El psicoanálisis, la familia y su futuro

a TBG, donde este.

Consulta un joven universitario de 22 años por dificultades en la relación con su padre. La principal queja es su fracaso en el intentar lograr un vínculo más cercano entre ellos. Considera excesivas las críticas del padre, porque le gusta salir o “se queja de que duermo mucho, lo normal si soy joven y me gusta salir”, “con mi papá siempre lo mismo, desde cuarto básico, las notas, vas a tener que cambiar, las notas, pasan dos semanas y vuelta la misma mierda”.
El Padre es visto como alguien que busca someterlo a sus condiciones, como un gran representante de la Ley, siempre corrigiendo desde las formas en la mesa, como estudiar, que hacer en el tiempo libre, deportes, cultura, alimentación, etc.,

Cuando lo que él busca es poder tener otra relación con su progenitor, una relación diferente que él define “más relajada, como una amistad”, “poder echar la talla” o hablar entre papá e hijo de minas y fútbol.
Expresa lo opresivo de sentirse siempre presionado a amoldarse a sus criterios, gustos o exigencias “mi papá es siempre profesor, 24 horas, 7dias”. Y por el contrario nunca recibir un apoyo o reconocimiento a lo que el emprende. Deseo de “menos crítica y ser más aceptado como soy, más confianza”, considera sentirse algo descuidado por los dos padres.
Por su parte en entrevistas con el padre éste establece que su problema es lidiar con un hijo “difícil de manejar” que no parece haber entendido lo importante de estudiar, de ser buen alumno, de tener un futuro económico garantizado…de todo lo cual él esta preocupado en trasmitirle, cree necesita ayuda externa y que su proceso de maduración no ha concluido, su gran temor es que su hijo con los años termine siendo alguien sin metas ante la vida, dominado completamente por una mujer. Reconoce relaciones quebradas y deseos de “re-cobrar la confianza en base al respeto”. Busca apoyo para su hijo. Lo describe como “un buen cabro pero cabro chico, pasa jugando play station”.
En la queja de este hijo, me parece es donde está el espacio para lo propio, diría que denuncia la dificultad para subjetivarse bajo el peso de un Padre-Ley.
Por ello la pregunta que me guía en mi trabajo clínico con él es ¿qué es ser hijo hoy? ¿Es obedecer la ley paterna sin más? y ¿hasta cuándo?
Y para la presente reflexión me pregunto ¿qué particularidades hay hoy en el espacio social que hacen de singular este lazo social, entre padre e hijo?
Acaso lo que este joven hace es un llamado a una ruptura de una cierta tradición que descansaba en una imaginaria trasmisión libre de fricciones entre generaciones. Claro que no, ya sabemos que lo que el psicoanálisis nos enseña es que nada es tan armonioso en la relación entre generaciones, entre padre e hijos y que si bien hay ideales presentados y re-presentados por las figuras parentales nada garantiza su asimilación incondicional por los hijos.
Más bien nos muestra un conflicto que siempre se actualiza, algo que no es nuevo, el enfrentamiento de generaciones. Y entonces, lo edípico aparece en el horizonte, que dadas ciertas condiciones socio-históricas se hizo visible para Freud, donde luego Lacan (1938) nos mostrará que esa imagen de una familia ahistorica e intemporal como parece pensarla Freud -ya que este prototipo de familia daría las mejores condiciones para que se lleven a efecto las funciones represoras del Edipo y emerjan las idealizaciones de tinte paterno- pero no sé hasta dónde se condice con la actual realidad social cambiante. Y si bien el padre seguirá siendo el agente de la Ley, solo que ahora con Lacan no lo es solo para el niño sino que también para la mujer. Es el agente de la ley de la cultura al interior de la familia, lo que moverá al hijo a abrazar ideales del Yo que lo sacan de la esfera intrafamiliar y lo conectan con lo social.
Pero como el mismo Lacan lo enunció la autoridad con que ese padre se pueda presentar pasa por el reconocimiento que le haga la madre, lo que simbólicamente la aleja de hacer del hijo un objeto fálico, “dicho de otra manera del lugar que ella reserva al Nombre-del-Padre en la promoción de la ley” (JL De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis, pag560). No todo se juega en la relación de diada padre-hijo.
Quiero ir más allá de esto y resaltar que en este caso no hay una rebeldía juvenil porque sí, ni un cuestionamiento de la autoridad paterna, ni una devaluación o discrepancia de sus intenciones, hay una crítica dolorosa de la forma en que se es tratado, hay una queja al goce excesivo que a costa suya obtiene este padre.
De nuevo, hay una queja por no quedar espacio ni reconocimiento para el despliegue de su propia subjetividad, es decir una forma de expresarse completamente sofocada.
Pero como ya se adivinará no se pretende desarrollar un caso clínico, sino que a partir de un trabajo clínico en desarrollo, se pueda generar una reflexión que toca la relación actual entre la subjetividad en lo individual y lo relacional-formal en lo social actual. Pretendiendo que el psicoanálisis nos pueda ayudar a decir algo al respecto.

Si partimos de lo social y nos preguntamos qué es lo realmente importante hoy en nuestra sociedad, la respuesta que nos brindan nuestras autoridades políticas, las encuestas y “la calle”, como se dice ahora, es la educación. En mi opinión esto se refiere a qué trasmitir a las siguientes generaciones (o si se quiere qué representación imaginaria de los menores cuando sean mayores se busca generar).
No deja de llamar la atención la dificultad actual para definir qué trasmitir a nuestros hijos, a las generaciones que nos seguirán, qué bienes, costumbres, instituciones o ritos. Un orden simbólico que con su sello normativo prescribía –el dónde, cómo y cuándo- inscribir la representación imaginaria de la vida de cada uno. Hoy eso no está y a esto debemos sumarle que la idea de la trasmisión misma es la que se encuentra cuestionada, ya que el mercado parece darnos todo, todo lo que tenga un precio y a todo se le pone precio. Así las cosas podríamos reflexionar sobre el legado posible a las futuras generaciones, ¿qué se les entregará?
El orden social de las democracias modernas, se basa desde la revolución francesa hasta ahora, en un proceso de progresiva des-cristianización, de lo laico del entorno social de los sujetos y esto ha implicado el reemplazar esa mitología religiosa otorgadora de sentidos por otras. Primero fue por el lado del progreso, algo insostenible hoy pero plenamente vigente durante todo el siglo XIX. Lo que luego fue reemplazado de modo mayoritario por los grandes relatos redentores del socialismo, fascismo, nazismo, a lo que agregaría colonialismo y nacionalismos entre otros grandes relatos, durante gran parte del siglo XX. Hoy se abre ante nosotros un nuevo problema, el de un vacío, el de un sentido que ya no lo dan ni la religión (en occidente), ni los ideales de progreso ni los grandes relatos colectivos del siglo pasado. Hoy la expansión de la democracia al servicio de la economía de mercado estaría logrando que el mercado con su puesta en valor de todo reduzca prácticamente cualquier cosa a un estado de ser transable o intercambiable, si algo tiene su precio, se lo puede comprar o vender. La sociedad actual avanza a ser transformada cada vez más en una mera sociedad de consumo, reflejo último del capitalismo con toda su liberalidad. Lejos quedaron esos proyectos históricos donde los sujetos podían inscribir sus existencias individuales. Hoy todo somos cada vez más consumidores antes que cualquier otra cosa, antes que ciudadanos por ejemplo, alguien ha hecho bien su trabajo. Y si hoy podemos hablar de una crisis de los sentidos que mantienen unida a una sociedad, es decir, los valores, lo que constituye lo esencial, la identidad de un grupo o de un colectivo, se entiende lo
conflictivo de definir que busca trasmitir una generación a la siguiente, si lo antaño relativamente consensual ya no lo es. Y finalmente si lo trasmisible no depende solo del emisor sino que también del receptor, quien no tomará todo, optimistamente solo algo, un poco y de eso tampoco tenemos ninguna certeza.
Qué con tanta frecuencia en los últimos años se introduzcan cambios, modificaciones, reformas, en los programas de estudios escolares parece estar dándonos la razón, de qué precisamente lo que sucede es que no se sabe qué trasmitir.
Las condiciones de la postmodernidad, el fin de los grandes relatos. Las mutaciones que la globalización del mercado hace sufrir en nuestras narices a las relaciones sociales, nos conducen a tener hoy un orden político y económico conflictivo, contradictorio, beneficioso para unos e insoportable para otros. El debilitamiento del lazo social es uno de los trastornos fundamentales de las relaciones humanas en estos últimos años. Y aquí inscribo el conflicto de nuestro joven paciente con su progenitor.

Si ahora nos enfocamos más en la subjetividad y las relaciones en una familia creo importante partir afirmando que no basta saber que la familia occidental es patriarcal y exogámica, también nos es necesario conocer las representaciones que rigen las relaciones sociales al interior de una familia. De ahí surge el qué es ser hijo, padre o madre en este mundo simbólico-cultural particular. Y la familia y sus relaciones internas no poseen una esencia o inmutabilidad, todo lo contrario es una construcción histórico temporal, hija o deudora de su tiempo.

Todo niño es considerado el hijo de un padre y de una madre. Desde el psicoanálisis buscamos conocer algo acerca de ese recorrido que una cría de humanos hace hasta ser un sujeto, participe de un universo simbólico del grupo social donde nació. Lacan nos dirá que este camino está presidido en todo momento por la Ley y que la figura del padre en un momento irrumpirá en la vida del niño (y de la madre) rompiendo vínculos imaginarios llenos de fascinación (la identificación del niño al falo materno), lo que le permitirá al niño ubicarse como un miembro más de un mundo que comparte con otros. Hasta aquí podríamos hipotetizar que todo marcha bien en nuestro caso pero ese momento de irrupción paterna es lo que parece no cesar aquí, de ahí la pregunta inicial por en el hasta cuándo ser ese hijo.
El hijo muestra una y otra vez al padre que él no será esa encarnación fálica o narcisista que este pretendía. Pero también hay una muestra de amor, qué es el amor sino dar lo que no se tiene, y este hijo parece estar a punto del sacrificio por un padre que no lo ve y que fracasa una y otra vez en su imposición de sus propias fascinaciones imaginarias.
Sabido es que no hay manual ni se nace sabiendo ser padres, tal vez como en nuestra historia individual enfrentamos a los mayores en la infancia y fracasamos y luego también fracasamos ante los hijos, ya que como decía Freud educar es una de las tareas imposibles.
¿Qué es ser hijo en este mundo actual ya descrito?, más allá de reconocer a unos padres. ¿Qué se trasmite y desde qué certeza?, en nuestro caso pareciera que se busca trasmitir el exigirse a uno mismo, trasmitir el rendimiento, la producción, el logro o el resultado como ideal paterno. Y tal vez como una alternativa a esto el joven busca evitar el desastre definitivo en un nuevo tipo de lazo social, recreándolo y donde incluirse con su padre, más allá de lo que dicta la presencia siempre normativa de la figura de un padre. Como una amistad, sin olvidarse que no serán amigos. Propuesta que sigue pendiente.
Pero mientras tanto este -como otros jóvenes- parece navegar hacia lo contrario en lo que me recuerda las llamadas neurosis de destino de Freud. Destino del que tal vez grandes discursos nos salvaron a nosotros los jóvenes del siglo pasado.
No agregare más por tratarse de un caso en desarrollo y cualquier cosa más seria visibilizarlo demasiado. Me puedo comprometer a presentarme nuevamente ante ustedes dentro de diez años y ahí si traer un caso clínico.
Y ahora sí que finalizo.
Quisiera dejar un minuto, el último para una última y muy personal reflexión, me he preguntado que hubiera escuchado si este paciente me visitara hace unos diez años atrás, tal vez solo un conflicto de típica rebeldía juvenil, pero hoy creo poder dar testimonio con este trabajo que les presento a ustedes de que el psicoanálisis muestra su vigencia en mi persona, en mi trabajo, en lo de terapeuta, psicoterapeuta o analista que fluye en mi devenir profesional.
Y que el deseo de ser mejor en esto, lo entiendo hoy como el permitirme escuchar más, pero aquí también reconocer en este ideal personal la deuda con lo que tantos otros me han trasmitido.

 

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