El síntoma -Construcción y deconstrucción, SEMINARIO 2, Bernard Brémond, 14 noviembre 2009

Voy a tratar sobre tres términos: la cuestión del sentido, la del cuerpo y el psicoanálisis como síntoma.
No me gusta entrar en esto del síntoma. ¿Por qué me cuesta? Podría considerarse que el síntoma es la vía principesca de acceso al inconsciente: Freud decía que el sueño era la vía real. La dificultad al entrar en esta cuestión esta quizás ligada a la constatación en mi práctica de que cada vez menos gente viene a consultar para hacer un análisis y más con un síntoma un poco ya delimitado. Hay colegas que trabajan con lo que llaman el sujeto moderno en quien se dan problemas de malestares, estados de depresión pero sin que haya síntomas ya constituidos o localizables, salvo dos tipos de síntomas :

los puestos en el discurso de hoy día y en la nosografía moderna bajo el término de adicciones: la gente consulta porque están demasiado dependientes de los alimentos, del alcohol, tabaco, drogas o del juego, están alienados a un cierto tipo de objeto.

el deseo de ser psicoanalista

En el conjunto de gente que veo, los síntomas se presentan de esta manera.

Pongo en paralelo los dos tipos de síntoma en la medida en que en los dos lados: adicción, o querer ser psicoanalista, lo que está puesto en cuestión es el lugar del objeto y lo que no se puede alcanzar del objeto, es decir que tanto de un lado como de otro creo que lo que está en juego es una cuestión sobre la melancolización: no hay objeto que valga. Concibiéndolo así no estamos lejos de lo que es un efecto del psicoanálisis: la relación del objeto a través del fantasma se modifica por el trayecto de un análisis, y al final de un análisis, el sujeto ya no está enganchado al objeto, como lo estaba antes y el análisis termina por una caída del valor del objeto.

El término síntoma era en su origen, en griego: lo que cae (o queda) junto. En relación al término sinthome que Lacan ha actualizado, la primera escritura del término sinthome, el diccionario etimológico lo traduce como “poner junto”, distinción ligera que de todos modos tiene que ver con la operación, que no es la misma en el síntoma y en el sinthome. El síntoma sería lo que cae junto y el sinthome poner junto. A partir de aquí podemos preguntarnos ¿consideramos síntoma o sinthome todo lo que permite que las cosas queden juntas, que se mantengan juntas?

En ese sentido he redescubierto que Lacan tiene varias declaraciones en las que propone tratar algún elemento de la construcción del sujeto, bien como síntoma o como sinthome. El primero es el padre: Lacan dice que el padre es un síntoma y en otros que es un sinthome. Otro elemento es el Complejo de Edipo. ¿Qué quiere decir? Que en el fondo el Complejo de Edipo es un montaje imaginario, es decir, un síntoma, que tiene como objetivo permitir al sujeto defenderse contra la castración. Se puede desplazar lo que tiene que ver con el complejo de castración el cual tiene siempre que ver con un encuentro con lo real, y está del lado de una prueba que el sujeto debe necesariamente afrontar si quiere operar cualquier realización simbólica.

Lo más crucial, el complejo de castración y el Edipo no sería sino un montaje imaginario para intentar protegerse de la cuestión de la castración. Y el Padre es un poco lo mismo, ya que en torno a él gira el complejo de Edipo. El padre es en el fondo un operador que el sujeto fomenta, se inventa casi, para afrontar la cuestión de la castración (hacer al padre culpable), el padre toma diferentes formas, es a la vez el que impone la castración y el que protege de ella. En este sentido es un síntoma. Lo que intento destacar es que gracias a la vía imaginaria un sujeto puede tratar la castración y por lo tanto el deseo. Por eso el padre es un síntoma y el Edipo también.

He aquí un punto, a propósito del sujeto posmoderno, a través del cual me uno a muchos colegas en la preocupación por el declive de la función paterna y por lo que se llama “los nuevos síntomas”. No estoy de acuerdo con las conclusiones a las que llegan pero si con los elementos esenciales de los que parten.

Trataré los tres puntos que os señalé al principio:

1 – El sentido.
No hay duda que el psicoanálisis comenzó por ahí, dando sentido a síntomas que no lo tenían. Es lo que dice Freud en la conferencia 17 de introducción al psicoanálisis: “El síntoma tiene sentido y está ligado a la experiencia vital del enfermo”.
Pero olvidamos plantearnos qué queda hoy de esto. Hay que volver a situar esta afirmación de Freud en el contexto mismo de su pensamiento. Cuando Freud daba sentido al síntoma de sus pacientes, cuando la cura psicoanalítica tenía como objetivo dar sentido a esos síntomas que no lo tenían (ver los casos clínicos de Freud) hay que situarlo en los orígenes de la invención del psicoanálisis; en aquel momento dar sentido a los síntomas era insensato, era inaudito: lo que se consideraba sin sentido, Freud se lo daba a partir de la palabra del paciente, pero lo esencial no era tanto el contenido del sentido que le daba sino el hecho mismo de dar un sentido, y es porque era inaudito por lo que tenía el efecto de desplazar al sujeto, de desligarlo del enganche con su síntoma, al cual estaba totalmente alienado. Dar sentido desalienaba la relación del sujeto con el síntoma. Ya no estamos ahí hoy y es por eso, por lo que Lacan ha corregido algunas cosas, al precisarlas, para hacer un contrapunto de la perspectiva freudiana, en particular tomo algo que dice Lacan sobre el síntoma en La Tercera: “Llamo síntoma a lo que viene de lo Real esto quiere decir que ésto se presenta como un pequeño pez cuya boca voraz no se cierra si no metiéndole sentido” Un pez voraz que lo único que espera es poder tragar sentido. Si le damos sentido, continúo citando a Lacan: “o bien eso le hace proliferar o bien muere (revienta) de esto” lo que sería mejor, en lo que deberíamos esforzarnos, es en que lo real del síntoma muera, y la cuestión sería ¿como hacer?

Cuando alguien comete un error, un lapsus o un acto fallido, la reacción habitual es que siempre hay alguien que dice: “no es casual”, es decir esto tiene un sentido, lo que no tiene ningún efecto sobre el síntoma sino hacerlo proliferar. Dar sentido al síntoma hoy día tiene más riesgo de hacerlo proliferar que de matar lo real del síntoma, como dice Lacan.

Yendo un poco más lejos en la cuestión del sentido y retomando esta historia judía de Freud: ¿Por qué me dices que vas a Cracovia, para que crea que vas a Lemberg, cuando sé bien que en realidad vas a Cracovia? Es decir, por qué me mientes diciéndome la verdad. Lo que muestra esta historia es que lo que yo sé no basta para sacarme del problema: lo que sé es que vas a Cracovia, lo que en ningún caso me permite responder a la pregunta de por qué me dices que vas allí para que yo crea que vas a otro sitio. Cómo lo que yo sé no basta para responder a la pregunta “por qué me dice esto a mí y no a otro, aunque el sabe que yo sé dónde va”. Hay una parte de enigma que queda: la cuestión del porqué.

M.C. Estada: El padre como síntoma-ficción, ¿con él queremos responder a un real?

B.Brémond: Si, el padre (o el Nombre del Padre) funciona como síntoma porque abre a otras invenciones. El padre como síntoma es, en el transcurso del Complejo de Edipo, al mismo tiempo el castrador y el que salva de la castración. Hasta la adolescencia, el padre cumple esta función. Después de la adolescencia un sujeto va a poder prescindir del Nombre del padre a condición de inventar nuevos Nombres del Padre. Lacan intentó tratarlo a través de Joyce diciendo que estaba loco, con estructura psicótica, pero que Joyce consigue inventar un Nombre del Padre, su obra, su escritura, y eso hace sinthome. La invención de nuevos Nombres del Padre permite a un sujeto separarse, escapar u
n poco a eso a lo que estaba destinado por su estructura. Lo que ayer comentábamos de los Estados Límite, son justamente sujetos que no consiguen inventar otros Nombres del Padre.

M. Moreno: La cuestión de la verdad y la mentira, una cosa es el Nombre del Padre y lo que eso genera y otra cuestión es la de la historia de Cracovia, enunciado que se dirige a alguien a quien se quiere engañar, pero hay algo ahí que no pillo.

B. Brémond: El interés de esta historia es precisamente que se dirige a alguien. Lacan decía que el síntoma se dirige a nadie en particular, al foro. Mientras no se dirija a nadie, es a la vez el testimonio de un conflicto y un goce: es decir que el síntoma viene al lugar, reemplaza una satisfacción sexual. Lacan dirá que ocupa el lugar de la relación sexual que no existe. Esto, mientras no se dirige a nadie, a partir de que se dirige a alguien, es posible que sea escuchado, su mensaje encuentra un destinatario. La cuestión del goce se encuentra ahí desplazada. La cuestión del sentido quizá no sea tan importante como el hecho de encontrar alguien a quien dirigirlo. Ahí es donde ligo el asunto con la historia judía: aunque sé que tú que te diriges a mí vas a Cracovia, eso que sé no va a resolver la cuestión del porqué me lo dices a mí. Incluso cuando el sentido está localizado, la parte enigmática del porqué no se encuentra sin embargo eliminada. Es decir que… tomo algo que dice Lacan en el seminario de las formaciones del inconsciente: “Un síntoma se dirige a una especie de anonimato, éste síntoma que sostiene un deseo que no es hacia un objeto sino hacia una falta que en el Otro designa otro deseo”. En esta historia judía esta ahí el enigma en el fondo: La falta que en el Otro designa otro deseo: “¿Por qué me dices eso?”. El psicoanálisis no responde al porqué. La parte que consiste en dar sentido a los síntomas, mantiene la parte del enigma en la historia del sujeto.

R. Lucena: Lo que dices es entonces desplazar el sentido con respecto a cómo se organizó el síntoma, cambiar ese punto de mira por la perspectiva del sentido de la transferencia, del porqué ese síntoma se dirige a ese analista.

B. Brémond: Si, más allá o más acá del sentido que se aglomera en saber, hay la relación del sujeto con el significante, es decir, con lo que opera no por el hecho de esa significación sino por el hecho de su relación con otros significantes. Es ahí donde la transferencia ocupa su lugar. Los significantes están a la espera de poder ser dirigidos a alguien.

Esta historia judía es una especie de la metáfora de la transferencia, es decir, “me miente al decirme la verdad y sin que yo pueda saber porqué”. Ahí es donde se manifiesta una marca del sujeto, el que me mienta diciéndome la verdad sin que yo pueda saber por qué me lo dice. Un primer acercamiento al sentido y a sus límites.

2- El cuerpo

Lo trato a partir de la primera frase del argumento de este año: “El síntoma es un acontecimiento del cuerpo para el sujeto”. Me he preguntado que es un acontecimiento del cuerpo. Afirmación de Lacan cuando empieza a hablar de Joyce: “Joyce el síntoma”, segunda conferencia: “Dejemos el síntoma como lo que es: un acontecimiento de cuerpo”.

En la 17 conferencia de Freud, “El sentido el síntoma”, segunda página, dice que para hablar del sentido de los síntomas no buscará por el lado de la histeria, sino por el de la neurosis obsesiva: y precisa que “A diferencia de la histeria, la neurosis obsesiva renuncia casi por completo a fenómenos corporales y crea todos sus síntomas en el dominio psíquico”. De hecho para hablar del sentido de los síntomas, Freud toma todos los ejemplos de la neurosis obsesiva, me he encontrado con esta aparente contradicción, busca en lo que no pasa por el cuerpo, mientras que Lacan dice que es acontecimiento de cuerpo. ¿Cómo tomarlo?

Lo que puede ayudarnos es que en el fondo el síntoma surge de la pulsionalización del cuerpo: en la medida en que el cuerpo se encuentra habitado, constituido, organizado por la pulsión, habrá síntoma, a la vez como respuesta adecuada al deseo del Otro y al mismo tiempo como tentativa de escapar a la alienación o al goce del Otro. Es decir que el síntoma tiene un lado de alienación al Otro, al deseo, a la demanda del Otro, y por otro es un medio de intentar escapar. Si consideramos que la pulsión organiza el cuerpo, el cuerpo se organiza con zonas erógenas a partir de la pulsión; en ese momento todo lo que se sitúa del lado de esa pulsionalización del cuerpo va a dar lugar, si llega el caso, a síntomas… Lo que hay que añadir es que hay que tener un cuerpo para poder tratar con el deseo del Otro: así comienza la oralidad, la analidad… Como cuerpo, el pequeño sujeto está alienado al deseo del Otro.

Así comprendo el acontecimiento de cuerpo: el deseo del Otro “faliciza” el cuerpo. El deseo del Otro pone el cuerpo del pequeño sujeto frente a la tarea, exigencia, de convertirse en el falo que falta a su madre, el niño es llamado a colmar lo que le falta a la madre. La Intervención del padre, del Nombe del Padre o de la Metáfora paterna, va a poner una barrera, un límite a esto. El Nombre del Padre realiza una operación que dice al sujeto: no eres el falo de tu madre, no eres ni el primero ni el único objeto de su deseo. Es lo que llamo pulsionalización: es decir que la pulsión habita el cuerpo en un intento de ser el falo que no existe, y al mismo tiempo el padre prohíbe ser el falo. Creo que esto es lo que Lacan llama acontecimiento del cuerpo. No que el síntoma se manifiesta de forma corporal, sino que en tanto el sujeto tiene un cuerpo en el que vienen a inscribirse las marcas del deseo del Otro, en este sentido hay un síntoma. Y que en cierto modo, la conversión histérica no es más que un trampantojo. Lo que no hace la neurosis obsesiva. Es lo que dice Freud, el cuerpo es pulsionalizado y los síntomas se inscriben en el cuerpo sin que haya necesidad por ello de una conversión o síntoma corporal. Los significantes vienen a inscribirse en el cuerpo, en el cuerpo pulsional y a partir de ahí orientan un cierto número de conductas, emociones o demandas del sujeto.

En el Seminario sobre la lógica del Fantasma dice Lacan: “el Otro (el que definió como lugar del tesoro de los significantes) en el fin del fin es el cuerpo, es en primer lugar el cuerpo porque nuestra presencia de cuerpo animal es el primer lugar donde poner inscripciones. El cuerpo está hecho para inscribir algo que se llama la marca”. Nos dice que desde el origen el cuerpo es el lugar del Otro ya que desde el origen se inscriben ahí las marcas, es decir los significantes. Podemos entonces concluir que el inconsciente es un saber que trabaja formando síntomas. A partir de estas reflexiones sobre el cuerpo, yo retomaría, a la inversa, la pregunta sobre los nuevos síntomas: ¿Estos supuestos nuevos síntomas no son de hecho lo que hay de más original, de más antiguo?, ¿como síntoma, no revelan lo más vivo, lo más original de la formación de un síntoma? Pienso en lo relacionado con las cicatrices, las escarificaciones, el piercing, los tatuajes, todo lo que se llama nuevos síntomas del sujeto posmoderno, ¿No serían en el fondo los síntomas más básicos, escrituras sobre el cuerpo de marcas, de significantes? ¿Marca de qué?: de acontecimientos en la historia subjetiva que han sido ignorados, reprimidos, forcluidos… En todo caso acontecimientos que se han borrado, o han sido negados, a partir de esa negación o borramiento este acontecimiento ha sido cifrado y viene a inscribirse sobre el cuerpo de un modo enigmático.

Yo comprendo, propongo, el síntoma como acontecimiento del cuerpo, como que quiere decir que el síntoma es el resultado de la falicización del cuerpo, resultado de la identificación con el falo, identificación que por definición es a la vez fallida, imposible, y prohibida por la operación del Nombre del Padre. Es decir, acontecimiento del cuerpo ligado a
la identificación al falo. Retomo a Lacan en el escrito sobre Joyce-el síntoma: “Dejemos el síntoma como lo que es: un acontecimiento del cuerpo relacionado con lo que se tiene, se tiene del aire, se aira, se lo tiene (l’on l’a, l’on l’a de l’air, l’on l’aire, de l’on l’a)” A modo de una canción francesa, con lenguaje fonético, con juego de palabras y homofonías que hacen saltar el sentido. Es interesante que no se pueda traducir porque esto roza la cuestión del sentido. De manera irónica, burlona, Lacan subvierte la cuestión del sentido. Dar sentido hoy, bien construido, al síntoma, ya casi no tiene posibilidades de matarlo y Lacan en esta época tardía, ha decidido que poder cambiar algo de los síntomas, no podía pasar sino por el sinsentido, ligado al “pas de sense”, no-sentido y también paso de sentido. Juega permanentemente con los equívocos diciendo que es ésto lo que puede cambiar algo de los síntomas porque el psicoanálisis mismo se ha convertido en un síntoma. En el fondo dar sentido no tiene efecto.

Se continúa buscando sentido, pidiéndolo e incluso recibiéndolo del analista, no se trata de decir que hemos acabado con esto, se trata de saber si es esto lo que puede cambiar el síntoma, y Lacan opta por el hecho de que dar sentido al síntoma lo hace proliferar, para que se mate al síntoma hace falta otra operación del lado del “pas de sens”(del sin-sentido o también del paso de sentido)

Lacan toma a propósito de ésto la historia de Robinsón Crusoe y Viernes. Robinsón está solo en su isla y un día encuentra la marca de un paso en el camino, Lacan explica que una marca de paso es un signo, el signo de que hay alguien, después Robinson la borra, así que no hay huella “pas de trace”, se ha pasado de la marca del paso a la no-marca, a partir de la no-marca se produce un significante: el significante paso, que remite al paso de la marca y también a la ausencia de marca. Se pasa del signo, con un sentido, al significante, que se define de otro modo que por su sentido.

Esta operación que va del paso de marca a la no marca, es quizás también una manera de escribir lo que Lacan llama un acontecimiento de cuerpo: por el hecho del deseo del Otro –deseo de la madre, incluso demanda materna- se inscribe en el cuerpo, pero esto no quiere decir que sea un síntoma físico en el cuerpo, sino que los significantes no dejan marcas corporalmente visibles sino que orientan la cadena significante del sujeto.

M. Moreno: ¿Tiene esto que ver con la imagen inconsciente del cuerpo, de Dolto?

B. Brémond: Si, creo que es la imagen inconsciente del cuerpo de la que habla Dolto. Ella dice que esa imagen del cuerpo no es una imagen y la descompone en I, MA(mamá) y JE (yo). No porque sea una imagen sino como significante.

E. Van Morlegan: Es el ejemplo del niño que no podía mamar sin estar la madre.

B. Brémond: Eso dice algo del acontecimiento del cuerpo, el síntoma es que el Bebé ya no podía mamar porque le había sido amputado un trozo de cuerpo que se podría llamar el olor de la madre (no tiene aún un cuerpo propio). Había que restituir ese trozo de cuerpo a través de la ropa de la madre, para que él pueda volver a mamar. Esta historia de Dolto se ha retomado y me han contado recientemente la historia de un niño que se negaba a comer en el cole y le pidieron a su madre que les diera una camiseta para ponérsela al cuello al niño. Es espantoso, porque lo que Dolto había aplicado a un Bebé que no hablaba se aplica ahora a un niño que ya está un poco socializado y habla. Una vez que un niño ha creado ya su objeto transicional, como dice Winnicott, darle un objeto de la madre es llevarlo a la regresión.

M.C. Estada: ¿Cual es el interés y el uso que podemos hacer con la distinción de Lacan entre el síntoma y el sinthome.

B. Brémond: Quizás haya un pasaje de uno a otro: algunas cosas cayeron juntas y cosas que habían producido el síntoma, indicio de un conflicto, de una represión, de una vuelta de lo reprimido y al mismo tiempo lugar de un goce. Un síntoma puede ponerse a hacer sinthome, es decir, en el fondo, permitir sostenerse algo que no se mantendría sin eso pero mantenerse sin cerrar el camino a posibles invenciones, creaciones, es decir, algo que no se situara solamente en el lado de la repetición. Comprendo así la cuestión del sinthome. Para retomar dos operaciones de las que habló Lacan: hay evidentemente una dimensión de alienación, pero creo que el sinthome introduce la operación de la separación, un poco menos de alienación al deseo del Otro.

En relación con lo que dije esta mañana, el Otro al final del final es el cuerpo, lo que no impide que la subjetivación implique que el Otro en un momento dado no sea sólo el cuerpo. El otro es el lugar del lenguaje, tesoro de los significantes, etc. Quedarse en que el Otro es solo el cuerpo, es lo que esta en juego en el tema de las marcas en el cuerpo (piercings, etc.) , lo que sirve como lugar del Otro es el cuerpo, no hay Otro encontrado en el marco de la palabra.

R. Lucena: Cuando hablabas del síntoma como acontecimiento de cuerpo para el sujeto y luego has dicho algo sobre los supuestos nuevos síntomas: cicatrices, tatuajes, etc. no he entendido bien lo que decías.

M.C. Estada: Hay un marca en lo real en lugar de la marca del Nombre del Padre en relación a estos síntomas.

B. Brémond: Yo entiendo el síntoma como acontecimiento corporal: el síntoma es el resultado, está relacionado con los avatares de la identificación con el falo, la cual inscribe significantes sobre el cuerpo. Si aceptamos decir que esto es un síntoma: un acontecimiento corporal, hago la hipótesis que estas manifestaciones sobre el cuerpo como cicatrices, piercing, etc. son quizás un intento de construir un síntoma, un acontecimiento del cuerpo, ahí donde falta la inscripción significante.

Lo que tengo en la cabeza es ¿Por qué los psicoanalistas no buscamos hacer desaparecer el síntoma? Porque se considera que contiene una verdad del sujeto. Así, pretender suprimir el síntoma sería hacer desaparecer al sujeto. El psicoanálisis busca hacer salir al sujeto de su envoltura de síntoma. Pero donde no hay síntoma, donde falta, allí donde falta su inscripción de acontecimiento del cuerpo, inscripción que falta porque la identificación con el falo no ha sido prohibida por el Nombre del Padre, hay que inscribir algo. Intentar inscribir lo que no pudo hacerse en su momento por falta de operación del Nombre del Padre. Falta que no forzosamente es forclusión, no estamos en el campo de la psicosis, pero en el fondo es una operación errática para tener inscrito algo. Se trata ésto como nuevos síntomas pero ¿acaso no son marcas de un intento de inscribir síntoma? En ese sentido no sólo no sería nuevo (salvo en su apariencia) sino que testificaría sólo la necesidad de los síntomas. Sería la vía más corta de inscribir algo en el cuerpo. Y por eso no funcionaría.

M.C. Estada: Habría algo fallido en este intento de inscripción. Éxito y fracaso de inscripción al mismo tiempo : falta la metáfora, metonimia a falta de metáfora.

B. Brémond: Siempre el síntoma es éxito y fracaso a la vez. G. Pommier dice en “La clinique lacanienne” pag 33: “El síntoma está ahí para ocultar las circunstancias de su propia aparición, su función procede de una represión, representa el retorno de lo reprimido, de una circunstancia para ocultar la cual él está ahí”.

Hay una represión que tiene que ver con un goce ligado a la insuficiencia de la relación con el Nombre del Padre. El síntoma conlleva y produce esa represión pero al mismo tiempo es el retorno de lo reprimido. Por eso Lacan decía que represión y retorno de lo reprimido son lo mismo. No dijo que había represión y luego retorno, sino que es lo mismo. Así que el síntoma es a la vez represión y retorno de lo reprimido. Por eso digo que el síntoma es éxito y fracaso a la vez. Pero mientras estamos a nivel del síntoma no podemo
s ver lo nuevo que pueda suceder. Recuerdo que Ronald Laing, un antipsiquiatra, contaba de Mary Barnes en un viaje a la locura: Mujer ingresada que pintó las paredes de la celda con excrementos. Laing la trata y un día que pasaba por su habitación le dijo: “mejor sería con color”. Ahí, ella se puso a pintar. Quizá la mierda era un acontecimiento de cuerpo y al decirle esto Laing, no sería esto una interpretación que permite pasar al sinthome, lo convierte en pintura, sinthome, lo que le permite mantenerse mejor que echando mierda.

Volviendo a las marcas sobre el cuerpo, confieso que no sé si permite a los que lo usan inventar nuevos Nombres del Padre. El paso de síntoma a sinthome, ¿sería la posibilidad de inventar nuevos Nombres del Padre? A lo mejor esto es lo que opera la cura psicoanalítica en relación con los síntomas, o es lo que podríamos esperar. Es lo que Lacan llama prescindir del Nombre del Padre a condición de servirse de él. Servirse del Nombre del Padre ¿no sería tener la posibilidad de inventar nuevos nombres del padre en plural?

M. Moreno: El dolor físico cancela algo de la angustia, integra al cuerpo, contiene.

R. Lucena: Hay que ir a cada paciente a ver que pasa, pero hay muchos momentos de despersonalización, de derrumbe, de vacío, el sentir el límite corporal, con ese dolor arman algo. Hay una contención del cuerpo, es una descarga. No es metafórico.

B. Brémond: ¿Cómo precisar la diferencia entre un sujeto quien frente a un cierto tipo de dificultad, a una cierta angustia, de entrada hace un síntoma: una migraña por ejemplo, antes incluso de que le afecte la angustia, hay un síntoma que viene, y hace que sólo se vea el síntoma, y no es lo mismo que otro que es invadido por la angustia y para hacerla bajar se marca el cuerpo? ¿Como formalizar la diferencia entre estos dos funcionamientos subjetivos, posiciones que no son las mismas?

M.C. Estada: En el síntoma de la migraña hay una posibilidad de continuar por el lado del lenguaje, abre puertas por el lado del pensamiento, y la marca en el cuerpo va por el lado de la metonimia, y al mismo tiempo que abre una puerta (lado de la moda, tribu) no abre a una posibilidad discursiva. Eso abre una puerta si hay alguien para escucharlo. Puede ser más una marca de identidad que de sufrimiento (por ej. tatuajes). Si nos quedamos en que el Otro es sólo el cuerpo, en que sólo el cuerpo vale como lugar del Otro, no hay Otro encontrado en el lugar de la palabra.

R. Lucena: También el tipo de angustia que aparece es diferente. No es angustia neurótica ante la confrontación con la castración, sino que es una angustia ante la desaparición. Y puede tener que ver con eso, no hay un Otro.

R. Hernandez: Es importante ahí la falta de destinatario para esa angustia, no hay nadie a quien se dirija, no hay adresse.

B. Brémond: Esto me hace continuar. Por ir deprisa: tras la adolescencia, o con ella, ¿qué es lo que está en juego? Que el Otro no existe en el sentido de que no es alguien, lo que hay es un lugar que es el de los significantes. Quizá la confrontación al hecho de que el Otro no existe probablemente lleva a algunos sujetos a considerar que no hay más Otro que el cuerpo y que no hay esperanza de vérselas con el Otro en un intercambio de palabras. Retomo así la cuestión de la dirección que comentó Roque. Si no hay destinatario posible, un otro que permitiera abrir a la función del Otro, si no hay esperanza, hay retorno al encuentro con ese Otro que es el cuerpo.

P. Pascual: Comentario sobre una obra teatral de Body Art.

R. Hernandez: Esto del Body Art me hace pensar en un intento de hacer pasar el sufrimiento y la angustia sin destinatario y anónima al sinthome, al encuentro del Otro. Una manera también de contener.

B. Brémond: Es una dimensión muy contemporánea: lo que no encuentra lugar psíquico para ser acogido, simbolizado, metaforizado, elaborado, se produce en la escena pública mientas que nada dice que la escena pública sea un lugar donde se pueda realizar una simbolización. La escena pública es llamada al socorro ahí donde no hay recinto psíquico.

M.C. Estada: Comentaba ayer Raquel sobre el hecho de no poder construir una subjetividad y estar todo el tiempo confundido con el otro, ¿que diferencia hay entre esa confusión y el transitivismo, entre la confusión anaclítica y el transitivismo?

M. Moreno: A veces en los grupos hay una respuesta de los pacientes que responde al deseo de los terapeutas de que usen la palabra.

R. Lucena: Lo del “como si” tiene que ver con el hecho de que no hay un gran Otro, lo que comentaba Bernard y por eso, e incluso los cognitivos recomiendan que en el trabajo terapéutico con este tipo de pacientes, hay que estar con algo biográfico muy atento a la experiencia emocional del momento, porque pueden estar contando cosas muy traumáticas pero totalmente desconectados, porque no tiene ningún sentido para ellos compartir esa experiencia con otro. Es algo que vemos mucho en los grupos, que hablan mucho pero no está pasando nada, y hay que parar, pensar…Eso sería una diferencia con el trabajo con el neurótico en el que es la caída de ese objeto, aquí es otro paso: que algo del Otro se pueda construir. Pero lo del transitivismo..no sé…

M.C. Estada: Pero lo del transitivismo es una confusión con el otro ,¿no?

B. Brémond:: Sobre este punto habla Rasial: Los estados límite obligan a cuestionar un acercamiento que sería solo estructural, y a tomar muy cuidadosamente en cuenta la dimensión de la temporalidad, es decir, de la historia, del cruce entre estructura e historia. Me parece que esto te responde: el transitivismo en el niño está fuera de la temporalidad, mientras que confusión en estados límite viene cuando ha habido una temporalidad en el encuentro con el otro, ha habido una confusión en la historia. Otra cosa importante, como dice Raquel, obligan a reflexionar sobre el tratamiento que se hace del afecto. No es solamente el significante sino también la presencia del afecto en la sesión o en el encuentro. Es esencial con estos pacientes marcar, levantar acta que el afecto nos ha alcanzado, nos ha tocado, porque esto es una posibilidad de inscripción.

M. Moreno: También está toda esta linea de pensamiento, como plantea Winnicott, del falso self. Me parece que son construcciones que se van haciendo en el psicoanálisis: el falso self, el como si, una forma de estado límite, etc., como una manera de hablar de la subjetividad.

B.Brémond: Os leo un texto que coincide con lo que Marga acaba de decir, esta sacado de un libro de una buena amiga, el libro se llama “Toda mi vida he sido una mujer”, “Toute ma vie j’ai été une femme», de Leslie Kaplan, Ed. P.O.L., Paris 2008:

“Una vez vi en una revista a una mujer que se me parecía. Sólo un poco, pero se me parecía. Me provocó un efecto raro. ¿Por qué se me parece? No paraba de repetírmelo, ¿por qué se me parece? Yo la miraba, notaba los detalles, me daba cuenta de una cosa u otra, ella tenía un pliegue en la comisura de la boca, yo tengo el mismo, aunque no sé si los demás lo notarían, pero yo lo sé, lo noto, así como el color de su cabello, el mismo castaño, bueno, me lo parece a mí, en todo caso me resultaba parecido y no paraba de decirme a mí misma: por qué se me parece, por qué esta mujer. Estaba a punto de volverme loca. No podía más y se lo conté a mi mejor amiga quien lo escuchó y me dijo, tú te preguntas por qué es ella la que está en la revista y no tú, eso es lo que te preguntas, esta mujer se te parece y ella está en la revista, eso es lo que te perturba y eso me hizo pararme y me dije sí, es verdad, ella está en la revista y yo no y por eso me perturba. Es verdad que yo no veía lo que había hecho ella para estar ahí en la revista, estar ahí pareciéndoseme. Eso me calmó un poco. Pero después volví a la carga. Por qué ella y no yo, por qué ella está en la revista y no yo, de hecho ella no había hecho nada espec
ial, sólo que estaba en la revista, yo no sabía quién era, estaba casada, tenía niños, tenía un problema de salud, no sé, ella estaba ahí en la revista y cuanto más pensaba en ello más desgraciada me sentía, se me parecía, por qué ella estaba en la revista y yo no. Estaba escrito su nombre pero no me decía nada, yo no la conocía, no sé quién la conoce, mi amiga no la conoce, nadie la conoce pero ella estaba ahí, se me parecía y eso me hacía sentir desgraciada.
Estamos en la sociedad de la felicidad y somos desgraciados. Todos los días, todo el tiempo, hay razones . Cuando se trabaja. Cuando no se trabaja. Cuando se tienen hijos. Cuando no se tienen hijos. Y la salud. Y las vacaciones. Todos los días se tienen razones para estar insatisfecho, desgraciado, descontento. Y eso, el que esa mujer que se me parecía estuviera en la revista, no sé por qué, me explotó en la cara”.

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