Psicoanálisis y educación.
Alicante, 29 de noviembre 2014

¿Qué es un niño?

La cuestión de la pedagogía y la educación pasa por la cuestión de la constitución del sujeto, la cual nos lleva a preguntarnos ¿qué es un niño?. En efecto, bajo esta apelación genérica –niño- se desarrolló desde hace más de un siglo una parte del psicoanálisis. Tuvimos que esperar a Freud para que el psicoanálisis, a través de la dimensión de la sexualidad infantil, reconociera al niño una existencia propia atribuyéndole una sexualidad. Niño, sexualidad y sujeto son tres cuestiones ligadas íntimamente. Curiosamente, allí donde el niño era negado en la sociedad de principios de siglo XX, según la ecuación “si no hay sexualidad, no hay sujeto”, Freud, levantando la represión sobre la sexualidad del niño, le permitió ser reconocido como sujeto. Desde entonces el niño tiene una sexualidad y existe como sujeto lo que escandalizó a esa época bien pensante. Pero hay que constatar que el término niño no está diferenciado del término infantil. Tanto en la edición alemana como en la inglesa de las obras de Freud se encuentra el término infantil como calificativo que remite a cierto número de ocurrencias entre las cuales elegiremos para empezar la de sexualidad infantil.
Una primera ocurrencia de sexualidad infantil en Freud la encontramos en la carta 52 en la que Freud después de haber intentado poner de acuerdo las ideas de Fliess con las suyas a propósito de la diferencia entre histeria y neurosis de angustia, definió la histeria como siendo más bien el rechazo de una perversión que siendo un rechazo de la sexualidad. Un pequeño paréntesis para decir que la proposición freudiana del niño como pequeño perverso polimorfo entra dentro de este señalamiento. Pero lo que me parece más importante respecto de lo que nos interesa de la relación del sujeto con la educación, con lo educativo y con lo educable, me parece relacionada con lo que voy a decir. Freud define un sustrato sexual de la infancia, “por detrás de todo esto se encuentra la idea de las zonas erógenas abandonadas. En el curso de la infancia, en efecto, la reacción sexual se obtiene a partir de numerosas partes del cuerpo, pero más tarde estas últimas ya no pueden producir sino la angustia del día 28 y nada más. Es a esta limitación a la que se debe el progreso de la civilización y el desarrollo de una moral tanto social como individual”.

Veamos entonces la idea desarrollada por Freud según la cual:

1. En el gran conjunto de la “infancia” existen zonas erógenas en numerosas partes del cuerpo.
2. Es renunciando (reprimiendo) a la erogeneización de estas partes del cuerpo del niño, como la civilización alcanza su progreso.

Freud define ahí un primer y un segundo tiempo de “infancia” que diferencia por el trabajo debido a la represión. ¿Podríamos decir que es un modo ya de introducir la distinción entre infantil e infancia? Lo infantil permitiendo “gozar” de las zonas erógenas de todas las partes del cuerpo sin represión y, en consecuencia, sin vinculo social necesario para “el progreso de la civilización”, que solo puede ser introducido más que por la moral, es decir, por la represión “completa” del placer producido por las zonas erógenas de todo el cuerpo. Es sin duda sobre este punto que toda la cuestión de la educación se revela de un gran interés. Esto concierne al punto fundamental de si es posible o no la educación, es decir, la posibilidad de la represión de estas zonas erógenas. Constatamos que en las psicosis infantiles estas zonas erógenas permanecen mucho tiempo activas y es esta la dificultad que encontramos en la educación frente a la cuestión de las psicosis. Lo educativo no tiene ningún alcance con los niños psicóticos justamente porque no hay represión de estas zonas erógenas, lo cual atañe también al limite entre lo educativo y lo terapéutico, es decir, que podemos llevar al niño en la educación hasta un cierto punto más allá del cual, si la represión no se produce, lo educativo queda impedido.
No escuchamos hablar a los educadores ni a los psicoanalistas sobre el hecho de que es el goce de las partes erógenas del cuerpo lo que caracteriza este tiempo de la infancia. En efecto la educación o su potencialidad tiene mucho que ver con la capacidad de renuncia del niño a ser este pequeño perverso polimorfo como Freud lo nombraba. No solo renunciar a gozar por todos los bordes sino también constituirse como sujeto, sujeto del deseo y sujeto al deseo.

La seducción traumática precisa el debate sobre lo infantil.

Este reconocimiento de la sexualidad infantil y/o de la infancia es una cuestión viva puesto que va a contribuir por un lado a la diferenciación entre infantil e infancia y por otro lado a precisar para Freud esta difícil cuestión de la seducción traumática infantil; y en consecuencia obligarlo a introducir la dimensión del fantasma para precisar donde se encuentra el sujeto.

En efecto, descubrimos en la nota 1 de la carta 69 de Freud de 1924, que se encuentra preocupado porque tiene que rectificar un texto que había escrito en 1896 en el que indicaba que no había podido distinguir los recuerdos reales de los fantasmas de los analizados relativos a su infancia. Y entonces dice esto: “había atribuido al factor etiológico de la seducción una importancia que no tiene; después de haber reparado este error, he podido reconocer las manifestaciones espontáneas de la sexualidad infantil y las he descrito en mis tres ensayos sobre la teoría sexual”.

El sujeto en Lacan

Entonces nos encontramos con el segundo punto fundamental de la constitución del sujeto que es la constitución del fantasma, que constituye un debate muy importante para todos los que trabajamos con niños, porque ¿qué es un sujeto sin fantasma?. Es decir, la constitución del fantasma se hace bastante tardíamente y hay toda una parte de lo infantil y de la primera infancia que trabaja a nivel psíquico sin fantasma, en todo caso sin fantasma constituido en el sentido freudiano del término. Es importante, porque por ejemplo, eso marca un tiempo particular del juego; no es lo mismo el juego en los niños antes o después de que se ha constituido el fantasma, no es lo mismo pensar el mundo cuando se ha constituido el fantasma o cuando no. Son las psicosis infantiles las que testimonian del hecho de que en este sentido el fantasma no está constituido y vemos como los niños tienen dificultades con lo que llamamos lo Real, es decir, cómo continúan como los bebés estando bombardeados por los efectos de lo Real. En cierto modo me dirán que el bebe no tiene fantasma, pero sin embargo está protegido de lo Real por el fantasma de su madre hasta un cierto tiempo; después el fantasma es el que nos permite filtrar de algún modo lo real y protegernos de él, la realidad a la que tenemos acceso no es sino la que conocemos a través de nuestro fantasma. No tenemos ningún otro acceso a la realidad que la que nuestro fantasma nos permite tener. Evidentemente todos estos elementos son importantes para reflexionar en lo educativo. ¿qué es una educación adaptada a los niños que todavía no han construido el fantasma? Evidentemente ello nos obliga a hacer una construcción personal importante, porque la mayor parte de nosotros somos neuróticos y por este mismo hecho, vemos las cosas y las pensamos a través de nuestro fantasma; es decir, tenemos muy poca capacidad para pensar el mundo psicótico, porque pensar el mundo psicótico sería poder pensar la realidad sin fantasma. Me parece que estos elementos de los que estoy hablando, son fundamentales para pensar lo educativo entre otras cosas.
Lacan nos ayuda un poco, porque introduciendo la dimensión de lo Real introduce la noción de objeto a, por primera vez a propósito de la pulsión y de su satisfacción. Inventa
la noción de objeto a, remueve la articulación entre pulsión y satisfacción y especifica esta articulación como sexual. Lacan no duda en poner lo sexual en primer plano y es en este marco que va a introducir una parte de su teoría del sujeto del inconsciente.
Lo que se puede decir para la pulsión oral se puede decir para las otras pulsiones a lo largo de los tres tiempos que escanden el trayecto de la pulsión, un tiempo activo, “comer, cagar, ver, escuchar”; un tiempo pasivo ”ser comido, ser cagado, ser visto, ser escuchado”, y un tiempo reflexivo “hacerse comer, hacerse cagar, hacerse mirar, hacerse escuchar. Es una manera de introducir la distinción entre infantil e infancia a través de la represión o no de esas zonas erógenas, siendo lo infantil lo que permite gozar de todas las partes del cuerpo sin represión es decir, sin lazo social necesario para el progreso de la civilización.

Introducción a la topología del sujeto

¿Qué introduce Lacan en un tercer tiempo, tras la cuestión de lo Real y del objeto a? introduce la cuestión de un nuevo sujeto, un nuevo sujeto, un aparato lagunar que, en esa laguna misma instaura la función de cierto objeto como objeto perdido, que es el estatuto mismo del objeto a, presente en la pulsión. Esto parece muy teórico pero no lo es tanto, porque si nos referimos a la cuestión del sujeto en Lacan, lo hace equivaler al otro, lo cual es importante, porque si decimos que no hay educación sin deseo, el deseo es siempre el deseo del Otro y es lo que quería introducir en nuestro debate. Es una cuestión complicada pues no se trata de ser solo deseante, porque el deseo que se refiere al deseo inconsciente es el deseo del Otro, no es el deseo en tanto que voluntad. Así cito a Lacan. “El sujeto que es propiamente el otro, aparece en tanto que la pulsión ha podido cerrar su trayecto circular. Es solo con su aparición a nivel del otro que puede ser realizado lo que es la función de la pulsión”.
Tengo una imagen que me gusta y es la imagen que se puede referir a esta circularidad entre el sujeto y el Otro a partir de la pulsión. Es, lo que se olvida a menudo, que el primer objeto que no está todavía constituido como objeto, pero que funciona como tal para el bebé que está todavía en el vientre de su madre, es su mano la cual succiona; es la primera relación con el mundo exterior, su mano, que ya es un objeto en ciernes, no diferenciado aún, pero que da testimonio de esta circularidad entre el sujeto y el otro.

Al mismo tiempo Lacan hace pasar la concepción del aparato psíquico, de la geometría del yo a la topología del sujeto por una simple razón; retomemos esta imagen de la que hemos hablado, que desde sus primeros momentos de la vida intrauterina, el bebé succiona su pulgar; entre él y su dedo es como si hubiera una banda de moebius, donde están el sujeto y el otro en su circularidad, y Lacan se diferencia en este momento de Freud, que había constituido su noción del yo como la geometría del saco con un adentro y un afuera. Son dos maneras de entender el yo y el sujeto, los cuales no son equivalentes. Freud se queda en una geometría binaria (adentro-afuera) y Lacan pasa a la topología, es decir, a una geometría ternaria que permite llegar a un real del sujeto poniendo a su vez en juego objetos topológicos que no se aprehenden sino a través del vacío del sujeto; es decir, de la circularidad de una misma banda de moebius donde adentro y afuera ya no tienen razón de ser. Esto nos lleva a la polémica sobre el mito freudiano de la pulsión al que Lacan le llama ficción. Sin embargo Lacan no tiene por finalidad anular del inconsciente freudiano en su dimensión de no sabido (unbewusste). Hay un pasaje entre lo no sabido y la dimensión del sujeto. Ahí donde hay sujeto del inconsciente hay división. No se puede decir “Yo” más que si hay un sujeto dividido y el sujeto no es nada sustancial en esa pulsación de apertura y cierre del inconsciente donde el sujeto está en ese momento de eclipse que se manifiesta en tanto no sabido.

Así, resumiendo la tesis lacaniana del sujeto que nos interesa porque es una tesis diferente de la tesis freudiana, que es un útil más adaptado para reflexionar sobre las cuestiones de la educación y del psicoanálisis con niños: el sujeto barrado $, aprehende “el objeto a” (el seno materno) en tanto que objeto de deseo; vemos bien que no es un deseo voluntario sino salido del sujeto en tanto dividido por su propia pulsión. El sujeto aprehende el seno materno en tanto que es privado de él. La dimensión misma de la constitución del sujeto del inconsciente se efectúa en la dimensión y la relación con cierta forma de privación y es un punto fundamental para la educación y para el psicoanálisis con niños. Así es sobre el fondo de esa perdida, como el niño va a solicitar el deseo del otro.
Lo que en un tercer tiempo va a permitir a las pulsiones su efectuación y a este nuevo sujeto hacer su aparición. Este nuevo sujeto es el sujeto del fantasma. En esta operación, si es lograda, lo cual no sucede siempre, permite formular la relación del sujeto barrado, dividido, por el deseo del pequeño a. $ <> a, fórmula del fantasma. El fantasma no es otra cosa que lo que se revela como consecuencia de que el sujeto barrado quede dividido respecto de su deseo del “objeto a”, objeto que está perdido por siempre. Insisto en el por siempre perdido, porque hay una acentuación lacaniana que me parece importante puesto que estamos en el terreno de las pulsiones y sus satisfacciones que por definición se satisfacen gracias a un objeto. Entonces podemos hacer la suposición de que cada pulsión tiene acceso a su objeto y se satisface plenamente. Es la tesis freudiana de la pulsión y su satisfacción. Lo que añade Lacan es que la pulsión no hace más que rodear al objeto y no ha sido nunca satisfecha del todo. Nos encontramos como vemos, en otra modalidad de relación con el objeto y su satisfacción. Desde la vertiente freudiana pensamos que el niño alguna vez tuvo una satisfacción completa y por eso la va a buscar toda la vida, y desde Lacan nos encontramos con la idea de que esta pulsión no ha sido satisfecha por un objeto y es porque no ha sido nunca plenamente satisfecha por un objeto, por lo que todos los objetos existen y esto es muy importante. A partir de ahí nace el deseo. El deseo es el efecto producido por el hecho de que la pulsión, no pudiendo más que rodear al objeto, siendo que nunca ha existido el objeto que la satisfaga plenamente, permite el acceso a todos los objetos y eso es una concepción radicalmente diferente del sujeto y del niño. No es lo mismo considerar que si le damos al niño lo que pide, este va a estar satisfecho, que pensar que cualquier cosa que le demos no va a ser eso lo que le satisfaga plenamente. Lo educativo tiene aquí una cuestión fundamental para pensar. Estas dos concepciones nos llevan a dos caminos completamente distintos tanto en lo educativo como en lo terapéutico.
Es la constitución del fantasma de lo que se trata en el periodo infantil en la medida en que el niño se reduce en este momento a una manera metonímica de funcionar.

¿No hay sujeto antes del fantasma?

No hay entonces sujeto antes del $ <> a, lo cual plantea la cuestión de si existe o no el fantasma en el niño. Cuestión que necesariamente relanza otra: si consideramos que la inmadurez del pequeño ser hablante le aboca hasta cierto momento a una estructuración más bien metonímica, entonces ¿podemos hablar de fantasma en esta época; en la medida en que este para elaborarse requiere poder recurrir a la vez a la metonimia y a la metáfora?. Así pues, para examinar estas cuestiones es preciso remitirnos a la constitución del primer juego, es decir al Fort-Da el cual hemos de considerarlo como una primera forma de los comienzos de la metáfora. Sin embargo introduciría la distinción siguiente: la bobina toma el lugar de metonimia, es decir de la parte de
la madre por el todo y el juego en si mismo es matriz de una metáfora (reemplazar algo por otra cosa) que no se constituye verdaderamente sino debiendo fonetizar esta ausencia reemplazándola por una oposición entre dos palabras: “ se fue; aquí está” o más prosaicamente por una oposición fonemática “¡O! ¡A!”. Es necesario al menos precisar que es en la oposición del fonema al gesto como se constituyen las primicias de la metaforización; en efecto, es porque el niño puede decir “se fue” cuando la bobina está próxima o “aquí está” cuando la bobina está lejos como va a poder dominar esta ausencia de una manera hasta entonces diferente; es decir, que se pasa del proceso alucinatorio a la operación metafórica que introduce simultáneamente la función de la palabra y del lenguaje puesto que desde entonces la palabra puede igualmente servir para designar algo ausente y , sobre todo, servir para no tener más necesidad de la cosa por un tiempo.

Pero en este momento aún no podemos hablar de fantasma pues el niño reemplaza termino a termino la ausencia del personaje que falta por un juego con un objeto al cual asocia dos fonemas que opone y que repite; podemos decir, dos fonemas que pone en conflicto para seguir el hilo de lo que decía a propósito de Freud y de Lacan. Pues no se trata de un escenario, sino de la repetición de la sustitución de algo por otra cosa asociada a una fonematización de lo idéntico sin dar lugar a ninguna interpretación. En efecto el escenario del fantasma debuta con el pasaje de una transposición a otra y sobre todo con el pasaje de la posición del espectador que constata que el niño es pegado por el padre a una primera interpretación que dará lugar a la primera transposición, resultado de esta interpretación. “ ¡mi padre me pega: me ama!” Y a partir de ahí a todos los otros escenarios en los que el autor del fantasma desaparece en provecho de las diferentes sustituciones a las que este mismo fantasma da lugar. Y no es por nada que Freud introduce la cuestión del fantasma a partir de la agresividad o aun de la violencia sobre el objeto en la cuestión del amor porque la relación del niño con sus objetos comporta de entrada esta dimensión amor-odio con la cual no puede aún jugar, con la que aún no puede fantasear. Es en este misma línea que Winnicott se dedica a la puesta en escena de un pequeño dúo entre el sujeto y el objeto : “el sujeto dice al objeto ¡eh objeto, te he destruido! El objeto está ahí para recibir la comunicación. A partir de ahí el sujeto dice : “eh objeto te he destruido, te amo, cuentas para mi porque sobrevives a mi destrucción, porque te amo te destruyo todo el tiempo en mi fantasma inconsciente!”.

Aquí se inaugura el fantasma en el individuo. El sujeto puede ahora utilizar el objeto que ha sobrevivido. Se entiende bien que no se trata aun del fantasma freudiano: “pegan a un niño”, pues no hay aun más que dos protagonistas, el sujeto y el objeto sin espectador; pero no hay sobre todo el nivel de interpretación que constituirá a continuación todo el móvil del escenario del fantasma, móvil en el sentido en que se habla de móvil del crimen. Es toda la diferencia entre desear el objeto y desear el deseo del objeto. No hay aun la intervención de un tercero entre el sujeto y el objeto del que el niño podría extraer la conclusión como en “ pegan a un niño” que es porque el tercero pega al hermano que lo ama, y sobre todo en consecuencia que para ser amado hay que construir un escenario en el cual tomo el lugar del niño pegado. Pero diría que si esta etapa no está en función durante cierto tiempo es por razones que conciernen a la falta de metaforización, lo que es normal hasta cierta época. A este respecto la distinción que hace Winnicott es muy aclaratoria; en efecto en el juego distingue el “ playing” del “ game” “ y se puede tener los juegos (games), con lo que comportan de organizado, como una tentativa de poner a distancia el aspecto temible del juego (playing). Diría pues que el niño durante bastante tiempo no dispone más que del playing, es decir, de la dimensión repetitiva del juego que le satisface momentáneamente a la manera de restablecimiento de cierta homeostasis, haciendo por ejemplo presente a la madre mediante el dominio del objeto (bobina); sin embargo con el playing sale ya del proceso alucinatorio transponiendo la imagen mental por un objeto del que repite la presencia sin por ello poder introducir variación alguna, es lo que se constata muy tardíamente en ciertas psicosis infantiles. Aún no dispone del game, es decir de aquello que hace que la puesta en marcha de un escenario requiera cierto número de reglas de juego para poder establecerse y que necesita poder recurrir al desplazamiento y a la condensación según el modelo del sueño o del chiste. Pero eso supone lo que llamaría cierta forma de maduración o más exactamente de adquisición de la metáfora que hace posible el game.

Podemos extraer ya algunas consecuencias de eso, o algunas observaciones que conciernen a la práctica del análisis con niños. En efecto el dibujo y el trabajo con los dibujos o el juego en la sesión son de diferente naturaleza según se trate del playing o del game, quiero decir que si la función del fantasma está adquirida o no, la naturaleza misma del dibujo y del juego tomará un valor diferente. Del mismo modo, se puede distinguir una masturbación susceptible de producir únicamente una bajada de tensión de una masturbación que recurre al fantasma para desarrollarse; se puede constatar igualmente esta diferencia en las psicosis infantiles. Esto supone, en consecuencia, que hasta cierto momento hay un imaginario sin fantasma o el dibujo es la producción idéntica de la relación entre un significante y una significación sin que el game pueda aun instaurarse, lo cual permitiría a este dibujo múltiples significaciones. Se trata siempre del problema de la constitución del sujeto que plantea la cuestión de saber cómo se pasa de lo imaginario a lo simbólico, lo cual sería aun una manera de situar de nuevo cómo se pasa del playing al game; pero preferiría decir cómo lo Real, lo Simbólico y lo Imaginario devienen estrictamente equivalentes tal como Lacan nos lo indica en RSI.

En los primeros juegos, los que se pueden nombrar como playing, el niño parece intentar destetarse del objeto sin poder conseguirlo puesto que no dispone aun del fantasma como acabamos de ver. Se sitúa en este instante en un simple esbozo del fantasma que se puede escribir S barrado a, sin losange. Nos damos cuenta gracias a Freud en “ más allá del principio de placer” que las apariciones y desapariciones del objeto tratan de simbolizar estos eclipses intermitentes de la madre, adueñándose de la situación y se venga transponiéndolo a otro plano que aquel en el que las vive; pero no por ello se puede hablar ya de escenario, de game. En este caso el niño trata más prosaicamente de manejar una realidad que se le escapa. Con el estadio del espejo es la esencia misma del destete lo que aparece en su dimensión originaria y constitutiva más acá de todo acontecimiento. El sujeto no tiene anterioridad a este mundo de formas que lo constituyen originariamente dividido. Desde este momento la idea de la simultaneidad de la constitución y de la perdida está planteada y el sujeto se constituye a partir de ella como eclipsado de un significante al otro (ver seminario 2005-2006)
Así pues no hay sujeto ya constituido por anticipado y no hay sujeto otro que agujereado. Estos dos señalamientos van a hacernos retomar el hilo de Dolto para oponerlo al hilo de Lacan pues como vamos a ver, en lo que respecta a la cuestión del sujeto y su constitución se oponen.

La concepción del sujeto en Dolto

Para F. Dolto la concepción de un sujeto ya entraña forzosamente que no puede estar agujereado. Hay que reconocer su mérito de haber intentado dar una concepción del sujeto antes de la toma de la palabra, es decir antes
de que el significante lo represente para otro significante.

Pero este mérito la lleva de hecho a concebir un sujeto de deseo y en cuanto tal “ya ahí” antes de su concepción; el deseo presidiendo el adveninimiento del ser humano al mundo. Si ya encontramos alguna dificultad para seguirla en lo de la anterioridad del sujeto antes de su nacimiento, por el contrario podemos seguirla cuando precisa lo que entiende por sujeto de deseo” “el ser humano es una encarnación simbólica de tres deseos, el de su padre, el de su madre y el suyo, en tanto que tres seres de lenguaje”(Dolto 1971 Le Cas Dominique, Points, Parias. Ed. Le Seuil); sin embargo en este caso se trata más de un objeto de deseo que de un sujeto y lo que hay “ya ahí” no es tanto el sujeto sino el lugar en el que este niño es esperado y, por qué no, deseado por cada uno de sus padres. En otros términos, el sujeto que concibe Dolto es un sujeto del que hace la suposición: “ de ser sujeto para sus padres”. Ella concibe de hecho una
“fuente autónoma de deseo que se introduce en la cadena del discurso de los padres en tanto que significante” (1984). Pero me parece que lo que F. Dolto no puede concebir es la cuestión del agujero y es porque hay siempre el “ ya ahí” al precio de revelar lo que es la verdadera sustancia de este deseo y del sujeto (Autoretrato) “no hay deseo y sujeto sin Dios. Si existo es porque dios existe. No puedo existir sin Dios”. “La consecuencia viene rápido. Decir que es Dios el que se ha encarnado bajo la forma de cada ser humano, ¿por qué no?”. F. Dolto se extraña entonces de que los psicoanalistas no se hayan dado cuenta antes e imputa a Lacan haber tenido él mismo miedo de eso “ Es muy curioso que tengan miedo de eso (los psicoanalistas no se dan cuenta ¡evidentemente, para Lacan, el sujeto es un agujero; tenía miedo de este gouffre que era el sujeto según él”

Pero entonces, en resumen ¿qué respuesta aportar frente a este agujero? Seguramente para Dolto es la convicción en Dios y desde ahí: “ encarnarse es un acto del sujeto Dios”(1989 AUTOPORTRAIT D’UNE PSYCHANALYSE p 159). Es claro que el sujeto del que habla Dolto es el sujeto filosófico y ya no el sujeto del inconsciente. Un sujeto filosófico en la más pura tradición de Kierkegaard: “el pecado contra el espíritu es no asumirse a si mismo pues se está hecho a la imagen de Dios”. Todo esto en línea directa con la idea bíblica según la cual Dios ha hecho al hombre a su imagen, en consecuencia al comienzo era el hombre a imagen de Dios y no el verbo. Una imagen que la psicoterapia está en medida de poder restaurar de tal suerte que este acto sea una buena acción en el sentido religioso. Esta última deriva da una idea de las razones por las cuales ciertos alumnos próximos de Dolto pueden tener esta práctica sectaria CAD deliberadamente religiosa.

Pero es con esta definición de “ todo es lenguaje” que nos aproximamos a la inversión que hace Dolto de la teoría lacaniana del sujeto. En efecto en esta proposición Lacan no reconocía como estando ya ahí más que el significante en tanto que gran Otro, tesoro de los significantes: “ El Otro, el gran Otro está ya ahí, en cualquier abertura tan fugitiva como sea, del inconsciente”. Esta diferencia toca la difícil cuestión del cuerpo en el psicoanálisis con los niños y claro está nuestro posicionamiento será muy diferente si se considera que este “ todo es lenguaje” supone que el cuerpo sea un lenguaje o no. Es preciso remitirse a otros de sus discípulos que recomiendan a Dolto y que actualmente han desarrollado la Haptonomía para darse cuenta de la distancia y de las consecuencias producidas pro estas dos concepciones del sujeto.

Nos podemos plantear entonces ¿hay sujeto antes de la constitución del fantasma? Cuestión muy importante. No es lo mismo abordar una educación con niños que no tienen a su disposición el proceso de metaforización, es decir que funcionan en un estatuto de objeto metonímico, que considerar una educación con niños que han podido alcanzar una represión completa y alcanzar un estatuto de metaforización. Los cognitivo-conductuales ignoran todo esto, pero ignorando el hecho de que no es lo mismo que haya un pensamiento metonímico que metafórico, aplican a los niños psicóticos y autistas la misma educación que se aplica a los monos.

 

Traducción: Roque Hernández

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