“¡Pardiez! Es que jamás tienen razón los hombres,
Es que el enfado contra ellos está siempre a tiempo,
Y que veo en todos los asuntos que son o loadores impertinentes o censores temerarios”
(1666) Molière –
El Misántropo o El atrabiliario enamorado –
Alceste – Acto II, Escena 4 –

Interesado al principio por la desaparición de la melancolía (y de la PMD) de las clasificaciones clínicas oficiales, me pareció además que el discurso psicoanalítico presente trata muy poco de éste, prosiguiendo hasta oponer en falsa simetría (Michèle Scheinder, « Big Mother », psychopathologie de la vie politique – 2002) las psicosis por un lado, « enfermedades de la madre” (estados límites, schizophrenia, depresión) a las “enfermedades del padre” (neurosis obsesiónales, histeria, y paranoia) de manera categórica y sin sutileza. (Esprit novembre 2004, citado por A. Ehrenberg)

Alceste sin embargo nos interroga, con su personalidad atrabiliaria, la melancolía participa de sus dos facetas: sumisión neurasténica o paranoia idealizante.

Por otra parte, aparece como punto central de este contexto «  Lo Político », la posición de Aristóteles : « El hombre es un animal político ». Para la Psicoanálisis, un punto político esencial aparece en el momento de la evicción de Lacan del IPA, cuando empieza en 1963 su seminario sobre la cuestión plural de Los Nombres del Padre.”

Interrogación del Padre original y trágico, consecuentemente y por el lugar de la locura en relación al sujeto mismo, ya mencionado durante su controversia con Henri Ey en el tercer Coloquio de Bonneval en 1946, e introduciendo el paso del estado normal a la melancolía (o la manía) y los retornos integrales al primer estado, los “intervalos libres”, llevando a la interrogación ya expuesta por Aristóteles en el problema XXX, El Hombre de genio y la melancolía:

“¿Por qué razones todos los que fueron hombres de excepción, considerando la filosofía, las ciencias del estado (de lo político), de la poesía o de las Artes, son manifiestamente melancólicos como Heracles?” “¿Esta relación intima a la locura todavía cuestiona los seres humanos en el proceso de identificación, por la relación a lo político, a la alteridad de cada uno, en qué temporalidad? Es en esto que la melancolía revela para nosotros su ultima enigma.

El concepto de melancholia viene, como lo hemos visto, de la antigüedad griega de la cual somos los herederos. Para Aristóteles, el melancólico siente un desequilibrio entre, por una parte la bilis, esta substancia compuesta e inestable que es el sedimento de lo que no está cocido, frio o caliente, con los vientos, los humores, y por otra parte el Chairos.
Si el hombre excepcional (como Heracles, su furor infanticida, su epilepsia) es por esencia el hombre de los residuos, el melancólico es globalmente el hombre de la circunstancia.

Para él, la salud es la constancia de la inconstancia que puede llevar el melancólico a la locura, o, por técnica sabia e inspiración divina, a dejar volverse otro, el vino sirviendo de revelador. Este texto asombroso permite volver a situar melancholia en el movimiento necesario del pensamiento humano. Es significativo de nuestros tiempos de haber ocultado el lugar de la duda, de la división del sujeto (ocultamiento y no desaparición). ¿Adoptar ésta ideología hasta volverla estructura del sujeto contemporáneo, es el paso que da Charles Mellman, en « L’homme sans qualité » (2002), o sea sin posibilidades de travesías melancólicas? « Ya no existen divisiones subjetivas. Es un sujeto original, compacto, no dividido”, dice Mellman. (Página 32)
“Hoy en día, la iglesia es el único lugar donde dejan uno ser triste, llorar tranquilamente” me dijo una paciente. Pero no vayamos demasiado rápido. En 1917, Victor Tausk (De la génesis del aparato a influenciar durante la schizophrenia) escribía: “La melancolía es una psicosis de persecución sin perspectiva, por un mecanismo de identificación característico” (Nota chap. V, pagina 208).

El mismo año, Freud escribe “Duelo y melancolía”. El amor que el melancólico coloca en el objeto tuvo doble destino: “por una parte experimento una regresión en la identificación, y por otra parte” se transformo en sadismo “lo que vuelve la melancolía tan interesante – y tan peligrosa”. Lo resume en su famosa formula: “La sombra del objeto cayó sobre el yo, quien, en lo sucesivo, pudo ser juzgado como el objeto abandonado”.

El texto de Althusser, “L’avenir dure longtemps » (1992) revela bien este objeto abandonado, en el marco del crimen altruista, como una representación del sujeto mismo. Describe un cuerpo desencarnado, combinación de diferentes elementos, antes de llegar a reconstituir la alteridad perdida para siempre. La crueldad melancólica aparece ahí.

Asesinato, tal como lo viví (16 de noviembre 1980)

“De repente, estoy parado al lado de mi cama, en mi piso de la Escuela Normal.” “Delante de mí, Hélène, acostada boca arriba, igualmente en bata. Su abdomen en el borde de la cama, sus piernas abandonadas en la moqueta del piso.” “Arrodillado cerca de ella, inclinado sobre su cuerpo, le estoy masajeando el cuello. “Me había enseñado la técnica un compañero de cautividad, futbolista profesional”.

“Pero esta vez, es la parte delante de su cuello que estoy masajeando. Apoyo mis dos pulgares en el hueco de la carne que hay alrededor del esternón”. Siento un gran fatigo muscular en mis antebrazos.”
“La cara de Hélène esta inmóvil y serena, sus ojos abiertos miran fijamente el techo. Y de repente estoy invadido de terror: sus ojos están eternamente fijos y sobre todo, un pedazo pequeño de lengua reposa, insólito y apacible, entre sus dientes y sus labios.” “Yo sé que es una estrangulada: ¿Pero cómo? Me levanto y aúllo: estrangule a Hélène!” Entre dos noches, ésta de la cual salía sin saber cual era, y la otra en la cual iba a entrar en hospitalización de emergencia en Sainte-Anne. “Entre entonces en una nueva noche…”

Como lo observa E. Levinas (Altérité et transcendance, 1995), la cara « impone al yo, respecto al prójimo, una responsabilidad gratuita, donde el prójimo es absolutamente otro, incomparable, único. “ Es por la cara de Hélène que Louis Althusser vuelve a la razón y se da cuenta que cometió un crimen, por el cual pide ser juzgado – será declarado no responsable ante la ley.

M. Gemark, en “Signification psychanalytique du syndrôme de Cotard 1» 1983 describe ese apogeo melancólico, o delirio de negación, como la muerte del sujeto de la enunciación, una identificación a un Real en el cual no falta nada, un Real sin hueco.

“Cuando la pulsión de muerte está satisfecha” dice Freud, “entonces aparece un yo intercritico aparentemente sin huella”, única tentativa de la repetición de articularlo un poco, pero ninguna palabra responde del acceso, “locura circular y por lo tanto asimétrica, tal como la ola y su resaca, entre falta de incompletud (la melancolía) y el discurso sin sujeto perdiéndose en su propia espuma (la manía).

¿Que nos dicen de esto la historia de la psicoanálisis y Freud? Este desaparece dos veces durante almuerzos cara a cara con Jung, en 1909 en Brema, poco antes de la salida a Estados Unidos. Jung habla del descubrimiento de un cadáver de hombre prehistórico en la turba de un pantano.
Freud confiará a Ferenczi haber sentido el deseo asesino de Jung contra él. Igualmente en 1912, Jung evoca el faraón Amenhotep IV que había borrado el nombre de su padre de los monumentos. Freud declaro luego: “Que agradable debe ser morir.”
Si Freud hizo “con Fliess la experiencia de su paranoia o de su psicosis (plagio, robo de ideas), hizo con Jung la de su posición
de “amo sin comando”, o de “padre imposible”. (127) (E. Roudinesco – Histoire de la psychanalyse en France – 1982)

Freud vuelve a esto mas tarde en su artículo sobre « Dostoïevski et le parricide » 1928

« Considerar Dostoievski como un criminal nos despierta una fuerte desgana”.

(Esta fuerte desgana revela la propia relación identificadora de Freud a Dostoievski, como héroe antiguo de tragedia, recordado por las referencias a Edipo Rey, Hamlet, y por supuesto los hermanos Karamazov. Que sean hermanos tampoco resulta inocente, evocado más tarde a propósito de la figura central del asesinato del padre Totem y Tabu.) La epilepsia de Dostoievski “significa una identificación con un muerto o una persona que deseamos muerta.”
Lacan pago los vidrios rotos por este lugar inaugural, trágico y creador del padre original sometido a los deseos de muerte de la horda, con el IPA en noviembre 1963, durante su primera y única clase del Seminario “Los Nombres del Padre”, cuyo alcance político para el análisis es obvio. El silencio debe permanecer sobre el Padre, único y eterno.

Lacan se opone a la tradición psicologizante, distinguiendo el miedo acerca de un objeto y la angustia que sería sin objeto, pensamiento positivista del sujeto de la inteligencia, opuesta a la obscuridad de la angustia, “conduciendo a las empresas tecnocráticas de graduación lógica de los sujetos en falta de empleos.”

(El seminario empieza por el anuncio “de una cierta noticia”, llegada durante la noche, el cual relata que fue expulsado de la lista de los didácticos, y que entonces había perdido su trabajo”…(sic)-
“la cabeza inclinada bajo el patrón del psicólogo”

“Yo digo que el sentido del descubrimiento de Freud esta, en eso, en una oposición radical”. (p73)

La angustia es la señal, el testigo de un vacío existencial. Freud sitúa la relación de la angustia al deseo con la función del objeto perdido. Ese objeto, causa del deseo (que hace que la angustia no es sin objeto), está ligado a la angustia y a la solicitud al Otro, llamada hacia la madre donde se perfila el más allá, bajo un velo, el deseo de la madre. Detrás de la aparente pertenencia del seno a la madre, ese objeto es fundamentalmente su pertenencia a él, al sujeto.

Freud sitúa el mito del padre (y su asesinato) en el centro de su doctrina, el padre primordial, de antes la ley de prohibición del incesto, padre tótem, función clasificatoria del tótem para Lévi-Strauss. Es necesario establecer al nivel del Padre después del tótem, un segundo término, la función del nombre propio. (p87) Un dios no se encuentra en lo real. Como lo real es inaccesible, eso se señala por algo que no engaña, la angustia. Por lo tanto al comentario del sacrificio de Isaac, el niño de la promesa de dios a Abraham, de un hijo, Sarah se quedo infértil e Ismaël, el primer hijo, nacido de Abraham y de una esclava, vemos que Isaac tiene por lo menos dos padres: el patriarca y Elohim. Dios y el carnero, presentes desde el principio de la creación, y entonces uno de los Elohim, antepasado del linaje, recordado por la cuerna del chofar. Elohim, éste de quien no se pronuncia el nombre, pero que sin embargo se escribe. (Primera interdicción, la de pronunciar).

Claramente, los Nombres-del-padre describen la afirmación marcada de la organización política del psicoanálisis en el rechazo de una recuperación no solo psicologizante en la comprensión, la integración tecnocrática y “positivista”, sino también el rechazo del religioso que borra toda contingencia género y la angustia que deja el sujeto sumiso a la falta, la pérdida, la incompletud. Además, marca la dimensión plural del padre, que se vuelve cargo de estructura, vuelta no solo a Freud, sino al Antiguo Testamento y a la función de Elohim, de la interdicción del incesto al interdicción de nombrar, haciendo silencio sobre el seminario como sobre el plural (antes de introducir
la pluralidad de los Cuatros Discursos), y lo cual responde a la perdida, el corte, el sacrificio, la exclusión de Lacan del IPA y pues de la Iglesia psicoanalítica, corte de circuncisión, de circunstancias trágicas, que se dejara percibir solamente después de la muerte del mismo Lacan, y del padre de su testamentario, J-A. Miller.

¿Este silencio y lo que es imposible de decir participaron de la silenciosa pulsión de muerte y su automaton, un pedido dicho en palabras imposibles de escuchar?

Lacan, en “Los cuatros conceptos fundamentales del psicoanálisis” examina el deseo del analista, como objeto, y éste enfoque de problemática científica lo sitúa en posición de excomunicación, para siempre, sin esperanza de vuelta atrás. Está en el lugar del héroe de la antigüedad que viola a las reglas divinas (Edipo, Prometeo) y tiene que aceptar el trágico que nos transmite, constitutivo del psicoanálisis, como el lugar original de Freud mismo.

Luego, en “Los 4 conceptos”, Lacan sigue:
Del deseo del analista, del histérico, hasta la atadura primera al deseo de Freud. “lo verdadero, es el deseo de Freud mismo, o sea el hecho de que algo, en Freud, nunca fue analizado (p16) “Donde yo estaba cuando estuve en posición de demitir me” – “Lo que quería decir a propósito de los Nombres-del-padre, o sea por qué privilegio el deseo de Freud “única puerta de entrada en el campo de la experiencia del inconsciente, la puerta de entrada”. Como hoy en un campo muy distinto, lo político quiere imponer a toda la clínica de la locura humana, la puerta de entrada única del DSM. Lo que induce J. Pigeaud a comentar:

“Debe existir una palabra donde se indica alguna continuidad entre una pendiente corriente del alma y su loca exasperación”. “Una locura en la cual uno entra insensiblemente y de la cual uno sale igualmente sin ruptura cierta”.

Pigeaud añade: “hay que tener cuidado con una psiquiatría que borra la melancolía como concepto, como nombre de enfermedad para distribuirla en sindromas colocados bajo otras etiquetas. Es lo que hace el DSM. El sigue: “El Antiguo es nuestro Inconsciente cultural.
J. Pigeaud – Mélancholia – 2008
(Diría en cambio que es la marca de una división impuesta, tentativa de desidentificación del sujeto. Esto es el tema principal del debate entre H. Ey y Lacan, en el tercer coloquio de Bonneval de 1946.

Para H. Ey, « las enfermedades mentales son insultos y trabas a la libertad, no resultan de la actividad libre, o sea únicamente psicogenéticas.” Ey, segundo coloquio de Bonneval de 1943.

Lacan le contesta que: “el riesgo de la locura se evalúa con respecto al atractivo mismo de las identificaciones donde el hombre compromete a la vez su verdad y su ser. Lejos de que la locura sea el hecho de los contingentes de las debilidades de su organismo, ella es más bien la virtualidad permanente de una falla abierta en su esencia. Lejos de que sea para la libertad un insulto, es su fiel compañera, sigue sus movimientos como una sombra. Y el ser del hombre, no solo es imposible de entender sin la locura, sino que no sería el ser del hombre si no llevaba en él la locura como límite a su libertad” (41)

Es la cuestión de la alteridad que está planteada aquí, como temporalidad en la ausencia a sí mismo, o lugar del Otro en el deseo subjetivado.

“El discurso del maestro demuestra su propósito en el discurso del capitalista, con su curiosa copula con la ciencia”. (D.Karen – Revue Esprit n401- Janvier 2014 – p. 126)

Aristóteles destaca la relación entre las turbaciones melancólicas (específicamente) y la creación, el genio. Como Dürer lo ilustra, inspirándose de Agrippa, “melancolía del artista” y de los textos antiguos. « De occulta philosophia » 1531
Aparecen en estos textos una ética del epoché melancólico, saliendo de los flujos continuos con los cuales no se puede identificar
y que supone una práctica de la indiferencia, de la indiferenciación, la melancolía suspensiva como disponibilidad atenta, presencia del detalle donde ondea la verdad como pregunta:

El sauce
Pinta el viento
Sin pincel

(Saryü)

La atención al Otro « es al fin solamente un acto voluntario de esa aptitud a ser disponible » – lucha contra la indiferencia, insensibilidad y la inquietud. (Eloge de la disponibilité – Gil Delannoi –
Revue Esprit n°401 – Janvier 2014)

Este recorrido que entrecruza la clínica, el cuestionamiento filosófico y psicoanalítico con el pensamiento salvaje, por lo político (en el sentido de que « el hombre es un animal político ») nos obliga a una exigencia de resistencia ética (la resistencia a un flujo eléctrico puede dar luz o movimiento por ejemplo) donde mantener el acogimiento de la escucha de un deseo, en la palabra de la alteridad.

En su descripción del juego Fort/Da en el niño, (Freud – Essais métapsychologiques), Freud insiste sobre la repetición, permitiendo al infans de conseguir el dominio de la ausencia de la madre. Así destaca la función de adquisición del lenguaje, que Lacan seguirá, además de la dimensión de la falta, de la ausencia, inscribiendo el sujeto humano de antes la etapa del espejo, o al mismo momento, en una temporalidad subjetivada. Pues, Freud señala en su descripción que el niño no solo lanza a lo lejos – fuerte- sino mas allá de su mirada, obturado por una tela envolviendo la cuna, la bobina, donde la alteridad marca su primer esbozo (la madre está ausente por un momento y el padre está en la guerra). Desde las primeras palabras, tiempo y alteridad se inscriben en el rostro maternal esperado- que el control (maniaco) no agota, ya que repite a cada vuelta su lanzamiento.

Los PMD se desvanecen de paso a la clínica administrativa oficial, fading de la negatividad, punto de epochè “el más puro de la pulsión de muerte” decía Freud a propósito de la melancolía. No solo hay repetición, punto en común con el psicoanálisis, sino “hueco negro” del sujeto del inconsciente, que no deja pasar nada y entierra transitoriamente el mundo subjetivo en su inhibición mortal de cualquier movimiento de la vida misma, a veces, sumiendo los clínicos en el oscuro enigmático, que rinde solo después claramente identificable.

Por lo tanto, la repetición casi ad integrum por el sujeto de su desequilibro provisorio, melancolía de la cual teme la vuelta, manía, locura) que le deja nostálgico, la alteridad regresada, tendría que interrogarnos, mas allá de un endógeno genetizado, a propósito de esta presencia humana a « perder la razón », feliz en el caso del estado enamorado, infeliz en la repetición de esta « locura circular » paradigma del a-sujeto, apartado de forma singular, aislado del discurso contemporáneo.

En fin, si podemos identificar una verdad en el “discurso capitalista”, seria la negatividad (y no el negativismo) que aún lo puede revelar, cuya locura (manía) de entrar cada sujeto de contrato rematado de antes intenta esconder la alteridad fundamental y la melancolía (fría, negra, silenciosa) que le conteste.

Si la melancolía no es su reproducción en simetría lógica, pero el punto de revelación, puede a partir de ahí existir algún discurso. Ella restituye la alteridad fundamental a si mismo del sujeto humano, ejemplificada en la clínica misma. Un sujeto humano podría reencontrar ahí su sombra fluctuante, un dar-en-que-pensar resistente a la encandiladora claridad de un significado-maestro intimándole el silencio del hacer, de la actividad perpetua. Recuperar por su cuenta este jaleo ensordecedor (“Campanas de repente suenan con furia” Spleen), inspirado por Afrodita y Apolo, el humano puede intentar reducir la velocidad. (El sauce/Pinta el viento/Sin pincel)

Si tenemos que concluir, más vale testimoniar de la interrogación suspendida de la locura melancólica, único saber humano expresable de la clínica del a-sujeto, en el tiempo, el Kairos que nos pertenece, que de inducir una vana controversia en un campo evaluativo-universitario hipotecado (mortgaged en inglés) en una carrera capitalistica sin frenos, menos el pinchazo…

Freud empezó desde ahí devolviendo la palabra a la histérica perdida en una trágica gesticulación desesperada bajo la mirada ausente de las Facultades de entonces. Sin embrago, Charcot tenía oído…

MARCEL ROCKWELL

 

SHARE IT:

Related Posts

Leave a Reply

You can use these tags: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>