¿por qué no hablaba?…..) de nuevo una historia de puerta que no puede cerrarse; y bien, este joven había llegado a hacerse escarificaciones, y había escrito sobre su brazo, en letra de carne « Hard corps »[1] Cuantas veces he escuchado a adolescentes en un errancia[2] muy preocupante hablar de porros liados en familia y donde todos flotan juntos….esto termina algunas veces muy mal (conductas suicidas, episodios psicóticos…). Esto hace eco a las palabras de un padre a propósito de su hija: lo que sobre todo no quiero, decía él, es que ella tenga razones para estar enfadada conmigo…..

 

Me parece que esta puerta que se deja abierta al goce es uno de los síntomas del mundo contemporáneo, corre pareja con la promoción del yo y de las imágenes, con las respuestas inmediatas a la demanda, con la cultura mortífera del narcisismo, con el mercadeo de los objetos, que incluye los del cuerpo……. ¿Por qué hablar de un “estado límite” del sujeto cuando hablamos del adolescente? Del lado de lo real de los síntomas, nos dice Jean Bergès (“El cuerpo en la neurología y en el psicoanálisis”): “los fallos de la represión toman una dimensión desmesurada……el cuerpo enganchado a la metamorfosis de la pubertad molesta por todos lados….el sujeto adolescente se halla confrontado a la proliferación de agujeros de real que marcan su cuerpo….” Me parece que lo que es interrogado, interpelado por el sujeto en el momento de los reajustes de la pubertad y del encuentro con lo real de la diferencia de sexos, es la cuestión del espejo y de la imagen del cuerpo. En este tiempo en que caen un cierto número de identificaciones de la infancia, ¿ a qué significantes se va a unir el
sujeto para realizar una metaforización de esta pérdida, e inventar nuevas identificaciones para inscribirse en una sexuación?,
en efecto el juego no puede ser el mismo (interrogamos aquí a la función del Ideal del yo en tanto instancia simbólica). Por otro lado Freud subraya este tiempo de la pubertad en los « tres ensayos sobre una teoría sexual », marca una mutación del sujeto en el juego de las generaciones, metamorfosis en la que la cuestión de la muerte es en efecto muy viva (si se puede decir). Y por supuesto este tiempo psíquico se articula con esta distinción que es particularmente descarnada en este momento, entre lo que Jean Bergès llama los funcionamientos del padre por un lado y la función paterna por otro. Puede existir el funcionamiento de un padre muy presente, atento o autoritario, e incluso que se ha ido para siempre…en fin, se podría hacer un inventario muy variado….La función paterna, es otra cosa, y es lo que remite a lo que decía antes, es la que sostiene la distinción entre ternura y erotización en la relación con el niño, es la que autoriza a cerrar la puerta al goce del padre y por tanto la que permite fantasear, es la relación de cada uno de los padres tiene con la castración. Este corte, este rechazo del goce es el que permite al sujeto orientar su deseo fuera de la familia, (es la cuestión que plantean los síntomas muy actuales de las fobias escolares o de esto que se llama los trastornos de la conducta alimenticia). Un joven al que recibo, muy incapacitado en su vida amorosa y de relaciones, quien está atrapado en diversas y variadas adicciones, me dice: « mi madre se las arreglaba siempre para que me tocara el haba (haba del roscón de reyes), la que permite tener la corona de rey y elegir a su reina cuando se corta el roscón, y he ahí que las reglas del juego cambian cuando me encuentro con otros de fuera de la familia, ¿entonces, quién soy yo?”

 

Para terminar, quisiera añadir algo sobre la distinción entre síntoma y pasaje al acto. Si existe una cuestión que se presenta reiteradamente en la clínica actual, es aquella de los pasajes al acto, precisamente porque el sujeto no puede apoyarse en eso que Freud denomina la etapa intermedia en la construcción del síntoma y que es la escena del fantasma. Cuando el sujeto no puede bordear lo real con el fantasma es cuando pasa al acto. Una última palabra sobre la práctica con los sujetos adolescentes en la consulta. Hablé antes de las evaluaciones diagnósticas que pueden tener efectos desastrosos; me parece al igual importante el hecho de no multiplicar los consultantes. Cuando un sujeto adolescente viene a hablarnos, esto compromete desde la primera cita…como dice Freud « el león sólo salta una vez» (Análisis terminable e interminable. Freud habla entonces de la interpretación).

 

 

 


[1] N.T. Neologismo, del inglés Hard: duro y corps: cuerpo del ejército. Videojuego de la saga Contra. También película de J.C Van Damme sobre un veterano del ejército.

[2] N.T. Neologismo para la palabra francesa errance, carente de traducción exacta. En castellano,

errar tiene dos vertientes de significado: itinerar, “vagabundear”, “divagar el pensamiento, la imaginación,

etc.”y también no acertar, fallar, equivocarse. Estas errancias, divagaciones de la imaginación parecen ser propias de una adolescencia normal; pero en cuanto se transforman en acción queda comprometida la capacidad de pensar.

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