¿Sigue vigente el psicoanálisis?

Tras esta pregunta de toda la vida, podemos encontrar otras que no hacen sino acentuar el hecho de que el psicoanálisis se halla inscrito en una praxis y anclado en una cultura. Sin embargo, los últimos decenios han aportado grandes modificaciones tanto a los conocimientos sobre el encéfalo como a los de la genética. ¿Habrá terminado entonces el tiempo del psicoanálisis? Los que se apoyan en las ciencias llamadas 'duras' para cuestionar la validez de nuestra praxis, lo hacen en aras de una mejor adaptación del sujeto o, incluso, de la ausencia de dicho sujeto en el discurso científico. Discurso científico que sólo se ocupa de las conductas, tal como nos lo han mostrado los distintos DSM.

Tendríamos que examinar de nuevo temas siempre actuales como el de la función del dinero en el tratamiento, el tiempo de las sesiones o, incluso, el dispositivo mismo de la cura. Sabemos que éste cada vez se aleja más de los estándares a los que nos acostumbraron nuestros predecesores. Recordemos aquí, entre otras cosas, el número de sesiones semanales, o lo que rodea el pasaje desde el cara a cara al diván, o incluso los pasajes al acto 'in y out'. Por otro lado, si tenemos una concepción acerca de la temporalidad de un tratamiento psicoanalítico, habremos de tener en cuenta todo lo relativo a las sesiones a las que falta el analizante.
Las demandas que le son dirigidas al psicoanálisis están ligadas al malestar en la cultura y, por ello, van encarnándose en distintas formulaciones del sufrimiento que van siguiendo los criterios sociales y culturales en los que está anclado el sujeto; pero ¿se trataría entonces de una nueva clínica? ¿No nos encontraríamos acaso frente a lo que podría llamarse una clínica en los márgenes? Dicha clínica implicaría que el Psicoanálisis se convirtiera en una herramienta utilizable fuera del diván o, incluso, que encontrara su eficacia en sectores como los de la educación, la gestión y administración de empresas e incluso en lugares dedicados a la salud, los cuales también han sufrido una transformación sin precedente.
Sin embargo, el inconsciente sigue siendo idéntico en sus modos de manifestarse. Por ello, está fuera del tiempo y sus formaciones ignoran su inscripción en la cultura. ¿Qué hacer entonces con esta paradoja entre, por un lado, lo invariable de las formaciones del inconsciente y, por otro, la evolución de las prácticas sociales ligadas al contexto cultural y político?
¿Podría el psicoanálisis aclarar algo frente al auge de los comunitarismos, frente a la renovación del interés por el fenómeno religioso, o frente a la intolerancia en relación con lo heterogéneo, incluyendo el terrorismo?
La desaparición de lo 'sexual' es por otro lado muy llamativa, en cuanto que la vemos manifestarse en algunos debates sociales de nuestra post modernidad sin llamarla por su nombre, por ejemplo discutiendo si aceptar o no el velo en las mujeres, o cuestionando el matrimonio homosexual o, incluso, mediante la restricción cada vez más clara del derecho al aborto.
La transmisión del psicoanálisis, si aún es posible, ¿no tendría que tener en cuenta, incluso que dar testimonio de todo ello? La 'peste' que Freud pensaba inocular ¿habrá quedado obsoleta a causa de los buenos cuidados prodigados por los neuro-cognitivistas o los psicoterapeutas de distintos tipos?
En todo caso, son puntos de discusión que el psicoanálisis, si 'père-siste' , no puede evitar plantearse.
 

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