Jornadas de Clínica-Barcelona Noviembre 20131

“No es un azar que en lalengua en la que alguien recibió una primera impronta, una palabra es equívoca… Es cierto que algo volverá a surgir en los sueños, en toda suerte de tropiezos, en función de la manera en que ‘lalengua’ fue hablada y escuchada por tal o cual en su particularidad. Es en ese materialismo de la palabra donde reside el asidero del inconsciente -quiero decir que es lo que hace que cada cual no haya encontrado otras maneras de sustentar el síntoma” 2

La cuestión de la eficacia del psicoanálisis, dice M. Safouan3, está vinculada a la cuestión de si éste podría o no interrumpir la repetición. ¿Cómo curar al sujeto de aquello que es instrumento de la cura?

Freud se apoya en Platón y Shopenhauer para subrayar el empuje a la repetición como un rasgo constitutivo del ser humano. Este empuje es indudable en las instituciones y en los sujetos
que son recibidos en ellas; compulsión a la repetición que muchas veces se reduce a su faceta de goce-sufrimiento y que, a falta de un trabajo de elaboración, aboca al burnout de los profesionales y a la cronificación de los pacientes.

Los usuarios llamados discapacitados psíquicos, sin ánimo de generalizar, son grandes repetidores en lo que dicen o preguntan y también en lo que hacen. “No saben lo que dicen, no saben lo que hacen” se suele decir; hacen preguntas repetitivas sin que aparentemente elaboren la respuesta que les viene del otro; sin embargo, no habría que desconocer que hacen preguntas, de las cuales ya tienen alguna respuesta, lo cual ya es algo, a veces insoportable, pues hablan por boca de ganso repitiendo lo que otro ha dicho como si fuera propio, pero sin el correspondiente discernimiento; preguntas sin sujeto, si bien, pasado el tiempo y si existe un destinatario que acoja lo que hace síntoma, les podemos escuchar preguntarse “¿me repito mucho?… ¿por qué repito tanto las co-
sas?”, abriéndose paso así la inconsistencia y el enigma del sujeto.

Las conductas repetitivas son interpretadas muchas veces como una manera de llamar la atención, o como una queja insoportable y sin fundamento, siendo crucial este llamado como preliminar de la demanda, en tanto que atañe a una de las operaciones de causación del sujeto nombrada por Lacan, alienación.

Entre estas, las conductas violentas ponen en juego el cuerpo a cuerpo y su vertiente pulsional que apremia a lo simbólico a venir en su auxilio, a tratar de limitarla. Por el contrario, la mayoría de
las veces, no hacerles caso es la norma y el modo en que la institución se inhibe y desiste de su función, a falta de una posición4 teórico-práctica que permita acoger y trabajar con el sujeto y su
síntoma.
Siempre me llamó la atención la repetición de los llamados “ataques epilépticos”, que aparecen descritos en las anamnesis de muchas personas llamadas discapacitadas psíquicas. En un trabajo anterior sobre el tema5 destacaba que ciertas dificultades en el tiempo del narcisismo, en las funciones maternas como sistema de paraexcitación, acompañadas de la disposición por parte del
niño, podían facilitar la efracción violenta y traumática de las excitaciones que vienen del Otro de manera intersubjetiva. Proponía pensar, por un lado, que en la epilepsia el ataque efracciona dicha
superficie, pensada en términos de yo-cuerpo-superficie y de continuidad espacio-tiempo y a la vez la repetición del episodio suponía un intento de ligar lo traumático. Por otro lado, manifestaba
que el “ataque” era la manifestación de lo real en tanto pulsión de muerte, que operaba por una desmezcla pulsional, quedando el sujeto tomado por el goce.
Por todo ello, no podemos renunciar a preguntarnos por el estatuto y la función del Otro para cada uno de estos sujetos. ¿Qué es pues esto que se repite sin cesar?

Por un lado, La repetición se vincula con la dimensión del deseo que tiende a significarse en las formaciones del inconsciente y en particular el síntoma. La repetición persiste en cuanto que lo
que constituye el contenido de lo inconsciente —lo reprimido— no es revelado, dirá Lacan en el seminario primero. La repetición remite más bien a un deseo inconsciente no reconocido que a un
deseo no realizado. Por otro lado la repetición es manifestación de un más acá o un mas allá del principio del placer, que trata de traer a la luz de la palabra lo inscrito-escrito en el cuerpo y en la vida de un sujeto —inconsciente no reprimido—; compulsión a la repetición que en las neurosis graves y las psicosis6 destruye al sujeto y sus vínculos como manifestación de la pulsión de muerte.7

Nos encontramos con lo real de la repetición y del goce, con la eficiencia o no del Significante del Nombre del Padre. En estos casos el análisis se ve convocado a sostener una pérdida de goce que la
propia repetición relanza. En uno y otro caso, es en la relación del sujeto con el goce donde localizamos la eficacia del significante y del acto analítico.

De uno u otro modo, lo que se repite siempre es el encuentro con una discordancia fundamental entre el objeto perdido —vacío de objeto— y el objeto hallado que siempre es un subrogado. También en el estadio del espejo Lacan habla de discordancia fundamental entre los dos lados del espejo, entre lo real del cuerpo fragmentado y el zurcido ideal de la imagen reflejada: confrontación a lo imposible de hacer Uno. Este hecho queda patente en un joven al que llamaremos B, a través del escenario imaginario que desencadena sus desvanecimientos epilépticos o arrebatos violentos que se repiten en la institución.

Para Lacan sólo el deseo de analista puede hacer frente a la pulsión de muerte que orienta la vida del sujeto hacia su autodestrucción. Podríamos plantearnos también que no hay deseo de analista sin institución, esto es, sin que ponga en relación su función con algunos otros, facilitando la causación de un sujeto, así como el pasaje entre institución y destitución, lo cual tendría que ver con la operación de des-ocupación de la institución para que aparezca un sujeto a la que hice referencia en las jornadas de 2012.8
Para ello hemos de destacar la importancia de la construcción de dispositivos en la institución, que acojan estas repeticiones, no solo las de los pacientes-alumnos, sino también las de los profesionales, haciendo algo con ellas; dispositivos transferenciales, dispositivos de palabra que permitan “hacer con lo real”, con lo que no anda bien en el sujeto ni en la institución, cuestión que
atañe a la hiancia fundamental de todo sujeto que se llame humano. Se trata de abrir el vacío del ‘Wunsch’ que rige totalmente la economía libidinal, abriendo el intervalo entre necesidad-deman-
da-deseo, partiendo del llamado o de la queja, dialectizándola.

El sujeto, mediante la demanda, se desprende de la nece-si-dad, poniendo a prueba el sí de la ‘bejahung’ inicial sin la cual queda sumido en la necedad, en la indiferencia. Se abre así al deseo que se cuela por el hueco de las demandas y contrademandas, articulado pero no articulable, pues es metonímico y se desplaza.9

Entre los dispositivos abiertos por el Molinet podemos citar:
* El Grupo de estudio10, espacio abierto a la elaboración de lo que no se entiende, de lo paradójico, de lo que produce sufrimiento. El Grupo de estudio abrió en el tiempo diversos espacios de trabajo:
– Espacio abierto al intercambio con otros Centros o profesionales en los que se tratan temas de interés común.
– Espacio de transmisión y discusión de los conceptos relacionados con el psicoanálisis que aparecen en nuestro Proyecto de Orientación Sociolaboral y Clínica. Para ello nos ayudamos
de textos o artícul
os aportados por los miembros del equipo: en este espacio hay lugar para que cualquiera de los profesionales del Centro pueda plantear reflexiones personales
sobre su experiencia de trabajo con los sujetos con discapacidad desde otras vertientes teóricas y prácticas.
– Reunión de dirección: El director convoca a los profesionales con la intención de transmitir y discutir cuestiones que considere importantes para la dirección y orientación del trabajo.
– Historización de casos: Consiste en hablar entre nosotros o con la presencia de algún psicoanalista exterior a la institución, del recorrido en el tiempo de un sujeto por el Molinet,
de modo que:
sirva para pararse a pensar el trabajo con cada sujeto
podamos hacer memoria en el sentido de hacer historia a partir del hecho de que estos sujetos suelen ser individuos sin historia
podamos verificar un recorrido, un movimiento en el tiempo.
podamos “darnos cuenta” de las repeticiones en ese recorrido
podamos formularnos preguntas y avanzar hipótesis de trabajo.

* Los lugares:11 talleres, actividades, otros lugares no reglados, lugares comunitarios: son lugares significantes, esto es simbólicos e imaginarios; también tienen una función de contención de lo real
pulsional, como lo tiene la institución misma.

Por otro lado, la función de los profesionales y de los lugares nos permite pensar en:
– la función del Otro como destinatario, haciéndose depositario, que no depósito, del síntoma del sujeto, de su decir y su hacer. El trabajo pasa por el amor de transferencia, sin olvidar que este amor implica siempre un deseo y que se trata de desvelar el deseo que ese amor subtiende. Así, tras
un episodio de violencia dirigido hacia una educadora en la que le pongo un límite verbal, un No, B se excusa diciendo “no pasa nada”. Luego en sesión me dirige un reproche por haber intervenido y añade un: “¡si usted no me quiere!”. ¿Qué demanda? No se trata de que lo quiera o no, no se trata
de quedar abrazados en la unidad del amor, ¿de qué deseo se trata entonces?, ¿de qué falta? Surge la cuestión de lo que el otro le da o no, el reconocimiento, el amor y lo que él hace con la falta que lo constituye como sujeto. Ese “no pasa nada” podría leerse en términos de castración: No. Pasa na-
da-hiancia-hueco.
– la importancia de los vínculos humanos: esto es, de ser alguien para alguien12, lo que nos remite a las operaciones lógicas de alienación y separación; ser alguien que acoja lo “alien” del
sujeto, lo extraño, lo raro que se aloja en el síntoma.

– ¿cómo acoger el sujeto y su síntoma ?:13 acompañándole en lo que inventa para dar un paso de lado a su problemática, en el trayecto de la dependencia en la que llega, a una independencia posible a través de suplencias, etc.
– introducir la operación lógica de presencia-ausencia, matriz mínima de lo simbólico, en los diferentes dispositivos, teniendo en cuenta otras variables como continuidad-discon-tinuidad, adentro-afuera, etc.14
– acompañar al sujeto en su movimiento-recorrido singular por la institución, sirviéndose de esta, para ir más allá.
– introducir espacio-tiempo, respetando la temporalidad específica del sujeto15. Al principio los pacientes-usuarios están en este real que forma parte de los determinismos que fijan al sujeto a determinados lugares (significantes del superyó: epiléptico, agresivo, discapacitado…). Reordenar las contingencias pasadas, dar un nuevo sentido y pasar por el sin sentido, permite al sujeto re-anudar de manera diferente simbólico y real; esto no es posible si no se introduce el tiempo que introduce la falta, este tiempo donde, como dice Freud, pasado, presente y por venir son como enhebrados al cordel del deseo que los atraviesa.

Finalmente, hay que reseñar la importancia de la ficción16, como lo fue la “institución estallada” para la Escuela Experimental de Bonneuil, fundada por Maud Mannoni. En el caso del Molinet,
la ficción pasa por el modo en que cada uno se sirve del Molinet como un lugar de puertas abiertas y un lugar de paso singular, donde lo posible y lo imposible se articulan de algún modo.
En el tiempo de preparación de este taller he tenido presentes varios casos que podíamos llamar “raros” donde se podría decir que algo en la manera de hablar de estos sujetos, en el modo de tejerse la transferencia, lleva la marca de los vaivenes del deseo, en la medida que el deseo, como dice Lacan, es el deseo del Otro, algo que seguramente está ligado al modo en que han tenido lugar
para cada uno las operaciones de alienación y separación.17

Lo real vuelve siempre al mismo lugar, fuera de sentido, no cesa de no escribirse y de no decirse; nos situamos frente a lo que se repite no tanto como retorno de lo reprimido sino como inconsciente no reprimido, inconsciente real, difícil o imposible de entrar en la simbolización; encuentros con lo real, potencialmente traumático que se actualiza en síntomas en el cuerpo, pasajes al acto, alucinaciones, etc.18
Nos encontramos con lo que se repite relativo a la fijación pulsional del lado de lo real sexual y la dificultad de su limitación por el significante (avatares edípicos)
Nos encontramos con lo infantil de la sexualidad, perversa polimorfa, en sujetos adultos. El paso de la pubertad indica la irrupción de una sexualidad que ya no puede realizarse en un circuito cerrado sino que requiere pasar por el Otro sexo, cuestión esta bastante dificultosa para los sujetos a los que me refiero.
Nos encontramos con las dificultades de construcción del fantasma y la presencia de un imaginario sin fantasma —Llenado de un vacío que no se ha estructurado como castración—, dice M Safouan.
También hemos de reconocer la clínica de la debilidad mental donde nos encontramos con un sujeto que se pega al otro sellando el intervalo entre la alienación y la separación, estando concernidos, al menos en los casos a los que me refiero, por acontecimientos traumáticos: duelos no realizados, situaciones de maltrato que atraviesan generaciones, donde lo real de lo sexual y la muerte choca con la dificultad de encontrar las palabras para decirlo y donde, de algún modo, cada uno inventa algo que, en el mejor de los casos, puede hacer suplencia a dichas dificultades.
A. Comencé a verlo tras la denuncia de una madre a la que agobiaba con sus preguntas sobre su niño. La policía le prohibió que se acercase a ella y que circulara por esa zona. Esta limitación geográfica le complicaba el acceso a su puesto de trabajo. Cuando vino a verme estaba tomado por ideas obsesivas relativas a la circulación vial, al peligro de catástrofes naturales y la angustia que le generaban, así como por la relación inestable con los otros donde cualquier voz más alta que otra o en un tono particular, le llevaba fácilmente a autoagredirse o agredir al otro. Imposible para él olvidar los acontecimientos familiares traumáticos vinculados a las pérdidas de casa y trabajo de su padre y la violencia con la que lo vivió. La pulsión invocante que retorna desde lo real es fuente de desestabilización constante. A pesar de ello sostiene su trabajo hace años con cierta normalidad, lo cual sorprende, dado el tormento en el que vive. La música y el cine son dos de sus pasiones sobre las que ha construido un saber, las cuales le permiten ensanchar su imaginario. De todo ello habla en sesión.

E. Lo recibí tras la denuncia de una vecina por dejarle escritos soeces, videos y revistas porno en su puerta. Joven de buena presencia, de apariencia normal, su discurso es plano. Habla de cuestiones nimias con una verborrea constante en la que no deja que intervenga, con una sonrisa de oreja a oreja. Poco a poco aparecerán quejas acerca de los otros, de sus padres, de los profesionales del centro sobre las que no adopta
una posición concreta. Entre las cosas que cuenta, un día desvela algo que me sorprende; dice en el mismo tono monótono de siempre, que un familiar de su amiga, abusa de esta desde hace tiempo. Al decirle que es muy fuerte lo que cuenta, señala que su madre lo sabe pero que no hace nada para no tener problemas. Él por su parte señala que no puede hacer nada, que si por él fuera lo denunciaría. Le señalo que efectivamente es denunciable, que no se puede mantener oculto, que no puede ser cierto que a él no le afecte y que no pueda hacer nada, siendo que se nombra como su novio. En adelante el tema desaparece de su discurso. Cuando le pregunto tiempo después, dirá que los familiares ya se lo han impedido. Este joven ha realizado trabajos diversos; también realiza maquetas en barro que vende en su pequeño circulo de conocidos. Mi interrogación acerca de la ausencia de figuras humanas en su obra le ha permitido introducirlas. Ahora aparecen hombres, mujeres, parejas. El escenario se ensancha y estructura. No parece estar dispuesto a cambiar nada de lo que se queja, al menos de momento, cómodamente instalado como está en su dependencia. Todo lo más espera a que sus padres mueran para hacer algunas cosas a título propio. Últimamente habla de la importancia de la firma en su obra, cuando él ya no esté.

G. vino a verme tras la denuncia por juegos sexuales con menores. Llaman la atención las palabras de la madre, ocupada por un duelo irrealizado durante su embarazo: “….busqué un nombre que no se relacionara con nada, un nombre raro que no tuviera nada que ver con la familia, un nombre que no pegara con nada”, a la que le señalé si no sería esa la dificultad de su hijo, la cual le da la coloración particular a su relación con los otros y a la transferencia: parece que no pega con nada, su discurso adormece, molesta y te saca de quicio. Llama la atención la fijación de su pensamiento en algunos momentos y su curiosidad por determinadas áreas de la geografía, la historia, la heráldica y los deportes que le han servido para movilizar a otros usuarios de la institución y comprometerlos en la realización de acciones comunes.

J. La confrontación con los otros es una constante en su vida que oscila entre “eso que le da”, según la madre, desencadenando reproches y acusaciones de falsedad, injuriando, odiando a muerte y los estados depresivos en los que se encierra en sí mismo, con ideas suicidas. Los síntomas en el cuerpo no faltan, sobre todo después de esos sucesos posiblemente vinculados a la culpa: la amenaza del “ataque epiléptico”, así como otros síntomas en el cuerpo, le atenazan, verbalizando así el miedo, pero también su fascinación por la muerte. Hay un acontecimiento de su historia, presente en la transferencia en su doble vertiente de amor y odio19, la muerte de un hermano que nace cuando él es muy pequeño y que muere a los pocos meses. J. presenta una oscilación constante entre la necesidad
de hacerse un lugar en el Otro como si fuera el niño maravilloso y la de ir a muerte con el otro, con el semejante ante la mínima contrariedad. La envidia que S. Agustín describe está presente en su relación al otro, salvo que ese otro esté bajo su tutela y dependencia. También está presente el contexto de violencia y maltrato vivido en su casa donde no faltaron amenazas de muerte. En ocasiones se ha preguntado ¿cómo lo veo?, ¿qué soy para el otro?: ¿homosexual, fetichista?, dos modos paradigmáticos para indicar la salida del sujeto de la contingencia del encuentro con el Otro sexo y con la castración, “a mí me gustan las mujeres”, afirma. A lo largo de su vida ha trabajado y estudiado, aunque con dificultades, se ha servido del Centro para poner en marcha algunos proyectos laborales y sostener su deseo por actividades creativas con las que construye su día a día.

1-R. Hernández es Psicoanalista. Miembro de Análisis Freudiano y Director del Centro de Orientación sociolaboral y clínica “El Molinet” (M.I.V.V.). Monóvar. Alicante.

2-J. Lacan. Conferencia en Ginebra. Intervenciones y textos 2. Ed. Manantial. Argentina, 1988.

3-M. Safouan. Angustia, síntoma, inhibición. Ed. Nueva Visión. Buenos Aires, 1988.

4-“El discurso amo, su fin es que las cosas anden al paso de todo el mundo. No es para nada lo mismo lo real, porque lo real, es lo que anda mal, lo que se pone en cruz ante la carreta, lo que no deja nunca de repetirse para estorbar el andar”. J. Lacan. La tercera.

5-Roque Hernández, “Epilepsia y violencia familiar”. Violencia y agresividad. Fundamentos para la prevención psicosocial. Ed. Mancomunidad Valle de Ricote. Centro de Estudios e investigación Psicosocial. ISBN. 84-606-3302-0.

6-“El psicótico está siempre expuesto a la angustia, pues no puede escarnecer el deseo del Otro por ejemplo en el juego que simula ser el falo, porque la significación fálica no se ha producido. Él permanece en el estadio de lectura permanente: en todo lo que ocurre sólo lee signos del Otro. Es un llenado imaginario de un vacío que no se ha organizado como castración”. De Safouan. Angustia, síntoma, inhibición. Ed. Nueva Visión. Buenos Aires, 1988.

7-Lacan dice que el significante está dado primitivamente pero que no es nada en tanto el sujeto no lo introduce en su historia (Seminario. Libro 3. Las psicosis. Ed. Paidos). También dice que el sentimiento de realidad se organiza en la continuidad histórica y que la pulsión de muerte expresa esencialmente los límites de la función histórica del sujeto, limite que está presente en cada instante, en aquello que esta historia tiene como terminado (Función y campo de la palabra y el lenguaje en psicoanálisis. Ed. Siglo XXI. 1984. p.306)

8-La función de des-ocupación sería una función de sustracción que se articularía con la función fálica (-fi) y tendría que ver con la operación de abrir un espacio donde no lo hay, abrir un intervalo entre significantes, abrir un hueco
en el discurso del Otro en casos como la psicosis, la debilidad mental, el fenómeno psicosomático, allí donde el discurso se presenta holofraseado, compactado u “oscuro”, pues solo en un espacio abierto entre los significantes del Otro
el sujeto puede habitar. Pasa pues por des-ocupar al niño o al joven del lugar de objeto, des-objetalizarlo; intervenir en una dinámica que se repite como pura pulsión de muerte: des-ocuparlo, sustraerlo de la pulsión de muerte.
La transferencia como espacio des-ocupado, nudo o espacio-tiempo topológico, favorece algunos trayectos en lo real, simbólico e imaginario que pueden operar transformaciones o codificaciones significantes de lo real, trayectos pulsionales que convierten los agujeros del cuerpo en orificios de intercambio o en vacíos causales en la medida en que se traducen en demandas.

9-mediante un rodeo de uno a otro, como en el juego infantil “corre el anillo”.

10- El grupo de estudio se constituyó en 1988 con la intención de poder hablar de las dificultades que surgían durante la jornada de trabajo en relación con los usuarios; cuestiones relativas al funcionamiento del Centro, a la relación entre usuarios y profesionales, a la creación de espacios y actividades, etc. El grupo lo componían todos los profesionales según iban incorporándose al equipo. Este espacio de palabra tiene relación con otros espacios surgidos hace tiempo donde la palabra tenía su peso como: la asamblea, lugar de palabra inicial del que surgió el Molinet en 1988. En ella participaron profesionales y usuarios, reuniones de talleres, los grupos de usuarios (espacios de palabra llevados por Roque Hernández con la colaboración de algunos maestros del Centro), los grupos de padres (espacios de transmisión o/y terapéuticos que se han realizado en el tiempo con distintos terapeutas), punto de encuentro (reuniones en las que estaban presentes padres, jóvenes y profesionales), etc.

11-No es obvio hablar del lugar. Para que sea un lu
gar tiene que producirse una operación que llamo “des-ocupación”, propia del sujeto. Se abre así la paradoja de que, para ocupar un lugar, primero hay que des-ocuparlo; esto es, producir un cierto vacío donde el sujeto se precipita.

12-Un amigo psicoanalista, Xavier Moya-Plana, director del Hospital EPI de París para niños con graves problemas de conducta, fue interpelado por una chica psicótica cuando este esperaba a alguien, preguntándole “¿es que yo soy alguien para ti?

13-No tocar demasiado rápido el síntoma, pues el síntoma protege y cuando no se lo tiene más se tiene la impresión que no se tiene nada en que apoyarse. La subjetividad es un misterio ¿cómo hace cada uno con la vida y sus avatares, qué inventa cada uno, de qué herramientas se sirve? La apuesta del psicoanálisis es acogerla uno por uno. La escucha y la atención flotante permiten recorrer un vacío donde te ubicas por fuera de tus prejuicios transferenciales.

14-Restablecer cada día la metáfora haciendo semblante de algunas repeticiones y rituales que nos humanizan.

15-“Es preciso tiempo para que el inconsciente se articule a lo que del ser viene a decirse. Si lo real eterniza de algún modo el tiempo, la temporalidad del sujeto establece, por lazos significantes, pasado presente y por venir. Se trata pues para el sujeto de abrir una brecha en el tiempo entre pasado y futuro en la cual va a poder desprenderse de un determinismo” J. Lacan. Seminario 1. Paidos.

16-“ficción organizadora del discurso, permitiendo un desplazamiento de las posiciones enunciativas. Según el diccionario Lalande, una ficción es una hipótesis útil para representar la ley o el mecanismo de un fenómeno, pero del que uno se sirve sin afirmar su realidad objetiva. La ficción reposa sobre un señuelo necesario, peroun señuelo que permite un proceso de producción operante que no tiene nada que ver con la verdad objetiva o el saber científico, sino con la verdad de la Cosa, la relación del sujeto con lo Real, en un dispositivo. La ficción es lo que pone en tensión por la palabra, esta pareja antagonista del yo unificante y del sujeto dividido por el-significante”. Radjou Soundaramourty. “Del mito adolescente como señuelo, a la ficción de Thelema”. La des-ocupación subjetiva en la infancia y la adolescencia. Ed. El Molinet. Alicante 2014. ISBN –13 978-84-695-9611-1

17-“Sabemos muy bien en el análisis la importancia que tuvo para un sujeto, aquello que en ese entonces no era absolutamente nada, la manera en que fue deseado. Hay gente que vive bajo el efecto, que durará largo tiempo en sus vidas, bajo el efecto del hecho de que uno de los dos padres —no preciso cuál de ellos— no lo deseó. Este es verdaderamente el texto de nuestra experiencia cotidiana. Los padres modelan al sujeto en esa función del simbolismo. Lo que quiere decir, no que el niño sea el principio de un símbolo, sino que la manera en que le ha sido instilado un modo de hablar, no puede sino llevar la marca del modo bajo el cual lo aceptaron los padres. Sé muy bien que esto presenta toda suerte de variaciones y de aventuras. Incluso un niño no deseado, en nombre de no sé qué que surge de sus primeros bullicios, puede ser mejor acogido más tarde. Esto no impide que algo conserve la marca del hecho de que el deseo no existía antes de cierta fecha”. J. Lacan Conferencia de Ginebra sobre el síntoma.)

18-« Podemos suponer entonces al principio, un real pulsional; podemos igualmente suponer que las representaciones de cosas y las representaciones de palabras no se distinguían al principio. ¿Se trata de un cuerpo no simbolizado, un cuerpo fuera del significante, el que se encontraría aquí concernido, o bien
un cuerpo del que no habría huellas en el inconsciente lenguajero?; ¿hay otro modo primitivo de inscripción de lo percibido?, ¿es esto lo que retorna bajo la forma de lo percibido alucinado o de ciertos afectos?, ¿cómo pensar este otro modo en relación con la represión originaria, la forclusión, la renegación, con el goce no simbolizable, con la letra, con lo real de lo inconsciente? » Robert Lévy. Seminario inédito. París, 2013.

19-“Así como el amor, el odio tiene que ver con las palabras. Con las injurias, primera y última palabra del diálogo, dice Lacan. La injuria es lo que en la palabra pone la mira en el ser o mejor en lo más real del ser. Apunta al ser pero no al ser fálico, sino al ser indecible. Se puede decir del amor idealizante que es ciego, mientras que el odio es la única pasión lúcida. El odio es a las pasiones lo que la angustia es a los afectos. La injuria es ambigua por un lado persigue, pero por otro cura al sujeto de todo aquello que lo amenaza, a saber ¡de ser olvidado por los dioses! La injuria cura del abandono. Esto a veces hace que se prefiera ser injuriado que ignorado”. Qué psicoanálisis. Colette Soler.
 


 

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