Michel Ferrazzi – El discurso del sujeto y la idea de un progreso

Resulta que la cuestión del progreso no es tan simple como podría parecer.

El equivalente más evidente en apariencia sería el de una mejoría, pero ¿para quién y en qué dirección ? Normalmente, por progreso, entenderíamos avance, desarrollo o también crecimiento. Lo cierto es que la idea de progreso parece unida a la civilización, a un incremento de civilización, pero ahí de nuevo se plantea la cuestión; ¿es tan simple? ¿No será porque la idea de progreso no parece estar de acuerdo con la idea de crisis? ¿Por qué entonces hay crisis que parecen originarse en un supuesto progreso y podemos entonces hablar de una evolución positiva de la civilización si el resultado es la crisis?

Me quedo aquí con las preguntas pero quiero precisar que mi propósito no es sociológico, ni mucho menos, puesto que concierne sobre todo el lugar simbólico o el orden simbólico en el cual un sujeto es presa del discurso que lo organiza. Además es importante determinar lo que separa irremediablemente un discurso (o sistema) que supuestamente debería generar un progreso y un discurso que sería un progreso en sí. A este respecto, hay que reconocer una cualidad al discurso capitalista: se propone generar un progreso incesante. En lo que respecta al discurso del psicoanalista, dejo la cuestión en suspenso por el momento, sin saber si responderemos claramente,

aunque es nuestra intención, pero ceñirse a precisar más esta pregunta, ¿no es ya un paso esencial?

El discurso y la idea de un progreso

Siguiendo a Lacan, solo podemos referirnos a una sola estructura, la del sujeto en su relación con el gran Otro, con el pequeño otro, con la carencia que implica el deseo y la pérdida y con el inconsciente, así como con un cierto modo de defensa dominante contra la angustia que después Freud, Lacan retomará, como la represión, la desmentida y la forclusión. Pero con el concepto de discurso, Lacan introduce una variable importante en la organización del sujeto, que podía hasta entonces parecer simple y clara.

Sin cuestionar la estructura del sujeto, el discurso en el que está atrapado puede modificar su economía y podemos entonces postular que un sujeto puede estar atrapado en diferentes discursos sucesivos sin que su estructura este implicada. La variable sería entonces económica y no estructural. Lo que es seguro es que si el psicoanálisis existe, es precisamente por eso, nada parecía ser un rastro originario antes de que FREUD lo fundara, salvo si nos referimos a los escritos de místicos o de filósofos que no anuncian el psicoanálisis sino que evocan ya algo del lado de la posición del sujeto. Con la asunción del psicoanálisis, una economía nueva del sujeto es entonces supuestamente posible, debiéndose tener en cuenta toda la ambigüedad del término »supuestamente». Podemos así evocar la Revolución Francesa o la Revolución bolchevique para darnos cuenta que cambiar el lugar del amo obliga a reestructurar la economía del sujeto pero esto no deja de plantear problemas y de anunciar una o varias crisis en el futuro.

¿Qué relaciones dinámicas podemos pensar entonces entre la estructura de un sujeto y los discursos en los que puede estar atrapado, al hilo de su historia, entendiendo que si los discursos pueden alternarse o sucederse, no pueden combinarse sino que se inscriben en una cierta exclusividad provisional o de larga duración?

En el seminario de 1969/70 “El reverso del psicoanálisis”1 podemos notar que hasta el capítulo IV, Lacan ordena los cuatro discursos que define, poniendo el del universitario primero, lo que le permite respetar lo más posible la rotación de los cuatro signos que lo componen. Sin embargo, en el capítulo V va a modificar este orden para poner en primer lugar el discurso del amo y mantendrá a menudo esta posición que le permite comenzar la serie poniendo S1 arriba a la izquierda, o sea al principio de la serie, pero sobre todo, pensamos que Lacan abandona una lógica formal para centrarse en una lógica estructural del sujeto, lo que puede hacer pensar en una historización de los discursos. ¿Todo habría comenzado por el discurso del amo? Todo quizás no, ya lo veremos más tarde, pero para el sujeto, esto habría comenzado por el discurso del amo.

El discurso del amo

Es un discurso que podemos considerar como aquel por el que eso comienza. El significante-amo está en lugar del semblante, es decir que la castración puede no tener efecto en cuanto hubiera uno que no estuviera castrado, pero con una condición, que haya esclavos para probar que eso es así. Estos últimos están pues sometidos a él y el sujeto no puede identificarse con el amo pero puede protegerse de su omnipotencia que le es indispensable para existir. Si los esclavos poseen un saber, es el de lo qué es bueno para el amo, quien parcialmente libre de limitaciones puede ocuparse de otro saber, el llamado ciencia.

Nos encontramos aquí con el esquema del Génesis: Dios todopoderoso se aburría, entonces creó al hombre. Entonces, ¿cuál de los dos necesita más al otro?

El discurso del universitario

Paradójicamente, en este discurso, es el saber que está en lugar del semblante cuando el significante-amo en lugar de verdad confina a lo real, entonces el sujeto no tiene nada que decir o redecir. La subjetividad es rechazada en beneficio de una generalización, de una universalización que se impondría al mayor número, entonces el sujeto solo podría revelarse en la repetición, retoma a su cuenta un saber al que se somete. Un saber para todos, en el que el bien de todos sería el bien de cada uno, es un progreso indiscutible en cuanto que atenúa el discurso del amo y cambia profundamente su economía pero manteniendo una relación dominante-dominado que cuestiona sin borrarlo. Este progreso se paga con la reducción (mise en berne) de la subjetividad y la encierra en un condicionamiento severo por una universalización del sujeto y una marginación de su particularidad. Entonces, es un progreso que se paga con una dimensión prácticamente sádica.

El discurso de la histérica

­ La histérica no se deja alienar por la búsqueda del saber, el que la deja en el silencio y en consecuencia tanto el amo como el universitario están castrados. La histérica goza del significante-amo y así revela una dimensión hasta entonces ignorada, la de la sexualidad y la del falo. El discurso de la histérica devolvería al sujeto una posibilidad de constituirse por un deseo de saber. Este saber, lo había confiscado el amo, el universitario lo había usado como medio de coacción ¿la histérica se lo devolvería al sujeto? Esto puede ser otro paso hacia un progreso pero ahí también hay una contrapartida, pues si esto produce un deseo de saber, este saber, lo posee la propia histérica bajo una forma particular que sería: “Desde luego, pero no es esto lo que tu quieres”, entonces fingiendo reconocerlo en el otro, se lo hurta pues se pone en lugar del que detenta el objeto deseado, en tanto que este objeto solo puede zafarse/fallar (se dérober). Ya no hay relación de dominación entre uno que lo tiene y otro que no lo tiene sino la instauración de un hiato entre lo que es deseado y lo que puede ser obtenido, esto se paga entonces con los síntomas puesto que no hay relación sexual.

Para resumir el efecto de estos tres discursos, podemos evocar tres formas de explotación, una por la omnipotencia, otra por el control embustero y una tercera por el señuelo. El sujeto parece ganar lugar estando cada vez menos ignorado, pero el individuo corre el riesgo de pasar de un lugar impuesto a un lugar más libre pero todavía menos definido. Estos tres modos de economía del sujeto pueden parecer antinómicos pero pueden sin embargo cohabitar de manera latente o manifiesta en cada sujeto. Así, todo progreso conlleva el núcleo del »des-progreso» (para no utilizar el termino regresión, demasiado marcado teóricamente) un modo que podría parecer excesivo pero pudiendo manifestarse cuando hay una crisis, por ejemplo.

Por el contrario, si estos tres modos no cohabitan y un sujeto se queda fijado en uno solo, ¿no es eso lo que genera un modo patológico entre los tres a los cuales se refiere la clínica psicoanalítica?

El discurso del psicoanalista

Es interesante que llegue después del discurso de la histérica pues podemos pensar que es un poco su consecuencia, incluso si es el discurso capitalista el que suele estar en este lugar, lo que tampoco es falso. El interés es que el discurso del psicoanalista es el único que mantiene a distancia la función fálica como realización del sujeto mientras que el objeto está en el lugar del semblante y el saber en el lugar de verdad lo que permite escuchar el »inconsciente» allí donde se pretende el saber.

No hay pues verdad que valga, lo que obliga al sujeto a afrontar un cierto desasosiego. »Amar la verdad, es el amor a esta debilidad […] El amor a esto que la verdad esconde y que se llama castración […] La verdad es la impotencia»2. Así pues, el discurso del psicoanalista no se fundará ya en la impotencia sino en lo imposible. Esto ya no se juega en una relación de explotación o de dominante a dominado, sino en la posibilidad para el sujeto de tomar la medida de aquello de quien es el juguete y de tener la posibilidad de posicionarse en una relación distinta con el otro y con el Otro, lo que Lacan evoca como: »la posibilidad para el sujeto de modificar su destino dándole de nuevo la posibilidad de hacer constar una renovación y a partir de una impotencia experimentada encontrar una capacidad de simbolización que definirá un imposible como tal»3.

La castración ya no opera como ausencia del objeto de satisfacción sino que se convierte en el soporte mismo del lugar ocupado por el sujeto, ya no es una instancia de más que hay que eliminar o compensar sino que deviene la esencia misma del lugar ocupado. El saber en lugar de la verdad no tiene otro efecto.

Así pues, el discurso del psicoanalista es una alternativa a los otros discursos. ¿Es esto un progreso posible para el sujeto? Los que han pasado por un análisis pueden pensarlo, algunas personas no analizadas pueden pensarlo también, pero las condiciones son drásticas y ¿puede producir lazo social este discurso, en tanto no se produce más que en el entre-dos de una transferencia?

Winnicott, Dolto y algunos otros intentaron algo en ese sentido, ¿pero no es esa una verdad que ha sido retenida y cómo no caer en esa trampa? Por el contrario, que verdades absolutas sean traídas por nuevos movimientos (ciencia; llamamiento a la naturaleza; desconfianza en el sistema) esto puede provocar una apertura hacia un discurso que no aliene al sujeto.

Estas preguntas siguen sin resolver. Sin embargo, destacaremos la dimensión poco estable de este discurso del psicoanalista, lo que tiene sus efectos en las instituciones y asociaciones en las cuales los que lo ejercen intentan reunirse/encontrarse, ya que saber arreglárselas con el síntoma e integrar la castración como condición esencial del sujeto, pide renunciar a los otros discursos, por consiguiente a las otras economías del sujeto.

Para concluir este trabajo haremos dos observaciones. La primera se refiere al discurso religioso. Lo religioso no es la iglesia. Si Lacan no ha elaborado el discurso religioso no es por casualidad pues para él lo religioso se sitúa siempre como punto de partida, punto originario, antes del discurso de la iglesia pues, el cual no es más que un discurso de amo. Así, en un texto titulado »Mr A», él precisa: »Sepan que lo religioso va a ser un »boom» del que no tienen ni idea, porque la religión es la guarida original del sentido»4. Lo religioso existiría antes del discurso y tomaría forma de vínculo social únicamente al precio de una alienación, esperando su momento para intentar volver bajo una forma que se consideraría pura.

La otra observación afecta al discurso capitalista, el cual no pide al sujeto fundamentarse en el principio de castración, de falta fundamental, sino que más bien invertirá esta posición, que tendería a forcluir la idea de la falta y que sólo puede salir de eso predicando la idea de progreso como un pasaje a otra cosa y a algo mejor, a lo cual sólo pueden responder la industria, la medicina y la ciencia bajo la forma de uno, sin lo cual aparecería la superchería. Así un plus, un progreso, viene a paliar una carencia, la crisis es entonces inevitable pues esto no puede durar siempre.

Para concluir

Hay tres estados clínicos (decimos a menudo tres estructuras). Llegados al tercero solo podríamos seguir dando vueltas en círculo y es ahí dónde podríamos situar la alternativa freudiana que a propuesto una cosa increíble afirmando que el progreso no se obtiene en la búsqueda de un plus sino en la posición de quedarse en los límites de lo psíquico reconociendo que el inconsciente no es portador de la posibilidad de algo de más sino de una manera de hacer diferente. Si no me equivoco, él llamaba a esto »la roca de la castración». ¿Es esto la condición de un progreso?

Michel FERRAZZI

1J. Lacan, Le seminaire, L’envers de la psychanalyse – Livre XVII, París, Le seuil, 1991

2Ibid

3No editado

4 J.Lacan, Ornicar, 20/21, texte intitulé “Mr A…”, Paris, Le Seuil.

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