Todos los psicoanalistas por haber hecho la experiencia de lo inconsciente, quisiéramos que el psicoanálisis fuera un saber transmisible, pero nos encontramos con la realidad que nos muestra que esto no es posible y hasta incomodo tratar de construirlo como saber científico.
Por eso, ser psicoanalista nos coloca desde el principio al borde de una perdida, lo cual vuelve a instalar el deseo, también por eso seguimos analizando, seguimos escribiendo y seguimos tratando de transmitirlo, aun sabiendo que nos encontramos con un real.
¿tendrá entonces algo que ver esta paradoja con la instauración del deseo de analista? Porque se aparta de una realidad cualquiera sea ella, y porque el inconsciente es inactual en lo que se refiere al deseo que se mantiene desde siempre y que se trata de un vacío

Lo inconsciente ignora el tiempo, es atemporal y por eso inserta en el discurso, en los significantes, una lógica que le es propia.

Un pequeño de año y medio dice, mirando a su hermanito en la cunita, recién nacido : “pegar”…, el mismo niño, en casa de su abuela, mira y admira un pesebre con las figuras religiosas que le encanta observar cada vez y señalando el retablo, sabiendo de la prohibición de tocarlo dice: “ agarrar”…
Su abuela,que es la analizante que comenta este relato enternecedor, advierte como le es tan fácil al niño expresar su deseo y que maravilla también el trabajo de la represión para la constitución subjetiva, ya que dice lo que quiere hacer ,pero NO lo hace.

Freud formuló la atemporalidad de lo inconsciente y la producción de sentido de las formaciones de lo inconsciente por efecto retroactivo. La primera se sustrae del tiempo cronológico, la segunda depende del lenguaje, y además precisa dos escenas significantes para que la segunda pueda resignificar la primera.

En los “Escritos” de Jacques Lacan, un juego es soporte de cierta lógica subjetiva que se va combinando entre distintos sujetos. Me refiero al apólogo de los tres prisioneros ,al aserto de certidumbre anticipada.
(J.Lacan” Los tiempos lógicos….,”Un nuevo sofisma” 1945,”Escritos” 1945 y 1971 BsAs)
El tiempo subjetivo ,ordenado en tres etapas,marcará
“el instante de ver”
“el tiempo para comprender”
“el momento de concluir”

El modelo de los tres tiempos lógicos del apólogo,están presentes en toda la obra de Lacan, y se enmarcan junto con definiciones sobre la técnica psicoanalítica, aunque no exista, ni pueda enseñarse, pero que se encuentran en los modos de intervención, interpretación o corte de sesiones.

El esquema defendía, en su primera época, el tiempo de duración de las sesiones, la interrupción en un momento preciso, la escansión, corte y puntuación para facilitar la retroacción antes comentada, de la enunciación. Pero Lacan habla de “un nuevo sofisma”, ¿por qué?
Posiblemente porque los momentos, aunque respeten una lógica, también pueden ser engañosos. La solución, el acierto que los presos alcanzan podría haberse logrado por otras deducciones.
(para los que quieran revisarlo, marca los momentos de exclusión lógica, el valor instantáneo de la evidencia, la intuición y lo que significa este tiempo para comprender, y nosotros lo utilizaremos hoy para pensar posibilidades dentro del análisis)
Además señala el valor de la prisa, como lugar decisivo, y las escansiones como valores significantes, porque los tres prisioneros dudan de su aserto en un primer tiempo de reflexión, hasta que finalmente se precipitan juntos a la salida, que puede otorgarles la libertad si es acertada su conclusión. Certidumbre anticipada que solo en la posterioridad de las escansiones se sabrá que acierto con la verdad del color que llevan en la espalda.
Es importante como Lacan hace notar la prevalencia de la estructura temporal sobre la espacial en el proceso lógico, y también el concepto de “mociones suspendidas”, porque no es lo que los sujetos ven, sino sobretodo por lo que NO VEN, que se deciden, es decir, los discos negros.
Eso es lo que marca el tiempo de suspensión antes de tomar una decisión importante, mas las dos escansiones para lograr cierta verificación.

Desde el tiempo parta comprender y el momento de concluir, podemos imaginar al analista ocupando el lugar del director de la prisión y del juego. Esta prometiendo la libertad, pero para lograrlo, los presos deben descifrar un enigma. Lo hacen, y los tres al mismo tiempo descubren la solución que esta en el circulo de color colocado a sus espaldas.

Podría ser, trasladado a la situación analítica, el descubrimiento de la condición humana, del deseo del sujeto, del precio de la libertad.
Que los tres salgan al mismo tiempo, me llevó a pensar que no sabemos cual será el tiempo para comprender de cada sujeto, y sumo a esto que, el analista también esta sujeto, preso, digamos, del orden simbólico, tanto como los prisioneros.
De allí que me parezca importante rescatar el valor de la prisa, anteriormente citada, ya que el analista puede concluir en algunos momentos antes que el analizante. De hecho que lo hace, lo anticipa, lo precede en el acto analítico. En este sentido introduce el peso de la lógica inconsciente para no dejar pasar la oportunidad, a los efectos de puntuación y fracasar en la función.
Detenerse en la función seria justamente, no cumplirla.

“Mi pequeño sofisma personal “ llamó Lacan a los tiempos lógicos que valorizan la repetición de dos escansiones, y que diferencia los cambios entre el comienzo de la sesión, los enunciados, y la posibilidad de la metáfora que indicaría el momento de concluir.
Pasado el tiempo para comprender, el momento de concluir, ES el momento de concluir el tiempo para comprender, porque de otra manera este tiempo perdería su sentido.
Pero el tiempo de la sesión, no parece tanto cronológico sino el tiempo de la escucha, la presencia del analista y también su ausencia, o su abstinencia, mejor dicho, su sustracción.
Cada paciente y cada sesión serán respetados en su singularidad, porque las circunstancias son particulares y únicas.

Al principio de esta comunicación me pregunte sobre la instauración del deseo de analista como paradoja, porque entraña la perdida al mismo tiempo que la aparición del deseo, que no es un deseo pensado, todo lo contrario. Sobreviene luego de aprender a renunciar entre otras cosas al “saber”, a enfrentarnos al “no todo” en sus múltiples posibilidades, y estar dispuestos a pasar por ese lugar una y otra vez.

En otras palabras, para mi implica “trabajar en duelo”, no confundiendo el reemplazo del objeto perdido por otro, sino mas bien la modificación en relación con el objeto. Me atrevería a decir que la cuestión de la angustia del analista en su practica, también se ha modificado y posiblemente sea porque el “furor curandis “ ha desaparecido.
Y mas aun, me gustaría diferenciarlo de la sensación de impotencia, frente a la tarea psicoanalítica.
Propongo, en cambio,una relación con la imposibilidad aceptada por la función misma.

Mercedes Baudes de Moresco
15/10/2013

 

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