Houchang Guilyardi – ·Sanación y estructura: Frustración, castración Privación»

Congreso París, octubre 2017

1- 

Siempre me consideré como el misionario del medico

Es Lacan quien habla.

No soy yo.

No tengo vocación a limitarme a la posición de misionario. 

Frase enigmática, dicha a eminentes representantes de medicina en una famosa conferencia sobre “psicoanálisis y medicina” que marcará una ruptura durante décadas. 

2- 

Algunos psicoanalistas declaran que su análisis se “terminó” o se comportan como tal.

Consideran que se sanó?

Podemos ver a que punto la medicina analítica es un campo de graves desequilibrios y patologías. 

3-

El fin del análisis es una manera de entrar en el campo de la perversión, como lo hacen algunas escuelas, sin decir ni entender, o profesándolo abiertamente. 

4- 

Y existen los que se mueren “sanados”, como lo relata por ejemplo en un libro bastante instructivo1, un eminente profesor de cancerología, el Profesor Khayat, a propósito de un épico tratamiento a su jefe, diagnosticado con un cáncer de pulmón, que terminará por morir sano algunos meses más tarde. 

II

La sanación no constituye un concepto analítico.

Frecuente en palabras de Freud, la noción de sanación no es abordada sino raramente y de manera poco profunda por Lacan, y es un concepto evitado por el mundo analítico francés y latín. Lo que no es el caso en el campo anglo-sajón. Tema tabú. Distanciado. No tema. 

La edición, muy abundante sobre algunos temas, no le consagra sino dos publicaciones en un periodo de varias décadas2.

Organizamos un ciclo de conferencias hace dos años en la Asociación Psicoanalista y Medicinal sobre “Sanación, Psicoanálisis y Verdad” invitando representantes de diferentes escuelas. El resultado fue un libro que si me permiten consideraré como referencia: “Que es la sanación para la psicoanálisis?” con la contribución de 16 autores, pueden encontrarlo a la salida… 

III

Sectores enteros pretenden o prometen la sanación. En el cuadro medico, se considera como algo ordinario y también a veces para la psicoanálisis o las “psicoterapias”. 

Estos enfoques evitan de manera sistemática a los actores principales de la cuestión, campeones de todas las categorías a través del mundo y la historia: los religiosos. Especialistas inolvidables y en los cinco continentes de la sanación, del alivio, del equilibrio del sufrimiento, entre paciente y esperanza. 

Y si bien el médico se apoderó de un pedazo de su campo de acción en estos últimos siglos, ellos no se han alejado.

Practicas mágicas, rituales con conjuros, rezos… ser liberado de sus penas, de sus limitaciones. Practicas llenas de simbolismo, real e imaginaria en una dilatación de la transferencia. Consejos y encantamientos. Llamando a una fuerza superior en tiempo de desorden, de ingenuidad, molde para las figuras de un liberador y de un canalla. 

IV

La noción de sanación es sin embargo problemática para todos. 

Si un ortopedista, después de una fractura y su consolidación puede considerar haber sanado a su paciente, otras medicinas toman el concepto con más cuidado y para ellos es suficiente decir que “se sanan”. 

Los psicoanalistas, los “supuestos no-idiotas” (dijo Lacan), han querido: 

  • De un lado, distanciarse de la opinión religiosa, evitando las pretensiones a encarnar al gran Otro, dirigiendo la vida de la persona que sufre, según la moral y su supuesto bien, con sus desviaciones ordinarias hacia el abuso, por una proximidad o una identificación a sus figuras. 
  • De otro lado, alejarse de la cura medica, apoyándose sobre una causalidad lineal metonímica, hacia la erradicación de los síntomas, tirando al bebé simbólicamente al baño de lo real. 

La psicoanálisis a querido pasar a “otro nivel”. Todavía no lo ha conseguido. 

V

Frente al objetivo ideal de esperanza y promesa imposible de la “sanación” pidiendo una solución mágica, Lacan hace un cambio radical de paradigma: 

La sanación, dice, es un pedido

Detrás del pedido, encontramos la transferencia. 

Esta ultima no se hace de la misma madera según la estructura y las posiciones que ocupa en el sujeto en un momento dado de la estructura, tampoco según a quien se dirige. Neurosis obsesiva, histeria, esquizofrenia, enfermedad corporal…

El pedido no se viste de la misma manera cuando el sujeto fue agredido o golpeado, impotente en una preocupación vital. A partir de estas posiciones, el pedido no toca las mismas puertas. Las curas, el trabajo clínico, o los cuidados, no se harán según las mismas estructuras y posiciones en la estructura. 

VI

En la continuidad de los ensayos freudianos sobre la histeria, Lacan dio una lección sobre “frustración privación y castración” que permite ubicarse mejor en este análisis confusa de la “sanación”. 

En una configuración neurótica, que beneficia de importantes capacidades de substitución y de metáforas, el sujeto no se afronta a un real sin limites. Los síntomas se mueven pasando de un punto del cuerpo al otro, de una limitación a la siguiente. Las fugas imaginarias no son fijas de manera rígida, lo simbólico puede ser más o menos bien retomado en una circulación importante. 

Los tiempos de exclusión, encerrados en un gran imaginario que ahora, en tiempos de fractura y expansión, inundan lo real apareciendo como imparables, y solo autorizan esencialmente las metonimias y lazos débiles, a partir de puntos de choque, de encuentro. 

En las psicosis, el imaginario rodeado, lleno, Unidad, puede coexistir sin interrogarse por la desesperación de lo real, sin fondo, provocando dolores, enfermedades y accidentes. El sujeto se percibe como impotente e incapaz de enfrentarla.

De ahí la llamada a una organización superior se confunde con la idea de objetivo ideal. Esto deja abierta la puerta a las proezas y derivas abusivas. 

La castración parte el circulo imaginario mágico. Y según la presencia y la calidad del acompañante o su ausencia, diferentes síntomas eluden y rechazan, frustración, llena de reivindicaciones, hasta el dolor más crudo, visible en los llamados toxicómanas. 

Los síntomas que emergen cuando se corta la esfera es testigo de esta modificación. 

La privación es privación de la castración. Para decirlo de otra manera, una amputación. Amputación de todas las capacidades y riquezas potenciales productivas por esta separación y los campos de vida donde ella opera. Su tratamiento puntual y necesario se afirma, para llegar en el mejor de los casos a un síntoma, constituyendo así una proporción de la misma estructura, remplazando como por arte de magia el vacío de verdad. En esta configuración, la estructura no puede renunciar a esta parte por el riesgo de colapso y por la rápida ida hacia una brecha abierta, una caída a la melancolía o la aparición de una somatosis. 

Muchas enfermedades que tienen la reputación de “auto-inmunes” constituyen así situaciones en las cuales, cuando no se encuentra un interlocutor exterior al cuerpo, un objeto “extraño”, la estructura bota lo que devolvió sobre un pedazo de su propia carne, teniendo así sus vínculos con lo simbólico. Escogido como lugar donde se disfruta, permite la supervivencia, pero es señalado como portador de mal, chivo expiatorio intracorporal. 

Salvador designado responsable y culpable, es considerado por el sujeto, y más allá de la medicina, como nefasto.

Encarnación de la auto acusación melancólica, con la implementación de una guerra reuniendo las fuerzas de lo inmundo y de la medicina, teniendo como objetivo destruir el lugar y el objeto. 

VII

El hueco de lo real, sacado del limite, en ausencia de ser fácilmente abordado, y contrariamente a su apariencia de inmutabilidad, puede moverse y cambiarse, encontrarse con otra parte del cuerpo o atacar otras personas: la pareja, etc.. Pero esto no puede suceder por una simple “toma de conciencia”. El síntoma aquí calificado como Síntoma, con un estatus de objeto absoluto, fetiche del Otro. Síntoma “perfecto”, permite la “sanación” y a veces un estatus de dignidad, y de certidumbres bien gravadas. Lo que no deja de fascinar profundamente a las neurosis al rededor. 

VIII

Las practicas medicinales y analíticas se especializan en situaciones diferentes. 

La medicina hospitalaria se encarga sobretodo de los tiempos psicóticos con un enfoque en lo que es visible y palpable: su apariencia somática. La psiquiatría se especializa más en el enfoque psíquico errático. 

Y si bien los psicoanalistas reciben famosos psicóticos y perversos, ellos consagran en realidad esencialmente su trabajo en el campo neurótico de los sujetos, que tienen ahí una libertad de circulación, de movilidad y de circulación, el trabajo de la cura no puede ocuparse sino sobre sus capacidades, por metonimias, sustituciones y metáforas. 

Cada psicótico reconocido, poco importa lo que se diga, dispone de muchos elementos, su cura se opera esencialmente sobre esta parte. La parte adjudicada, en el imaginario encadenado, siendo impresentable para esta parte. Un “análisis infinito” que constituye a veces una relación “sintomática”.

Se dice que no se puede sanar de una enfermedad somática fuera de la acción medica curativa. El inconsciente sabe perfectamente como extirpase de la enfermedad y también como no caer dentro de ella. El hace esto todos los días en gran escala: 

La solución se encuentra en una etapa de la conciencia: se produce por el ascenso a una representación, aunque se desvanezca. 

La muy original sanación de las enfermedades psíquicas se realiza por la integración en una Creencia Una, el amor y la inclusión general tocando con el dedo el infinito. 

Para manejar una somatosis, como entendieron las configuraciones paranoicas, hay que tener o un Otro – con O mayúscula-, o un objeto pequeño pero absoluto. 

Beneficiando de la “revelación”, el sujeto estructura milagrosamente el circulo imaginario y simultáneamente las lecciones corporales. Y la enfermedad desaparece en la certitud, la actividad tónica, y hasta en el éxtasis y el agradecimiento devoto. Nos encontramos en la necesidad de respetar la negación. 

VIII

La sanación no puede verse como una simple descarga económica, una celebración de la catarsis, ni tampoco como una renuncia pulsional. Tampoco como un levantamiento de la inhibición, una autorización  para descargar la rabia, volver a la neurosis de perversión. 

Podemos relacionar la sanación con la psicoanálisis como una salida de la repetición mortífera, de un destino melancólico sin esperanza, para la mutilación o su fijación sintomática, hacia una elaboración de la castración que de alivio y la multiplicación de las pulsiones secundarias. 

la conquista sobre la sustancia placentera3

La sanación esta en la reorganización del placer, es tratar con el dolor de la castración y la falta, parar de quejarse e intentar eludir el problema, es seguir con la limitación del placer y permitirle turnarla con la creación. 

La historia de la humanidad es un gran intento de sanación. Esto interesa al movimiento de la vida y su complejidad. 

No hay “sanación” ideal sino una circulación de síntomas, de dificultades y de “enfermedades”. 

Es un movimiento de la lengua y de la humanidad que se pone en marcha y que es problemático, y la psicoanálisis intenta participar primero. 

1 David Khayat. No muere. 

2 Nueva Revista de Psicoanálisis, Paris, nrf, Gallimard. Numero 17, 1978. Nathalie ZALTZAN. Sobre la sanación psicoanalista. Paris. PUF. 1999. 

3 Geneviève Vialet-Bine. Entre transferencia y saber, el acto y la verdad del sujeto. 

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