Tema del año 2011-2012

La interpretación su acto y sus efectos

El término interpretación nació con la primera edición de la obra más importante de Freud, la que hizo entrar al Psicoanálisis en la cultura: “La interpretación de los sueños”. La interpretación es el momento de un análisis en el que aparece en primer plano la posibilidad de que algo cambie, y que se muestra también en toda su amplitud lo que, del “malestar en la cultura”, puede modificar el psicoanálisis.

A partir de ese momento, la noción de interpretación será objeto de remodelaciones en las que podemos ver la evolución constante de este concepto; concepto que se halla en el núcleo de la práctica y de la teoría, así como en la articulación entre ambas. En 1937, Freud, en el artículo: “Construcciones en psicoanálisis” se hacía eco de una crítica a la interpretación. “Cuando ustedes proponen sus interpretaciones a un paciente, actúan según el principio ‘Heads I win, tails you lose’, es decir: si usted está de acuerdo con la interpretación es que está bien, pero si la discute, no es más que un signo de su resistencia y por lo tanto nos da también la razón”. El mismo Freud va a volver a trabajar el concepto y propondrá cambiarlo “por el término de construcción que es mucho más apropiado”.

Desde entonces se han presentado distintas acepciones que quieren dar cuenta de lo que se entiende por este término de interpretación: escansión, intervención, silencio, sesión de duración variable. Aunque el obstáculo de la sugestión puede llegar a desviarla de su camino, ya que: “… de la palabra pronunciada se hace uno esclavo, de la no dicha se convierte en amo”. Así, la sugestión y el sentido se opondrán radicalmente al equívoco y al bien decir.

La interpretación se desprende de la dimensión del acto analítico. En Freud, esto se percibe desde el origen cuando afirma que el sueño tiene una significación y que existe un método científico para interpretarlo. Considera que debe abordar el sueño del mismo modo que los síntomas, incitando a sus pacientes a asociar a partir de su relato. La interpretación tiene una estrecha relación con el sueño y el chiste, hasta el punto de que Freud subraya que un sueño típico, por muy correctamente que sea interpretado, se parece a un chiste fallido.

Sin embargo, señalemos que ni Freud ni Lacan consagraron ninguna obra a este problema que es un problema científico ya que, más allá de la interpretación, lo que se replantea una y otra vez es la cuestión de la cientificidad del psicoanálisis. De este modo, pensamos que dependiendo de la posición que tenga el analista en su manera de interpretar o de no interpretar, resultarán distintas formas de psicoanálisis.

En efecto, cuando Melanie Klein, en la primera sesión con Dick, al verlo jugar con el tren grande le dice: “La estación es mamá, Dick va a entrar en mamá”, ¿no implica que ella interpreta la relación analítica como una unread reality (realidad no leída), que está presidida desde los primeros pasos y las primeras palabras por los fantasmas inconscientes? Para ella, en ese momento preciso, el acto analítico consiste en inscribir estos fantasmas en el simbolismo edípico.

Cuando Kris interpreta al “Hombre de los sesos frescos”, ¿no le responde acaso que no es un plagiario, que era lo que el paciente temía? En nombre del análisis de las defensas, el analista se creyó autorizado para intervenir a nivel de la realidad del mundo exterior, considerando que ello formaba parte del análisis.

Cuando Winnicott dice a la pequeña Piggle que “el hombre coge los ‘miams’ de la mujer y que a continuación se los devuelve convertidos en algo y que se lo da para que tenga a su niño…”, ¿no le está dando ahí su versión de la pareja sexual, la versión de lo que está para él en el lugar de la metáfora paterna?

Es el momento de volver a preguntarnos por los referentes que nos permiten interpretar las palabras de los analizantes y de que cuestionemos sus fracasos. La interpretación en psicoanálisis es distinta de las demás formas de interpretación en: que no busca decir la verdad, que se distingue radicalmente de cualquier interpretación ‘psicologizante’, que no puede reducirse a un acopio de buenas palabras extraídas de un manual y, aun menos, que pueda resolverse exclusivamente en el registro del sentido.

Si “el arte puede cambiar al mundo”, el arte de la interpretación ¿podrá hacerlo con el del analizante?

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