Jornadas de clínica, Pamplona, noviembre 2015

Cuando leí el título de las jornadas : “ ¿ De dónde vienen los niños?: vigencia del psicoanálisis” surgieron en mí diferentes interrogantes que me volvieron en forma de una nueva pregunta o quizá una reformulación de la que daba título a las jornadas: ¿ a dónde vienen los niños?

Seguir este ¿a donde vienen los niños? conduce a la preguntas del niño sobre el deseo del Otro y en el caso de que la pregunta ha lugar , sabemos que no siempre es así,esta pregunta abrirá los caminos por los que transitará la realización del sujeto.

Cuando nos encontramos en el ámbito instituciónal1, esta misma pregunta nos conduce a plantearnos ¿qué tipo de discurso institucional acoge a niños y a padres?, ¿Cuáles serían las posibilidades transferenciales, las posibilidad de dar un lugar a la subjetivación de las dificultades tomadas en el caso por caso?.

Tanto una como otra dirección conduce a plantear el (a) causa de deseo, la forma en la que esta causa de deseo aparece en el Otro parental y las circunstancias que acompañan el encuentro del niño con este deseo, encuentro, que a partir del que se forjará un entramado que tiñe de manera singular, en cada caso, tanto las llamadas actualmente competencias parentales como los tiempos en la estructuración del sujeto niño 2.

Del otro lado, la misma reflexión podría ser extensible (si se me permite el uso del término) a las posibilidades de que este objeto (a) sea alojado en la institución cuyo discurso puede sufrir de cierta opacidad en la acogida de los casos.

Desde aquí se pueden considerar estas competencias parentales, que el discurso social concretiza en una serie de valores de comunicación o de apegos entre padres e hijos, como el más acá, como el reflejo si se quiere, de aquellos escenarios a los que apuntó Lacan en Dos notas sobre el niño. En este breve texto Lacan pone el acento en las diferencias que marcan el devenir del niño en función de que este sea alojado como objeto en el fantasma de la madre, o por el contrario, venga a representar el síntoma de la pareja parental.

Entonces, ¿sería posible entender algo de las competencias parentales sin incluir este (a) causa de deseo? ¿Podríamos hablar de una otra escena de las competencias parentales? Y de ser así ¿ podemos desde la institución atender a esta otra escena en las que tendrán lugar las posibilidades de aparición de un sujeto niño?

La situación de Damián de cinco años fue denunciada a los Servicios Sociales por el colegio al que Damián y su hermana habían comenzado a asistir ese mismo año. Damian presentaba retraso motor y del lenguaje , tenía escasos contactos con los otros y en ocasiones padecía ausencias en las que su cuerpo quedaba paralizado mientras hacía movimientos rápidos con las manos. Desde el Centro Base diagnostican Trastorno General de Desarrollo.

La alarma se intensifica con la reacción que muestran los padres ante la sintomatología de su hijo. La única alusión de los padres estaba referida a la ecopresis de la que decían que se debía a que se aguantaba la caca en vez de ir al baño.

En la primera sesión a la que acuden los padres con Damian, éste parece ajeno a la situación, con mirada perdida y sin realizar atisbo de relación con el otro. Al entrar en el despacho y de forma automática, la madre sienta a Damian sobre sus piernas, a lo largo de la entrevista, el padre se dirige a él haciéndole carantoñas.

Cuando los padres salen del despacho, Damián no reacciona, mira a la puerta con expresión de miedo y vuelve la mirada hacia la caja de juguetes. Después de un rato sin hablar ni hacer ningún movimiento se me ocurre sacar los juguetes, nombrarlos e ir colocandolos en el suelo. En el momento en el que saco de la caja un muñeco Damian dice de forma clara yo no soy un bebe, le pregunto, un bebé? contesta que es lo que dice Marta ( su hermana ).

Desde esta primera sesión hasta que se inicia el tratamiento con Damian transcurren unos meses. Durante este intervalo, la falta de colaboración de los padres hizo necesario informar a Comisión de Tutela de la gravedad del caso y de la urgencia de atender las dificultades de Damian. Los padres acuden a comparecencia donde son informados de que en caso de no colaborar con la intervención se adoptaría una medida de protección. A partir de ese momento se comienza el tratamiento que dura aproximadamente diez meses.

Además del retraso en el lenguaje y el retraso motórico , la encopresis de Damian daba cuenta de una imposibilidad en la construcción del cuerpo que también quedaba reflejada en en sus dibujos en los que representaba figuras grandes y amorfas.

A través de las figuras de animales Damian repetía la escenificación peleas, gritos y muerte y que se desarrollaban en torno a la rivalidad por la comida. De manera recurrente Damian colocaba uno de los animales encima de una torre que rodeaba con otros animales de los que decía que querían quitar la comida al animal que estaba dentro.

Estos juegos eran acompañadas con frases inconexas en las que quedaban confundidas las conjugaciones de los verbos y la posición activo pasivo de los actores de las escenas , lo que sumergía cada frase en una reversibilidad que daba cuenta de lo que más tarde aparecería en la relación transferencial.

A propósito del transitivismo Robert Lévy3 describe

“ ( …) puede ocurrir que la madre , por su incapacidad de formular la hipótesis de una demanda en su hijo, deje a este último en la necesidad o más bien en el exceso de necesidad imposible de elaborar en lo Simbólico.” Lo que conduce al no acceso a la palabra y puede ir desde un simple retraso del lenguaje hasta el autismo total y hacer así pasar la necesidad no tanto del lado del significante sino del cuerpo”

¿Es este no acceso a una demanda que instaurase la gramática pulsional ( comer ser comido/ dar recibir,) lo que se dejaba escuchar en esta reversibilidad de las frases que Damián iba pronunciando?.

¿A donde había llegado Damian?

La madre de Damián relata de forma confusa que no supo que estaba embarazada hasta que la gestación estuvo bastante avanzada y sobre el parto, refiere literalmente “que no se enteró”. Lo siguiente que relata sobre el nacimiento de su hijo, es que su madre, abuela de Damian, no le ayudó con el cuidado de este segundo hijo. Cuando Damián tiene dos años y medio, la familia se trasladan a un pueblo, regresan a Madrid dos años después.

Decía ser hija de madre soltera y que nunca conoció a su padre ni oyó hablar de él, en el momento en el que cuenta esto refiere con tono irónico que tal vez su padre se fue porque lo asustó su abuelo, había sido criada por sus abuelos maternos mientras que su madre trabajaba como interna. La expresión de la madre de Damián cambia cuando habla de su abuelo, dice que no lo soporta, lo insulta, relata que siempre ha tratado mal a toda la familia. Reprocha a su madre que se deje insultar por el abuelo y que lo cuide a pesar del mal trato que éste parece proferirle .

Desde su regreso Madrid, la familia había habían comenzado a convivir con la abuela materna y el bisabuelo materno en el domicilio propiedad de éste. Esta situación angustiaba a la madre de Damián que refería que su abuelo se pasaba el día insultandolos y gritandoles que se fueran. Los padres y los dos hijos vivían en una de las habitaciones de la casa de la que decían no salir para evitar cruzarse con el abuelo.

El padre de Damian parecía ajeno a la situación que su pareja describe de forma angustiante, refería que tenían que aguantar porque no contaban con medios económicos para trasladarse a otro lugar. La estrategia que él había adoptado era pasar el mayor tiempo posible fuera de la casa.

El juego de parchís reflejaba algo de la relación de Damian con el otro, durante las partidas el niño centra su ate
nción en asegurarse que las fichas estén separadas, él dirá para que no se peguen y teme que la ficha que está detrás de la suya le deje atrapado. En un momento del juego Damian dice he ganado: yo soy Damian y tu Damiana.

La angustia suscitada por la falta de distancia es sentida igualmente en su relación con las palabras, quedará angustiado cuando en uno de los movimientos de la partida alcanza una de mis fichas y dice “me la como”,acto seguido Damián comienza a ponerse nervioso,se mueve de un lado a otro y quiere salir del despacho.

Los juegos continuaron en torno al dentro y fuera, dice que ha inventado un nuevo juego, alinea la papelera y el paragüero y comienza a encestar la pelota en uno y otro de forma alternativa. En otras ocasiones, vierte el contenido de la papelera en el paragüero y a la inversa. Este juego se interrumpe cuando descubre un hueco entre la pared y uno de los muebles del despacho, comienza a entrar y salir, juego que repite con cara sonriente, se le ocurre que juguemos al escondite.

En este momento del tratamiento desaparecen algunos juguetes del despacho entre ellos la pelota con la que suele jugar en las sesiones y algunas de las figuras de animales, será él mismo el que en las siguientes sesiones diga que faltan estos juguetes.

En una ocasión Damián se lleva del despacho una llave pequeña, yo no reparo en ésto hasta que en la siguiente sesión la madre la devuelve muy enfadada con su hijo porque se había llevado algo de mi despacho. Ese mismo día durante la sesión Damian toma un llavero en forma de pelota, comienza a pintarlo, abre la ventana y coloca fuera, dice que es para que se seque, me dice, luego te lo vuelves a poner.

Un día Damián me pide que dibuje una casa, le pregunto cómo sería esa casa, comienza a decir que tiene muchas ventanas, cien ventanas y una puerta que llega al cielo. Hay un jardín con flores, coge el lápiz y continúa pintando un camino, hace una figura y dice que soy yo. A medida que va trazando el camino comenzará a ponerse nervioso, hace garabatos encima de la casa mientras dice que las ventanas y la puertas son para que salga la caca que es una historia de culo.

Retoma el dibujo de Pocoyo que había comenzado a colorear y me pregunta cómo se escribe ​amable, intenta escribirlo. Volverá a pintar una casa en la misma hoja del Pocoyo también hay una bomba, dice, a continuación coge el tipex y pinta encima de la bomba dice así apaga el fuego.

En otra ocasión Damián llega a la sesión con cara de enfadado, le preguntó qué le ocurre, Damián dice que tiene hambre y sueño. Le digo que es normal porque pronto será la hora de la merienda, que no se preocupe que Marisa (educadora del Centro de Día) le guardará su merienda pero que en ese momento es el tiempo de la sesión.

Un día Damián llegó a la consulta y dice que quiere jugar al fútbol. El mismo decide cuáles serán las porterías de cada uno y las distancias desde las que lanzar la pelota. Decía que era del Athletic porque se lo manda su padre.

Los padres de Damián se mostraban sorprendidos con los avances, la madre relataba sorprendida que su hijo lee los carteles de la calle y el padre, forofo del Athletic parecía contento cuando había visto a su hijo jugar con una pelota.

En este tiempo el padre se centra en estudiar diferentes oposiciones entre ellas al de guarda jurado. A través de la trabajadora social la madre consigue trabajo. Tiempo después surge una crisis familiar en la que el padre discute con su suegra y sale de la casa. A la mañana siguiente acude a servicios sociales para solicitar una vivienda, meses después les conceden un piso al que se trasladan los padres con sus hijos.

El caso de Damián puede dar cuenta de los movimientos que tuvieron en la familia desde el inicio de la intervención que, más allá de la intervención con Damián y con sus padres se extendía a otros contextos como el colegio y el Centro de Día al que acudían Damian y su hermana tras la salida del colegio.

A través de las entrevistas con los padres pudieron ir emergiendo cuales habían sido las contingencias con las que se había encontrado Damián en relación al Otro. La continuidad de un goce precariamente agujereado, que parecía atravesar a la familias a través de las generaciones y que daba cuenta de la situación en la que se encontraban los padres respecto a su propias familias y en relación a sus hijos. El desarrollo de Damián había quedado petrificado en su encuentro con un Otro no barrado. Este goce escasamente regulado retornaba al cuerpo de Damian dando cuenta de las dificultades que se habían dado para que este hubiese sido condensado en determinadas zonas erógenas a partir de las que pudiesen constituirse los objetos, las pérdidas y la simbolización.

Este hecho no solo quedaba patente en la encopresis sino en los ataques observados desde el colegio en el que el niño quedaba paralizado y ausente con un movimiento rápido y repetitivo de manos.

Agujerear esa continuidad, dando lugar a los vacíos a partir de los que emerger el deseo había procurado el movimiento de la situación familiar. Vacíos, huecos y distancias que Damián fue descubriendo entre los muebles del despacho, jugando al escondite o sacando algunas piezas a la ventana.

Desde el contexto institucional la posibilidad de haber superado un primer momento en el que la difícil situación familiar había precipitado las alertas de los profesionales y la respuesta en formas de diagnósticos4 y protocolización de la intervención. Tanto Damian como su familia nos dieron algunas pistas para poder cuestionar los lugares de/en la institución que no siempre están prestos a acoger las singularidades.

Puede ser que tomar esta dirección en la atención a las dificultades englobadas en las competencias parentales, requiera que pudiéramos trascender de los indicadores/signos para dar a las dificultades en la parentalidad un estatus significante. Dirección ésta que abriría las posibilidades de una escucha orientada al sujeto y a los avatares con los que se han encontrado algunos niños en su realización subjetiva.

Sofía Ortega Gutiérrez.

Psicoanalista

 

1 Las cuestiones aquí planteadas surgen en y a trravçés del trabajo realizado en uno de los Centros de Atención a la Infancia incluido en la red de servicios sociales del ayuntamiento de Madrid. En este servicio se atienden casos que presentan diferentes grados de dificultad y que han sido detectados en distintos contextos sociales como pueden ser Centros educativos, Servicios Sociales Generales o desde el ámbito judicial.

2 Por la especificidad de la reflexión propuesta y cuestiones de espacio, me refiero al (a) causa de deseo sin descuidar la importancia de las dos vertientes del (a) como causa de deseo y como plus de goce así como la puesta en juego de la alternancia de los mismos en los tiempos del desarrollo de la estructura infantil.Para más ampliación del tema en relación a la clínica infantil ver: Flesler Alba. El niño en análisis y las intervenciones del analista. Paidos. Buenos Aires. 2011.

3 Lévy Robert. Lo Infantil en Psicoanalisis.La construcción del sintoma en el Niño. Letra Viva. Buenos Aires. 2008

4 Podríamos hablar de una suerte de diagnóstico, ya no basado en un DSM, sino en los diversos manuales, en este caso Manual de Protección a la Infancia en los que se describen y categorizan los indicadores de riesgo y en base a los cuales pueden ser valoradas los diferentes grados de desprotección de leve a grave.

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