Paris, 10 de octubre de 2015

Los pasajes al acto del psicoanalista.

 

Los pasajes al acto, uno los hace todo el tiempo. Esta frase que escuche este año durante un seminario de Análisis Freudiano me llevó a reflexionar y a interrogarme por lo cotidiano de mi practica. Podría utilizar todo el tiempo de mi exposición catalogándolos. Eso va desde cualquier forma de complicidad imaginaria como por ejemplo no pagar una sesión, responder a algunas preguntas, entender, una connivencia en relación a un elemento exterior a la cura y así, hasta algunos pequeños goces que nos concedemos. Quién puede pretender no haber cedido nunca a eso ! No es más fácil decir no a un analizante que a un hijo, aunque las cuestiones en juego sean diferentes. La ascesis de la conducción de una cura es muy difícil de sostener, particularmente en el largo plazo, o cuando una cura esta yendo bien. No se trata aquí, de formaciones del inconsciente del analista, sino de momentos en que nuestra atención se relaja un poco. En lo que llamo los pequeños pasajes al acto, no hay ruptura del encuadre, pero sí hay infracciones de la regla de abstinencia. 

 

Preparando este trabajo, me sorprendí al constatar cuan numerosas son estas « infracciones » en un solo día. Al fin y al cabo, un analista también es un ser humano con sus emociones, su cansancio, el aburrimiento de algunas sesiones, una cierta rutina1. En fin, es muy difícil no tener estos pequeños goces no tan inocentes ! La mayor parte del tiempo, uno retoma, y se pregunta sobre la transferencia en cuestión en esa la cura, y sobre todo se pregunta si “este pequeño pasaje al acto” podría poner en riesgo esta cura o si los limites del encuadre fueron franqueados. 

 

Esto plantea una primera cuestión, a saber : ¿Hay « pequeños pasajes al acto » que no serian demasiado graves, y otros que sí ? Obviamente, un analista que se permite una relación sexual con un o una paciente, comete un acto grave. Me agrego a la idea de Serge Sabinus2, quien establece una estricta equivalencia entre un incesto y un pasaje al acto sexual por parte del analista.

 

Añadiría dos razones a esta equivalencia. La primera como transgresión de la Ley, en lo que ella representa de fundamental. La segunda, en tanto se trata de gozar del cuerpo del niño o del analizante. Si, como lo afirma Lacan : “La interdicción del incesto no es nada mas que la condición para que subsista la palabra »3, este pasaje al acto sexual « borra, suprime la palabra »4 del analizante, de manera definitiva en esta cura. Esto es lo que está en el principio de la desubjetivación”. 

 

En cuanto a lo que llamé « pequeños pasajes al acto », solo se revelarán dañinos para la cura y para el paciente mucho mas tarde. A veces, lo podemos detectar como tal. De todas maneras, es difícil evaluar sus consecuencias. Como determinar un umbral de gravedad? Se puede hacer, como ya mencione al hablar de un acto que comprometería la cura, cuando el sujeto toma el lugar objeto en el fantasma del psicoanalista. Sin embargo, en el caso de estos « pequeños pasajes al acto », eso no se podrá saber sino a posteriori (« Nachträglichkeit »). O bien, en relación a una norma, lo que solo puede ser una norma social. Por ejemplo, lo que se practica en una institución analítica es determinado por el discurso que se mantiene en su seno. Aquí reside el interés de hablar en este encuadre. No obstante, la referencia mayor es la de la propia cura ; lo que remite a una cuestión planteada en el seminario de este año : si un analizante, convertido en analista, pasa al acto sexual con una de sus pacientes, ¿será que el analista de este analizante, convertido en analista, dejó de lado un elemento esencial? También podemos preguntarnos en el marco del discurso analítico, ¿que es lo que nos hace ir mas allá de un limite, de una ley, de una regla? (esto, fuera del marco de la perversión). O sea, preguntarnos cual es la relación entre el sujeto y la Ley ; lo que también es preguntarse cual es la relación del analista con su deseo de analista. 

 

Yo me pregunté eso, primeramente de manera muy simple, como si un analista pudiera saber lo que esta haciendo, lo que me llevo a la cuestión del « Ichspaltung », de la escisión del Yo en el proceso de defensa5. El analista no sabe lo que esta haciendo, sino en el après-coup, pero que hace con lo que sí puede saber ? Tenemos tres opciones : 

1- No sabe lo que ha hecho

2- Lo Sabe pero aún así … 

3- Lo sabe y lo hace mas o menos conscientemente.

 

1 : No lo sabe. Entonces, sería un asunto de represión, de algo no analizado en el analista. Por ejemplo, una palabra que el psicoanalista no escucha. Pero en el caso de un pasaje al acto sexual, ¿podemos evocar la cuestión de la represión? No lo creo, y tampoco creo que la ley de la prohibición del incesto pueda ser reprimida, como un significante. Así pues, no es la cuestión de la ignorancia la que nos hará avanzar. 

 

2 : Lo Sabe pero aún así… Es decir que lo sabe, pero que actúa como si no lo supiera. Como la formula que utilicé evoca una dimensión perversa, yo diría que ahí, el goce toma mas importancia que el deseo del analista. En los términos de Lacan : «  la ley y el deseo son la misma cosa6 ». Esto se tiene que entender así, como Lacan mismo lo precisa : « ¿Qué quiere decir el mito de Edipo, sino que es el deseo del padre el que ha hecho la ley ?7 » Por analogía, afirmo que en la cura, es el deseo del analista lo que hace la ley, y entonces el marco analítico es determinado y definido por el deseo de analista. Es esto lo que en el après-coup da un contenido a mi titulo. 

 

Esta preeminencia del goce sobre la ley y luego sobre el deseo, indica que este deseo no es suficientemente fuerte, y mi hipótesis (a esto volveré mas tarde) consiste en el hecho de que esta ley no esta suficientemente inscrita en un sujeto. Pienso por ejemplo, en este hecho de la clínica, donde un incesto nunca es un acontecimiento aislado, y se inscribe en un contexto que abarca varias generaciones.

 

Del lado del psicoanalista, numerosas complicidades imaginarias en la transferencia están funcionando en todos estos « pequeños pasajes al acto » que evocaba antes. Uno cede en su deseo de analista, “ olvida” la regla de abstinencia, transgrede la ley. 

 

Me parece interesante introducir aquí un texto de Freud sobre el “Ichspaltung” (la escisión del Yo). Este pequeño texto muchas veces desconocido, fue escrito en 1938, y Freud no logró terminarlo, pero a mi me parece fundamental, sobre todo en relación a la cuestión del repudio. Así, escribe : « El (el Yo del niño) tiene que decidirse ahora : o reconoce el peligro real, lo acepta y renuncia a la satisfacción pulsional, o entonces deniega la realidad, preserva la creencia que no hay nada que temer, eso con el objetivo de seguir manteniendo la satisfacción. Se trata entonces de un conflicto entre la reivindicación de la pulsión y la objeción hecha por la realidad. Sin embargo, el niño no hace ni lo uno ni lo otro, o mas bien, hace los dos a la vez, lo que, al final, es lo mismo. Reacciona al conflicto de dos maneras opuestas, ambas validas y eficaces. Por un lado, gracias a mecanismos determinados, deja de lado la realidad y no se prohibe nada ; por otro lado, a la vez reconoce el peligro de la realidad asumiendo, bajo la forma de un síntoma mórbido, la angustia frente a esta realidad, y busca posteriormente protegerse. (…) Sin embargo, como sabemos, solo la muerte tiene que ver. El éxito fue alcanzado al precio de un desgarro en
el Yo, desgarro que nunca mas se curara, sino que crecerá con el tiempo. Las dos reacciones al conflicto, reacciones opuestas, se mantienen como el núcleo de una escisión del Yo.8 ». No creo que podamos generalizar, ni pensar que estos analistas que pasan al acto sexual con sus pacientes lo hacen a causa de una escisión del Yo. Pero lo que dice Freud al respecto es emocionante. Solo da un ejemplo, el de un niño entre tres o cuatro años, y escribe : « El se ha creado un sustituto del pene de la mujer (no de la madre), que buscaba en vano : un fetiche. Así es que denegó la realidad, salvando así su propio pene ». El texto se termina con esta frase : « como si, en el vaivén entre el repudio y la aceptación, fuera la castración la que hubiera encontrado una forma de expresión distinta …9 ». En la escisión del Yo se trata del repudio de la castración del sujeto, (mas precisamente porque su castración consiste en la privación de la madre del falo que él es, es decir que la castración se remite a la madre) es eso lo que antes llamé un defecto en la inscripción de la ley. A eso volveré mas tarde ; solo quiero notar que Lacan en el libro de la familia10 describe la « Spaltung » dos años antes de la publicación del texto freudiano. Allí explica que el « sujeto, implicado en la envidia por identificación, donde la realidad está en juego, elige o el objeto materno y sigue denegando la realidad y destruyendo al otro, o elige otro objeto y encuentra en él a la vez al « otro » y al objeto socializado. » Se encuentran en este texto los dos elementos que a mi me parecen importantes : la identificación y la relación con la madre. 

 

3 : Lo sabe y lo hace de manera mas o menos consciente. No estoy hablando de psicoanalistas perversos. Aquí, la facilitación ya está hecha, los actos, los pasajes al acto siguen repitiéndose, los goces son abundantes, las justificaciones son probadas, y la ley es rebajada a un nivel obsoleto o incluso caduco. Creo que una vez dado el primer paso, la vía esta abierta, la palabra facilitación conviene perfectamente a lo que quiero expresar : aquí está lo que dicen Laplanche y Pontalis al respecto en el « Vocabulario de Psicoanálisis » : « cuando un pasaje así conlleva una disminución permanente de esta resistencia, se dice que hay facilitación : la excitación elegirá la vía ya facilitada más que la vía que no lo está.11 » Así el goce desborda y obstruye el deseo de analista. 

 

 

Entonces, para continuar un poco la discusión que se inició durante la ultima intervención de Serge Sabinus, en el seminario, sobre el deseo de analista, se dijo que el deseo de analista es el mas fuerte. Tal vez hasta mas fuerte que de lo mas fuerte que hay, es decir, ¡la pulsión de muerte! Cuando hay pasaje al acto, la pulsión de muerte está actuando. No es posible imaginar un deseo de analista mas fuerte que cuando el ser del psicoanalista está ahí, pero sin razón de ser12. Esto necesita un trabajo constante del analista en relación con su propia cura. Y ¿qué sucede cuando se relaja en este trabajo? El psicoanalista ya no está, o no está presente como analista, sino como sujeto, con una razón de ser. Es un sujeto que establece un vinculo cualquiera con un objeto, en este caso, el analizante. Es decir también, que el analista se ha implicado en la transferencia con su fantasma. Eso no es ya un análisis, es en este punto preciso que la transferencia analítica se diferencia de la transferencia en psicoterapia. 

 

Así, ¿el deseo de analista sería sin objeto ? No puedo imaginarlo. Para Robert Lévy13, este objeto solo puede ser el análisis. Lo que, de manera ideal, también seria el objeto de la transferencia de trabajo en una asociación analítica. 

En este momento de la reflexión, tuve dos ideas : la primera, es la de la relación del sujeto de este deseo con la castración, lo que nos permite avanzar con la cuestión de los pasajes al acto sexual por parte de psicoanalistas que son casi exclusivamente hombres. La segunda, es que este deseo de analista se confronta con la Ley, la de la prohibición del incesto, y que este deseo esta determinado por la prohibición del incesto. La prohibición del incesto es lo que separa : por ejemplo el kashrut (regla judía de preparación de los alimentos) tiene por objetivo separar el ternero de la leche de su madre.  

 

Intenté entonces sostener mi pregunta, que es la siguiente: ¿que es lo que hace que algunos franqueen el tope, el límite del pasaje al acto y otros no ? Me apoyé sobre un libro bastante peculiar, de Philippe Breton que se llama : “Les refusants. Comment refuse-t-on de devenir un exécuteur?” (Los recusantes. ¿Cómo se rechaza convertirse en un ejecutor?14). Breton es profesor en el centro universitario de estudios de periodismo de Estrasburgo. El se describe a él mismo como un especialista de la palabra pronunciada para convencer.

 

Tras los genocidios y masacres que han marcado el siglo XX, el hizo una larga encuesta, que llama un trabajo antropológico sobre los “refusants” (recusantes), entre ellos los SS, en particular aquellos de la primera parte de la Shoah donde mataban por fusilamiento, sobre el genocidio de Ruanda, en las guerras de Vietnam y de Argelia y los kamikazes islamitas, el autor habla igualmente de la experiencia de Milgram. Voy a resumir rápidamente este libro sobre todo basándome en los elementos que interesan a mi intención de hoy. Él estudia las motivaciones de los ejecutores para determinar los lugares precisos desde donde los “refusants” dicen no.

 

Primero, él sitúa el discurso de los “recusantes” del lado de la legitimidad, es decir de la ley “los recusantes no se oponen a ninguna moral, a ninguna ideología, a ningún punto de vista religioso, a ningún argumento apoyando de verdad a las masacres. No son resistentes. Ellos simplemente dicen “no”, “yo no” por lo que les concierne a ellos”15. Continua: “el corazón del problema es, en este caso, un problema de convicción, es decir de la legitimidad del acto que se va a ejecutar, aunque este sea un asesinato o un genocidio”16. Él evoca un enunciado que está presente en todos los que dicen no, no importa su situación, “no se hace eso a las personas”17. Este enunciado es para mi idéntico al siguiente “eso no se hace”, que es precisamente el que se refiere a la prohibición el incesto. Estoy sorprendido de ver aquí, hasta que punto las dos prohibiciones fundamentales, la del incesto y la del asesinato están entrelazadas.

 

Esto plantea una vez más la cuestión del deseo de analista que al mismo tiempo separa con la referencia a la prohibición del incesto y que también es “más fuerte que la muerte”, para decirlo rápido.

 

Retomando los términos de Phillipe Breton cuando habla de moral “entre los asesinatos de masa y la moral, no hay una contradicción SINO un condicionamiento reciproco. Sin moral, el asesinato de masa no habría sido cometido. Por “moral” hay que entender aquí un complejo de razones, de justificaciones organizadas en un sistema coherente y dando una legitimidad a la acción (y no lo que sería una moral a nuestros ojos…).”18 Esta “moral” consiste, para mi, en una limitación, un encuadre del goce. Así, se aparta a los psicópatas, a los sádicos, finalmente a todos aquellos cuyo goce es evidente y que podrían contaminar a los otros: lo testimonia un informe de un juicio de un SS condenado por un tribunal SS el 9 de junio de 1943; el juicio precisa: “el acusado puso en peligro la disciplina de esos hombres y es difícil imaginar algo peor que eso. (Su deber), desde el punto de vista de los SS, implica igualmente que no hay que p
ermitir a esos hombres volverse moralmente depravados”19. Igualmente, un pedazo del discurso de Poznan del 4 de octubre de 1943 pronunciado por Himmler en una reunión de generales SS: “ esta misión, la mas ruda de todas, en el amor a nuestro pueblo, la hemos logrado. Y no hemos sufrido por eso daños dentro de nosotros, dentro de nuestras almas, dentro de nuestras personalidades”20. El nivel de goce aceptable está determinado por el del discurso público, es decir, aquel que entró en la costumbre, o sino por aquel que viene de una institución analítica, en particular el discurso producido por la transferencia de trabajo. Es lo que he podido observar, hace mucho tiempo en una institución analítica donde he trabajado varias veces.

 

Sigamos con la lectura del texto de Breton, él distingue por un lado los “recusantes” a priori cuyo acto de rechazo es anterior a la participación en el crimen, yo diría que son aquellos que no tienen acceso a este tipo de goce. Y por otro lado aquellos que, como él escribe, a posteriori, que han matado ya, pero que rechazan la repetición de estos actos. Estos últimos han efectuado un trabajo psíquico, como una toma de conciencia, esto permite al individuo rechazar un nuevo pasaje al acto, esto aparece como una forma de renunciación a un goce. Los “recusantes” se posicionan como sujetos dentro de su acto de rechazo. Esto me recuerda este fragmento del seminario sobre la ética: “Esta ley (moral) hace del goce de mi próximo el punto alrededor del cual se oscila(…), el sentido de mi deber. ¿Tengo que ir hacia mi deber de verdad en tanto preserva el lugar autentico de mi goce, incluso si permanece vacío? O me tengo que resignar a esta mentira, que, haciendo que substituya con todas las fuerzas el Bien a mi principio de goce, me manda soplar alternativamente el calor y el frio?

– puedo o bien retroceder ante traicionar a mi prójimo para salvar a mi semejante (lo que corresponde a un “recusante” a priori):

– o puedo resguardarme detrás de mi semejante para renunciar a mi propio goce ”21 (“Recusante” a posteriori, en quien se ha producido una elaboración).

 

Me pareció interesante incluir la tesis de Breton en cuanto a la cuestión del pasaje al acto, esto se tiene que comprender con los instrumentos que nos dio Lacan, relativos a la manera de gozar: “La hipótesis que yo quisiera proponer ahora, para explicar al mismo tiempo el acto de los ejecutores y el de los “recusantes”, es que podemos entender estos dos comportamientos como dos relaciones distintas con la venganza. (…) El ejecutor es un vengador. Cuando nos tomamos el tiempo de escucharlo en el campo de acción, nos damos cuenta que es así como se ve a él mismo, con toda la legitimidad que le da, en estas circunstancias, esta manera de “hacer justicia”. Él se percibe como un ser de virtud, que tiene que defenderse y defender a los suyos, por unos medios horribles es verdad- a los cuales le cuesta recurrir- pero proporcionales al peso de la amenaza que cae sobre él. Que haya una equivocación sobre la victima y una mentira en la amenaza no cambia nada de la naturaleza del proceso vindicativo trágicamente presente aquí.

El “recusante” puede cometer el mismo error y considerarse como victima agredida, pero él se niega a implementar la venganza como respuesta a esta situación. En el fondo, su “no se hace eso a las personas” es un “no se hace así con las personas”22. Y el añade: “uno de los principales discursos de justificación que encontramos en la situación, en todos los niveles, acentúa la venganza como la principal razón que implica la necesidad de un asesinato. (…) En la situación, la venganza parece un recurso poderoso, capaz de vencer todas las repulsiones que matar implica”23 . Plantear, aquí, la cuestión del goce es apasionante. Si la venganza es realmente una racionalización de un goce agresivo, que le da una justificación a posteriori, ¿qué sucede con un sujeto que rechaza, o niega, después de una elaboración, este goce? Desde mi punto de vista, solo conozco dos razones que permiten este rechazo o esta renunciación al goce, la Ley, la prohibición, como las dos prohibiciones fundamentales que son la del asesinato y la del incesto por una parte, y por otra parte el deseo, como ya lo evocamos hablando del deseo de analista. Vuelvo una ultima vez a Breton : “Es cada vez mas obvio que lo que define a un “recusante”, es también su rechazo del principio de venganza como marco de su acción”24. “El denominador común de todos los recusantes es que no están dirigidos por el principio vindicativo. Para ellos, la venganza no tiene sentido. No es la solución. No puede constituir un marco de acción.”25. ¿Podría haber una tercera razón? ¿Algunos sujetos no tendrían acceso a este goce? ¿Esta vía no estaría facilitada para algunos sujetos? Yo pienso mas bien que esta facilitación se hace de todas maneras, para todos los sujetos, pero o bien ha sido cerrado, o incluso forcluido, y eso muy temprano en la historia para algunos sujetos, como los “recusantes a priori”. O bien la fuerza de la ley/deseo, como se dice “fuerza de ley”, permite renunciar o rechazar un goce especifico. Pienso en una situación concreta, que le ocurrió a un colega psiquiatra : el marido paranoico de una paciente entró con un arma en su consulta, hiriéndole gravemente y matando a su esposa que por casualidad estaba allí. Lo primero que dijo mi colega, al despertar de la anestesia fue para su paciente : dijo a sus hijos que fueran hablar con esta paciente, que seguramente estaría sufriendo a raíz de lo sucedido. No tenia ningún sentimiento de venganza, ningún goce relacionado con eso. Esto es un ejemplo notable de altruismo.

 

Entonces, ¿cómo teorizar (rápidamente), lo que llamé un defecto en la inscripción de la Ley? Freud nos enseña en su texto “Tótem y Tabú” que la Ley está fundada en el asesinato del padre. Esta Ley encuentra su sentido en la prohibición del incesto, el incesto siendo entonces, el deseo mas fundamental. Nos muestra al mismo tiempo, que este asesinato no libera el goce, sino que al contrario, lo prohíbe. A esta primera paradoja, se agrega otra, que él nos describe mas tarde, en “Malestar en la cultura”, donde cualquier sumisión a la ley moral, no hace sino fortalecerlo. Lacan (en el seminario VII)26 nos indica que una transgresión es necesaria para este goce, y que la Ley sirve justamente para eso. Así, vemos que la Ley moral no puede ser lo que frena el goce, no es la Ley la que va a impedir a un psicoanalista pasar al acto sexual o parar a un ejecutor, y eso lo explica muy claramente Breton.

 

¿Puede ser que podamos ver por el lado de la “ley de la madre”? Esta expresión fue introducida por Lacan en el seminario V27. Nos dice que algo en el deseo del sujeto depende “del buen o mal querer de la madre, la buena o la mala madre”. El punto que quiero enfatizar, es que “la madre funda al padre, como Nombre del Padre, como mediador de lo que está más allá de la ley de ella y de su capricho, a saber la ley como tal.” Se trata de la enunciación de la Ley. Y es ahí que el niño acepta o no al padre como él que priva o no a la madre del objeto de su deseo, que es el falo. Este momento determina la relación del niño, del sujeto de su castración, tal como Freud describió uno de sus aspectos en la “Spaltung”, o escisión del Yo. Esto se produce en un doble movimiento, al mismo tiempo el niño se separa de su identificación y se vincula con la primera aparición de la ley28. Es lo que determina la relación del niño con la palabra del padre, y no con el padre.

Resumiendo la cuestión de la “ley de la madre”, se trata de la castración del sujeto. En nuestra exposición, la transgresión de la Ley con este mecanismo de la escisión del Yo, puede procurarle un goce mas o menos importante, o sea, mas o menos soportable o excesivo para el sujeto. La escisión sirve para eso : par
a evitar el exceso de goce. Es lo que se escucha en la clínica, por ejemplo con prostitutas o sujetos torturados durante su infancia. Trabajando sobre esta cuestión de la escisión, me di cuenta que es un fenómeno muy frecuente, y que se puede observar en las relaciones de un sujeto con su goce; eso es aun mas obvio en la dimensión inconsciente de la mayoría de los goces, que son así denegados.

 

Queda esta cuestión, que había llamado mi atención leyendo a Philippe Breton, o cuando pensaba en este amigo psiquiatra del que hablé : ¿cómo pensar analíticamente en lo que hace de tope al rechazar cometer un asesinato o un pasaje al acto sexual? ¿Cómo puede articularse esta forma peculiar de altruismo? ¿Frente a qué tipo de goces un sujeto va a retroceder o no ?

Abordamos el tema de lo Simbólico cuando hablamos del Nombre del Padre, y de la transmisión de la Ley; el registro de lo Real cuando tratamos del asesinato del padre. Nos queda el tema de lo imaginario con la identificación, que ya evocamos varias veces.

Se trata de la identificación con el otro, nuestro semejante. Ya en 1936, Lacan muestra que : “El Yo se constituye al mismo tiempo que el otro, en el drama de los celos.”29 Lo había evocado cuando hablaba de la Spaltung. En este momento nacen los sentimientos sociales El altruismo se manifiesta al evitar atentar contra la imagen del otro, pues es con base de esta imagen que nos formamos como Yo. Aquí es donde el sujeto retrocede, cuando se da cuenta de las consecuencias sobre todo lo que lo sitúa en el registro imaginario. Si el sujeto considera que el otro, su próximo, es su semejante, solo puede retroceder frente al acto de matarlo o de destruirlo. Si no retrocede, es porque considera el otro como la fuente de toda la crueldad que sintió a partir de su propio goce. Es, a mi juicio, para esta situación que Lacan inventa, en el seminario XVI, el neologismo “extimo”, cuando dice : “esta centralidad, es lo que designo como siendo el campo del goce, el goce definiendose como siendo todo lo que remite a la distribución del placer en el cuerpo. Esta distribución, su limite intimo, eso es lo que condiciona lo que en su tiempo (…) llamé la vacuola, esta prohibición central, que constituye, en suma, lo que nos es lo mas próximo y a la vez siendo exterior a nosotros.”30. No hace falta demasiado goce; entonces, destruir al otro, el que es más próximo, eso es la esencia de todas las formas de racismo, con el fin de apartar este goce cuya proximidad es intolerable. Así es como yo entiendo a Lacan cuando afirma : “El retroceso frente al ‘Amarás a tu próximo como a ti mismo’ es la misma cosa que la barrera frente al goce, y no lo contrario.”31 El psicoanalista que pasa al acto sexual con su paciente no retrocede ante la orden de amar a su prójimo como a él mismo.

 

Es difícil para mi seguir más adelante, me falta material clínico. La primera referencia siendo mi propia cura, nunca efectué ni pasaje al acto sexual con mis pacientes, ni incesto. En mi práctica, recibí a un solo paciente, creo yo, cuya relación incestuosa con la hija había sido objeto del trabajo. Lo que motivó este incesto era una necesidad, para él, de transmitir a través de las generaciones.

 

Así, estos pasajes al acto, me parece que se inscriben en un contexto de transmisión a través de varias generaciones. Los mecanismos, como he intentado describirlo, son por una parte la escisión del Yo, con su corolario de castración del sujeto de tal forma que casi siempre son sujetos “hombres”, y por otro lado la inscripción de la Ley, con la “Ley de la madre” y/o lo que puede hacerse con la palabra del padre. Yo no puedo avanzar más sobre lo que hace que el tope, la barrera del goce sea cruzada. Tal vez algunos de ustedes, en la discusión, tendrán algunos elementos que nos van a ayudar.

 

Para concluir, encontré en el seminario sobre la ética32, una frase de Lacan que contiene, de alguna manera, lo esencial de lo que he tratado de decir hoy : “Ya que, cuando me aproximo (a mi goce) a esa insondable agresividad ante la que retrocedo, que vuelvo en contra mío, y que viene, en el lugar mismo de la Ley desvanecida, a dar su peso a la que me impide cruzar una cierta frontera en el limite de la cosa.”

 

 

1 J.Lacan. La ética del psicoanálisis. VII. Versión Valas. P.149 « Son (los diez mandamientos), de alguna manera, la ley y la dimensión de nuestras acciones como propiamente humanas. Pasamos nuestro tiempo, para decirlo de otra manera, violando los diez mandamientos, y es por eso, diría, que una sociedad es posible. »

2 Serge Sabinus in :  « El pasaje al acto sexual del analista en transferencia » durante el seminario de mayo de 2015. Texto consultable en la pagina de Análisis Freudiano.

3 J.Lacan. Ética del psicoanálisis. VII. Versión Valas. P.148.

4 Ibíd.

5 S.Freud. La escisión del Yo en el proceso de defensa. (1938) en Resultados, ideas, problemas. P.U.F. Paris, 1985. 

6 J.Lacan. La angustia. X. Versión Valas. P.167.

7 Ibíd. P168. 

8 óp. Cit.

9 Ibíd.

10 J.Lacan. Los complejos familiares en la formación del individuo. en Otros Textos. Seuil. Paris. 2001. 

11 Vocabulario del psicoanálisis. J.Laplanche y J.-B. Pontalis. P.U.F. Paris. 1967. 

12 Robert Lévy. El deseo contrariado. Point hors ligne. Eres. 1988.

13 Ibídem. 

14 Philippe Breton. ‘Les refusants’ Ediciones La découverte. Paris. 2009. 

15 Ibíd. P6. 

16 Ibíd. P9.

17 Ibíd. P13. 

18 Ibíd. P82. 

19 Ibíd. P89.

20 Ibíd. P90. 

21 Óp. Cit. P223. 

22 P.Breton. Óp. Cit. P147. 

23 Ibíd. P154. 

24 Ibíd. P193. 

25 Ibíd. P234. 

26 Óp. Cit. P208. 

27 J. Lacan. Las formaciones del inconsciente. Seminario V. Versión Valas. P188, 191 y 192. 

28 Ibíd.

29 Los complejos familiares. Óp. Cit. P43. 

30 Seminario XVI. De un Otro al otro. Versión Valas. P224. 

31 Seminario VII. Óp. Cit. P229. 

32 Óp. Cit. P219. 

 

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