Donna Redmond – Realidad proscrita o prescrita: ¿Cómo nos informa la ética del psicoanálisis sobre la practica clínica?

París, octubre 2017

Etimología de la palabra “Cura”:

La traducción del titulo de la conferencia de este año al inglés resultó ser un poco difícil por la multitud de sentidos que pueden ser atribuidos a la palabra cura. Por lo tanto, me gustaría empezar este ensayo analizando la etimología de la palabra. La palabra cura está vinculada a los conceptos de sanación y de medicina. (Nótese también que la palabra cura se traduce en Irlandés como leigheas, que viene de la palabra Irlandesa Leiges, que significa sanar). (Fonéticamente, se pronuncia lice).

La palabra cura deriva del latín curare, cuidar o asumir la responsabilidad, o también traducido como remedio o elixir (lo cual evoca un sentido mas farmacéutico) y restablecimiento, evocando un sentido de reparación.

La palabra también transmite la idea de un cuidado espiritual y en efecto, una posible traducción es ‘cura de las almas’, lo cual subraya las evidentes connotaciones espirituales y religiosas en palabras como curate, un tipo de sacerdote (o cura en español). La palabra gótica warjan, que deriva de guerir, hace referencia a la palabra conjurador y se vincula por lo tanto con las nociones de mago e incluso de exorcista. James Frazer en su texto The Golden Bough (Rama Dorada)1 describe la eficacia de la magia empática o comprensiva, ya sea homeopatía o contagiosa, para evidenciar una cura. El cita a Plinio el Viejo, que usaba una piedra dorada, o de facto oro, para curar ictericia, y el tratamiento se hizo conocer como cura soberana.

Este vinculo con lo oculto es aún más evidente en el folclor irlandés. Todavía es muy común que individuos en la comunidad sean descritos como poseedores de la cura, le guerir, y teniendo la capacidad de procesar algunos alimentos físicos. De hecho, en Irlanda, la ciudad de Trim es conocida como un lugar de cura, así como lo es Knock (un santuario religioso del noroeste del país). Podría decirse, supongo, que se parecen a santuarios como el de Lourdes aquí en Francia. Algunas pesquisas de la University College Dublin sobre el folclor describen de qué manera el concepto de cura conecta el pasado al presente y cómo está entretejido al nivel de la comunidad. Podemos pensar en la creencia que el séptimo hijo de un séptimo hijo posee poderes ocultos o chamanísticos, que también puede ser una manera de obtener prestigio y notoriedad para un miembro poco educado de la comunidad. Freud estaba convencido de que su formulación del psicoanálisis no se dejaría influenciar por ningún elemento místico o mágico (es una de las razones que explican su ruptura con C.J. Jung). De la misma manera, Lacan quiso asegurarse de que el psicoanálisis se transmitiera de manera rigurosa y lógica, para evitar cualquier contaminación por matices de orden mágico o religioso. Aún mas relevante par nuestro ensayo, Lacan enfatiza en su seminario VII, La Ética del Psicoanálisis2, que el pensamiento ético está al centro de nuestro trabajo como analistas, y por lo tanto intrínseco a toda definición de cura.

¿Qué está en juego en la cura psicoanalítica?

Permítanme que desarrolle el tema de lo ético en la cura, llamando su atención sobre la novela Surviving Anne: A Novel, del analista Belga (Argentino?) Gustav(o) Dessal3. La novela es una exploración de los severos efectos psicológicos de los cuales sufre Ana, una mujer cuyos padres sobrevivieron a un campo de concentración nazista. Los editores explican que es una historia que reúne el dolor de existir y la valentía de alguien que, con la ayuda de su terapeuta, redescubre cómo vivir.

En el libro, Dessal pregunta : “¿qué tan lejos puede ir nuestro poder de cura?”. Su conclusión es algo poética, pero también destaca lo central de lo que es una cura, desde el punto de vista psicoanalítico. Dessal describe cómo “seres humanos se aferran a sus síntomas como náufragos a la deriva. Pero lo más sorprendente es que cuando tratamos de rescatarlos, prefieren agarrarse a este flotador. De hecho, nos arrastrarían junto con ellos si pudieran, y también el barco en el que vinimos para responder a su apelo de ayuda. Ahí en el fondo de cada uno de nosotros está la oscura tentación de dejarse llevar por el mal, como cuando miramos hacia abajo desde un balcón muy elevado, y que nos sumerge por un imperceptible momento, la idea de abandonarnos al misterioso apelo del vacío.” 4

Dessal elocuentemente destaca algunos elementos llaves, uno que remite a la función del síntoma, y el otro sobre la pulsión de muerte. Lacan señala en Complejos familiares en la formación del individuo, que el síntoma es una expresión de la carencia y del esfuerzo, o mejor dicho, de su reunión en la necesidad primordial de huir de la ansiedad. La neurosis se puede entender por lo tanto como una lucha contra la ansiedad y, en el fondo, contra la carencia. Refiriéndose a la pulsión de muerte, en el mismo seminario, Lacan dice: “la tendencia hacia la muerte es vivida por los hombres como el objeto de un apetito, que es una realidad que el analista descubre a cada nivel de la psiquis”5. Estos puntos, creo yo, son relevantes cuando consideramos lo que está en juego cuando reflexionamos sobre lo que constituye una cura, especialmente si se enfrenta al sufrimiento de un ser humano.

Un pedido frecuente : ¡solo quiero ser feliz!

Creo que es justo decir que cuando un individuo toma la decisión de llevar a cabo cualquier tipo de terapia de conversación, hay un pedido implícito para aliviar su sufrimiento, es decir aliviarse de sus síntomas y, de alguna manera, sanarse. Muy a menudo, implícitamente contenido en esta expectativa, está la esperanza que la cura también permita restablecer o crear un sentimiento de felicidad.

En el psicoanálisis lacaniano, el concepto de sanación es problemático, un oxímoron, borrado por la ética del deseo que orienta cualquier encuentro entre el analista y el analizado.

Como lo escribe el dramaturgo Samuel Beckett, “Estás sobre la Tierra. No hay cura para eso.” 6– como seres hablantes, nos enfrentamos al trauma en tres niveles – lenguaje, sexo y muerte, no me extraña que estemos incomodos con nosotros mismos.

Esto es aún más evidente cuando encontramos un sujeto que habla con determinación sobre su deseo de morir. Este deseo no encuadra con ninguna noción socialmente aceptada de felicidad. Entra en oposición directa con la descripción de la realidad omnipresente hoy día, que enfatiza los méritos de una mente positiva, erigió el goce como un imperativo e hizo de la productividad una condición para ser un miembro valioso de la sociedad.

De lo que sé, este deseo es muy frecuentemente formulado a partir de un sentido profundo de insondable frustración. El sujeto no puede encontrar ninguna manera de simbolizar su deseo, lo que culmina muy frecuentemente, en proporciones cambiantes, con ansiedad, desespero y angustia.

Actualmente en Irlanda, están poniendo mucha énfasis en erradicar las tentaciones suicidas y el acto mismo del suicidio. El acto ya no es considerado como un acto criminal o herético, y se establecieron muchas organizaciones benéficas para actuar rápidamente y proactivamente cuando alguien expresa el deseo de morir.

En sus Ecrits, Lacan llama nuestra atención acerca de la dialéctica hegeliana de la autoconciencia, del concepto de belle âme, o alma bella, y argumenta que esta orientación es una posición ambigua de vivirse, y se deben cuestionar las motivaciones para adoptar tal postura, de la misma manera que se cuestiona un buen samaritano. El alma bella proyecta hacia el mundo su propio desorden, imponiendo a todos los demás la “ley del corazón”. Para Lacan, el alma bella es una metáfora perfecta del yo ; “el yo del hombre moderno ha tomado su forma en el callejón sin salida dialectico del “alma bella” que no reconoce la razón misma de su ser en el desorden que denuncia en el mundo”. 7

El concepto de alma bella ilustra de qué manera el sujeto neurótico niega muchas veces su propia responsabilidad en lo que esta aconteciendo a su alrededor. Freud lo ilustra perfectamente en el caso de Dora. Cuando ella se queja de ser tratada como un objeto de intercambio por los hombres que la rodean, la primera intervención de Freud es de confrontarla con su propia complicidad en el intercambio8. La ética del psicoanálisis, por lo tanto, impone que los analizados reconozcan su propia responsabilidad en su sufrimiento.

El sujeto que se presenta con tendencia suicida al psicoanalista se encuentra confrontado a la cuestión de una ética, así como lo es el analista.

Un acto suicida es un paso al acto. No es exactamente lo mismo que actuar, pero tiene algunos paralelos. Actuar es la herramienta más solida que tiene el analista para reorientarse después de haber cometido un error o una omisión. El elemento común con el paso al acto es que comparten una construcción delirante que exige un reconocimiento. Actuar o súbitamente pasar al acto no pueden ser considerados como verdaderos actos, ya que el sujeto no acepta la responsabilidad de su deseo en realizar esas acciones. Sin embargo, Lacan también señala que cuando es totalmente y conscientemente asumido, “suicidio es el único acto completamente exitoso”, porque expresa completamente una intención, que es a la vez consciente e inconsciente, la presunción consciente de un deseo de muerte inconsciente. 9

El analista no puede conformarse con la moralidad civilizada, ya que, según Freud, la moralidad es patogénica. En efecto, me gustaría citar al respecto el filosofo indiano, Kishnamurti, que decía que “No es signo de buena salud el estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma”10. Por otro lado, el analista no puede adoptar una aproximación libertina, ya que también remite al campo de la moralidad, y Lacan desarrolla diciendo que no existe tal cosa como una posición éticamente neutra. La ética analítica que podemos deducir por lo tanto es una ética que relaciona acción y deseo.

Tradicionalmente, ética remite al concepto del Bien, en competición para la posición de Sumo Bien. Este concepto es rechazado por Lacan, que lo vincula con el concepto de idealismo. El deseo del analista, por lo tanto, no es hacer el bien o curar11. Para Lacan, el bien es una metáfora, algo dentro de las cadenas de los significantes. Hace una distinción entre las palabras alemanas de wohl (bienestar) y gute (bien), y explica wohl como sigue:

“Tiene que ver con el conforto del sujeto en la medida en que se refiere a das Ding (la cosa). Su horizonte es el principio de placer que funciona para él. Es así para que se imponga la ley por la cual una resolución de la tensión ocurre, vinculada a algo que, usando la frase de Freud, llamaremos el engaño exitoso – o mejor aún, el signo que la realidad puede o no honrar12”. Esto involucra una especie de decepción por parte del sujeto.

Si entendemos el principio de placer como la prohibición del incesto “que regula la distancia entre el sujeto y das Ding, cuando el sujeto transgrede esta prohibición y se aproxima demasiado a la Cosa, él sufre”13. Los engaños, o los signos, que la realidad puede o no honrar, remite a la voluntad del sujeto de comprometerse en el pacto social, con tal que eses engaños produzcan algún fruto de vez en cuando. Como Lacan lo declara, “Son los signos mismos que ofrecen promesas, de acuerdo con la regla del wunsch (deseo) indestructible que busca repetirse14”.

El analista debe enhebrar un camino entre los aforismos “primero, no haga mal” y “no haga bien”. Como Lacan lo recuerda, la bondad no es capaz de curar el mal que engendra y se puede confundir con infantilización; “el analista que desea el bienestar del sujeto repite los gestos por los cuales se formó (o deformó). Siempre que una identificación es asumida, debe ser direccionada hacia los significantes y no hacia el sujeto del analista.”15

El analista feliz que sabe:

En el texto “La dirección de la cura y los principios de su poder”, Lacan nos recuerda que para que la transferencia se desarrolle, el sujeto debe asumir que el analista sabe y que, como consecuencia de este saber, está feliz o contento gracias a este saber16.

Muchos imaginan que el terapeuta o el analista puede impartir algunas palabras sabias, algunas técnicas o incluso algunas banalidades que podrán satisfacer la demanda del sujeto por este elemento indefinido denominado “felicidad”.

Lacan nos recuerda que es por esta razón que la gente imagina que un psicoanalista es una persona feliz; si no fuera el caso, ¿cómo podría él distribuir felicidad si no la posee? Pero Lacan sigue irónicamente, “es una perdida de tiempo buscar la camisa de un hombre feliz, y lo que llamamos una sombra feliz debe ser evitada porque trae consigo muchos males”17. Este comentario subraya el lugar del deseo del analista en relación con la cura. Este deseo del analista es intrínseco al desarrollo de la transferencia, mucho mas que la predisposición del paciente hacia el análisis. Eso enfatiza lo sincrónico en vez de lo diacrónico, mientras que al mismo tiempo, se rechaza radicalmente la obsesión contemporánea de la reacciones de contra-transferencia del analista.

La cura cura :

Uno de los acrónimos que es fundamental y que cualquier doctor aprende, es el IPPA – Inspección; Percusión; Palpación; Auscultación – mirar, sentir, tocar, escuchar. Es un aspecto de la medicina convencional que el analista también comparte.

Lacan nos proporciona una definición magistral de la cura en “La dirección de la cura y los principios de su poder”, al afirmar que el analista da su presencia como la de un oyente, y que escuchar es la condición de su discurso. El analista “es aquel que apoya la demanda, no para frustrar el sujeto, pero con el fin de dejar que los significantes en los cuales la frustración está presa reaparezcan18”.

Al no atender la demanda presentada por el analizado, se crea un espacio para que aparezca el deseo. Como lo explicita Lacan, “Si lo frustro, es porque me pide algo. Pide una respuesta de hecho”19. Esta frustración permite un análisis regresivo y este método, como lo explica Lacan, “no muestra nada mas que el retorno en el presente de los significantes que fueron usados para demandas para los cuales ya hay prescripción”20. Esta situación explica la transferencia principal y el amor que a veces está declarado en ella. Y aquí Lacan nos brinda con una definición sublime del amor, cuando lo describe como el acto de “dar lo que uno no tiene”, pero el analista “ni siquiera da este nada”21. Esta transferencia principal establece un espacio en el cual el deseo puede ser a la vez soñado y simbolizado.

Pese a que el analista es aquel hacia el cual nos dirigimos para hablar, y hablar libremente, no es suficiente el escuchar, ¡el analista también debe oír! Lacan nos recuerda: “oír no me obliga a entender”22.

Al oír el deslizamiento de la lengua, la palabra mal pronunciada, o la palabra fuera de lugar, estamos poniéndole atención a la intrusión de un discurso en intervención. Esta puntuación revela al sujeto que dentro de su discurso está sellado algo que remite a su propia posición, de la cual no sabe nada.

El filosofo Heidegger dedicó mucho tiempo reflexionando acerca del termino cura. Muchas veces habla en su trabajo del cuidado hacia el ser, algo directamente vinculado a la impropiedad del ser. Esta impropiedad del ser se vincula a su vez con el desamparo y la vulnerabilidad original del ser hablante, al hecho de que esta dependencia inicial al uso de la lengua lo convierte en un ser que inicialmente carece de su propio sentido. En sus enseñanzas, Lacan evoca la visión de Heidegger sobre el Dasein, que se distancia regularmente de si mismo, y sobre los seres humanos que estarían mas frecuentemente lejos de si (weg-sein o descuido de su persona) que realmente presentes (da-sein). Este weg-sein es, como lo argumenta Heidegger, un escape de si mismo. Su concepto de dasein es la apertura de la posibilidad de un ser mas intenso, mas autentico y de uno que tiene conciencia de la tendencia humana en perderse en las cosas y de dejarse influenciar por otros. El habla del hecho de ser consciente, de estar despierto (wachsein) para describir el secreto y el objetivo ético ultimo del análisis de la vida humana. Para Heidegger, existen dos elecciones, autenticidad e inautenticidad, que el Dasein puede hacer al llevar a cabo su existencia : ya sea huir de si mismo y de sus preferencias mas apropiadas, o abrazar estas preferencias como una manifestación de responsabilidad bajo la forma de un ser, en la posibilidad personal que uno tiene de ser. 23

Para concluir, permítanme darles una muy breve mirada sobre la construcción de una cura que está siendo creada por un analizado. Una mujer tiene un diagnosis de limite de la personalidad y auto denominada después de un periodo de diez años en los servicios psiquiátricos. Durante este periodo había repetidamente manifestado estar contemplando el suicidio, y en varias ocasiones había intentado matarse. Logró lesionarse lo suficiente para ponerse invalida y tener que usar una silla de ruedas. La vida de esta mujer está marcada por una historia y como nos lo recuerda Lacan, “la historia ya se está produciendo en el escenario donde será interpretada una vez escrita, a la vez dentro del sujeto y afuera de él”24. La vida de esta mujer está marcada por varios traumas y tragedias y seria demasiado fácil ofrecerle banalidades, deshonesto ofrecerle técnicas cognitivas, porque esta mujer demostró una increíble creatividad y resistencia soportando esta afinidad hacia la muerte que residía en ella cuando Eros se debilitó. A este punto del tratamiento, decidió que si no podía encontrar razones de vivir por ella, al menos encontraría razones de vivir por su esposo y sus hijos, hasta que encuentre el deseo de vivir por ella. Esta es la cura que ha creado para ella misma por ahora. Lacan, como para estimularnos a nosotros analistas, y para recordarnos que la postura ética del psicoanálisis está en la praxis, afirma que “la extrema complejidad de las nociones que usamos tiene como consecuencia un riesgo para la mente, mayor que en cualquier otra área, al exponer su juicio, al descubrir sus reales capacidades”. 25 Seguramente estas palabras nos darán animo para continuar nuestro trabajo.

1 Frazer, J. (1922). The Golden Bough. New York: Bartleby.

2 Lacan, J. (1959). The Ethics of Psychoanalysis. Trans. Gallagher, C. unpublished.

3 Dessal, G. (2016). Surviving Anne. London: Karnac.

4 Dessal, G. 119.

5 Lacan, J. (1938). Family Complexes in the Formation of the Individual. Trans. Gallagher, C. Unpublished. p11.

6 6 Beckett, S. (1957). Endgame. London: Faber & Faber.

7 Lacan, J. (1977). Ecrits. A Selection. Trans. Sheridan, A. London: Hogarth Press. p.70.

8 Freud, S. (1905). Fragment of an analysis of a case of hysteria. S.E. VII. London: Hogarth Press, 1953.

9 Costello, S. (2002). The Pale Criminal. London: Karnac. p107.

11 Lacan, J. (1959). p.218.

12 Lacan, J. (1959). p.60.

13 Lacan, J. (1959). p..69

14 Lacan, J. (1959). p.72.

15 Lacan, J. (1977). Ecrits. A Selection. Trans. Sheridan, A. London: Hogarth Press. p. 256.

16 Lacan, J. (1977). p.252.

17 Lacan, J. ibid.

18 Lacan, J. (1977). p.254

19 Lacan, J. ibid.

20 Lacan, J. ibid.

21 Lacan, J. ibid.

22 Lacan, J, ibid.

23 Heidegger, M. (1986). Sein und zeit. Tubingen: Max Niemeyer.

24 Lacan, J, (1977). p.52.

25 Lacan, J. (1977). p.32.

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