Chile octubre 2015

Tal como señala Robert Lévy (2008), “ha sido necesario esperar a Freud para que el psicoanálisis, vía la dimensión de la sexualidad infantil, reconozca para el niño una existencia propia atribuyéndole una sexualidad”. En efecto, uno de los aportes fundamentales de la teoría freudiana, radica en el descubrimiento de una vida sexual ya desde lo infantil. Y ha sido con la noción de “Pulsión”, con la que Freud en su obra “Tres ensayos de teoría sexual” (1905) articula lo siguiente: “Forma parte de la opinión popular acerca de la pulsión sexual, la afirmación de que ella falta en la infancia y solo despierta en el período de la vida llamado pubertad.

No es este un error cualquiera: tiene graves consecuencias, pues es el principal culpable de nuestra presente ignorancia acerca de las bases de la vida sexual” (Freud, 1905). Es importante señalar que “el término “sexual” no designa únicamente las manifestaciones que se refieren al acto genital de la procreación, sino que comprende todo lo que concierne a la actividad hedónica, es decir, todo lo que se refiere a la búsqueda del placer” (Dolto, 1974)

Mercedes Moresco nos recuerda que “dentro de cualquier familia, se va construyendo también la sexualidad de cada hijo, como lugar de deseo que incorpora la prohibición, porque el primer objeto de amor, la madre, está prohibido”; pues pertenece al padre, a un adulto. Y Levy, nos indica que “hasta cierta época de lo infantil, no hay represión, o si acaso represión parcial. Es justamente porque no hay una represión completa por lo que se producen ciertos síntomas en el niño que no son efecto de una represión sino, al contrario, el producto de una falta de represión, siendo justamente la tarea del analista favorecer que la represión sea finalmente posible”. En términos de Françoise Dolto (1986)., una castración simbolígena “que permita a las pulsiones una expresión distinta del mero e inmediato goce del cuerpo y que también le prohíbe al niño fantasear a la madre como compañero sexual”. Se trata de una prohibición que se instala por medio de una verbalización, es decir, por y en el lenguaje.

Sin embargo, sabemos que con la llegada de la pubertad, los deseos sexuales reprimidos en la Latencia, despiertan y se organizan bajo el dominio de la zona genital… se reactiva el Complejo de Edipo, hay un rebrote de la sexualidad, como así también sus problemáticas en lo que implica su resolución.

                El siguiente caso del que voy a hablarles, pretende dar cuenta de un niño de aproximadamente 10 años, que muestra el despertar alocado de su sexualidad sin límites.

                Gabriel es traído por su madre, no sin antes haber tenido una entrevista solamente con ella. Es importante señalar la importancia de este momento previo al inicio del tratamiento de un niño, pues hay cosas que no se pueden hablar en presencia de un hijo, como también fragmentos de su historia y prehistoria, de las cuales el niño no puede dar noticia. Pues bien, en este primer encuentro, trae como motivo de consulta, el siguiente: “Mi hijo tiene pensamientos sexuales que no lo dejan tranquilo”. Se trata de pensamientos que ocurren únicamente con la madre y que a su vez ella “no sabe qué hacer”… si se le ve algo de su escote o se acerca demasiado a él, en instantes aparece una reacción de incomodidad en Gabriel y le verbaliza sus pensamientos acerca de lo que le pasa en la ocasión. Me cuenta que es el menor de tres hermanos y algo muy importante: su padre había muerto hace poco tiempo, lo cual había afectado a toda la familia, pero en especial a Gabriel; pues como su madre me dice “se parecía mucho a él”. Al verlo, me llama la atención su inteligencia y el lenguaje que ocupa para explicarme lo que le sucede…me dice que está experimentando “su despertar sexual”, que tiene ideas que le vienen a la mente y todo lo que piensa al respecto, tiene que ver con sexo. Contenidos que le incomodan y quieren que desaparezcan de su mente… piensa muchas veces al día, y no se los puede quitar…está angustiado y cómo no estarlo… Me cuenta que todo empezó tras ver una película con contenido sexual y que desde ese momento, las cosas cambiaron para él… A esta altura, me llama la atención la forma en que Gabriel “exhibe” sus síntomas: ya sea frente a su madre, como también en sus sesiones; pues en más de una ocasión se rascaba los genitales frente a mí y compartía sus pensamientos conmigo, sin pudor. Me confiesa que no había hablado con nadie más que con su madre acerca de aquello. Estaba en una situación incestuosa mostrada de muchas formas: la cela con sus amigos y de alguna manera todo hombre exterior a la familia; le produce rabia el hecho de que su madre pudiese tener un pololo y fantaseaba con aquello, duermen juntos, ella quiere saber todo de él y varias veces al día, ella le pregunta por sus pensamientos.

Gabriel me hace preguntas personales y a diferencia de otros pacientes, algo en este caso particular me llevó a pensar que no debía abstenerme completamente de responder a algunas de sus interrogantes… también en otras, yo trataba de zafar aunque con mucha dificultad, porque con astucia, a veces me acorralaba y me mostraba (otra forma de exhibir) mi forma de evitar responder. Ningún niño es igual a otro, como tampoco es posible establecer una pauta predefinida para el trabajo en psicoanálisis porque se trata de la subjetividad, por ende, cada caso es único. De esta misma manera, los niños eligen la forma de entrar en comunicación conmigo, ellos van marcando las sesiones; y en esta ocasión, Gabriel no quiere dibujar, ni usar la plasticina, ni los títeres… sólo la palabra y el ajedrez, que en más de una ocasión, los niños y adolescentes me han hecho saber que este juego es una verdadera opción para comunicarme con ellos y que en este caso, Gabriel propone.

                Él escoge sus fichas y le permito que escoja las mías, en realidad, mucha opción tampoco tenía… guardaba silencios que me hicieron preguntarle qué pasaba por su mente; a lo que me respondía que la punta de los alfiles, le hacían pensar en pezones… no incentivo sus fantasías, pero el tablero y el juego permite algo de la posibilidad de un decir… pues en el ajedrez, hay un rey, una reina…cada rey tiene a su reina y éste representa la pieza más valiosa del juego… con la muerte del rey, el juego se acaba…y cada vez que mis movimientos amenazaban con la muerte del rey, me pedía una oportunidad para rectificar los suyos para así salvarlo. Parecía que todo iba bien encaminado: hablaba en sus sesiones, conversábamos de juegos, de fútbol, del colegio, entre otras cosas más; sus síntomas también comenzaban a perder intensidad y acudía regularmente todas las semanas. Pero Gabriel me recuerda que este trayecto no se recorre sin resistencias. Progresivamente comienza a apoderarse un silencio en las sesiones, me dice que se está aburriendo de jugar, su madre llama informándome que su hijo se despierta el día de sus sesiones llorando y haciendo pataletas porque no quiere asistir… ella se angustia porque siente que Gabriel le “dobla la mano” y no puede sostener un NO frente a su hijo… sus NO, son sólo a medias. Trata de no hacer cosas en las cuales él pueda sentirse frustrado, no le gusta verlo llorar y duda de llevarlo a las sesiones a pesar de mis indicaciones de hacerlo; pareciera que el tema de las pataletas le angustia más a ella que a Gabriel, porque la ubica en una posición en la cual debe mantenerse firme frente a su hijo, frente a su tratamiento y por ende, frente a mí. Esto se repitió en más de alguna ocasión… la resistencia en transferencia estaba haciendo su trab
ajo, y como sabemos, una de las dificultades en el trabajo analítico con niños, es que también la transferencia debe instalarse y sostenerse con los padres, pues son ellos quienes permiten el tratamiento de sus hijos…en otras palabras, no es sin los padres. Yo me cuestiono y algo debía hacer al respecto, pues de otra forma, Gabriel no volvería…

Le digo que su madre me ha puesto al tanto de sus pataletas y de sus ganas de no seguir viniendo… que eso lo puedo entender y que podemos conversarlo, pero que no es su madre quien me tendría que comunicar esto, porque es él quien viene todas las semanas; son sus sesiones y no las de ella. Le propongo que cuando no tenga ganas de venir, lo conversemos personalmente, de “hombre a hombre”, lo cual acepta.

Dirección del trabajo analítico

                Con estas dificultades a cuestas, me daba la impresión de que Gabriel estaba dividido…por una parte se presenta como un hombre grande, el que puede y decide ver películas para mayores de 18 años, el que prefiere tener conversaciones con adultos en vez de jugar con los niños y el que siente  sus compañeros de curso más chicos que él. Y por otra, un niño pequeño que a veces duerme con su madre, hace pataletas y se hace mimar a toda costa….o muy niño o muy hombre…un niñombre. La aceptación de conversar “hombre a hombre”, favoreció la continuación del tratamiento y el destrabe de algunas resistencias; como también me permitió ver mi lugar en la transferencia y sus celos en relación conmigo; pues cualquiera podía un rival. Pues bien, esta rivalidad fue puesta también en el juego y con un tenaz interés por “ganarme”.

Algo de un NO era necesario que se formalizara y que operara también como un límite al goce; la pulsión se había manifestado muy abruptamente y se había apoderado de él; lo perverso polimorfo que en lo infantil está presente, parecía ser que se manifestaba por el lado exhibicionista; pues los pensamientos sexuales que se guardan como íntimos y privados, Gabriel las exhibía tanto con su madre, como conmigo en sesión. Se trata de un trabajo con la represión, cuyo debilitamiento posiblemente haya surgido de la ausencia por la muerte del padre; su interdicción no estaba presente ante el rebrote de la situación edípica, no hay un padre que pueda volver a decir NO y el NO de la madre no era suficiente, pues como ella dijo, era un NO a medias y que en situaciones, también incentivaba la relación incestuosa.

El tratamiento en este sentido, no podía pensarse sin la mamá de Gabriel, por lo que acudió a algunas entrevistas después de los últimos acontecimientos. En una de ellas, me comenta que recordó un secreto familiar hace pocos días y le había producido impacto y rechazo: una relación incestuosa dentro de su familia. ¿Será que este recuerdo también vino a rememorar algo de una prohibición?… algo comprende de un NO… que algo no puede pasar…la transferencia con la madre permite eso. Me cuenta también que Gabriel  está más distante, pues ya no quiere acostarse con ella, no quiere que se meta en sus cosas y por otra parte, algo muy importante: ella lo acepta. Es la inclusión de un tercero en la relación, que en esta oportunidad fui yo, pero pudo haber sido otro…un NO necesario para la madre y el hijo.

Me pregunta si sería bueno aceptar una petición que él le hace: incluirse en un grupo Scoutt… quiere salir de casa… es algo que ella tuvo que decidir sin mi interferencia, porque no se trata en este caso, de que siga mis recomendaciones.

Gabriel, me cuenta que le gusta una compañera de su colegio… lo comparte conmigo y me dice que la invitará a tomar once a su casa…hablamos de eso e intuyo algo de un término. Es así como en pocas sesiones siguientes, me dice que quiere hablar algo importante conmigo: siente que ya es momento de no seguir yendo, porque ya no tenía esos pensamientos… quiere hacer unos talleres, juntarse más con los amigos y tener más tiempo para jugar; quería decírmelo como él me dice, de “hombre a hombre”, cara a cara… no es que los pensamientos hayan “dejado de existir”, sólo que ya no lo atormentan como antes. Le digo que le informaré a su madre y así lo hago; le comunico del acuerdo al que hemos llegado, también diciendo que es un trabajo que a mi parecer no estaba concluido. Se trata de una terminación y no una finalización, pero había razones para aceptar este término. Me propone lo siguiente: “Quiero un tiempo para ver cómo ando sin la terapia… y si me siento mal te vengo a ver de nuevo”… yo acepto su decisión, es un límite también que él coloca y respeto. Sólo le dije que él podía volver cuando quisiera, que tiene un lugar y las puertas siempre estarán abiertas.

 

Referencias

Baudes de Moresco, M. (2015) Qué es el psicoanálisis. Ed. Letra Viva, 1ª ed. Buenos Aires.      

Dolto, F. (1974) Psicoanálisis y Pediatría. Ed. Siglo XXI – México

Dolto, F. (1986) La imagen inconsciente del cuerpo. Ed. Paidos. Barcelona, España.

Freud, S. (1905) Tres ensayos sobre teoría sexual, O.C., Tomo VII, Ed. Amorrortu, Buenos

Aires, Argentina.

Lévy, R. (2008) Lo infantil en psicoanálisis: La construcción del síntoma en el niño. Ed. Letra Viva, 1ª ed., Buenos Aires.

SHARE IT:

Related Posts

Leave a Reply

You can use these tags: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>