El síntoma-construcción y deconstrucción, SEMINARIO 4, Robert Lévy, 20 Febrero 2010

El síntoma versus la transferencia

El psicoanálisis como cura no tendría interés si no cambia algo ¿Pero qué se modifica en el análisis? Habría que introducir varios puntos:
La idea de que el síntoma y su construcción forman parte del analista como tal. O bien que el analista como tal es una formación del inconsciente del analizante, formación del inconsciente en el sentido del síntoma o en el sentido de que el analista forma parte del síntoma o hace síntoma para su analizante.

Tenemos que abordar la cuestión de la transferencia y para ello tenemos que abordar la noción de construcción ya que el síntoma se construye como la transferencia y no podemos abordar este tema sin pensar en lo que Freud llama Neurosis de Transferencia. Pero a esta Neurosis de Transferencia Freud la llama de distintos modos en cada caso: neurosis artificial (Introducción. al psicoanálisis), Neurosis de Transferencia, o bien “Nueva neurosis” (Más allá del principio del placer)
No podemos entender esto si no planteamos como fundamento de la neurosis de transferencia, que el analista es una formación del inconsciente y el paciente un sujeto que quiere por encima de todo a su síntoma. Dos condiciones sin las que no puede haber transferencia: amor por su síntoma equivalente al amor por su analista, hay un homeomorfismo entre ellos. Una especie de equivalencia e incluso de ecuación en el sentido matemático.

En otros términos, el síntoma adquiere una nueva significación en el transcurso de la cura, una especie de nueva neurosis que se revela distinta de la neurosis primitiva. Unos síntomas pueden desaparecer y otros nuevos aparecer. Podemos leer esta nueva enfermedad provocada artificialmente como enfermedad de transferencia (conferencia 28). Estos significantes de la transferencia giran alrededor de la enfermedad y consecuentemente del síntoma como tal. También Freud habla del campo de batalla en el que terminamos con la idea de enfrentarnos con la libido.
¿Qué es lo que Freud intenta decirnos? Intenta hacer entender algo de este síntoma analítico, que se construye a partir de la demanda y de la transferencia, y que supone una elección que determina la conducta de la cura y su dirección. A partir de ahí la dirección de la cura está en función de lo que el analista podrá subrayar, bien como interpretación bien como intervención a propósito del fantasma. Estas dos intervenciones son bien distintas.

Un ejemplo: Françoise Crozat trajo un caso, el de un paciente con problemas para ligar con mujeres a pesar de su buen porte y de ser interesante. Ella comenta que su manera de hablar de las mujeres de un modo magnífico le trajo la idea siguiente: “si hubiera tenido 35 años yo hubiera caído en sus brazos”. Ahí tenemos la dimensión transferencial como formación del inconsciente, es decir, que no es tanto un significante en común entre paciente y analista, sino lo que se llama “transferencia” es decir las dos palas de la misma hélice, término de Lacan.
Su formulación es interesante: “Si tuviera 35 años…yo hubiera caído en sus brazos”
Freud describe así la neurosis de transferencia como algo que tiene éxito, éxito para dar a todos los síntomas mórbidos una nueva significación de transferencia y reemplazar su neurosis ordinaria por una neurosis de transferencia, neurosis de transferencia que como trabajo terapéutico es lo que va a curar al paciente. (Freud, la Técnica Psicoanalítica) Lo que Freud no dice es que lo que está en juego en el hecho de que se reemplace una neurosis por otra es el analista como deseo. Es el deseo del analista el que permite ese cambio.

Es justamente lo que se encuentra como producción en el ejemplo de Françoise.
Françoise construye una fantasía que puede parecer en principio incestuosa, algo podría plantearse ahí como transgresión. Ella se encuentra en este momento en el lugar de la madre del paciente, pero este lugar de madre es un lugar que ella se autoriza para fantasear una escena con una reserva con respecto al tema de la edad: “si hubiera tenido 35 años…”. Lo que nos interesa es que más allá de la idea a priori incestuosa, de hecho no lo es, porque al tiempo que lo fantasea hace una reserva que tiene valor de prohibición. Como no tengo 35 años, no es posible. Eso modifica la relación habitual del paciente con su propia madre quien era verdaderamente incestuosa, ya que la fantasía construida por la analista plantea una renuncia a la realización de su fantasía. Hay un imposible porque no tiene 35 años y sin embargo eso no le impide fantasear que si los hubiera tenido eso hubiera sido posible. Es interesante ver que a partir de lo que a ella se le ocurre que es en primer lugar la posibilidad de fantasear algo, lo cual es importante, introduce una prohibición del incesto. Esto plantea cuestiones cruciales sobre la dirección de la cura, por ejemplo la cuestión de saber si en este momento de su fantasma, formación del inconsciente del analista, el analista se identificó con la madre de su paciente y la respuesta seguramente es que no, porque ella dice claramente haber sido seducida por el discurso de su paciente sobre las mujeres, no por él. La seducción en este caso pasa por la palabra, por el discurso a propósito de las otras mujeres, que según la analista era magnifico. En ese momento lo que le viene a la cabeza a la analista es una fantasía, aunque el hecho de hablar de otras mujeres pueda haber tocado su fantasma, no lo sabemos. Ella no se identifico con la madre del paciente.

Lo que cuenta aquí –se trata de un paciente impotente, síntoma habitual entre pacientes hombres- es el pasaje al síntoma de la impotencia. De lo que sufre este paciente es de su impotencia con las mujeres. Síntoma que plantea la idea de que permite un pasaje desde la impotencia como síntoma hasta la privación en la construcción de la fantasía de la analista.

Lo que nos interesa para seguir con el tema de que se modifica la cura es el señalamiento de lo que pasa entre la impotencia del paciente y la privación en el deseo de la analista. Ella se priva, aunque fantasee, de la realización de su fantasma, porque nos dice que no tiene 35 años. Está hablando de su castración, eso es importante para ver lo que es una neurosis de transferencia y para ver qué se modifica del síntoma en el análisis. La analista, no interpreta nada, no se lo dice al paciente, al contrario. Tampoco interpreta algo de la posición incestuosa de la madre aunque él señala a la analista que ella tiene un lugar de madre para él. Al contrario, lo que la analista introduce aquí es una verdadera transposición, término a término, del síntoma impotencia con la renuncia, la contención y casi con la castración de la analista. Se trata de reemplazar el síntoma impotencia por la castración de la analista.

M.C. Estada: Anudar de otro modo, algo de lo simbólico pasa por encima de lo imaginario.

R. Lévy: Una forma, una enunciación de que ahí hay un imposible, tocar el imposible, el imposible no es la impotencia, es casi lo contrario. Me parece que en estos casos particulares de neurosis obsesiva, ahí donde la cuestión del deseo incestuoso está siempre presente, y también en los casos de incesto efectivo, en acto, es muy importante poder hacer la experiencia, en la transferencia, de un amor que no sea incestuoso por parte del analista. La experiencia de la transferencia sirve para esto.

Es esencial porque con este elemento se va a poder tomar el incesto como transgresión, pero también va a permitir, en el ámbito de la transferencia, construir o reconstruir algo ahí donde el trauma produjo un agujero. Es decir, permitir experimentar un amor que no sea del orden del incesto. Esto es aparentemente muy banal en el sentido de que los padres se enfrentan cada día con esta cuestión con sus hijos, ya sea el padre con su
hija, la madre con su hijo y también al contrario. La cuestión es: cómo estar en un amor que supone una proximidad, de manera que sea posible una construcción de algo del orden de la libido. No se trata de evitar la cuestión libidinal, ya que no hay construcción si no hay libido. Con algunas mujeres el padre encuentra la solución de efectos muy complicados, de evacuar totalmente lo libidinal: no son incestuosos ni tampoco padres en el sentido de permitir una construcción para la hija que le permita la posibilidad de encontrarse como mujer, ser amada como mujer. Esta solución sería no reconocer a sus hijos la capacidad de ser hombre o mujer. Otra solución es el incesto de segundo grado, más frecuente y sin llegar al incesto como tal, pero es casi más terrible, por una cierta proximidad, ciertas palabras, ciertas actitudes, la complicidad contra la madre o contra el padre, eso es también incesto.

M. C. Estada: Contestar a ciertas preguntas de los niños sobre el sexo de un modo casto supone una posición no incestuosa.

R. Lévy: En los análisis de adultos se encuentra cómo se construyó esta cuestión en una u otra dirección, lo que tiene consecuencias por completo distintas. El síntoma de impotencia desapareció porque la posición de analista de Françoise, su deseo de analista, permitió según su formulación: “él perdió su impotencia”, en esta fórmula-lapsus, ya que la impotencia no se pierde. En efecto hay una pérdida de algo por eso la impotencia desaparece. Pero no se puede perder algo sin que por el lado del analista las cosas se planteen también al modo de la pérdida; punto interesante de la neurosis de transferencia: hay algo común que no es el significante, sino la transferencia común que es la pérdida de goce, efecto de la castración del analista. No hay dos transferencias, solo hay una. Un significante común sería transferencia-contratransferencia. Se trata de una pérdida de goce, pasa por la castración del analista.

Pregunta: Entonces lo que cura es la posición del analista, no sus interpretaciones.

R.Lévy: Claro, la posición en tanto deseo de analista es una función. El deseo de analista no es el deseo del analista como persona. La función como fórmula matemática se plantea en estos términos:

La fórmula lacaniana del fantasma: S ? (a) Posición del analizante

El sujeto está barrado en el deseo por el objeto, es decir que nunca lo obtiene aunque lo desea y por eso lo desea para siempre porque no lo obtiene, y eso produce el fantasma .

En el caso del deseo de analista: S ? ( ) Posición del analista

lo que nos interesa aquí es que el analista también ”fantasmea” y gracias a ello puede formar parte del síntoma analítico como formación del inconsciente. Su trabajo es mantener con respecto al objeto…, porque si no tiene un significante común, puede tener un objeto común que sería responder al amor incestuoso básico de su paciente, lo oque éste siempre busca: tener una complicidad con su analista, como condición de amor básico, incestuoso, porque el amor básico es el amor del incesto. Su trabajo no es complementar o identificarse a los objetos de su paciente. Lo que se desarrolla poco a poco en el análisis son las distintas identificaciones a los objetos del paciente. Y sabéis que en estos momentos en que se encuentra el objeto del analizante, el analista también está convocado a identificarse con los objetos propuestos por su paciente. Eso permite también que el analista fantasee y que el análisis se produzca como transferencia. La transferencia sería: los sucesivos intentos de identificarse al objeto con el amor que supone cada identificación al objeto. Pero la posición del analizante no es la del analista, cuyo trabajo ahí es mantener este paréntesis vacío para su paciente, es decir, no identificarse con ninguno de los objetos propuestos por su paciente. Si acaso hubiera alguna identificación común entre ambos, sería una psicoterapia, que es una modalidad que consiste en poner en marcha una identificación a un objeto común, cualquiera sea la comunidad, por ejemplo, curar el síntoma: los dos se identifican a un ideal del objeto que es curarse.

Pregunta: ¿Como sería una identificación común?

R. Lévy: Si en este caso Françoise solamente hubiese pensado “Caería en sus brazos” sin el interdicto, habría una identificación común. La castración supone “el evitar” la identificación con la propuesta identificatoria, seductora del paciente. Las intervenciones son distintas desde la castración: (porque ella ha pensado “Si tuviera 35 años….”) La libido del analista, inevitable, llega en parte al paciente pero con el tinte de la prohibición, si no es así aparecería la angustia, el pasaje al acto, etc.

M.C. Estada: O cualquier otra prohibición, por ej. “si no fuera mi paciente…” Como consecuencia de haber pensado esa prohibición, de no identificarse, las intervenciones son distintas y es eso lo que cura al paciente.

R. Lévy: Claro

R. Lucena: No es el mismo tipo de prohibición “si no fuera mi paciente…..” o “si tuviera 35 años…..” esta última marca que hay una diferencia generacional.

R. Lévy: No es cualquier prohibición, es cierto. En este caso tiene valor de prohibición para el paciente pero tiene valor de castración para el analista, el paciente y la analista no están en una situación del mismo nivel.

Entonces no hay neurosis de transferencia sin que el analista contribuya, y no hay cambio del síntoma por la neurosis de transferencia sin que la represión se ponga en juego también para producir lo que se llamará a partir de ahí el “síntoma analítico”. De ese modo el síntoma aparece como un goce encapsulado, paradigmático de todas las formaciones del inconsciente. El inconsciente mismo no es ni más ni menos que la actividad de un proceso primario de la pulsión, la cual realiza un primer descifrado, un desplazamiento en el sentido de la Enstellung, de los movimientos pulsionales como figuras de un acontecimiento de deseo.

La condensación y el desplazamiento que son las dos operaciones en función a propósito de elementos significantes, son los pasajes de la escritura primitiva de la pulsión hasta la palabra y de ahí, en consecuencia, procesos de transformación del goce en un decir. Se trata de una transposición término por término del síntoma inicial dentro de la transferencia, de tal modo que al final no se tratará ya sino del síntoma analítico de la transferencia. A partir de ahí, la intervención del síntoma en la transferencia queda muy concentrada en el fantasma.

La producción de una nueva significación del síntoma bajo transferencia, parece reducirse a la inclusión del analista en el fantasma, el cual tiene su lugar muchas veces de padre o de madre. El hecho de que siempre la cuestión transferencial pase por el amor al padre o la madre, se abre sin dar muchos límites a la compulsión a la repetición. Se puede cambiar de hombre o de mujer, se puede cambiar de pareja, pero no se puede cambiar de padres, por eso la limitación de la compulsión de repetición no se puede encontrar tan fácilmente en este ámbito de la transferencia, de amor de transferencia que pasa siempre por el amor al padre o a la madre. Es como renunciar a ellos. Es tan fuerte como renunciar a su goce.

Pero no se puede plantear este modo de tratar el síntoma salvo si se plantea que la relación entre un síntoma y su significación es la relación entre pulsión y sentido, sabiendo que la pulsión no tiene sentido en sí misma, sino que adquiere un sentido en la medida en que está siempre interpretada por el inconsciente. El sentido de la pulsión es lo que resulta de la interpretación permanente que el inconsciente hace del no sentido de la pulsión. Por eso el inconsciente encuentra su modalidad de expresión fundamental en el síntoma.

Un ejemplo de este anudamiento síntoma, fantasma y sentido de la pulsión aparece en el capítulo 9 del hombre d
e los lobos, párrafo en el que Freud analiza la evolución de los síntomas de su paciente como pulsión oral: “La finalidad sexual de esta fase no puede ser más que el canibalismo, la ingestión de alimentos; en nuestro paciente tal fin exterioriza, por la regresión desde una fase superior, el miedo a ser devorado por el lobo….Ya hemos expuesto en otra ocasión la idea que el padre de nuestro paciente acostumbraba a dirigir a su hijo tales amenazas humorísticas, jugando con él a ser el lobo o un perro que iba a devorarle. El paciente confirmo la sospecha con su singular conducta en la transferencia. Cuantas veces retrocedía ante las dificultades de la cura, refugiándose en la transferencia, amenazaba con la devoración y luego con toda serie de malos tratos, lo que constituía tan solo una expresión de cariño”

Lo que podemos llamar reviviscencia en la transferencia de los elementos pulsionales, vividos ahora de otra manera, son ya lo que resulta de la transposición en la neurosis de transferencia y no sólo una pura repetición. Es un punto importante ya que es fundamental señalar -por la dificultad de la repetición en transferencia de la cuestión del amor por el padre o la madre- que cuando aparece la neurosis de transferencia ya es otra cosa, es decir no es la simple repetición de un amor anterior al padre o a la madre. Tendemos a pensar que lo que se juega en la vuelta de las modalidades pulsionales anteriores -de la neurosis primaria- dentro de la transferencia fuera solamente una simple repetición. Pero es al contrario: a partir del momento en que ya aparece la transferencia, es ya una modalidad de transposición y no una simple repetición, por eso se entiende cómo muchas veces muchos de los síntomas anteriores desaparecen a partir de la transferencia. Es por eso, porque no es una simple repetición. Si lo fuese no habría ninguna razón para que los síntomas desaparecieran. Además, si pensamos que la transferencia no es más que la repetición de la neurosis anterior, no tendríamos nada que trabajar. Efectivamente, lo que hay en lo que escuchamos de la repetición en la transferencia es ya una transposición. Ya incluye la situación de cambio que no es una simple repetición, cambio que resulta del hecho de la neurosis de transferencia. Pero esta primera transposición, ahora como síntoma analítico, es un nuevo síntoma, es la construcción efectiva de un nuevo síntoma, el cual se mantiene como el síntoma anterior con una intencionalidad, se dirige a alguien.

Creo que lo que hay que escuchar en este trabajo es justamente la intencionalidad del síntoma, el cual recorre distintas modalidades en el transcurso de la cura analítica. En el transcurso de esta transformación del síntoma lo que cambia es la intencionalidad. Por eso, para que el síntoma analítico se establezca tenemos que pensar las cosas más allá de la cuestión del fenómeno, es decir, más allá de la apariencia del síntoma para articular lo que pasa del síntoma con los significantes de la historia del sujeto.

Es decir que no se trata de escuchar el síntoma como tal sino en su relación con los significantes de la historia del sujeto, de tal modo que en este momento de articulación en significantes, el síntoma aparece como un querer decir en espera de un destinatario adecuado. Así hay que escuchar la intencionalidad en el sentido: un querer decir en espera de un destinatario adecuado.

Un ejemplo de otro paciente que viene a consultar por su impotencia, el síntoma se articula muy deprisa con los significantes de la historia del paciente a partir del momento en que el analista le pregunta cuándo apareció su impotencia. El paciente dice que su impotencia tiene como origen histórico la petición de matrimonio hecha a su mujer, aunque vivía con ella desde hacía mucho tiempo. Otras asociaciones más articulan el acontecimiento de cuerpo (la impotencia) con la muerte precoz de su madre que fue muy traumática para él y otra asociaciones revelan que la idea no era tanto casarse, sino tener hijos, ser padre y hacer de su mujer madre. Esta cuestión se liga con significantes de su propia historia.
Esto ilustra el hecho de que en el síntoma siempre hay una verdad en espera y este paciente se revela impotente para decir su deseo en contradicción con su creencia en el amor por su mujer. Impotencia para manifestar su desacuerdo inconsciente con esta boda en el sentido de hacer de su mujer madre y el riesgo de la muerte de su madre. Esto se vuelve a articular y el síntoma de impotencia tiene en sí mismo no sólo una intencionalidad: decir que no a algo con lo que no está de acuerdo inconscientemente, sino que además esa intencionalidad le permite, con la construcción de su síntoma, no enfrentarse a esa situación traumática de la pérdida de una madre. Esto gira alrededor de esta construcción como verdad en espera de un decir y de dirigirlo a alguien.

Es en el punto lógico de la relación entre boda e hijos donde se construye el síntoma. La dificultad es: si la verdad de su deseo se revela pierde a su mujer a la que ama, porque ella no quiere seguir sin boda, pero también si se mantiene su síntoma de impotencia pierde su deseo para ganar a la mujer viva pero a la que va a perder de todos modos por su impotencia. Y la verdad es que esta mujer no aguanta mucho a este nuevo hombre castrado y prefería al de antes. Y él toma Viagra aunque diciendo que no quiere continuar con ello porque siente que la Viagra le da una mecánica posible del acto, pero se le escapa lo principal, el deseo. Vemos que con esta demanda se puede plantear un futuro de análisis, porque él viene a curarse del síntoma, pero se necesitó poco tiempo para que dijera que ese síntoma tenía un sentido y lo importante para él sería entrar de modo más íntimo en el valor que tiene el síntoma para él en relación con el resto de su vida y no sólo con algo que hay que eliminar de su vida.

Es decir que si no hay en nuestros pacientes esta primitiva intuición del sentido que tiene un síntoma, es complicado hacer un análisis, hasta que el paciente no se interese por su síntoma –lo que es muy diferente de querer quitarse el síntoma- parece que nos enfrentaríamos con otra cosa. Tener la intuición de que hay algo para comprender en su síntoma, es el primer paso de lo que se llama la transferencia, porque plantearse eso es en el mismo momento, en el mismo acto de pensamiento, poner al analista en posición de supuesto al saber acerca de lo que hay para comprender en su síntoma. En conclusión, ahí estaríamos ya en una transferencia de orden analítico.

En efecto, tras esta impotencia masculina, siempre hay una cuenta a pagar con una mujer y la agresividad está oculta, pero siempre se trata de agresión y agresividad, lo cual es ciertamente la razón por la que Freud aborda la cuestión de los síntomas mórbidos proponiendo justamente que se constituye en el análisis una neurosis de transferencia que va a permitir que, cito a Freud ”podamos lograr seguramente dar a todos estos síntomas mórbidos una significación de transferencia nueva y cambiar la neurosis ordinaria por una neurosis de transferencia cuyo trabajo va a permitir la curación”

Entonces se ve bien que gracias al precio de un cambio de política del síntoma el paciente termina con su política del avestruz. Freud nos invita a pensar que el paciente tiene que estar de acuerdo con la idea de que hay una verdad en juego en el síntoma para así encontrar una nueva relación con su enfermedad, lo cual es muy fuerte. A partir de este momento revelará una nueva organización sintomática que podrá, cito a Freud “dejar surgir los trastornos que hasta este momento aparecían indiferenciados”. Es decir que la puesta en marcha de la neurosis de transferencia abre la posibilidad de una nueva relación con la enfermedad, pero además abre el despliegue de lo que dentro del síntoma inicial no se distinguía, era sólo un síntoma. A partir de la neurosis de transferencia aparecen nuevos síntomas que antes no se supo
nía que estaban en funcionamiento. Y de eso se trata en psicoanálisis y no ya del síntoma anterior. Aparecen y se construyen síntomas que permiten trabajar el síntoma anterior, porque éste escondía la posibilidad de estos síntomas nuevos que no estaban presentes. En el caso anterior: hacer madre a mi mujer supone que se muere, eso sería un nuevo síntoma, el nuevo sufrimiento.

Podemos decir que la transferencia permite que el síntoma haga signo de sentido para un sujeto, lo que antes no hacía. Y así el goce del síntoma y su satisfacción, se encuentran transferidos al lugar del Otro como goce supuesto. El síntoma que un análisis permite tratar es en consecuencia un síntoma que incluye al Otro de la palabra y al Otro del goce. Es una tentativa de suplencia en la realidad del sujeto. Por eso en el análisis se trata de producir un nuevo rodeo de la libido, una satisfacción sustitutiva nueva que pasa entonces por el rodeo del trabajo del inconsciente y el desfile de los significantes de la historia del sujeto.

G. Gaitan: Pide aclaración sobre la transferencia y que el goce del síntoma y su satisfacción se encuentran transferidos al lugar del Otro como goce supuesto.

R. Lévy: El gran Otro en este caso es el gran Otro de la suposición de la transferencia, el SSS es el gran Otro, no el analista como tal sino su lugar de SSS a quien nos referimos siempre, pero este gran Otro tiene también su goce propio. Tenemos en nuestra formación del inconsciente esta idea de que tenemos que hacer gozar al Otro. Tenemos esa relación de dependencia al Otro, en tanto goce y en tanto sujeto, etc. La transferencia permite poner en acto en el análisis estas modalidades de para quién tengo que gozar o a quién tengo que hacer gozar, preguntas que sólo se pueden plantear en un análisis dentro de la transferencia.

Para terminar, os presento una nueva viñeta clínica sobre un paciente que vino por una enfermedad de la piel bastante grave que le invalidaba mucho ya que aparecía en los genitales y le impedía tener relaciones. Comentaba que quería mucho a su mujer, y quería tener un niño con ella lo que estaban intentando. Muy pronto hizo un lapsus diciendo “Tengo miedo de satisfacerla” en lugar de decir “Tengo miedo de no satisfacerla en la relación sexual”, exactamente lo contrario. A partir de este lapsus se dio cuenta de que no la satisfacía y que no satisfaciéndola la castigaba por no realizar el ideal de mujer que él tenía y que no sabía que tenía, a saber: “ser una mujer que nunca había conocido otro varón”. Ideal que era de su abuelo quien era la referencia para su propia madre y por lo que su padre, el marido de su madre, la había decepcionado todo el tiempo porque nunca había podido estar a la altura del abuelo. A partir de todo esto apareció la enfermedad de la piel de la que ningún dermatólogo podía curarle, y a partir de que pudo poner en palabras los significantes de su historia propia, desapareció la enfermedad y encontró una nueva mujer. Su deseo inconsciente no era cumplir este ideal que era del superyó y que no era su deseo propio. Y la impotencia que estaba presente en ese no poder tener relaciones tenía una intencionalidad relacionada con la impotencia de su propio padre que nunca estuvo a la altura de lo que su madre esperaba, no por razones sexuales sino de trabajo. El paciente tenía como Nombre del Padre la referencia de su madre, y la referencia de su madre en cuanto al Nombre del Padre era la de su propio padre y no la de su marido, el padre del paciente.

M. J. Palma: Una autora canadiense que cuenta su análisis. Plantea una línea femenina entre abuela, madre y ella. Habla de la abuela superponiendo las dos figuras maternas y dice que entra en análisis por el discurso de la abuela sobre ella desde muy pequeña. A los 4 años le dice que si es mala los hombres van a venir a violarla y cortarla con un escalpelo a trocitos. Discurso que recibió también su madre de niña, quien se volvió loca y se suicidó. ¿Existe una determinación en esa filiación del trauma?

R. Lévy: Es una cuestión compleja. Para mí no es fácil la cuestión de las generaciones con respecto al tema del psicoanálisis como tal, porque yo plantearía mejor la cuestión en términos de significantes. El valor del significante y de la reserva de la abuela hacia los hombres tiene un valor para su hija y distinto para su nieta. No se puede pensar las cosas en términos de reproducción idéntica en las generaciones porque entonces no hay ninguna salida y no podemos hacer nada más. Creo que la manera de recibir un significante traumático es distinta en cada generación, aunque se pueda ver que tiene efectos todavía, pero una cosa son los efectos y otra el valor del significante. Por eso me parece complicado plantear las cosas en términos de generación sin diferencia.

M. J. Palma: Preguntaba por la filiación en el sentido de genealogía, al haber tres generaciones.

R. Lévy: Se trata de saber si hay una enunciación colectiva. Yo creo que no, la cuestión generacional no puede entenderse como enunciación de filiación, cada sujeto tiene su propia enunciación y su propia historia que es la historia que él se construye a partir de la historia general o de su familia. Por eso en la consulta con niños, cuando las madres dicen tengo miedo de que mi hijo tenga las mismas cosas que yo tuve de niña, yo les digo que no hay ningún riesgo, porque él no tiene la misma historia que usted. Historias distintas producen efectos y sujetos distintos porque no hay enunciación colectiva. No se puede hablar de trauma en el sentido general sino en el uno a uno.

M.C. Estada: En el caso de historias muy traumáticas hay que ver cómo lo subjetiva cada uno.

R. Lévy: Si, influye pero de modo distinto, subjetivo y cada uno diferente. Se trata de hacer subjetiva la propia historia dentro de la historia general. Por ejemplo la generación de la Shoah, fue una generación en la que el trauma es idéntico para todos, pero cada uno hace subjetiva la propia historia dentro de la historia general. En el psicoanálisis nos planteamos preservar la cuestión del sujeto cómo que es uno por uno, su subjetividad, el sujeto en su sentido subjetivo, diferente, con una historia distinta. Todos los elementos que hoy en día aparecen son justamente lo contrario de esto, una unidad de todos frente al mercado, frente a los diagnósticos, todos somos bipolares, etc.

E. Van Morlegan: Decías que hasta que alguien no se interroga por su síntoma no entra en análisis, pero hay pacientes que buscan un sentido a su síntoma, trabajan asociando y dicen ya sé por qué me pasa esto pero no se me va el síntoma.

R. Lévy: Claro, porque no se trata de un saber sobre el sentido del síntoma.

R. Hernandez: Me da la impresión que si eso se produce es porque en el curso del análisis se le ha dado una cierta consistencia a algo allí donde debería aparecer un cierto vacío que relanzara……

R. Lévy: Claro, la queja es siempre una manera de no saber nada. La queja como resistencia al análisis y al analista. También ahí nos encontramos con el uno por uno. Tampoco es el saber lo que cura. Lo que cura es la posibilidad de la transposición, de la derivación de la pulsión, de la razón de ser del síntoma lo que se logra en el transcurso mismo del análisis. Y no solo a propósito de un saber sobre el síntoma.

M. C. Estada: Lo que nos ha venido a decir Robert hoy es que esto no se produce fuera de la transferencia.

L. Monleón: Sobre el síntoma analítico, cuando hablabas de la inclusión del analista en el fantasma del analizante y de la limitación de una compulsión a la repetición, no entendí bien ¿esto produce la limitación o lo contrario?

R. Lévy: Puede ser los dos, Si el analista se incluye en el fantasma con su propio fantasma, se identifica, lo que ocurre muchas veces. Una cosa es encontrarse llamado por el paciente y otra identificarse en el lugar del fantasma del paciente, y ahí estaríamos en una modali
dad que no permite que el paciente siga su análisis por su propia cuenta.

Al contrario si en estos momentos el analista reconoce su propio tema, lo que le concierne en esta llamada del paciente, el paciente siempre llama al Otro para tenerle en su mano, para estar con él en un amor compartido, lo hace en el transcurso del análisis por las cosas que dice, que le vienen, etc.; y si el analista puede ponerse él mismo en un trabajo analítico de poner afuera sus intenciones de compartir un mismo goce, como lo hizo Françoise, el análisis sigue, si no, es una psicoterapia.

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