¿…A dónde se han ido las histéricas de antaño, esas maravillosas mujeres, las Anna O., las Emmy
von N…? Ellas jugaban no solamente un cierto rol, un rol social cierto, pero cuando Freud se puso a
escucharlas, fueron ellas quienes permitieron el nacimiento del psicoanálisis. Es por haberlas
escuchado que Freud inauguró un modo enteramente nuevo de la relación humana. ¿Qué es lo que
reemplaza a esos síntomas histéricos de otros tiempos? ¿No se ha desplazado la histeria en el
campo social? ¿No la habrá reemplazado la chifladura psicoanalítica? J. Lacan

Esta es una cita ad hoc para introducirnos a la inquietud fundamental de esta
presentación: la relación del Inconsciente con el tiempo. ¿Cómo puede seguir vigente un campo
que tiene más de un siglo de fundación? De hecho, el siglo XX se caracterizó por los avances de la
tecnología, la medicina y la ciencia, en una razón y proporción nunca antes vista en otro período
de la historia. Sin embargo, en lo nodal, lo Inconsciente ha resistido críticas, embestidas,

reformulaciones, tergiversaciones, desviaciones; es decir, el transcurso del tiempo. Ya lo sostenía
su precursor al observar como una de sus propiedades particulares la «atemporalidad» (Freud,
2010, 184) Lo inconsciente no es ajeno ni a la alternancia entre el día y la noche, ni a la
sístole/diástole; probablemente es más cercano a Chronos, la personificación del tiempo para los
presocráticos, a quien también llamaban Aión, ‘tiempo eterno’, deidad formada por sí mismo que,
en un entrelazamiento con su compañera Ananké, la personificación de la inevitabilidad, alias
Necessitas, ‘necesidad’, para los romanos —divinidad también formada por sí misma—, dan origen
al universo ordenado, permaneciendo como una fuerza más allá del alcance y el poder de los
dioses más jóvenes (Atsma, 2000-2011; Carrasco, 1864, 471) Lo inconsciente, entonces, parece
avenirse a Chronos y obrar irresistiblemente sobre el hado de Crono —rey de los titanes y dios del
tiempo humano, alias Saturno, dios de las cosechas para los romanos—, del mismo modo que lo
hace sobre el resto de los dioses, los hombres y los sucesos.

El mito de Crono

Brevemente. Crono derrocó a Urano, su padre (personificación del cielo), luego de castrarlo en el
lecho conyugal con una hoz entregada por Gea, su madre (personificación de la Tierra) La razón de
ella: Urano, temiendo las formidables fuerzas de sus hijos —gigantes y cíclopes—, los encerraba en
el Tártaro (inframundo) y Crono —un titán— fue el hijo dispuesto a llevar adelante la emboscada
materna. Mientras mutilaba a su padre, éste le vaticinó un destino similar; por consiguiente, Crono
procuraba devorar cada vástago que engendraba con su esposa, su hermana Rea (personificación
de la fertilidad) Además, volvió a encerrar a los gigantes y a los cíclopes en el Tártaro. Finalmente,
tras un ardid de Rea, Crono devora una piedra envuelta en pañales en lugar de su hijo Zeus, el que,
más tarde, lo destronaría, liberando a sus hermanos desde su vientre —incluida la piedra llamada
Abadir— y expulsándolo a la tierra. Más tarde, ubicado en la Hesperia (Italia), se mostró como un
buen rey, dando cabida a la Edad de Oro de la mitología griega —un estado ideal, utópico para la
humanidad (Carrasco, 1864, 566-567; Moormann y Uitterhoeve, 1997, 87) Crono o Saturno, no
deja de tener una gran influencia en la cultura occidental: el séptimo día de la semana
judeocristiana se llamaba en latín Dies Saturni, ‘Día de Saturno’ 1 y la Saturnalia, festividad
celebrada en su honor, coincidente con el solsticio de invierno, fue sustituida por los cristianos por
el nacimiento de Cristo (Moormann y Uitterhoeve, 1997, 87)

Formas de la castración

El mito, fundamentalmente, es una narrativa que condensa cuestiones humanas de diversa índole:
parricidio, castración, confabulación, incesto, infanticidio, venganza, repetición, etc. Lacan señala
en su Seminario 4 que sobre este relato pueden decirse muchas cosas, por ejemplo, que en su
forma literaria posee un parentesco sorprendente con la creación poética o que, por supuesto,
tiene también algo de atemporal (2012a, 253) a-temporalidad que, sin duda, tiene asidero en el
carácter inagotable {inépuisable} del mito:
Está mucho más cerca de la estructura que de cualquier contenido, y vuelve a
reproducirse y a aplicarse de nuevo, en el sentido más material del término,
sobre todo tipo de datos, con la eficacia ambigua que lo caracteriza (Ibíd.)

En el mito de Crono, vemos a un padre muy ocupado en evitar, a como dé lugar, la pérdida de su
posición ―fálica― a manos de sus hijos, hasta que tiene lugar un evento que escapa de sus
cálculos, propiciado por una mujer ―goce de LA Mujer― y que, a corto, mediano o largo plazo,
acarrea la materialización de su temor. Un relato que —¿por qué no?— puede leerse junto a
textos tan disímiles en el papel como los siguientes:
 Cuando Jesús imparte su misión a los apóstoles, les vaticina las persecuciones de las que
serán objeto: «Entregará a la muerte hermano a hermano y padre a hijo; se levantarán
hijos contra padres y los matarán. Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre»
(Mateo, 10: 21-22; Marcos, 13: 12-13);
 “Los hombres y las ideas avanzan, en parte, por parricidio; mediante el cual los hijos
matan, si no a sus padres, al menos las creencias de sus padres, y adoptan nuevas
creencias. De esto depende el desarrollo y el progreso” (Isaiah Berlin, en Magee, 1993, 18)
Inclusive, podríamos visualizar en la primera cita la castración de Urano o el paganismo y, en la
segunda, lo propio con Crono o Cristo. Aquí, la afirmación de Lacan: “No sabemos cómo gozan los
otros animales, pero sabemos que para nosotros el goce es la castración”, adquiere alcance (1976-
1977, inédito)

Poesía

Tributario de su carácter atemporal e inagotable, Lacan pone en relieve el «poder de la
significación» del mito, “*el+ poder de realizar la pura y simple introducción del instrumento
significante en la cadena de las cosas naturales” (2012a, 254-255) Sin ir más lejos, el mito de Edipo
concretiza la relación intersubjetiva en la teoría analítica (Lacan, 2009, 16)2 ; o, debiéramos decir,
en aquella ‘chifladura’ {loufoquerie} que Lacan también llama sin ambages «estafa» {escroquerie};
eso sí, una que no lo es menos que la misma poesía, la cual se funda sobre la ambigüedad del
doble sentido; ambigüedad que Lacan también adscribe al mito y a la verdad como lo
imaginariamente simbólico; es decir, como aquello que de lo simbólico se connota en el interior de
lo imaginario (1976-1977, inédito) Precisamente, Lacan destaca la estructura de ficción de la
verdad, en concordancia con el carácter que el mito tiene en conjunto, distinguiéndola además
como algo que no se puede separar de él (2012a, 253)
En relación con la poesía, Lacan denota tanto su «efecto de sentido» como su «efecto de agujero»;
de hecho, señala que “Lo propio de la poesía cuando ella falla, es no tener más que una
significación, ser puro nudo de una palabra con otra” (1976-1977, inédito. Subrayado mío) Caso en
el cual la significación deviene un término vacío (Ibíd.) Esto se puede ilustrar, en parte, con el mito
de Crono, cuando cada vez que se accede a la posición del Amo —digamos, a excepción, primero,
de Zeus y, después, de Crono en el exilio—, se invierten todos los esfuerzos en conservar
su
discurso. De modo que la dimensión de lo poético resulta ser fundamental para la praxis analítica:
No hay más que la poesía, se los he dicho, que permita la interpretación. Es por
eso que yo no llego más, en mi técnica, a lo que ella sostiene (Ibíd.)
Witz
Cabe destacar que la poética a la cual hace referencia Lacan no se atiene a una estilística en
sentido estrecho: “Nosotros no tenemos nada bello que decir. Es de otra resonancia que se trata,
a fundar sobre el chiste” (Ibíd.) Del mismo modo que la poesía, el chiste:

Folclore carnavalesco

Ahora, en la ambigüedad del doble sentido del chiste, despunta de forma más ostensible que en la
poesía, en el mito o, incluso, en la verdad, un reflejo de la «alegre relatividad» {veseloy
otnositel’nosti} de la percepción carnavalesca del mundo; percepción que “posee una poderosa
fuerza vivificante y transformadora y una vitalidad invencible” (Bajtín, 2012, 218) De hecho,
podemos leer el mito de Cronos desde una perspectiva carnavalesca:
Coronación-destronamiento es un rito doble y ambivalente que expresa lo
ineludible y lo constructivo del cambio-renovación, la alegre relatividad de todo
estado y orden, de todo poder y de toda situación jerárquica…. El carnaval
celebra el cambio mismo, el propio proceso de transformación y no el objeto
del cambio *…+ No absolutiza nada sino que proclama la alegre relatividad de todo (Ibíd., 245)
Por lo demás, de igual modo que en el mito, en la poesía, en el chiste o en el sueño, las leyes,
prohibiciones y limitaciones que determinan el curso y el orden de la vida normal, se cancelan
durante el carnaval, así como todo lo determinado por cualquier tipo de desigualdad:
El carnaval une, acerca, compromete y conjuga lo sagrado con lo profano, lo
alto con lo bajo, lo excelso con lo ínfimo, lo sabio con lo estúpido, etcétera…. El
carnaval es la fiesta del tiempo que aniquila y renueva todo (Ibíd., 242-244)
El crítico literario y filósofo del lenguaje ruso, Mijaíl Bajtín, también hace hincapié en la base
carnavalesca del «diálogo socrático»: Los populares “debates” carnavalescos entre la vida y la muerte, entre la oscuridad y la luz, entre el invierno y el verano, etc., llenos del pathos de
cambios y de la alegre relatividad, que no permiten que el pensamiento se detenga y se petrifique en una seriedad unilateral, en el determinismo irresoluble y en el monismo, formaron el fundamento del núcleo inicial de ese género (Ibíd., 257)

La risa ambivalente del carnaval, que quema todo lo que es rígido y petrificado (Ibíd., 258), con
mayor razón, es goce {jouissance} En la medida en que el poder de la significación o el sentido no
se tornan ni unívocos ni monológicos, constituyen un proceso dialógico, sobre el cual se erige un
escenario polifónico, donde cabe la diversidad, la multiplicidad de voces; algo que, en cierta
medida, Freud intuye cuando se refiere a la «multivocidad» {Vieldeutigkeit}4 de lo Inconsciente
(2010, 168):

En su Libro del Ello, [Freud] dice que es lo que [los] vive. El tenía la idea del ello {ça} como de una unidad global que [los] vive, mientras que es bien evidente que el ello dialoga. Es esto que yo he designado con el nombre de A (Lacan, 1976-1977, inédito. Subrayado mío)

A propósito de a-temporalidad, no estaría demás extender un lazo entre la noción bajtiana de
«cronotopo» —literalmente, «tiempo-espacio»—, “que expresa el carácter indisoluble del espacio
y el tiempo (el tiempo como la cuarta dimensión del espacio)” (Bajtín, 1989, 237), y lo Inconsciente.

Scientia

“Que el psicoanálisis no sea una ciencia, eso va de suyo, es incluso exactamente lo contrario”
(1976-1977, inédito), señala Lacan en su Seminario 24. Por lo demás, el mito, la poesía, el chiste, la
verdad, el folklore o el sueño, rebasan en edad a la ciencia; al igual que ella, gozan de caracteres
como atemporalidad, inagotabilidad o creatividad, pero sacan mayor provecho de la ambigüedad,
característica que, de por sí, los acerca más al campo de la subjetividad. Es más, en la medida en
que apunten hacia la pretensión de objetividad o el carácter de dogma, Lacan sitúa juntas a la
ciencia y a la religión bajo el significante «dios-lirio» {dieu-lire} (Ibíd.) Sobre esta última, apunta: “la fe religiosa, he ahí lo verdadero, que no tiene nada que ver con lo real”. (Ibid.)
En el campo de la salud, particularmente, de la salud mental, desde el último tercio del siglo XX, ha
ganado terreno tanto la propuesta de una comprensión bio-psico-social al respecto como la
utilización generalizada del psicofármaco. El primero, se presenta como un paradigma amplio e
integrativo en el cual la tendencia a reducir el proceso de la enfermedad a una serie de reacciones
físicas y químicas, atinentes al tradicional modelo biomédico, conforma un acápite; sin embargo,
en la práctica se enfrenta la dificultad de avanzar hacia una coherencia integrativa efectiva, por
sobre una sumatoria de diferentes disciplinas, diversos modos de comprender los trastornos
mentales, heterogeneidad en los modos de tratarlos y, esencialmente por la negación de las
contradicciones que atraviesan al conjunto de sus prácticas (Galende, 2008) Es así, por ejemplo,
que en la promoción de estilos de vida saludables y responsabilidad individual, se demanda la
transformación del paciente en “agente de salud” mediante la creación de conductas
participativas sobre su propio cuidado, tarea para la cual debe adoptar y mantener una actitud de
autovigilancia (Oblitas, 2004, 4) El segundo caso, integra la oferta de la solución del mercado para
el malestar que, en lugar del paciente o del usuario, desemboca en la figura del consumidor,
silenciando su posibilidad de expresión, impidiéndole por tanto al sujeto la posibilidad de actuar,
de «saber-hacer» allí con su síntoma, sobre la base de las contradicciones de sus deseos o de su
realidad (Galende, 2008) Cápsula o píldora, indistintamente: eso no habla, eso no escucha. Y
sabemos que hacia el fin del análisis, el analizante se convierte en “el discípulo de su síntoma”:
En ese momento se puede decir que el analizando ya no puede hacerse portavoz del maestro pues ya no tiene nada para serlo, ya no puede ser – diría- sostenido por el saber del maestro porque él mismo se hace su sostén y es precisamente este hecho el que se libera en S(A) (Alain Didier Weill, en Lacan, 1976-1977, inédito)

Une bévue

En el citado Seminario 24, “Lo no sabido que sabe de la una-equivocación se ampara en la morra”
{L’insu que sait de l’une-bévue s’aile a mourre}, Lacan introduce una nueva acepción de lo
Inconsciente. La une-bévue (‘una-equivocación) es cuasi-homofónica con el término alemán
unbewußte. En el título del Seminario Lacan juega con la polifonía de los términos, la multivocidad
o la ambigüedad del doble sentido:
 Una acepción figuratriva del significante aile, es la de ‘refugio’, ‘amparo’; pero también
posee homofonía con elle, ‘ella’: “Él” o “ella” es la tercera persona —dice Lacan—, es el
Otro, tal como yo lo definí, es el inconsciente (1976-1977, inédito);
Mourre, ‘morra’, significa “diez dedos”: es un juego de manos que consiste en acertar el
número de dedos mostrados entre dos jugadores. Este juego tiene antecedentes desde la
antigüedad: los romanos lo llamaban micare digites, ‘extender el dedo en el juego’ (jocs.org, 2013);
S’aile a mourre, por lo demás, es homofónico con c’est l’amour (‘es el amor’) Por su parte, la
une-bévue, “es algo que sustituye a lo que se funda como saber que se sabe, el principio de saber que se sabe sin saberlo” (Lacan, 1976-1977, inédito) Luego, Lacan hace el alcance de que en el título de este Seminario ha escrito: «Lo no sabido que sabe de la una-equivocación, es el amor» {L’insu que sait de l’une-bévue, c’est l’a mour} (Ibíd.): Cuando nos confundimos de llave para abrir una puerta que precisamente esta llave no abre, Freud se precipita para decir que uno ha pensado que ella abría
esta puerta, pero que uno se confundió {trompé}. Equivocación (bévue) es el único sentido que nos queda para esta conciencia. La conciencia no tiene otro soporte que permitir una equivocación (Ibíd.)

Un ejemplo extraído de la vida cotidiana: un joven enamorado escribe a su amada: Yo me arranco
un pedacito de corazón… del tamaño de una semillita, y te lo envío con una palomita mensajera,
envuelto en un paño de seda, para que lo plantes, crezca, florezca, y llene tu vida con muchos
besitos (mini rosas) Más tarde, intenta, en parte, llevar a la práctica esta escritura. Adquiere una
maceta con mini rosas y antes de encontrarse con ella, frente al espejo del baño, aplica sobre su
pecho un apósito adhesivo estéril. Luego, cuando está con ella, la invita a adivinar el regalo que le
tiene: ante la vacilación de su amada, le ofrece la pista, mostrándole el apósito adherido en su
pecho… entonces, se da cuenta de que cometió una-equivocación aplicándosela en la parte
superior derecha del pecho, cuando correspondía el lado izquierdo, lugar en el cual faltaría el
pedacito de corazón del que habría hecho brotar las flores en la maceta. Según lo indica Lacan,
Freud explicaría esto como una confusión del sujeto suscitada por la visión de su imagen frente al
espejo. Lacan anuda ahí la relación especular con la relación con el Otro: el espejo, lugar donde se
perfila una imagen virtual de nosotros mismos, i’(a), autentificada por el Otro, es “el lugar del
Otro” (2012b, 55)

—Después, cuando estaba solo y me acordaba de la situación —comentaba el joven— me reía…
Pero luego me di cuenta que frente al espejo, no estaba tan pendiente de mi reflejo, sino de que,
desde la perspectiva de ella, el parche pudiera verse a la altura del corazón: Yo apuntaba a su
corazón.

En el espejo, la imagen resulta derecha pero invertida en el eje normal al espejo, lo que permite
que nuestras lateralidades coincidan en la superficie de reflexión (izquierda-izquierda, derecha-
derecha); sin embargo, en la realidad, si alguien se pone de pie frente a nosotros, no se cumple
esta simetría. Como luego infiere el joven, digamos que no se confundió debido a la simetría
proyectada sobre la superficie especular, sino que —parafraseando a Lacan— experimentó una-
equivocación de lo no sabido que sabe, en la mirada del Otro, lugar de lo Inconsciente, A-mparado
en la morra, refugiado en el juego, que es el amor: apuntaba a su corazón. A partir de la
superposición de imágenes, permitió, la conciencia, una equivocación.
En otra ocasión, el joven cuenta que después de comentar este hecho con su amada, ella afirmó
no haberse percatado del equívoco, aunque después de recibir las flores relacionó el parche con el
«pedacito de corazón»: efectivamente, frente a ella, el lado derecho de él figura también a la
izquierda.
No por nada en el Seminario 15, Lacan señala al «fallido» como un acto «tan bien logrado» (1967-
1968, inédito)

« Todo lo reprimido tiene que permanecer inconciente, pero queremos dejar sentado desde el
comienzo que lo reprimido no recubre todo lo inconciente. Lo inconciente abarca el radio más
vasto; lo reprimido es una parte de lo inconciente » S. Freud

Notas al pie
1 La lengua angloparlante conserva una reminiscencia de ello, en la palabra Saturday, tributaria de Saturn’s Day (Couzens, 1923)
2 El incesto no figuraba aún como un tabú en la antigua Grecia: en efecto, la primera generación de dioses griegos aparece a través de la genealogía que inauguran Gea y su hijo Urano; de hecho, el entomólogo estadounidense, Paul Ehrlich (1932 – ), observa que el incesto hermano-hermana “fue alentado en algunas sociedades, notablemente entre los faraones egipcios, la realeza de la antigua Persia y los incas” (2006, 363) En el Antiguo Testamento, por ejemplo, también existen casos de esta índole: Abraham, el padre de las grandes religiones monoteístas, era hermano de su esposa Sarah (Cristóbal, 2012) Hasta hoy, el incesto madre-hijo es un ritual de paso hacia la vida adulta en la tribu Cubeo del Amazonas colombiano (Ibíd.)
Algunas razones que explican la endogamia en la antigüedad y la Edad Media incluyen factores tales como “esfuerzos para mantener pura la “línea de sangre” e intentos por mantener en la familia las propiedades” (Ehrlich, Op.Cit.)
En la actualidad, en algunos países europeos (España, Holanda, Turquía, Rusia), China, Israel y algunos estados de EE.UU., el incesto entre padres e hijos mayores de edad, y hermanos adultos, ha dejado de tipificarse como delito (Mir, 2010) Sexólogos como Pilar Cristóbal, pionera de la Educación Sexual en España, observan que la debilidad de la sangre, una de las principales objeciones vertidas sobre la unión endogámica, no tiene asidero en ningún fundamento científico:
La mayoría de los parentescos son sociales si no ¿por qué se prohíben las relaciones sexuales entre hermanos adoptivos?, es la sociedad no la genética la que regula las relaciones entre sus miembros (2012) consiste en servirse de una palabra para otro uso que aquel para el cual está hecha, uno la retuerce un poco, y es en este retorcimiento que reside su efecto operatorio (Ibíd.)3
3 P. ej.:
― Manolo le cuenta a José que se compró un reloj; entonces, José le pregunta: “¿Qué marca?”
― Manolo: “La hora”.
4 Vieldeutig, también tiene las acepciones de ‘equívoco’ y ‘ambiguo’ (Langenscheidt, 2002, 1311)

Bibliografía
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b. La angustia (1962-1963) Libro 10.
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8
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La morra (micare digitis) (2013) Jocs.org/pdf/la%20morra2.pdf
Mir, M. (2010, 15 de Diciembre) Suiza valora la legalización del incesto entre adultos.
http://www.elmundo.es/elmundo/2010/12/14/internacional/1292356689.html

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