Quise hablar del tema que voy a evocar por medio del discurso, porque es algo que nos concierna bastante como analistas. Existe el riesgo de entrar en consideraciones sociologizantes que nos alejarían de lo que se trata en un discurso, o sea del sujeto del inconsciente y de su relación al significante como el sujeto habla y está hablado a la vez, lo que abre el lugar a la represión-retorno del reprimido.
El título de mi intervención tiene una estructura particular ya que se encuentra un corte después “De un discurso” debido al punto de interrogación que ahí se encuentra, corte que supuestamente no va a excluir una continuación que consiste en otra pregunta, la de un “sans-blanc”1. La paradoja de este título, yo intenté que sea a la medida de lo que voy a tratar de sostener sobre el discurso capitalista: un discurso induce algo hablado, el “sans-blanc” induce que no se necesita palabras ya que no existe falta y que, por su estructura, cualquier discurso induce huecos, blancos, entre las palabras de la hoja o los silencios en el discurso.
Pues, esto representa también una de mis interrogaciones. ¿Porque Lacan gastó tanta energía construyendo un discurso capitalista aunque tenga que no respetar el orden sucesivo de los símbolos que componen y sostienen los otros discursos determinados por él? ¿Y así, será que podría pensar un discurso religioso y algunos más? Trataré de responder también a esta pregunta.

Existe un libro de Eric HAZAN, publicado en las ediciones « Le Seuil », que se intitula « LQR », el idioma de la carta república. Por supuesto trata del idioma, o sea del conjunto de las marcas vocales que organizan un modo de intercambio entre los individuos de un grupo particular, pero me pareció que le podemos sacar enseñanzas interesantes.
Primero, la tendencia actual que es de hablar al público y no enpúblico y de manejar la hipérbole, o sea que lo que apuntan es la impresión producida más que el sentido de lo que está dicho. Es entonces una tentativa permanente de impresionar las personas, sin voluntad de sensibilizarlos a una polisemia que buscarían, con su consecuencia de poner en la lista negra la inteligencia (sin lectura entre líneas y entonces sin lugar por el significante). Así llegaríamos a una ideología oficial. ¿Oficial en qué? En eso que solo podríamos dejarnos llevar y consentir o callarse escondiendo y reprimiendo el movimiento de reacción que podría generar, porque hoy en día, el riesgo principal al cual se expone un sujeto, no es el riesgo de ser instrumentalizado y explotado, situación en la cual cada uno tiene que conformarse, el riesgo, es de ser excluido. Señalamos como hoy sugerimos: los excluidos del empleo, los excluidos del sistema educativo, y entre las líneas la idea que sería por lo menos un poco su culpa, o que constituiría una deficiencia fundamental.
Tal discurso no hace lazo social y a medida que se expande, exige un silencio del sujeto que se tiene que conformar y adoptar la actitud del “ganador” sino serán “perdedores”. No hay otra alternativa. ¿Y los “perdedores”, que pueden perder sino es existencia? Existen entonces bastantes riesgos de ser excluidos. (Les recuerdo cuanto hoy algunas huelgas, no evocan más una lucha entre fuerzas, sino el suicidio o la muerte).
Por fin, y terminaré aquí con lo que nos enseña Eric HAZAN, él evoca (p. 44) como efecto de lo que tiene que ser percibido como discurso capitalista una inversión de la denegación freudiana: “asegurar de tener lo que no tenemos, alegrarse más por lo que sabemos poseer menos”. Podemos entender esto de varias maneras. Primero que no hay deseo reprimido en juego y que el deseo seria directamente ligado al objeto y su posesión. Pero también que cada uno podría ser éste a quien no le falta nada. Estamos entonces presos del mecanismo de la negación. ¿Pero como yo, a quien no la falta nada, puedo situarme en relación al otro, a quien no le falta nada? Todo lo que está en juego en los lugares simbólicos del sujeto esta cuestionado en tal ocurrencia y la guerra se acerca como único modo de salvaguardia narcísica.
Postulamos entonces que el discurso capitalista no es un efecto de discurso, que no sostiene un sujeto en su relación a la falta, y que lo excluye de cualquier posición simbólica en su relación al otro. Entonces, porque darle tanta importancia y en que nos puede interesar como analistas? No nos arriesgaremos a hacer de ese el discurso a abolir, ese mismo que nos pone trabas aunque no es verdad porque no mata al sujeto, solamente lo pone hacia atrás. Vemos por ejemplo en la vida política francesa reciente como una persona destinada a tener altas responsabilidades olvidó que había sujeto en él y que admitir que no hay diferencia entre deseo y goce basándose sobre “elegido para”, hace correr el riesgo que el objeto en fin dominado haga caerse algo de parecer y revela algo de sujeto.
El discurso capitalista, al contrario de los cuatros ortos discursos que solos organizan la posición de un sujeto, no intenta representar la falta y hacerlo circular en la relación a los demás, intenta más bien cubrirlo, tenerlo en un a negación protectora integrándola al objeto.
Sin embargo, hay otra cosa. En el discurso del maestro, se encuentra por parte la toda potencia que precedió el sujeto y que marca una tendencia psicótica; en el discurso del universitario que hace de sus estudiantes los objetos del goce, se puede evocar una dimensión perversa; por el discurso de la histérica, es la neurosis que se expresa. ¿Cuál otra estructura se podría evocar en el discurso capitalista? ¿O sea que cual otro forma sintomática podría revelarse en él?
Además, el discurso capitalista lleva con él la certeza, una certeza que se sitúa en el centro de su funcionamiento. Así que no hay lugar para variables o sobreentendidos pues la certeza es lo que hay de más antinómico a la verdad tal como Lacan la concibe. La verdad supone por lo menos una cosa: que puede haber mentira y engaño aunque la certeza no deja lugar a la duda, lo que vuelve a dar sentido a esta declaración de Lacan en « Ecrits » Ed. « Le Seuil » p. 858: « El error de buena fe es de todas la mas imperdonable ». La certeza nos inscribe supuestamente en la buena fe, aunque no nos permite escapar del error. Hay que reconocer que el psicoanalista no tiene nada de esto a ofrecer a un sujeto y que además, lejos de la oferta, se apoya en la demanda.
Lo que me intereso en este trabajo, es de darme cuenta que el discurso del psicoanalista, como el del capitalista, podría venir hacer el cuarto donde solo se notan tres estructuras, y deduje que es en este lugar que puede haber conflicto, ya que uno como el otro suspenden el síntoma, aunque con un modo muy distinto.
El discurso del psicoanalista tiene la particularidad de permitir un cambio de lugar ya que el psicoanalista puede ocupar el lugar del saber supuesto, del Otro, y del otro. De esta manera recibe el síntoma permitiendo al sujeto una reformulación de su síntoma, o sea, otra vez, un cambio de lugar simbólico. Las cuestiones de la felicidad, de la plenitud, del poder y del saber del sujeto, teniendo que acomodarse en función de los lugares ocupados por cada uno de los protagonistas del dispositivo analítico.
El discurso capitalista, por su lado, está en la conminación llena de certezas: trabaja; consume; goza; y serás lógicamente feliz. El propone una vía única, cada sujeto puede volverse el igual de lo que domina y lo obliga si se esfuerza y el objeto lo puede colmar. Entonces, por supuesto, el analizante puede volverse analista, pues será igual? Digamos que donde el discurso capitalista propone de actuar con el tener, el discurso del psicoanalista propone, por su lado, de actuar con su ser.

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