Robert Lévy – El tiempo de concluir

23 de junio de 2013

En este momento de concluir el seminario del año sobre la “in-actualidad de la lógica del inconsciente”, tal vez es hora de que nos preguntemos cuáles son los efectos de esta acogida del  inconsciente, que se llama la escucha. Dicho de otro modo, si el inconsciente tendría alguna virtud política, en esta temporalidad, in-actualidad del inconsciente, tal y como Freud lo presenta. Dice Freud lo siguiente: “El recuerdo, incluso no liberado, se integra en el gran complejo de asociaciones y toma un lugar cerca de otros incidentes que pueden incluso estar en contradicción con él y se encuentra corregido por otras representaciones «.

 

Es decir, que Freud nos señala que cualquiera sea la operación que se pueda realizar en la memoria, el recuerdo queda allí en tanto llevado por la “lalangue”, es decir, en el “transcurrir” de la palabra. No hay necesidad de recurrir a una operación para recordar lo que no se recuerda, sino escuchar dentro de las asociaciones. Habla Freud del diván, efectivamente, donde se encuentra el recuerdo dentro de la palabra misma, no tanto como recuerdo, sino como organización de la ‘lalengua’, que sostiene de manera inconsciente esta presencia del recuerdo.
Sin embargo, la filosofía difusa que explica las impresionantes protestas generalizadas que acogieron, en Francia y en otros países, los intentos de instalar las terapias cognitivo-conductuales no está ya de moda, hoy en día las neurociencias y la psiquiatría biológica intentan hacernos comprender que el recuerdo ya ha durado bastante, que no hay ninguna necesidad de darle un lugar en la dinámica del sujeto, ya que es sobre todo inconveniente más que ventajoso para cualquier opción terapéutica, y se evitaría el encontrarse con cualquier recuerdo. Es decir, se rechaza todo lo que concierne a la cuestión de la historia del sujeto, del recuerdo del sujeto y, al final, al sujeto como tal, porque si tiran por la ventana su historia personal, sus recuerdo y lo que fue rechazado, entonces se rechaza al sujeto mismo como tal .a partir del behaviorismo
Intervención: Incluso si se trata el síntoma como trastorno, también se echa al sujeto.

R. Lévy : Se trata efectivamente de tratar y curar el síntoma, de sacar la subjetividad de la persona.

El enfoque, que mantiene esta forma de tratar el síntoma, está en contra de los derechos de la subjetividad y de los valores humanistas de la Ilustración, reduciendo al hombre a un comportamiento animal o una máquina neuronal. El psicoanálisis, por el contrario, se ha presentado y todavía se presenta como la última resistencia contra el materialismo y el «cientificismo» anglosajón. Élisabeth Roudinesco, en un panfleto dirigido contra los psico farmacólogos y los «teóricos del cerebro-máquina », explicó porqué: “El psicoanálisis escapa a cualquier evaluación objetiva de sus resultados porque una cuantificación tal, siempre reduce el alma a una cosa». Pero el psicoanálisis y su razón de ser, el inconsciente, seguramente van a perder frente a las embestidas de este poder cientificista si el psicoanálisis no puede transmitir a la ‘Polis’ lo que concierne a su acto político.

El primer acto político que se encuentra en el psicoanálisis, es mantener la subjetividad, mantener el sujeto vivo, lo cual borra todo lo que concierne a la evaluación dentro del ámbito de las terapias cognitivo-conductual.
De hecho, es porque “el inconsciente es la política”, como decía Lacan en el Seminario de” La Lógica del fantasma”, el 10 de mayo de 1967, por lo que nos podemos interrogar sobre aquello que permite al psicoanálisis, todavía hoy, preservar al sujeto.

También resulta imperativo preguntarnos si nuestras instituciones psicoanalíticas, en su manera de funcionar, tendrían también alguna virtud política, o más bien, cuál es el efecto de nuestro funcionamiento institucional en el lazo social.

Intervención: Entonces, asociarnos de una manera y no de otra, tiene efectos en la manera de relacionarse los seres humanos en general y entre los psicoanalistas en particular.
R. Lévy : Eso es, es una cuestión muy importante

Intervención: Entonces, si un psicoanalista va a elegir una institución y dentro de una institución va a elegir un cierto tipo de lazo social con sus compañeros, se supone que esta persona que tiene un determinado lazo social, que incluye la subjetividad, mantener la distancia entre el ideal y el objeto, por ejemplo, mantener el rumbo del psicoanálisis, no arrugarse frente a lo real; en fin, cosas que yo creo que son propias de un psicoanalista y de un lazo social entre psicoanalistas también, esto va a influir en sus relaciones con su familia y con la polis.

Intervención: Cuando uno se mete en un determinado tipo de asociación, hay algo ya previo en la elección.
Intervención: Creo que fue el año que trabajamos la transferencia, que Robert habló de la institución y del tema de mantener la tensión dentro de la institución, porque la burocratización en las instituciones, es cosificarte, y en las instituciones psicoanalíticas también podemos cosificarnos, si no estamos atentos…
Intervención: Pero por otro lado, el estar en una asociación como AF, que tiene determinados matices, por ejemplo, que no hay en la estructura unos seminarios rígidos o programados por cursos, nos traen también sus efectos difíciles.
R. Lévy : Obviamente, pero es una elección, con sus efectos positivos y negativos, pero la cuestión es la siguiente : no me parece posible sostener la idea de que el psicoanálisis es la última preservación en nuestra post modernidad del sujeto, sin preguntarnos, dentro de una asociación qué tipo de lazo social mantenemos nosotros, para mantener este sujeto. Es decir, que alguien podría decir: “yo soy analista y preservo al sujeto”, yo le podría preguntar: ¿Puedes comentarme cuál es tu modalidad de asociación con los otros?
Intervención: Lo tienes que sostener con el acto.
Intervención: hay muchas cosas que declaramos, pero hay que ver como las sostenemos.
R. Lévy: Y ahí me parece una pregunta fundamental, que sería un poco : “hacer como digo, pero no como hago” y esto se nota en muchas asociaciones. Curiosamente, pueden estar las dos cosas separadas: que la manera de instituir no tenga efectos sobre la cuestión del sujeto, o al revés.
Intervención: Algunos de nosotros conocemos una asociación en la que un día nos encontramos que todo el mundo era feo, triste, tenían pinta de enfermos,……
Intervención: Se notaba claramente la falta de deseo.
R. Lévy : Si se nota, cuando entras en una asociación puedes sentir cómo funciona la asociación.
Intervención: Es decir, la distancia entre el ideal y el objeto. En algunas asociaciones hay un ideal altísimo, pero están todo el rato intentando obtener el objeto. Por ejemplo, en la IPA, tienen también un sistema, porque se han dado cuenta de que los únicos que tienen pacientes son los didactas. ¿Cómo lo han solucionado en el lazo social los de la IPA? Para que los jóvenes sigan pagando a los didactas, necesitan tener pacientes, y para tener pacientes tienen un sistema barato, que no es un psicoanálisis, que es una terapia psicoanalítica. Allí estamos hablando del lazo social y estamos hablando de la política. Es decir, hay ahí una perversión, porque es “psicoterapia psicoanalítica” mientras que están pagando al didacta, y cuando llegan a ser didactas, entonces ya es un psicoanálisis.
Intervención: Pero entonces es una estructura piramidal, en que las transferencias se dirigen todas hacia “arriba”.
Intervención: Desde esta forma de organizarnos que tenemos nosotros, que no sea una organización piramidal, es algo muy complejo.
Int
ervención: La cuestión general es que haya, o no haya un lugar para el sujeto. En la red social, en el tejido social que se está dando, todos los movimientos que aparecen a partir del 15-M, hay una cuestión donde en un principio pareciera que la subjetividad está muy presente, pero está totalmente anulada; pero a la vez, para mí, en la medida que empiezan a realizar actividades, todavía esa subjetividad se va anulando mucho más. En AF se consigue que la gente efectivamente esté en tensión y haya una llamada al sujeto permanentemente; por lo menos hay un lugar para ser llamado, otra cosa luego es como se responda.
Intervención: Es un lugar muy incómodo, porque no hay reconocimiento, aquí no hay nadie de arriba que venga a reconocerte, estás en una historia tuya con tu trabajo.
Intervención: En relación al tema de la formación permanente en París, hay cierta contención, pero en Madrid (créditos de la Lain Entralgo), hay una situación de reducción del número de personas que vienen a las actividades, está siendo una sangría y ahora nos preguntamos qué podemos hacer para que la gente que ha venido alguna vez, siga viniendo.
Intervención: Tenemos que cuestionarnos qué pasa.
Intervención: Supongo que está influyendo más de un factor.
R. Lévy: Hay que diferenciar entre la responsabilidad del sujeto en el sentido del inconsciente, y su responsabilidad ontológica, es decir, el sujeto en tanto que tiene una elección filosófica en relación con su entorno. Estos dos sujetos no son los mismos y sus responsabilidades son distintas, es decir, uno tiene su responsabilidad con respecto a sus actos fallidos y a su deseo, y en el otro su responsabilidad radica en su posición filosófica hacia el mundo en el que vive el sujeto, es decir, elegir tal política de izquierdas o de derechas, tal manera de pensar el matrimonio de los homosexuales, etc. Esto último es parte de la responsabilidad del sujeto ontológico, filosófico, es una elección filosófica hacia su entorno.
Evidentemente, las asociaciones psicoanalíticas no escapan a este tipo de diferenciación, es decir, que conjugan estas dos ocurrencias, ya que ambas se enfrentan con la necesidad de que no estén fundadas en contra del inconsciente y, al mismo tiempo , necesariamente tienen que interactúan con los “algunos otros” , “socius” o de la “polis” porque están dentro de las organizaciones legales, están dentro de una modalidad asociativa del estado en el cual funcionan.
Es decir, que de manera obligada tienen que pensar su propia modalidad de fundación, de institución y de instituir con respecto a las dos responsabilidades. Es decir, que hay que trabajar para el inconsciente y, por otro lado, no trabajar en contra del estado, como si estuviéramos solos en el mundo, porque tienen que dar cuentas al estado o a la polis

En otros términos, esto nos lleva a interrogar la dicotomía que existe entre la “irreductible singularidad del acto del sujeto del inconsciente” y los “algunos otros” de una organización social, que puede ser de tipo democrático o de otro… Esta dicotomía conlleva una tensión, efectivamente, que no se trata de anular la tensión entre estas dos responsabilidades del sujeto, se tienen que mantener como tal y no resolverla, porque resolverla sería correr el riesgo de precipitar al psicoanálisis, o bien del lado exclusivamente democrático, en el que se borra la irreductible singularidad del acto, o bien del lado de la individualidad, que borra la relación con los algunos otros.
Lo que funda la ocurrencia posible de lo analítico en una institución, es esta tensión entre las dos responsabilidades, y se funda en el hecho de que el sujeto tiene que ver con la necesidad de “su acto irreductible y singular” y también con la autorización de los “algunos otros”. y no creo que pueda haber un analista que esté “solo”.
Nuestra asociación se basó en la idea de que «si existe la institución no puede ser otra que la cura misma». Es decir, que no se puede plantear la idea de una institución si no sale de algo que concierne a la cura, de lo que pasa entre un analista y su paciente, en la cuestión de la transferencia.
Intervención: Hay algo en los estatutos que no entiendo, es decir, una cosa es la cura, que yo voy con mi analista y hablo, y otra cosa es que yo estoy en una institución, pero para mí no hay una relación directa entre mi análisis personal y la asociación.
Intervención: En las asociaciones en las que existía una estructura en la que había “un amo”, la transferencia no tiene nada que ver.
Intervención: Si nosotros no tenemos el trabajo clínico de la cura ¿Cual es el eje que nos une?
Intervención: Yo estoy de acuerdo en que hay que analizarse para estar en una asociación psicoanalítica, pero no creo que sea eso lo que se dice en los estatutos…
Intervención: yo creo que la dirección, el eje de una institución tiene que ver con la clínica de la cura.
R. Lévy: Y principalmente con la transferencia. Cada institución analítica se basó en una teorización de la transferencia, que es la cura.
Intervención: Yo recuerdo que en uno de los seminarios de M.C. Estada, ella decía que la concepción teórica sobre el inconsciente y sobre la transferencia, marcan la ética del analista.
Intervención: Yo estoy de acuerdo en eso, pero la frase que dice: “Si la institución existe”, o sea que ya pone en duda que exista la institución,”no es otra que la cura misma”. Es decir, en esa frase hay algo que yo no entiendo.
Intervención: En el Seminario 13, hablando de por qué el psicoanálisis es una praxis, decía que es una praxis porque es la forma de abordar lo real desde lo simbólico y eso es la cura misma. Entonces, a lo mejor no es tanto tu análisis particular, como la cura vista desde el concepto de en qué praxis nos movemos.
Intervención: En “El Campo…”, en la época de Buenos Aires, antes todos los psicoanalistas estaban continuamente interpretándose entre sí…, pues eso es mezclar la cura con la institución, por ejemplo.
R. Lévy: Eso es interpretación salvaje, es otra cosa.
Respecto a la frase, está incluida en esta palabra el hecho de que la institución analítica y el análisis personal tienen algo íntimo para cada uno, pero no se escribe que sea una necesidad el analizarse, porque no se puede escribir así, pero dentro de es frase está incluida esta idea. Es otra parte de la propuesta, pero no reduce todos los sentidos.
Intervención: Es decir en los estatutos no queremos decir una orden como que “hay que analizarse para estar aquí”, pero es una manera de decirlo que incluye varias negaciones seguidas, y dice: “la institución, si existe, no es otra que la cura”. Es decir que los cartels que hacemos, el trípode ¿no es institución?
R. Lévy : Podríamos pensar una institución con cártels totalmente afuera de cualquier cura de cada uno, ¿qué institución sería?
Intervención: Podríamos decir que “la institución, si existe, incluye la cura”
R. Lévy : Pero sería una reducción, sería un imperativo.
Intervención: Hay muchas instituciones en España en que la gente no se analiza.
Intervención: Pero al final esta persona se tiene que ir, porque es muy incómodo para ella; no puede mantenerlo.
Intervención: Pero incluso nosotros, en AF, no ponemos como condición el que se analice o no, pero si se pregunta en la entrevista de entrada.
Intervención: El tener un norte claro, de que todo está dirigido a la cura, los carteles, etc, orienta el trabajo, entonces es un problema de redacción, pero se sobreentiende que es el norte, que nos orienta el trabajo.
R. Lévy: Es decir, que este fundamento, “La institución no puede ser sino la cura en sí misma”, produce obviamente una especie de responsabilidad a la vez, por el acto del sujeto del inconsciente , en el uno por uno, y una responsabilidad igualmente co
mpartida, con respecto a la concepción de la institución:, “ una institución de no sea sin el inconsciente”.
Me gustaría recordarles que AF fue fundada sobre esta modalidad o esta apuesta de fundar, en el mismo momento, en el “uno por uno” y a la vez con “algunos otros”, lo cual fue una discusión complicada. ¿Cómo podemos fundar una institución que a la vez esté el “uno por uno” y a la vez “con los otros”. Es decir que no podíamos decir “yo fundo la institución de AF”, porque habría sido una flaca repetición de la Escuela Freudiana de París, que no era el deseo que teníamos, es más, la experiencia de esta escuela, su disolución y sus efectos, nos hizo pensar que no se podía fundar por “uno”.
Entonces, nos preguntábamos cómo fundar algo que no sea el uno el que lo funda, ni tampoco sea un grupo el que lo funda. Es una cuestión muy complicada y hemos encontrado la fórmula siguiente: fundamos en el “uno por uno” la institución siguiente y con la firma de cada uno”. Al mismo tiempo en el “uno por uno” y con “algunos otros” pero en un ‘nosotros’ que es el “uno por uno” con “los otros”. Es decir, mantener el acto irreductible con el “uno” y a la vez en la relación con “los otros”
Intervención: Entonces uno funda, otro funda y otro funda una misma cosa…
R. Lévy ¡Eso es!
Esta concepción dio lugar a la necesidad de apoyarnos sobre un trípode constituyente, es decir, una cierta forma de interrogación permanente del deseo de analista, que no se tiene que confundir con el deseo en el sentido amplio, es el deseo en el sentido pulsional, de cada uno ante sus impulsos y la dimensión voluntaria que dimana de esta dimensión pulsional.
Entonces nos queda por preguntar: ¿En que y de qué sería responsable el sujeto del inconsciente? Sabemos que Lacan lo ha mantenido hasta el final de su enseñanza. Este sujeto dependiente de las leyes del lenguaje, tiene que ver, en cuanto a la responsabilidad que le incumbe, con otra ética que no es la del sujeto ontológico. Esta ética tiene como consecuencia directa que el sujeto del inconsciente no consiente en ofrecerse al otro, en tanto objeto de sacrificio.
Intervención: Ni usar al otro como sacrificio, esto forma también parte del lazo entre analistas.
R. Lévy: Es lo que el sujeto ontológico hace a menudo. Por ejemplo, para retomar la cuestión de ofrecerse como objeto al otro, modalidad del fantasma histérico fundamental, que allí el sujeto tiene dentro de un análisis su responsabilidad. No es porque tal es histérico/a y se pone en una posición de ofrecerse siempre al Otro, que por eso no tendría una responsabilidad estructural como histérico hacia lo que le pasa.
Intervención: Y el analista tiene la responsabilidad de no tomar a quien se le ofrece como objeto y esta es la clave de la cura.
R. Lévy: Y otra modalidad que se encuentra justamente en algunas instituciones psicoanalíticas, es hacer pasar de la alienación de la transferencia a la alienación de la institución, sin resolver nada. Allí se encuentran como algunas instituciones psicoanalíticas funcionan de manera piramidal, es decir, con una sola referencia transferencial, al final es al Otro encarnado a quien todos se ofrecen como objeto.
Intervención: Pasar de la transferencia en la cura a la transferencia en la asociación y nosotros distinguimos entre la transferencia que se hace con una persona y la transferencia con los alumnos nuestros, pero hay gente que con los alumnos consigue hacer una transferencia hacia la asociación y otros solo consiguen que tengan una transferencia con él/élla.
R. Lévy: La situación que mantiene los alumnos del diván a la clase, sin pasar por la institución, es una transferencia de alienación al ideal, de sugestión, pero la clave es la institución como tercera, aunque para que tenga función de tercera, depende de qué manera funcione la institución, ya que no cualquier institución puede servir de tercera. Es decir, que no cualquier institución puede ofrecer la ocasión de una transferencia de trabajo.
Por ejemplo, todos los pacientes de Melman acaban en la institución de él, y casi pasaba lo mismo en la Escuela Freudiana de París, a la que venían los pacientes de Lacan.
Ahí, se entiende claramente como es el funcionamiento de la cura, como tiene que ver con la institución, en el sentido de cuál es el pasaje de la transferencia a la transferencia de trabajo.
Intervención: Es decir, tiene que quedar un espacio vacío para que la gente siga buscando, el tema es la ética.
R. Lévy: Justamente, el deseo del analista y el sujeto del inconsciente nos llevan a concebir una ética, y por consecuencia, una responsabilidad que no puede fundarse sobre cualquier ideal, incluido el ideal del psicoanálisis, porque si uno pasa de la cuestión del ideal al Otro como religión, al Otro como padre, o al ideal del psicoanálisis como nuevo ideal, ahí no cambia nada.
Intervención: Es decir, no creer ni siquiera en el psicoanálisis.
Intervención: Pero podemos creer en el psicoanálisis como una forma de curar, pero no como lo que va a solucionar todo.
R. Lévy: Y ahí se encuentran instituciones psicoanalíticas en las que está puesto el psicoanálisis como ideal.
Intervención: Hay instituciones que consideran las frases de Lacan como algo absoluto, como una verdad..
R. Lévy: La primera consecuencia de esta concepción, es la de la teoría o teorías de la transferencia y del final de análisis, sobre las cuales se fundan en general y sin saberlo, las instituciones psicoanalíticas. Igualmente es una cuestión de política, porque ¿qué tipo de lazo social podría producir el amor de transferencia? En efecto, la servidumbre voluntaria es muchas veces el modelo que implícitamente se presenta como ideal institucional: el amo está siempre presente en ésta concepción y sirve siempre a la causa del ideal y a la del esclavo.
Por otro lado, una concepción estrictamente igualitaria entre todos, en el sentido de una hermandad, atraería una dinámica ciertamente fraternal, pero en la cual los celos y la ferocidad de los iguales se hacen el amo de la institución.
Intervención: Poner a trabajar a la gente, porque si no estás en un cartel, pues estás en un cartel de admisión o en un jurado de pase; pero todo esto hace que tu formes parte de la asociación, que no necesites amos, que hay algo que funciona siempre como un tercero, algo que te está haciendo trabajar todo el día y entonces tienes menos tiempo para los celos, pelearte…
Intervención: Robert ha hecho un juego de palabras entre ferocité (ferocidad) y frerocité (hermano-feroz). Es decir, la hermandad trae ferocidad
Intervención: Pero eso se aplacaría con un tercero.
R. Lévy: Pero ¿qué tercero? porque un amo es un tercero, que resuelve la temática de la ferocidad, pero no resuelve la cuestión del ideal. ¿Sería posible otra posición? Una posición de lazo social entre analistas, que no sea la del amo, pero que tampoco sea la de la igualdad.
Yo creo que hicimos esta apuesta en AF retirando cualquier nominación a la salida del dispositivo del pase, y de cualquiera de los dispositivos clínicos. Es decir, hay una invitación a los miembros para trabajar en los dispositivos clínicos, lo que no representa ningún tipo de grado. Se encuentra igualmente en la lógica que consiste en decir que solo hay una categoría de miembros, que no hay dos categorías de miembros.
Por lo tanto, puede ser que la transferencia de trabajo esté de actualidad en cuanto a inducir un cierto tipo de lazo social entre los analistas, pero podría ir más allá…, si este lazo se reduce a un desplazamiento de la transferencia sobre el analista a la transferencia sobre la teoría sigue suponiendo un ideal. Es decir, que aquí también tenemos la cuestión del ideal, no es mi analista como ideal, termino mi cura, pero ahora es la teoría de mi analista la que se pon
e en su lugar, y entonces ahí hay un desplazamiento en el que no se gana nada, hay un desplazamiento de la transferencia hacia el analista a la transferencia a la teoría.
¿Este posicionamiento de AF en una ética más ligada al sujeto del inconsciente, que al sujeto ontológico, tendría algunos efectos en el ámbito social? Para responder no podemos apoyarnos ni en la sociología, ni en la historia, sino tomando en cuenta algunos puntos vivos y críticos de los análisis de cada uno. Tampoco podemos pensar las cosas como si nada hubiera cambiado desde que Freud escribió “El malestar en la cultura”.
La pregunta sería la siguiente: «¿En qué la concepción y el funcionamiento institucional de una asociación psicoanalítica tendría consecuencias políticas? ¿Podemos, a partir de los distintos modos en los que se basa una asociación, y nuestra asociación en particular, concebir una política del psicoanálisis frente a la concepción de la cura y por tanto de la política?
Las consecuencias lógicas que hemos desarrollado, nos conduce a pensar ahora cómo este tipo de lógica institucional, en cuanto a los lazos sociales de nuestra institución psicoanalítica, si eso tiene efectos, o nos puede ayudar a pensar algo en relación al campo social, es decir, en su modalidad política.
La constitución de una asociación psicoanalítica es política en el sentido de construir algo de un lazo social, es decir, político, partiendo de una concepción del sujeto. Entonces eso no se puede distinguir mucho de la cuestión de la política y del lazo social en general.
Por lo que concierne al enfoque de la cura podemos decir que con este aforismo fundador: ‘la institución si existe no es otra que la cura misma’; la institución no puede ser sino lo que resulta de una cura, institución con una sola categoría de miembros ya que hace falta asumir las consecuencias de que no hay nominación al final del dispositivo del pase. Es un principio al que nos falta añadir que si el analista no se autoriza mas que por si mismo y por algunos otros, la institución no puede tampoco escapar al hecho de que la institución no puede, del mismo modo, más que autorizarse por si misma y por algunas otras, por ejemplo las que se encuentran en el Ínter asociativo Europeo de Psicoanálisis y en Convergencia movimiento por el psicoanálisis freudiano y lacaniano.
No es suficiente plantear esto: el analista se autoriza por si mismo y por algunos otros -lo que forma ya una institución-, los algunos otros son los otros de la institución. Si se mantiene la institución sola, se coloca a la institución como un saber sobre la verdad. Si no tiene algunos otros como instituciones, el tercero de institución no puede funcionar…..por eso es tan importante que existan las Jornadas de Clínica, el Ínter asociativo Europeo, Convergencia, es decir modalidades de lazos, no solo entre analistas sino entre instituciones analíticas que remiten a lo que se produce como tercero de los algunos otros.
Comentarios: En torno a los procedimientos de Pase y de nominación de AF. Se habla de que hay un pase con la respuesta del jurado, sin nominación y de que decir si o no, es decir la nominación no tiene ningún interés porque ésta introduce una categoría de ideal de las personas que dicen si o no, no tiene nada que ver con nuestra manera de pensar el psicoanálisis en AF.
R. Lévy: La idea de algunos otros que valen para la institución nos lleva a plantear que la intensión y la extensión son las dos caras de una única banda de Moebius en la que circula de forma continua lo instituyente y lo instituido. No hay por un lado lo instituyente y por otra lo instituido. Hubo un gran debate sobre esto en la institución, lo que aparentemente fue la causa de la salida de unos pocos de la asociación. No se puede cortar, de un lado una cosa y del otro otra, tampoco se puede poner así juntas dos cosas que no tienen que ver una con la otra. Si planteamos el tema de esta manera. ¿Como se podría plantear de otro modo este aforismo fundador de que la institución si existe no sea otra que la cura misma?
Intervención: Entendí hoy por primera vez, que hacer dos negaciones evita hacer una afirmación como si fuera una regla.
R. Lévy: Exactamente, es decir instituyente e instituido son dos caras de la misma fórmula que es….(inaudible) Por eso el debate sobre lo instituido y lo instituyente es un debate falso porque toca a la fundación misma de AF y no toca el funcionamiento de uno o otro miembro de la institución. No se dieron cuenta de lo que supone separar lo instituyente de lo instituido: supone tocar los fundamentos mismos de AF, se equivocaron, pero la lógica misma, sin saber de qué lógica se trataba, les condujo a salir de la institución porque tocaban los fundamentos diciendo que tocaban a la práctica actual. El inconsciente lleva a cada uno a hacer con su propia lógica en el no saber de su propia lógica.
Intervención: Cuando fundaron no supieron lo que fundaban, es interesante ver la lógica, como funciona…..
R. Lévy: Funciona afuera del consciente del sujeto, más allá de lo que se dice.
Intervención: Uno puede hacer balance de su vida y decidir irse de la asociación…el tema es irse de buena manera….me retiro pero no …….(inaudible)
R. Lévy: Eso es, lo que sucedió, fue que denunciaron que la institución había cambiado. Por lo tanto, el lazo social entre analistas que resulta de ello, es promovido por la dimensión de la falta en ser y no por la promesa de goce de una nominación por fin obtenida.
Intervención: la falta en ser trae alegría.
Intervención: No tanto…
R. Lévy: Se trata de una posición de lazo social un tanto incómoda dado que, en el fondo, nada se adquiere nunca, nunca se obtiene nada que no sea en lo efímero de la emergencia del deseo de analista que debe renovarse continuamente en cada cura, como también para escuchar en los distintos momentos institucionales que fundan la asociación, empezando desde luego por la cura.
Cada miembro de esta Asociación para el psicoanálisis podrá basarse únicamente en su propia palabra, que puede emerger en los diversos momentos de los dispositivos utilizados para esta finalidad, incluyendo los seminarios, grupos de lectura o cualquier otro lugar en el que esos “algunos otros” puedan escuchar y reconocer que se trata allí de deseo de analista….Creo que si nuestro Protocolo institucional tiene una función es la de recoger estos elementos ahí donde se producen sin exclusividad y sobre todo sin hacer exclusividad de uno de los dispositivos.
También en el debate que tuvo lugar, como elemento de enfrentamiento, se afirmaba que había solo un momento para escuchar el deseo de analista: el pase y la marca del caso…..únicamente……pero no, el deseo de analista se escucha en todos los dispositivos. No se trata de poner uno de los dispositivos como exclusivo de algo que tiene que ver con el deseo de analista, eso es reproducir una idealización de nuevo, aunque no haya nominación, no hay nominación pero si se dice que solo en un dispositivo se escucha el deseo de analista es equipararlo a una nominación.
Intervención: por ejemplo si no has hecho el pase….no eres como los otros. Se cita el caso de Radjou que frente a un sorteo que produce resistencia como es el del Protocolo Institucional, él protesta porque nunca le tocó…está deseando….le hemos invitado al cártel y está feliz »
R. Lévy: Es interesante porque Radjou no planteaba ese dispositivo como exclusividad sino como su deseo.
¿Podemos exportar ese lazo a lo social? La respuesta es sí, pero un sí que supone una verdadera laicidad. Entendemos por laicidad la que es conferida por una cura llevada a su término, es decir, una cura que asegure al sujeto en su desubjetivación, la superación de todas las creencias, incluyendo la creencia en el psicoanálisis. He aquí una concepción bastante radical y, sin embargo, no hay otra salida posible para lo qu
e nombramos “política del Psicoanálisis”, que la de estar sin cesar en el lugar de «decir que no» a todo intento de instaurar de nuevas creencias, o sea, de nuevas Weltanschauung.
Vemos que este siglo XXI se embarca deliberadamente hacia el retorno de lo religioso y del comunitarismo; el psicoanálisis puede aún tener algunos efectos políticos sobre estas manifestaciones, ya que solo él puede dar cuenta de lo real de un modo que no sea la creencia en la divinidad.
Así, hemos respondido por adelantado a la cuestión del análisis laico, pues no hay mayor laicidad que la que encontramos cuando un análisis es llevado a su término. En consecuencia, el analista laico puede ser médico o psicólogo, o simplemente no ser nada, porque lo que cuenta es la laicidad que ha podido adquirir en su propio análisis, única garantía para que su deseo de analista no sea ya un deseo como cualquier otro, sino una función.
Intervención: El analista laico, creí que era el que no era ni médico ni psicólogo.
R. Lévy: Así es, y yo propongo una extensión de esa laicidad, que no se quede solo en la restricción freudiana…..pero tampoco es una garantía…..
La cuestión es bastante complicada, pues no debemos “pasar el Rubicón “, o sea, como analistas no podemos tener Weltanschauung. A cambio, podemos sostener una concepción del sujeto del inconsciente que nos lleve por ejemplo a afirmar que debemos deshacernos del DSM, al tratarse de una máquina que erradica el sujeto del inconsciente, al considerar al individuo sólo por sus comportamientos.
Del mismo modo no podemos sino condenar como lo hace Laure Murat, historiadora invitada en el último Congreso de psiquiatría de Villejuif: « El plebiscito exclusivo de las ciencias cognitivas y conductuales del ‘Tercer Plan de Autismo’ me parece comparable a estos decretos oficiales en que se impone una orientación científica calificada de única ‘positiva’ y limita así la investigación, es decir la empobrece. Después de la propuesta de ley del diputado de UMP Daniel Fasquelle en enero del 2012 llamando a una prohibición pura y llana del psicoanálisis en el tratamiento del autismo, es lamentable que haya sido ratificada tan rápidamente la victoria de un ‘lobby’, sin tener en cuenta las reglas elementales que rigen cualquier trabajo intelectual. »
Para terminar diría que nuestra práctica del inconsciente no puede sino comprometernos a transmitir en que el acto psicoanalítico es siempre político, o bien será el psicoanálisis mismo el que desaparecerá; no porque habrá sido erradicado desde el exterior sino porque habrá sucumbido a las resistencias de los psicoanalistas mismos con respecto a su inconsciente.

 

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