P { margin-bottom: 0cm; direction: ltr; color: rgb(0, 0, 0); line-height: 150%; text-align: justify; widows: 2; orphans: 2; }P.western { font-family: «Calibri»,serif; font-size: 10pt; }P.cjk { font-family: «MS Minngs»; font-size: 10pt; }P.ctl { font-family: «Calibri»; font-size: 10pt; }

LA A'POLÍTICA DEL DESEO

 

El texto propuesto por Dimpsy propone, de antemano, un problema que no carece de interés. De hecho, las diferentes ocurrencias que propone parecen invitarnos a diferenciar la responsabilidad del sujeto, por una parte – en el sentido del inconsciente – y, segundo, aquella que él asume en el sentido ontológico, a saber, que el sujeto tiene una elección filosófica sobre su entorno.
Desde luego, las asociaciones psicoanalíticas no escapan a esta diferenciación y conjugan, necesariamente, estas dos ocurrencias, ya que deben hacer frente a la vez por un lado a la necesidad de que no se funden en contra del inconsciente, y por otro deben también relacionarse – como lo hacen otras asociaciones – con el Socius o la Polis, ya que resulta de instancias como la ley 1901 … En otras palabras, se vuelve a cuestionar la dicotomía entre la singularidad irreductible del acto del sujeto del inconsciente, y ese "algunos otros" en relación con la organización social. Esta puede ser democrática u otra cosa.
Nuestra asociación se basa en la idea que, "si existe la institución, no puede ser otra cosa que la cura misma". Esto implica forzosamente y a la vez, una especie de responsabilidad del acto del sujeto "uno por uno", y una responsabilidad dividida por igual en cuanto a la concepción de la institución: no sin el inconsciente.

Esta concepción del acto generó la necesidad de apoyarnos en un trípode, que constituye una forma de cuestionar permanentemente el deseo del analista, que no se debe confundir con el deseo que pertenece a cada uno en relación con sus pulsiones y con la dimensión voluntaria resultante. Por lo tanto deseo ciego en el sentido freudiano, marcado por el carácter de la fatalidad griega.
Queda por determinar en qué y de qué el sujeto del inconsciente sería responsable, porque sabemos que Lacan lo mantuvo durante toda su enseñanza contra viento y marea. Este sujeto, que depende de las leyes del lenguaje, tiene que ver – en cuanto a la responsabilidad que le incumbe – con otra ética. Esta tiene como consecuencia directa el hecho que el sujeto del inconsciente no se ofrece al Otro como sacrificio – lo que hace muy frecuentemente el sujeto ontológico. No se ofrece tampoco como ideal. Sin embargo, debe responder —y aquí reside, sin duda, su responsabilidad en relación con el inconsciente— de los efectos del significante, e incluso deberá responder de la estructura.
De este modo, el deseo del analista y el sujeto del inconsciente nos llevan a concebir una ética y, por consiguiente, una responsabilidad, que no puede basarse en cualquier ideal, aunque fuera un supuesto ideal del psicoanálisis.
La primera consecuencia de esa concepción se refiere a la teoría o teorías de la transferencia y del final de la cura, sobre las que se fundan, en general y a menudo sin darse cuenta, las instituciones psicoanalíticas.
La servidumbre es, a menudo, el modelo que se presenta implícitamente como ideal institucional. El amo nunca está lejos y sirve, a la vez, a la causa del ideal y a la del esclavo.
En cambio, una concepción estrictamente equitativa entre todos introduce, sin duda, una dinámica fraternal, pero en ella los celos, la “frerocidad” de los iguales, sólo puede crear rabia y reinar como amo.
¿Sería posible otra forma de lazo social entre analistas? En Análisis Freudiano hemos hecho esa apuesta, sobre todo cuando renunciamos a cualquier nombramiento tras el dispositivo del pase, y cuando invitamos a los miembros a trabajar en dispositivos clínicos que, de por sí, no presentan ninguna especie de jerarquía de cualquier orden – lo que se da también en la lógica de que consideremos una sola categoría de miembros…
Esta posición de Análisis Freudiano – situada en una ética ligada más específicamente al sujeto del inconsciente que al sujeto ontológico– ¿produce efecto en el campo social, ya que ésta es la pregunta propuesta en este Coloquio? En otros términos, no podemos respaldarnos ni en la sociología ni en la historia, sino en el considerar algunos puntos vivos y críticos de los análisis de cada uno. Además, no podemos pensar las cosas como si nada hubiera cambiado desde el Malestar en la cultura, de Freud.
Entonces la cuestión sería la siguiente: en vez de la pregunta planteada en el argumento – “¿Cómo conciben la incidencia política de sus orientaciones clínicas y de sus opciones teóricas? ¿Acaso esta incidencia es objeto de reflexión? –, les proponemos ésta: "¿Qué consecuencias políticas tiene su concepción y su funcionamiento institucional?". En otras palabras, a partir de los distintos modos sobre los cuales ha sido fundada nuestra asociación, ¿podemos concebir una política del psicoanálisis, frente a la concepción del punto de mira de la cura y, entonces, de lo político?
Se trata de una institución que posee una sola categoría de miembros, porque hay que asumir la consecuencia del hecho de que no haya nombramiento tras el dispositivo del pase.
A este principio hay que sumar que, si el analista solo se autoriza por sí mismo y por algunos otros, la institución tampoco puede escapar al hecho que ella solo puede autorizarse por ella misma y por algunas otras – como aquellas que pertenecen al Interasociativo Europeo de Psicoanálisis , y a Convergencia, movimiento para el psicoanálisis freudiano y lacaniano.
Por lo tanto, el lazo social entre analistas que resulta de ello, es promovido por la dimensión de la falta en ser y no por la promesa de goce del nombramiento por fin obtenido. Se trata de una posición de lazo social un tanto incómoda dado que, en el fondo, nunca se obtiene nada que no sea en lo efímero de la emergencia del deseo de analista que debe renovarse continuamente en cada cura, como también en los distintos momentos institucionales que fundan la asociación, empezando desde luego por la cura.
Cada miembro de esta Asociación para el psicoanálisis podrá basarse únicamente en su propia palabra, que puede emerger en los diversos momentos de los dispositivos utilizados para esta finalidad, incluyendo los seminarios, grupos de lectura o cualquier otro lugar en el que esos “algunos otros” puedan escuchar y reconocer que se trata sin duda de deseo de analista.
¿Podremos exportar ese lazo a lo social? La respuesta es sí, pero un sí que supone una verdadera laicidad. Entendemos por laicidad la que es conferida por una cura llevada a su término, es decir, una cura que as
egure al sujeto en su desubjectivación, la superación de todas las creencias, incluyendo la creencia en el psicoanálisis. He aquí una concepción bastante radical y, sin embargo, no hay otra salida posible para lo que nombramos “política del Psicoanálisis”, que la de estar sin cesar en el lugar de "decir que no" a todo intento de instauración de nuevas creencias, o sea, de nuevas Weltanschauung.
Así, hemos respondido por adelantado a la cuestión del análisis laico, pues no hay mayor laicidad que la que encontramos cuando un análisis es llevado a su término. En consecuencia, el analista laico puede ser médico o psicólogo, o simplemente no ser nada, porque lo que cuenta es la laicidad que ha podido adquirir en su propio análisis, única garantía para que su deseo de analista no sea ya un deseo como cualquier otro, sino una función.
La cuestión es bastante complicada, pues no debemos “pasar el Rubicón “, o sea, como analistas no podemos tener Weltanschauung. A cambio, podemos sostener una concepción del sujeto del inconsciente que nos lleve por ejemplo a afirmar que debemos deshacernos del DSM, al tratarse de una máquina que erradica el sujeto del inconsciente, al considerar al individuo sólo por sus comportamientos.

Texto propuesto por Analyse Freudienne
 

SHARE IT:

Related Posts

Leave a Reply

You can use these tags: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>