Chile Octubre 2015

“La vida es una cárcel con las puertas abiertas, Verónica escribió en la pared con la tripa revuelta” (Andrés Calamaro)

Verónica llega a la consulta por una queja que ella misma problematiza como “la crisis de los 30”, teniendo 29 años en ese momento relata que se encuentra profundamente angustiada por encontrarse sin trabajo, en relaciones familiares que no logra situar en un lugar que pueda verbalizarlas ni menos llegar a un encuentro razonable de posiciones. Verónica llega a medias, vive a medias, está emparejada con un hombre mayor que ella, está casado, tiene un hijo. Llevan casi dos años en esto.

La histeria es su pregunta; ¿Qué es lo mejor? ¿Dónde debería estar? Hago hincapié en el debería, ya que se vuelve una exigencia superyoica que como cualquier otra perseguirla es su angustia y alcanzarla es imposible. El encuentro con el Falo, la noción de que esta mujer está resuelta, tiene hijos, tiene un perro, vive en un palacete, hay un hombre que la ama y a veces la entretiene es una exigencia totalmente introyectada la enajena en su neurosis. Una neurosis femenina con respecto al otro en la búsqueda del padre y su ley. Histeria.

Zizek tiene razón, el cine es perverso, nos delimita las coordenadas de un goce que suele conocer y toma en sus manos para desplegarlos en una pantalla, el velo, el telón que permite enmascarar la verdad, que de otra forma suele ocultarse. ¿Para que reducirnos al cine? Si cualquier teleserie o micro-cuento rosa cuenta lo mismo. Nada bueno puede salir de una serie como Sex and the City.

Pensaba también que a los niños de colegio fiscal debe pasarles lo mismo con la pornografía, rellenando de impactantes postales de súper – atletas no castrados que muestran sus macro falos sin ni una castración, de ningún tipo.

Verónica fue criada por un padre adoptivo, su madre murió de cáncer de una manera muy irresponsable- juzga- hace 8 años. Le dejó muchas interrogantes abiertas respecto al amor, el de pareja (uno de tantos), hubo muchos intentos de reemplazo de un padre, el verdadero supo de su existencia hace poco, de todas maneras no le otorgó el centro del verdadero. Padre no es quien engendra, maestro no es quien se autoproclama. ¿Qué es un padre? Estoy muy alejado del novel como para aventurarme en esos parajes. La ley del padre, su letra, inscrita es una ley injusta en su caso, como la mayoría en la que no se conoce su real contenido. Porque simplemente tuvo que inventárselo.

La movilización de su posición subjetiva vino al intentar desentrañar ciertos puntos, su nombre me recuerda la etimología de los guajes, un abanico que esquiva a un toro que busca acertar buscando el significante rojo en forma de gran velo(¿?). Así como parte de su significante que evoca el Latin, Veritas, la verdad si es que existe.

Al parecer el aleteo es un amague, Verónica se abalanza y se precipita con la estocada justo al momento sentir en su fuero interno que ha alcanzado su objetivo. Más identificada con el toro que con el velo. Tratando de develar un manto de color rojo.

Desde este momento, con el correr de las sesiones se fueron dando las repeticiones propias que llevan a conocer parte del sujeto del inconsciente. Una demanda constante de una verdad dicha por su amante, en su posición de amante o pareja ilegítima. Verónica siempre repitiendo; “Otra vez me puse psicópata, lo llamé muchas veces, casi nunca me contesta”.

El problema puesto sobre la mesa es el de saber porque llegó a esta situación en donde busca, lo diga o no, ser parte, ser la primera, sufrir por no ser la primera. El problema está en que por muy verídica que sea la versión del hombre en cuestión, este no miente, ya que nunca prometió algo distinto.

No dejaba de recordarme otro atormentado por la existencia, así como por la dureza de su padre, Franz Kafka al final de “El Proceso” coloca al (pseudo)protagonista “K” al frente de un portal inmenso en donde interroga a Centinela de la ley si es que es posible atravesar el portal. El Centinela sólo responde monosílabos ejemplificando la condición del sujeto que se anticiparía a la posmodernidad, “ya que la condición del ser humano es la del ser castigado, es este mismo el que buscará su crimen para justificar su existencia”. Así “K” finalmente, a pesar del paso que le dio el centinela, aunque sin certeza, no atraviesa el portal ya que estuvo esperando esta respuesta. Entendiendo la piedra angular de cualquier Neurosis, como duda y culpa, si no hay palabra no hay paso, para Verónica si no hay análisis, aunque toda la realidad dicte lo contrario, no habrá paso.

“Esto no va a pasar”.

¿Qué es lo que no va a pasar? Naturalmente las intervenciones que surgen por el efecto del análisis son aquellas simbólicas, el analista corta el plus de goce a través de los significantes que le son expuestos. Esta cadena se tacha al igual que el sujeto en cuestión. Para Verónica quien buscaba una proyección de un Edipo que se vio obligada a inventar, ya que el padre que tuvo y crió no lo reconocía como figura preponderante. Su amor es una exigencia hacia el otro de ser esta figura.

Su elección era este hombre casado “M”, tiene un hijo con su actual señora, Verónica lleva una relación clandestina con M desde hace ya tres años. En su relato explica que ha sido la amante, la amante ilegítima en este triángulo, que cela a la pareja que tiene todos los derechos sobre “M”. Un triángulo muy parecido al de Dora.

Al retornar a Freud: «De manera que también lo inconsciente puede mentir; lo inconsciente, el verdadero nódulo de nuestra vida anímica, mucho más cercano a lo divino que nuestra pobre conciencia. ¿Cómo podremos entonces edificar sobre las interpretaciones de análisis y la seguridad de nuestro conocimiento?»Entendiendo que el problema pasaba por un sistema en el cual quien actúa desde una posición ilegítima conoce y duda, se siente lo suficientemente mentirosa como de quien recibe (y atribuye) todo esta dinámica.

Surgieron otras preguntas acerca de la mentira, ¿Cómo convivir en este mundo distópico donde el único amor posible es el ilegítimo, por lo tanto el imposible? Verónica es honesta conmigo, intentando serlo con ella misma a la vez, me explica que de alguna forma se ha visto obligada a mentir. Que mentir es una forma de sobrevivencia, que se protege a otros, que se protege a uno mismo. Me fue relatando como la mentira es una herramienta, una prueba de inteligencia. Le pregunté si es que lo que la violentaba era que finalmente se encontró con alguien que miente mejor que ella. Se sonroja y mira para otro lado. La mentira no es lo mismo que la ficción, el tipo de “mentira” de “M” era la de intuir un imaginario y olfatear una necesidad en Verónica, donde lo único que tuvo que hacer fue actuar como si esto fuera a pasar. En ese momento Verónica buscaba desesperadamente confirmar esta ilusión, me contaba de datos o averiguaciones que había hecho acerca de la convivencia de “M” con su señora, todo indicaba que la relación iba mal. Que el desenlace de esa pareja sería el comienzo de la correspondencia a todos sus deseos.

Naturalmente las contradicciones respecto a esto mismo fueron cayendo por su propio peso.

Verónica fue culpabilizando de todo a M, era una figura totalmente omnipotente, culpable de entrometerse en su primera relación, culpable de enamorarla cuando ella estaba ella no creía en las conquistas ni en los galanes, culpable de ahora “mentirle” y mantenerla en ascuas en una relación que abriga la secreta esperanza de algún día dejar de ser clandestina. Le pedía que le dijera la verdad, lo llamaba pidiéndole que le dijera la verdad, que estaban con su legítima esposa, que gozaban de una vida feliz donde criaban a un hijo que Verónica intensamente soñaba ser su madre. M continuaba con su versión de los hechos, la relación estaba mal pero no se
acercaba a un término. Verónica insiste y sigue quedando con la tripa revuelta.

Lacan explica en su seminario XI que el “vacío” o la “hiancia” es doble, primero con uno mismo del momento que se necesita un significante en el otro para “completar” la subjetividad, esto genera el vacío. El segundo viene en el encuentro con el otro, ya que el deseo sobre el objeto a es una proyección del Edipo en el estadio del espejo, al frustrarse ese deseo viene la falta. Al tachar al sujeto y asumir la castración se reconoce lo imposible de la relación sexual. Verónica no tachaba a M, el paso de S1 a S2 o búsqueda de la otra polaridad dentro del psiquismo se hace efectiva en el análisis de manera que se deconstruye la falta. Asumiendo en este caso que M no puede tener toda la culpa que Verónica dice tener.

“El sueño no es lo «inconsciente», es la forma en la cual pudo ser fundida, merced a las condiciones favorables del estado de reposo, una idea procedente de lo preconsciente o residual de la conciencia del estado de vigilia.” En este sentido se inclina más que por un sueño, un anhelo alimentado por el relato antes descrito pero en donde se funda un triángulo con la promesa implícita de que “M” dejará a su actual mujer. Esta idea se vuelve recurrente durante todo el proceso. Busca con desesperación esta realidad, esta verdad, cuestiona una y mil veces la racionalidad de quienes escuchan su historia, de quienes interactúan con ella. Sus amigas, inmersas en un sistema y en una imposición constante, condicionadas por la ansiedad constante de experimentar emociones del más alto calibre. Nietzche también tiene razón, la intensidad se confunde las más de las veces con la profundidad -algo más inmanente que inminente-. Sus amigas se vuelven otras, la riqueza en la red de Verónica también se da en distintas instancias, el proceso comenzó (si es que se puede situar) con ella viviendo con dos amigas que se fueron para casarse de la casa en donde estaban. Algo del orden del significante también abrió otras interrogantes, casar, cazar, con respuestas que momentáneas pero que fueron tomando el tinte de lo obvio, por lo tanto verdades.

En el tránsito, trama y drama como diría Lacan, se fue abriendo también otra posibilidad, me va contando que éste no es su primer triángulo. De hecho ya había dos implicados en el primero. Verónica tenía una pareja, “A”, con la cual estuvieron alrededor de cuatro años, “M” vino a reavivar el deseo por Verónica en donde “A”, a decir de ella misma, nunca se sintió del todo mujer. Verónica estuvo en su primer triángulo durante los dos últimos meses de esa relación. Por lo menos de los tiempos que se declararon.

De alguna forma la repetición de una figura tan marcada, hace sospechar alguna presencia del sujeto inconsciente, si ya había comenzado a parecerse a Dora terminaba por escenificar la novela clásica.

Ya en las últimas intervenciones, ocurre un evento curioso. Verónica sin quererlo (conscientemente) deja su teléfono a merced de “A”, este lo revisa y se entera de toda la verdad. Su infidelidad, su actual situación, lo triste o poco probable de su búsqueda. En su desencuentro la confronta y le dice “No va a pasar”. Verónica cuenta con cierta decepción lo sucedido, aunque con un dejo de alivio de ya no tener que seguir sosteniendo otra mentira más. Luego habla de como le hace saber a “M” lo sucedido. Este reacciona iracundo, la cela y promete un enfrentamiento entre ambos machos por ser Alfa, un enfrentamiento por el Falo. La mujer no está en posesión del falo, ella es el falo. Le dice a M: “No tienes que enfrentarte a el porque ya ganaste, ya tienes el trofeo” sin querer ocultar el regocijo acreedor de este desenlace. El trofeo quizás lo ganó ella.

Probablemente no va a pasar, M y Verónica seguirán sufriendo y gozando de este triángulo. Lo que no necesariamente es una tragedia sino más bien otra escena de un teatro que -gracias al análisis- puede cambiar de final. O de comienzo.

 

 

 

 

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