CUARTA JORNADA INTERNACIONAL DE PSICOANALISIS DE LA ASOCIACION ANALISIS FREUDIANO DE VALPARAISO 2011

IDENTIFICACION Y TRANSFERENCIA

«Yo interpreto acciones no intenciones» Camila Reyes

En este trabajo voy a presentar el proceso de análisis de un caso clínico en desarrollo, en que lo más relevante ha sido escuchar con un vacío posibilitador y preguntar desde la ignorancia, sin etiquetar. Es un caso clínico que abre muchas interrogantes y plantea cierta dificultad en el diagnóstico estructural. Pretendo evidenciar, como dijo Lacan, que escuchando e interviniendo muy poco, ciertos aspectos de la estructura se pueden ver en el lenguaje.

Desde la primera sesión R será puntual, vestirá de terno, corbata y cargará un gran bolso del que no se separa. Tiene 28 años, es ingeniero en informática, tiene un trabajo estable y viene a la consulta porque quiere amar a una mujer, tener una polola. Su relato es ordenado y muy detallado: que a los 3 años le diagnosticaron Síndrome de Asperger, que fue a una escuela especial, cuenta de su primer pololeo, del día exacto, en qué lugar y a quién le dio su primer beso.

Confusión es lo que me queda de esta primera sesión. R habla extraño, como un robot y hay trazos del relato que no entiendo, la palabra está centrada en el detalle y veracidad de los hechos, parece desafectado. Es diferente.

La segunda sesión dibuja personas, dibuja rostros sin rostro, las cabezas son círculos vacíos, para él y para quienes lo acompañan. Se dibuja entre mamá y papá del tamaño de un bebé y sostenido en el aire.

Más adelante dirá que su problema con las personas es que interpreta acciones y no intenciones. Dice: «A mí no me hablen de metáforas que no entiendo, solo puedo interpretar acciones». Cuando habla, lo que hace es relatar hechos, describir situaciones, pero no asocia ni interpreta. Señala que en una conversación, cuando no sabe qué más decir, lo tienen que ayudar. Es alguien al que le resulta muy difícil abandonar lo concreto, tiene un semblante formal y no muestra plasticidad.

La ropa no hace metáfora

Descubrí que en el gran bolso lo que lleva es ropa. La ropa sucia de la semana para que su madre se la lave y planche, para que después él se la lleve limpia a la ciudad donde trabaja. Dice que no lava su ropa porque no sabe cómo funciona la lavadora y que sólo podría intentar usarla si le dan por escrito el detalle de las instrucciones.

La sesión semanal coincide con el bolso de la ropa sucia, con lo cual me pregunto si, ¿no será también este espacio una lavadora de su vida psíquica al escuchar las cosas sucias de la semana?, y, ¿en qué medida transferencialmente estaré ocupando el lugar de su madre?, la que lava y plancha su ropa.

Es informático, pero no puede con la suciedad y limpieza de su ropa, no puede porque no sabe lavar ni planchar lo que ensucia, en lo concreto y, ¿qué pasa en lo simbólico?

Su ropa, limpia o sucia, siempre está a la vista o la lleva con él en su gran bolso. La ropa limpia que usará durante la semana la pone encima de la cama y se duerme encogido y en posición fetal para no botarla. Claramente no es algo cómodo, es una regresión a un estadio anterior, infantil, y un mandato a quedarse quieto. Los fines de semana, en casa de sus padres, la ropa es colgada en una cuna que está en la habitación en la que duerme. Cuando le pregunto e intento cuestionar la presencia de la cuna y la ropa en las barandas, responde que es cómodo porque necesita tener la ropa a la vista, no le gusta que esté guardada en un closet. Tampoco es algo que le incomode o le parezca extraño o poco estético, y no es resistencia, simplemente no se lo cuestiona.

Los adjetivos sucio/limpio de la ropa hacen alusión a objetos pulsionales anales, a los que R estaría conectado de manera permanente, porque no hay represión.

Que toda la ropa tenga que estar a la mano, cerca de él, a la vista, indica que hay una falla en el fort-da, es una dificultad en el juego de la presencia-ausencia. En este caso, el fracaso esta en el fort, puesto que la ropa está siempre presente, no puede simbolizar la ausencia del objeto, no hay metáfora.

Por otra parte, esta necesidad de percibir la cercanía de los objetos sucede porque su yo se afirma sobre la ropa misma como una envoltura formal de su propia imagen. Es decir, la ropa vendría a hacer de sostén imaginario, es una parte de su yo.

La madre

En el relato aparece una madre que responde por él a las preguntas del padre, que decide por él respecto de las salidas, los horarios de llegada, los regalos que debe comprar, cuándo debe cortarse el pelo, si debe abrigarse o no, cuando peinarse, cambiarse la ropa arrugada, y lo critica de sus «malas» decisiones. Por ejemplo, cuando compra un sweater en la ropa usada su madre le llama la atención y lo critica porque tiene un agujero. Si me quedo con la idea de lo que para mí es un agujero, no me entero que éste era del tamaño de un alfiler. Pero R está enojado con su madre porque lo critica en sus decisiones y no ve lo absurdo que puede llegar a ser nombrar como agujero un orificio tan pequeño, como si se tratara de una gran falla.

Cuenta, que cuando era niño y quería decir algo contrario a lo planteaba su madre, ella le decía: Cállate!

Hace intentos por criticar a su madre en relación a su exigencia y sopreprotección, pero al mismo tiempo la admira porque sabe interpretarlo en sus necesidades, sabe lo que es bueno o malo para él.

Evita contradecir a su madre porque no quiere pelear con ella. Dice: «¿para qué?, si mamá y papá son de la época que daban Tom y Jerry en el cine, es su forma de ser, de cómo fueron criados». Por otra parte, dice que su madre solo ve lo que sus ojos quieren ver.

Es como si por mucho tiempo o desde siempre tuviera el mandato de quedarse quieto, no moverse. La madre lo ha dejado inmovilizado transformándose en una prolongación de ella, de sus propios deseos.

Es una madre omnipotente e incuestionable. No está castrada, no le transmite la falta y no lo instaló como falo. Por lo tanto, él siempre va a estar en posición de sometimiento del Otro, hablado por la madre, ubicado en un primer tiempo de la identificación y totalmente objetivado por el discurso materno, ser el objeto de la madre.

No ha podido generar una identificación a partir del rasgo unario. Su yo se sostiene sólo por imitaciones, por la necesidad de coincidir con una apariencia, con un sistema de imágenes que lo sostienen, pero en la formalidad, puramente instrumental y formal. Son identificaciones imaginarias.

Pareciera que el significante amo es el que le transfiere la madre al cual se encuentra atado y no se puede desprender. R funciona con el fantasma de la madre, que le sirve de protección, pero que no le ha permitido que él configure su propio fantasma.

Se queja, y sólo se queja, del mandato explícito de sus padres en cuanto a que las fiestas patrias, navidad y año nuevo debe estar con ellos, acompañándolos porque es el hijo menor que no se ha casado.

Entonces, su motivo de consulta, «tener una polola», está relacionado con la posibilidad real, concreta de separarse de su madre, ya que si tiene polola, después podría casarse e irse de la casa como sus hermanos. Me da la sensación que la única manera de independizarse que él ve es estableciendo una relación con otra mujer.

De hecho, las personas de las que más habla y con quienes más se vincula son mujeres. Toma sus decisiones cuando les ha preguntado a varias de ellas su opinión. Casi como si decidieran por él. Hasta ahora su único pololeo fue con una mujer que tuvo la iniciativa de acercarse a él y abordarlo. Él espera que la mujer le diga lo que tiene que hacer y eso es un problema porque la mujer está castrada e invoca su deseo. Como no puede responder al deseo, se angustia y simplemente no entiende.

Con todo esto, surge la pregunta, ¿cómo
alguien que no ha hecho metáfora tiene un trabajo profesional estable?

Lo que sucede es que ser informático está en el discurso de la ciencia y la tecnología y no requiere de ningún sujeto, no hay subjetividad. Sólo obedece a mandatos y ordenes. De esta manera, responde a la demanda, lo que podría estar funcionando como un sinthome, inscribiéndose en lo social a través de su trabajo.

Como no se identifica activamente, siempre busca que el Otro le diga lo que tiene que hacer, es decir espera escuchar del Otro su identificación.

Con la frase reiterativa «yo interpreto acciones, no intenciones», y otras observaciones que hago respecto de su lenguaje, me parece que a R le resulta muy difícil acceder al universo simbólico.

Un día R trae a la sesión muchas páginas con la impresión de las conversaciones textuales que ha tenido durante la semana con sus amigas. ¿Para qué?, pregunto, él responde que es para que yo tenga toda la información, por si hay algo importante que a él se le haya olvidado. No es una conversación sino que es una escritura, es una inscripción literal que no ha hecho metáfora.

En este ejemplo, se ve claramente que en R funciona el lenguaje no la palabra, funcionan los enunciados. En este lenguaje nada puede perderse, todo es importante. Es un texto sin tonalidad, todo igual, donde no se resalta ni se obvia nada.

En el texto hay un sujeto de los enunciados y carencia del sujeto de la enunciación. Él está implicado en todo, no puede restarse a nada de lo que se dice de los enunciados, no está implicado, no hay deseo. Eso significa que solo la presencia funciona, presencia del objeto, como la presencia de los enunciados expuestos en el texto del chat.

Movimientos subjetivos

Es a partir del análisis, la transferencia y el lugar de vacío del analista, que no da identificaciones en respuesta a una demanda, es que se pueden empezar a ver ciertos movimientos.

Poco a poco, a medida que tiene un espacio para hablar de él, en que no es criticado, ni se le dice qué debe hacer, empiezan a haber ciertos cambios. Esto resulta muy interesante, ya que muestra la posibilidad de que en un paciente que no hace metáfora, si haya cambios subjetivos.

Como no puede hacer el juego del forta da, los cambios serán en la superficie o en la envoltura, como la ropa, es decir en lo formal de una imagen que se apoya sobre un solo significante. Motivo por el cual, estos movimientos estarán siempre limitados por una estructura que no hace metáfora.

Un día llegará con cinco camisas nuevas, una para cada día de la semana, después unos sweaters, todo comprado y escogido por él. Ahora tiene ropa de trabajo, ropa para la casa, ropa de salir, ropa para carrete, toda clasificada.

También modifica su ruta camino al trabajo y se sorprende como un niño que estuviera descubriendo el mundo.

Desde hace unos meses tiene más vida social, quiere tomar decisiones sin sentir miedo a que lo critiquen mamá y papá. En una oportunidad su madre no está de acuerdo con una amistad y él le responde: «Yo escojo a mis amigos».

R cuenta que tuvo un conflicto de directivas. Había sido invitado a almorzar a casa de una amiga y debía llevar un uslero, para hacer sopaipillas. Su madre le había dicho que volviera a las seis de la tarde. El conflicto era regresar a casa a la hora que le había dicho su madre o esperar a que terminaran de usar el uslero. Resuelve la situación quedándose y comer sopaipillas.

R dice que ya no va a obedecer ciegamente a los mandatos de su madre. Dice que sus padres le inculcaron el miedo a arriesgarse y eso lo tiene que vencer. Dice: «ya es tiempo que haga cosas por mí mismo». R quiere tener su propio deseo y diferenciarse.

Entonces hay movimiento, hay cambio subjetivo, pero sin metáfora y sin identificación simbólica.

Camila Reyes San Martín

Septiembre 2011

 

 

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