En principio quisiera reseñar que sobre todo hago hincapié en algunas ideas que me parecen claves y que intento sean el soporte de cualquier propuesta práctica que se plantee dentro del aula.

Mi experiencia se circunscribe en un programa formal ofertado en la Comunidad Valenciana y que se denomina Programa Integra. Estoy en este instituto de enseñanzas medias sólo por un año y se me adjudica de oficio, pero esta experiencia se convierte en algo elegido porque pasa por mí, lo hago mío. Hay un azar, pero hay una elección. En realidad este mismo formato en otros centros se ha convertido en un cajón de sastre del que muchos compañeros docentes quieren salir, sin embargo para mis compañeros y para mí es un lugar de trabajo, de reflexión y de cierta satisfacción profesional.

Por lo tanto me atrevo a decir que en esta experiencia es el telón de fondo, la teoría desde las que se plantean las actividades y el aprendizaje en su conjunto, la que hace que desarrollando las mismas tareas sean diferentes. Y esa teoría me lleva a:
Tratarlos como sujetos no fracasados.

Confiar en su capacidad más que ellos mismos en este momento.
Crear algunas condiciones para que puedan elegir salir de la esterotipia, de fracasados.

Sabemos que el ser humano tendemos a la repetición, tanto de forma consciente como inconscientemente; a repetir roles, de repetir la forma de encontrarnos con el Otro, con la cultura y romper esa repetición conlleva mucho trabajo. El estigma de fracaso, de expulsados del sistema desde que entraron en el instituto es muy difícil. Dejar de ser ese “animal que tropieza siempre en la misma piedra” y generar algún momento, alguna experiencia en su trayectoria educativa de que las cosas pueden ser de otra manera, de que ellos pueden tener experiencias de éxito escolar, o simplemente de ser uno más, es fundamental. No tanto desde una actitud paternalista, sino creando unas condiciones en las que se desarrolle la enseñanza/aprendizaje que permita que así sea.

El hecho de tratarlos de uno a uno, con sus nombres propios, aceptando y visualizándolos en su particularidad y no como los alumnos de Integra, borrando sus diferencias como suele pasar en los centros educativos, que se dice: “es que con los de integra no sé qué hacer”, “es que siempre son los del PCPI”, etc., en definitiva haciendo del grupo un todo, etiquetándolos de acuerdo a dónde se les ha colocado y no desde una mirada del día a día y desde el vínculo que se pueda ir articulando con cada uno y no dejándolos en la clase como si fueran un objeto inanimado, como si fueran un mueble más de la clase, que han suspendido más de 5 ó 6 asignaturas, o los repetidores, en definitiva como si ya no hubiera ninguna esperanza de que algo puede cambiar.

El sistema escolar pretende generar alumnos sometidos, “buenos ciudadanos”, que no cuestionen, que obedezcan, o sea, que reproduzcan el sistema capitalista en que vivimos. Estos alumnos, no sabemos bien por qué no responden al prototipo del “buen alumno”. Tenemos algunos datos: vivencias de algunos hechos traumáticos a lo largo de su vida, pero el dato compartido por todos es que durante la enseñanza primaria su escolaridad y los objetivos en ella planteados eran obtenidos, que ha sido su entrada al instituto el que ha hecho quebrar su camino educativo. Mi hipótesis es que el vínculo con un adulto significativo se ha roto y estos chicos todavía necesitaban mayor sostén que otros alumnos que se encuentran más sostenidos por su entorno familiar.

Para generar esta dinámica ha sido muy importante el espacio, como estaban sentados. En mi forma de trabajar nos sentamos en torno a una mesa, son 7 alumnos y yo en cada grupo, todos alrededor, mirándonos a la cara y no al cogote de un compañero. Ellos mismos hablan que de esta manera todos trabajan, que es diferente, que no se pueden escaquear. Eran dos grupos y en cada grupo, aunque hiciéramos lo mismo, salían cosas diferentes, pero esto de trabajar era común. Esto no significa que fueran capaces de resolver sus hándicaps respecto a la asignatura, unos más que otros, claro está, incluso se produjo un abandono de los estudios, quizá por esta misma razón: por tener que trabajar.

Mi trabajo giraba fundamentalmente sobre la asignatura de Lengua Castellana y la Literatura. Está siendo una oportunidad única de que circule la palabra de forma oral y escrita, la idea es que sea un laboratorio donde ellos puedan tener una experiencia diferente. Donde puedan expresar sus ideas libremente. He intentado que sean ellos mismos dentro del área de trabajo, creando situaciones donde la respuesta no fuera solamente algo repetitivo, sino donde tuvieran que elegir y comprometerse en las respuestas.

En el área de la asignatura de Lengua y Literatura Castellana el objetivo es que se encontraran con textos, pudieran leer, tomar la palabra, que tuvieran una actitud diferente frente a la cultura, sobre todo de que supieran que es el lenguaje el que nos separa de ser animales.

A modo de ilustración os comento algunas propuestas que he desarrollado y que van en la línea de las ideas de que hablaba al principio :
La realización de esquemas, de que organicen sus aprendizajes, de que sepan priorizar, de que sepan cuando se habla de comunicación, de tipologías textuales de sintaxis u otros contenidos; no tratarlos como si no fueran capaces, invitándoles a tomar la palabra delante de los otros: saliendo a la pizarra a explicar sus propios esquemas, creando preguntas, haciendo debates, inventándose ellos los dictados, etc. Cuando toman la palabra, no sólo es la palabra también está el cuerpo, con lo difícil que es para muchos en estas edades mostrarse.

Respecto a la expresión escrita, utilizo distintas propuestas, por ejemplo en un momento dado les hago elegir temas que les interesen y hacen un listado de diez. De ahí nacen en general sus redacciones. De sus elecciones, de sus intereses. Otra forma es haciendo una misma redacción dos veces, una en clase y otra en casa sin mirar la anterior, caen en la cuenta de que siempre no decimos lo mismo sobre las mismas cosas: “Me ha salido diferente” , que su subjetividad, unas veces les lleva a reprimir unas cosas y en otros momentos otras.

En las comunidades bilingües sólo disponemos de 3 horas para la asignatura de Lengua Castellana y Literatura y de todos es sabido la consigna que se imparte en la escuela: ¡Hay que leer!, como si leer fuera una actividad cualquiera. Había chicos que no habían leído ningún libro desde hacía 3 años. Parto de la idea de que el tiempo que dediques a algo determina en parte la importancia que le atribuyes a ese algo. Yo decidí dedicar una de esas tres horas a leer. Lacan habla de la importancia de que el lector ponga algo en lo que lee, por eso huyo a veces de la literatura específicamente juvenil, con un marcado carácter didáctico. En primer lugar leímos “La Odisea” adaptada, claro está, su nivel de lectura nos obliga. Todos el mismo libro, estamos creando un relato compartido del que poder hablar y en los comentarios que se hacían podían aparecer intervenciones de este tipo:
Un chico, bastante absentista, decía que por la mañana el sofá lo atrapaba, no lo dejaba salir de casa y otro le contestaba: “el sofá es tu flor de loto”. En la Odisea, la flor de loto robaba la voluntad de los navegantes.
El segundo texto: “Un beso en París” de E. Perkins, trata sobre el amor y la amistad entre jóvenes, de una forma fresca y bien escrito, les absorbió. Como decía Daniel Pennac: “que buenos pedagogos éramos cuando nos olvidábamos de la pedagogía” en su obra “Como una novela” A través del texto salían temas que les preocupaban: la sexualidad, la enfermedad, la relación con los padres, los hermanos, etc.

La idea, aunque muy difíc
il, es que se puedan hacer propuestas más abiertas, donde los docentes nos preocupemos más por intentar ser dueños de la enunciación y no esclavos del enunciado, donde la letra, los libros de texto, los programas no sean los que gobiernan las clases, sino los participantes en el proceso de enseñanza/aprendizaje y que los materiales se conviertan en herramientas al servicio de dicho proceso.

Lo importante para mí, es que ellos estén pasando por una experiencia que les permita vivir momentos diferentes, que no tienen que responder todos lo mismo y que ellos tienen mucho que ver con lo que les pasa.

El psicoanálisis, la experiencia psicoanalítica, ayuda a comprender un poco mejor sus pulsiones, sus conflictos… ayuda a no tener que saberlo todo y a saber que va a ser su deseo, sus ideales, sus identificaciones las que van a ser el motor de su existencia.

Una pequeña viñeta que puede mostrarlo más directamente:
Una alumna que “no trabaja” en ninguna clase, excepto en la de lengua española. Hacemos una excursión y dice: “A ella –refiriéndose a mí- en la que esté yo, no le enseñes ninguna foto” Esta chica al principio de curso habló de que se sentía invadida por una mirada obscena de un familiar. Y le pregunto cuál es la causa de que no quiera enseñarme sus fotos y contesta: “Es que yo antes no hablaba” y allí habló dijo: NO. No lo vivo como algo personal, más bien como algo que tiene que ver con su propio devenir, con aspectos que tienen que ver con su subjetividad y que han podido aparecer hasta donde ella puede o quiere. Lo importante es no pisar el palito, no responderle como si la cosa fuera contra ti.

Hay algo bastante común en algunos maestros y yo soy uno de esos, y es la idea de que los alumnos deben de sentarse bien, favorece una actitud de trabajo. Quizá puede servirnos de motivación para tratar una idea que en ellos siempre está presente: quieren estar cómodos, no tengo ganas, las apetencias, como si nunca pudieran estar incómodos, insatisfechos, frustrados. Estas ideas van mucho más allá,… como si siempre tuvieran que estar “a gustito”, ese goce, les impide renunciar a algo día a día para trabajar. Ese estar “a gustito” es bastante destructivo en algunos casos.

El deseo de producir enseñanza en los alumnos, de trasmitirles un bagaje cultural, no es suficiente, hace falta plantearse nuevas formas que lo confronten con su deseo, el de ellos. El trabajo con alumnos con personalidades tan frágiles hace que piensen que cualquier error que cometan es un ataque narcisista, que despierta en ellos bloqueos e inhibiciones que le alejan de la experiencia educativa. Hemos intentado vivir el error sin culpa, hasta en los exámenes. A veces todos necesitamos muletas para caminar, pero no significa que éstas sean para toda la vida. En este espacio circula la palabra.

Es importante salir del lugar de la idealización, aunque sabemos que es difícil de conseguir y que conlleva mucho trabajo personal, no sólo una carga de voluntarismo.
Se ha hablado en las jornadas en diversas ocasiones de la educación imposible y curiosamente yo le cambie el título a la película en torno a la cual se generó el debate previo, la llamaba “La educación imposible”. Lo impredecible de los resultados. Es importante ir a la búsqueda de resultados no tan medidos y controlados sin que por ello haya que abandonar la transmisión cultural a la que está llamada la institución educativa.

La experiencia psicoanalítica individual por parte de los docentes.
El trabajo con los padres –en grupo e individualmente- , acompañándolos en sus dificultades.

El trabajo con los compañeros docentes, dando cuenta cada uno de su quehacer en el aula y de las dificultades encontradas.
El estudio individual y en grupos de los profesionales implicados.

Estas últimas consideraciones pienso que son un importante bagaje que facilitará el camino a todos los implicados en la producción de enseñanza en la escuela acercándonos a un lugar de sujetos emancipados, pudiendo hacer cada uno uso de nuestra inteligencia, favoreciendo la salida de la alienación y logrando poco a poco la separación de un discurso único, atreviéndonos a tomar la palabra, a tener voz propia, donde la inteligencia tanto de los alumnos como la de los profesores se pueda confrontar con otras inteligencias sin tener que pasar por la explicación del “maestro” y pasando a ser ese “Maestro Ignorante” que dice Rancière en su obra del mismo nombre.

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