El síntoma -Construcción y deconstrucción, Seminario I, Robert Lévy, 12 septiembre 2009

En este primer seminario voy a hacer un recorrido por la noción de síntoma en psicoanálisis y del sentido que se le puede dar al término de construcción. El síntoma como noción se deriva directamente de la medicina y de lo que es observable de una disfunción, lo que permite mediante una clasificación, llegar a un síndrome y a una enfermedad en la búsqueda de un diagnóstico. La noción de construcción en este caso está ligada sobre todo a la etiología del síntoma, es decir a aquello que está en el origen de la creación del síntoma. Lo que interesa a la medicina, no es tanto el síntoma sino la etiología. Nociones que van a contribuir a establecer el diagnóstico y a determinar la conducta para enfrentar la enfermedad, como curar a partir de la etiología, a partir del encuentro objetivado con la enfermedad. Los síntomas en medicina no tienen un sentido particular si no es para clasificar y su construcción es fruto de unos cuantos elementos siempre ligados a una disfunción corporal, a un punto de vista somático.

Es una cuestión interesante la de delimitar el sentido o no del síntoma, ya que su frontera delimita el campo de la medicina y el del psicoanálisis, aunque en algunas medicinas orientales, sobre todo en la china, los síntomas se agrupan alrededor de un sentido general de la noción de vida que se desestructura, de lo cual testimonian justamente esos síntomas que toman sentido referidos a un sentido general de la vida. En todo caso, esta cuestión del sentido es importante porque ha influido sobre el desarrollo de los DSM, reduciendo el síntoma a un comportamiento y evacuando así toda noción de estructura.

La psiquiatría dinámica del siglo pasado se interesaba por nociones tomadas directamente del psicoanálisis, como la neurosis obsesiva y la histeria. La psiquiatría francesa y europea funcionaban con independencia de la medicina tradicional. En Francia en los 60-68 hubo un movimiento importante de los psiquiatras para defender la idea de la independencia de la psiquiatría con respecto a la medicina, con una propuesta de certificación propia fuera del ámbito general de la medicina tradicional. De hecho la especialización en psiquiatría se separó del ámbito de la medicina lo que tiene que ver con su cercanía al psicoanálisis y con el hecho de dar un sentido al síntoma más cercano al pensamiento que a lo somático. Esto se mantuvo durante 10-15 años, hasta un momento de vuelta de los DSM en el que se volvió a integrar la psiquiatría en la medicina somática, hecho relacionado con la idea de frenar la idea de estructura y la de que el síntoma tenía un sentido.

Estos detalles que discutimos plantean la relación intima entre la cuestión de la semiología y los efectos producidos según se tenga o no como referente las estructuras y el sentido del síntoma. Hay efectos diferentes producidos por la diferente semiología. Lo que se escapa al no tener en cuenta el sentido del síntoma es precisamente escuchar al paciente. Se ha pasado así de una clínica cercana a la causalidad del fenómeno humano a una clínica conductual en la que los presupuestos organicistas están en la línea de los modelos de experimentación animal, de la idea de la etiología del síntoma, idea organicista clásica.

Hay un corte fundamental en Freud en relación a Charcot que inaugura la cuestión del síntoma en Psicoanálisis, es un dispositivo que supone un saber en el otro: “Me escuchan si me suponen saber algo sobre mi”. Es un corte importante en la forma de pensar la enfermedad y el síntoma. La histérica encarna un enigma que hay que descifrar y quien lo puede descifrar es un amo y Freud suponiéndole un saber sobre sus trastornos los hace pasar del estatuto de un signo que representa algo (la enfermedad) para alguien (el médico) al de un significante que representa al sujeto para otro significante, es así como Freud hace hablar al síntoma. Desde entonces, se trata de la construcción del síntoma, de una palabra en espera de ser entregada y su deconstrucción resultaría de su liberación. Encerrar o liberar la palabra sería una modalidad para poder pensar la construcción o deconstrucción del síntoma.

Se abre así un lugar para otro discurso que no tiene nada que ver con la medicina sino con la cuestión absolutamente nueva del deseo y de la verdad. Se puede decir que el fundamento del síntoma y de su construcción para el psicoanálisis está ligado a la dimensión del deseo, eso es lo que Freud revela en numerosas cartas a Fliess1 «Cronológicamente la primera fuerza de motivación en la formación de los síntomas es la libido. Así los síntomas como los sueños son realizaciones de deseos ». Sin embargo, un síntoma no es un sueño ya que la represión, motor esencial del sueño, no es más que la condición previa para la formación (construcción) del síntoma. Más tarde en «La interpretación de los sueños”2 encontramos que: « Los síntomas patológicos deben ser todos considerados como realizaciones de deseos inconscientes. » Punto de vista que matizará Freud en la nota 1 de 1914 « más exactamente se trata de una parte del síntoma (…) otra parte es debida a la reacción en contra de ésto» Es decir, solo una parte del síntoma es realización de un deseo inconsciente, ya que la otra parte tiene que ver con una reacción en contra del deseo, con la defensa.

Freud en 1907 ya destacaba que 3 « La ciencia psiquiátrica no busca la razón del delirio dentro de un conflicto psíquico y no comprende los síntomas de este delirio como una formación de compromiso», forma de independizarse un poco más del punto de vista psiquiátrico en la psicosis. El compromiso se escucha ahora como un compromiso que el síntoma establece entre consciente e inconsciente. Es decir también la construcción del síntoma resulta de este compromiso, de la economía entre consciencia e inconsciencia, eso se nota más fácilmente cuando se expresa por el discurso que cuando se expresa a través de un acto o un pasaje al acto; en efecto la flexibilidad del material verbal permite que el compromiso se manifieste por la ambigüedad4

Tenemos que completar esta primera aproximación de la construcción del síntoma en Freud con la noción de represión tomada en sus dos vertientes. La más habitual es ésta: 5 «El fracaso de la represión es la condición previa de la formación del síntoma» y otra que se conoce peor 6 « Los síntomas neuróticos y los actos fallidos se reducen a materiales psíquicos no completamente reprimidos, y que, aunque reprimidos por el consciente, no han perdido la posibilidad de manifestarse y expresarse» Es decir, tanto la represión como su falta están en el origen de la construcción del síntoma. Es interesante porque de ahí se puede suponer que hay dos tipos de síntoma.

Evidentemente, nos haría falta añadir a este último punto, que concierne a los materiales no reprimidos completamente, la idea que está en la base misma del síntoma para Freud 7 “La sexualidad infantil es la fuerza motriz principal de la formación del síntoma». En efecto, existe una categoría de síntomas infantiles que tienen la especificidad de ser el resultado de una falta de represión y no a la inversa como sería más tarde cuando la represión ya ha tenido lugar, y en este sentido Freud tenía la esperanza siguiente 8 « Es bastante posible que el olvido infantil nos provea el medio de comprender las amnesias que según nuestros conocimientos más recientes, están en la base de la formación de todos los síntomas neuróticos » Se ve que Freud gira ya alrededor de la cuestión de la amnesia infantil, de lo infantil como falta de represión, como existencia de dos síntomas distintos -aunque él no lo formula como tal, yo lo digo-, pero aunque Freud no lo formaliza, él pensaba ya que había una particularidad del síntoma no totalmente ligada a la represión sino a su f
alta.

M. C. Estada : ¿Entonces podemos hablar de síntomas metáfora y síntomas metonimia y de pasajes a la acción (metonimia en la acción) que no actos?

R. Lévy: Si

G. Kozameh: La clasificación de Anna Freud (en «Patología de la infancia») : síntomas de diferenciación entre el ello y el yo: síntomas neuróticos y síntomas de la falta de diferenciación del ello y el yo: síntomas somáticos ¿podría corresponder a estos dos síntomas?

R. Lévy: Si

E. Van Morlegan: Freud abandona la hipnosis y coloca el saber en el otro, es interesante esa mención que haces de la novedad que supone el hecho de colocar el saber en el lugar del paciente.

R. Lévy: Esto abre un campo distinto incluso para pensar lo que se olvida. La cuestión misma de la amnesia Freud la entiende de forma distinta. Si abandona la hipnosis es porque piensa que lo importante no es lo olvidado sino lo que se puede decir de lo que se olvidó y que dentro de lo que se dice sobre lo olvidado está lo olvidado. Entonces, la cuestión misma de la hipnosis se cae por sí misma. Si el paciente tiene un saber, si se le supone un saber, la cuestión no es saber lo que fue olvidado sino que de todos modos tiene un saber a propósito de lo que olvidó sin conocer lo olvidado, operación lógica totalmente distinta del primer dispositivo que suponía la importancia del recuerdo como tal. Lo importante es ahora la palabra, lo que se construye del recuerdo está en la palabra, en los actos fallidos, en los elementos de los lapsus, ahí hay que buscar el recuerdo, no el recuerdo como tal, sino los efectos producidos por el recuerdo olvidado, que no tiene a partir de este momento un interés tan grande en sí mismo. Por eso me parece importante lo que señalabas Eva, ya que la cuestión misma de la construcción del síntoma, da un paso más ahora, sabiendo que el saber no se constituye como algo que no se sabe porque está olvidado, sino que el saber se supone que es un saber dentro de la palabra misma, dentro del discurso, es una revolución en la manera de situarse, de escuchar, sabiendo que la cuestión de la hipnosis era otro modo de posición médica, en la que el médico va a conocer lo que el paciente no sabe en ausencia de la conciencia del mismo. La manera médica no sirve para lo que nos interesa, es decir para resolver los elementos del síntoma y del sentido psíquico. Freud poco a poco radicaliza su posición dentro del psicoanálisis.

M.C. Estada: ¿Como seguir en el sentido de la construcción del síntoma a partir de lo que comentas del recuerdo y del olvido?

R. Lévy: La construcción del síntoma se hace escuchar dentro de la palabra misma, no es un síntoma más la palabra a propósito del síntoma, sino que ahora palabra y síntoma están en la misma lucha, lo que no se encuentra en el síntoma se encuentra en la palabra, y lo que no se encuentra en la palabra tiene que ver con el síntoma, es una ligazón constructiva.

M.C. Estada: Por un lado está el momento en el que se creó el síntoma al que podemos llamar construcción, es decir el momento en el que se produjo un equívoco significante, ahí se construyo el síntoma. Por otro lado estaría lo que el paciente al llegar a dicho equívoco que formó el síntoma…al dirigirlo a un Otro supuesto al saber, éste puede escucharlo y hacer funcionar el equívoco; ¿sería eso la deconstrucción?

R. Lévy: Es interesante la pregunta. Por eso, por la dificultad para pensar eso. Lacan pretende que el analista forma parte de la formación del inconsciente. A partir del momento en que uno se dirige a otro al que le supone un saber, ya el dispositivo está. Eso si el otro se pone en un lugar analítico – puede quedarse también en un lugar médico, también los analistas- es decir que supone al paciente un saber. El dispositivo inconsciente es la demanda como tal, analizar la demanda es acoger aquello de lo que se queja el paciente sabiendo que el analista es una posición de supuesto saber y que dejando desplegarse la queja, la demanda alrededor del sufrimiento o del síntoma eso va a poner en marcha un discurso a propósito del síntoma y de las razones por las cuales el paciente viene a pedir algo. En esta demanda ya va a estar presente, de entrada, lo que concierne al síntoma, lo olvidado y toda la formación del inconsciente, de la cual forma parte el analista por el hecho de dirigirse a Otro.

M. C. Estada: Forma parte de la posibilidad de desplegar el saber, pero el síntoma se había construido antes de llegar al analista.

R. Lévy: No importa, porque lo que se construyó antes, lo que se construyó antes de venir, a partir del momento en que se entra en el discurso de una demanda a un Otro supuesto saber, eso plantea un dispositivo de construcción de un nuevo síntoma.

M. Moreno: ¿La neurosis de transferencia?

R. Lévy: Por ejemplo. Pero muchas veces el síntoma, la demanda por la que viene un paciente esconde otro síntoma del cual no habla. Dejando la palabra al otro, poco a poco se constituye una formación del inconsciente nueva, en la cual el analista tiene su papel, de ahí viene su papel, no es analista antes de poner en marcha este dispositivo: el hecho de que haya una demanda crea la posición de analista y si no hay una demanda no hay nada que hacer. No solo depende de la demanda sino de la forma de contestar a ella, entonces el analista como tal es una formación nueva del inconsciente del paciente, en la medida en que este se dirige a uno para pedir algo, algo que él no sabe, no sabe lo que pide.

M.C. Estada: Entonces, en la misma medida en que cualquiera de vosotros sois una formación del inconsciente para mí, en la medida en que sois un Otro de donde yo extraigo un significante que hace eco en mí, es en esa medida que el analista es parte del inconsciente.

R. Lévy: Si, pero no pides a todos algo que concierne a tus síntomas.

M.C. Estada: No, pero siguen siendo un Otro, es una cosa bonita de Lacan, los otros son un conjunto de significantes y yo a la fuerza extraigo uno, pero no como dispositivo, claro.

R. Lévy: Tú dices que transferencia hay siempre en todas partes. Sí, hay transferencia siempre, con el portero de mi consulta también, pero eso no sirve para hacer un psicoanálisis o para tratar un síntoma, es otra cosa. Desde el momento en que uno habla al otro, hay transferencia, pero eso no permite decir que con cualquier dispositivo se puede hacer lo que hacemos en psicoanálisis.

J. M. López: Entonces, ¿sería la propia transferencia la elaboración de un nuevo síntoma?

R. Lévy: Es interesante verlo así, si, yo diría que la transferencia es un nuevo síntoma, es una alienación.

J. M. López: Esto supone la calificación del sujeto como estando en una posición «patológica», pero ya que la transferencia está presente en toda relación humana entonces éste sería un síntoma normal.

R. Lévy: Claro, es el síntoma general de la demanda de amor, pero a veces éste es un síntoma general como transferencia y otras veces es más patológico que habitualmente. Y en este caso, cuando se despliega en el transcurso del análisis es otro síntoma el que se construye porque el lugar del analista es un lugar, si se queda vacío, que permite al paciente pedir, proyectar todos los papeles de su vida. Es un síntoma particular, no es el síntoma habitual de la demanda de amor de los seres humanos sino un momento particular de la demanda del sujeto dentro de este dispositivo, a partir del momento en que uno viene a pedir tratamiento.

R. Lucena: La cuestión que planteaba M. Cruz de como se constituye el síntoma en la neurosis infantil, todavía tiene el matiz de la etiología. Quizá lo que tú planteas tiene más que ver con la dimensión de causa como causa del deseo, trasladar la cuestión de la etiología al objeto como causa de deseo.

R. Lévy: Eso es, exactamente.

G. Kozameh: Él primer Freud tiene una posición muy médica, lo que aporta Lacan es algo no médico sino más relacionado con el anali
sta ubicado en ese lugar de vacío objeto causa. Esa es la gran diferencia.

R. Lévy: Exactamente. La idea de Lacan según la cual la resistencia es siempre la resistencia del analista es una manera de precisar que lo que pasa en la transferencia es nuevo, no es solo el recuerdo del pasado dentro de la transferencia. Hay algo también nuevo que se produce allí como síntoma y por eso la resistencia es la del analista, su manera de responder es fundamental.

J. Liaño: Parece que lo que dices es que el síntoma es siempre el síntoma para Otro, en cada situación el síntoma se reedita en la relación con el otro y adquiere otra dimensión, se convierte en otra cosa. No sé si se podría llamar síntoma a aquello que se escapa del discurso y toma cuerpo en la repetición, eso puede tener una vertiente patológica o saludable, la repetición no tiene porque ser siempre patológica, ¿se podría llamar a eso de otra manera? ¿Es el mismo síntoma solo que reescrito de forma diferente?

R. Lévy: Lo que dices abre otra pregunta sobre lo que es patológico. En psicoanálisis, nada es patológico sino a partir del momento en que el sujeto no puede vivir más con sus síntomas y entonces viene a consulta para aliviar su sufrimiento. Tenemos un saber en cuanto psicólogos o psiquiatras sobre lo que es patológico o no, lo cual nos sirve, pero cuando trabajamos tenemos que olvidarlo para acoger aquello que está en la palabra de demanda del paciente y no en una objetivación de lo que consideramos como patológico o no. No tenemos una posición objetiva sobre lo patológico, hay una variedad infinita de parejas patológicas, y podemos trabajar con uno de los miembros solo a partir del momento en que uno de ellos considera un sufrimiento, si no es así, todo se puede en las parejas.

R. Hernández: Se dan casos de análisis del miembro de la pareja que no es precisamente el que más sufre.

R. Lévy: Si acogemos la palabra se puede desarrollar la idea de un otro que no está pero que va a estar a partir del testimonio de sufrimiento de otra persona que no es la más importante en el sufrimiento.

R. Hernández: Me parece que hay que hacer la distinción entre síntoma y hacer síntoma para un sujeto, la estructura del síntoma ¿que pone ahí el sujeto cada vez que se confronta en la vida a la cuestión de su deseo y a la cuestión de que no hay nada que venga a responder, ningún objeto que le venga a satisfacer?

R. Lévy: Lo que dices a propósito de la repetición y del valor del síntoma para el Otro, es muy claro en la clínica con los niños. Un ejemplo muy interesante del jueves pasado es el siguiente: me viene a consultar una pareja por su hija mayor, de siete años, (antes habían venido por la menor, quien no podía dormir) porque es muy agresiva, es excesiva en casa, desbordante en su manera de demostrar el cariño, en su manera rechazar las cosas cuando no le gustan. Los padres están inquietos por si se trata de un síntoma patológico. Yo no contesto a ese punto y les permito a cada uno hablar de lo que les produce esta niña, me dicen que en lo social, en la escuela todo va bien, sus profesores están contentos, es bien acogida, es muy inteligente.
La madre dice: “para mi es insoportable, porque cuando hace estas cosas la agarro y la zarandeo y la sacudo y esto me recuerda mi vida con mi madre que fue la razón para no querer reproducirlo con mi hija y ahora me encuentro repitiendo exactamente eso”. El padre, hombre tranquilo, aparentemente conociendo sus fronteras con el otro, me comenta que es la única persona que no puede aguantar cuando le manifiesta su cariño, le da rabia, hay un exceso que no encuentra con nadie. Le pregunto: ¿seguro que no lo encuentra con nadie? Dice: “Si, hay otra persona, es mi mujer”. Un tercer elemento interesante es que comentan que la niña es “tan mala” que una vez dijo a sus padres que estaría bien que su cuidadora fuese su madre. La madre se descompuso. Yo me reí cuando dijo eso y dije, « que bien esta chica, que inteligente es la niña, porque para los dos es el centro de su preocupación. La hermana no cuenta, está bien, y entonces ella puede estar en el centro y además obtener de ustedes dos la pasión que con nadie más que con vuestra pareja intima puede obtener”. Les dije que bravo por la niña, es muy interesante y se comporta muy bien.

¿Pero cómo podemos cambiar las cosas? Me preguntan, a lo que contesto que intenten ya pensar un poco en no estar en el lugar ahí donde la niña les espera siempre, en no mantener la repetición. Un síntoma se construye con otros, se construye con cada parte de la pareja pero contribuye a mantener el estado de pasión que es un modo muy edípico de luchar por la vida. En la escuela va bien porque no hay otros para compartir el papel de pasión que comparte con sus padres.

Podemos ver como el síntoma se construye « dirigido a alguien » quien tiene un papel en el síntoma, así, si este papel desaparece, también lo hace el síntoma. Hay síntomas más complicados, pero es una manera de ver que ahí se construye el síntoma con respecto a la cuestión del deseo y del Otro.

G. Kozameh: ¿El significante pasión lo relacionas con la pasión intima de la pareja?

R. Lévy: Lo relaciono con la pasión edípica, la niña obtiene de parte de su padre la pasión que solamente él puede dar a su propia mujer. Fuera de todas otras pasiones. El dice que con ninguna otra persona en su vida más que con su mujer ha tenido este tipo de pasión -también de rechazo y de rabia- Y la niña obtiene la pasión igual que su padre solamente la obtuvo con su propia madre. Él padre dice: “no entiendo, que venga a abrazarme, etc., en momentos sin sentido”. Ese rechazo es lo que le recuerda a su propia madre, la pasión de rechazo que tenia por parte de su propia madre.

J. Liaño: La pasión más allá de que su manifestación sea de rabia, de dolor o de amor, es lo más alejado de toda idea de significante y sería más próximo a la idea de la libido, fuera de contexto como dice el padre, puede adquirir significación para el padre, para la niña no, la pasión que está del lado de la libido y del lado de la pulsión de vida.

R. Lévy: Tiene que ver con la cuestión edípica, y con algo más, la posición particular para su madre porque nació prematura, de lo cual su madre se culpó mucho. Parece que es a partir de la culpa cuando esta niña ha sentido la necesidad apasionada de tener un lugar particular, no es el tema habitual de estar en primera línea en la familia, sino el responder a algo que concierne a la culpa de su propia madre.

M. C. Estada: Volviendo a la construcción, no me queda del todo claro si construcción es la formación del síntoma o es el trabajo que se hace en el análisis, tal como lo planteas. Es el momento de formación del síntoma o el momento en que se despliegan los equívocos, la pasión del padre, etc.

R. Lévy: Son dos modalidades de construcción del síntoma, el síntoma se construye con los elementos que hemos visto y también tiene un desarrollo constructivo dentro del dispositivo analítico. Se transforma la modalidad de construcción. Por eso también, por el cambio de la modalidad de construcción del síntoma, hay a veces una curación rápida. Con los efectos producidos por la transferencia, formación nueva del inconsciente, con la intervención del analista, es otra construcción la que se forma y por eso a veces se asiste a la curación rápida de algunos síntomas, otros no. Reconstrucción de otra modalidad dentro del ámbito del dispositivo de la transferencia y del valor dado a la palabra. Escuchar es dar un valor a la palabra.

A propósito del olvido infantil, la amnesia a la cual se refería Freud como base de formación de todos los síntomas neuróticos es exactamente lo que Lacan va a retomar primero en su conferencia de Ginebra: 9 «Toquemos al fin esta experiencia que tenemos a diario. Si de lo que hablamos es cierto, si es en una etapa precoz cuando se cristaliza para el niño aq
uello que debemos llamar por su nombre, a saber: los síntomas, si la época de la infancia es decisiva para ello, ¿cómo no ligar este hecho a la forma en que analizamos los sueños y los actos fallidos?»
Lacan retoma la idea de Freud a propósito de lo infantil y de la proximidad entre los síntomas y el sueño, en lo que se refiere a su construcción. He aquí pues el modo de emplear la interpretación del síntoma tomada en su propia construcción y enfocado desde un modo de deconstrucción que seguiría las modalidades de su construcción inicial. Es decir, deconstrucción según su modo de construcción: metáfora, metonimia, desplazamiento y condensación, que es como la construcción del sueño. Pero Lacan no se para en la relectura de Freud. Él añade un elemento esencial, desarrollando el hilo de la construcción del síntoma en lo infantil 10« Sabemos bien, en el análisis, la importancia que ha tenido para un sujeto, quiero decir éste que en ese entonces no era absolutamente nada, la forma en la que fue deseado. Hay gente que vive bajo el efecto, que durará largo tiempo en sus vidas, bajo el efecto del hecho que uno de sus padres – no preciso cuál de ellos- no les ha deseado. Es ese verdaderamente el texto de nuestra experiencia cotidiana » Lacan hace prevalecer en su experiencia psicoanalítica cotidiana el hecho de la cuestión del deseo del Otro como inicio de la construcción infantil del síntoma. Me parece un punto fundamental.

J. María López: Y si ninguno lo desea, ¿entramos en otra cuestión?.

R. Lévy: ¿Un niño puede nacer si ninguno de los dos padres le desea? No es seguro. Se podría discutir.

Pregunta: Cuestión sobre si los padres no quieren saber nada del análisis del niño

R. Lévy: Un analista nace de la demanda del otro, si no hay demanda no puedo trabajar. No tengo un poder que pudiera superar la demanda del otro. Si en el ejemplo anterior los padres hubiesen venido sin querer saber nada de ello no se hubiera podido hacer nada. La niña sufre, pero yo no puedo ayudar en la cuestión del sufrimiento si no hay otra demanda, no puedo hacer nada y a veces hay que decirlo.

M.C. Estada: A veces hay que poder escuchar como viene planteada la demanda para saber si uno se niega o no. A veces es muy interesante que un hijo/a puedan escuchar cómo le dices a la madre delante de ellos « si su marido no quiere que su hija venga yo no la puedo recibir», esa intervención es analítica, pasa por decir no, y el analista respeta la situación. Que haya un otro barrado, donde el niño pueda tener un lugar. Si no, no se puede trabajar.

R. Lévy: Si, es muy importante que el niño escuche que su madre o su padre no quieren.

M. Moreno: Lacan plantea el inconsciente de los padres como algo determinante, da un vuelco completo con respecto a Freud.

R. Lévy: Lacan hace del deseo de los padres un dispositivo simbolígeno para el niño. Freud nunca lo planteó así, planteaba la constitución interna, no con su relación al Otro, (si con un otro dentro de un ámbito edípico, que no es tampoco el Otro del cual habla Lacan). En este deseo de uno de los padres, Lacan habla del deseo como causa del sujeto otro, el niño como objeto causa. Lo que resulta es que puede ser un sujeto en la medida en que es objeto causa del deseo del Otro.

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