Propuesta de trabajo frente al tabú asociado a la enferrmedad mental.

Comentario de Mª Cruz Estada

Bajo una apariencia de manual de buenas prácticas, escrito en un lenguaje sencillo (en el sentido de huir de lo fatuo y lo impostado) y casi al modo de un Power Point que no fuera a escandalizar a las actuales mentalidades prácticas y tecnológicas, este libro es en verdad una carga de profundidad que apunta al centro de gravedad de un sistema de Salud Mental, en su mayoría infantilizado e infantilizante, además de poco respetuoso con el enfermo.

Un sistema que, bajo el pretexto de no perderse demasiado en estériles razonamientos complejos ni extraviarse en laberintos de palabras, lo que hace en realidad es evacuar al sujeto, lo subjetivo, que no es ni más ni menos que el tiempo necesario para ser escuchado y acogido, así como el espacio que ese tiempo abre, espacio de respeto, de no invasión. Espacio y tiempo de espera y respeto que son los necesarios para el despliegue de cualquier subjetividad.

Este libro es también una buena paradoja, ya que siempre bajo la forma del inocente manual, subvierte la tendencia a lo performativo que invade no sólo la Salud Mental sino —lo que es mucho más grave— las mentalidades de este inicio de siglo. No pretender logros, sino dar la oportunidad de irse produciendo, algo mucho más terapéutico que la mayoría de las terapias.

 

Frente a la atomización de terapias absurdas nacidas como efecto del estallido de diagnósticos en el que se han convertido los últimos DSM, esta propuesta de trabajo apunta a algo aparentemente muy sencillo: el sostenimiento de un lugar evacuado de goce, lugar de acogida que podrá convertirse en destinatario de una palabra singular de los pacientes.

 

Hace también una suave pero firme denuncia de algunas condiciones del trabajo en Salud Mental: la falta de formación exigida al personal auxiliar, por ejemplo. O la necesidad no atendida de una supervisión para los equipos. Dos requisitos que convertirían la Salud Mental en un asunto serio y no en «cualquier cosa», como apunta en su ironía el título de esta obra.

 

Y siendo lo que pretende mostrar un camino al personal auxiliar, al final nos espera con una sorpresa que es también un regalo y es que, a través de ella y si se sabe leer entre líneas, al final de su lectura nos habremos dado cuenta de que todos sus lectores, también los facultativos, hemos aprendido con ella.

 

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