Isabel Cerdán – “Tras la senda del sinthome”

 

En primer lugar agradecer los trabajos de Néstor Braunstein, en especial por su libro sobre El Goce. Así como a los colegas y pacientes que me estimulan a hacerme preguntas y a seguir reflexionando desde esta compleja teoría que es el psicoanálisis, la cual, está situada en un contexto donde el discurso dominante, es el de los mercados, y como no, el discurso capitalista y el de la ciencia; y que ligados a estos, nuestras resistencias, nos puedan hacer olvidar que la teoría psicoanalítica no busca el conocimiento, sino la verdad y esta última nunca puede ser completa, ya que se sustenta en un medio decir. Y cuando hablamos de la escritura:

“podemos tocar lo real, pero no lo verdadero”, como dijo Lacan.

Hemos elegido un complejo tema, “Cuerpo y Goce”, al que Lacan llegó tras una dilatada trayectoria de teorización y articulación con su clínica, es decir, desde la praxis. El goce, concepto de gran complejidad, que alude a aquello que no se puede expresar con palabras, se expresa, se pone en el cuerpo. Cuerpo digo, que no organismo, cuerpo libidinizado, constituido por la mirada del Otro. Lo que implica un cuerpo que ha atravesado el estadio del espejo.

Este trabajo persigue un blanco, una dirección: reflexionar sobre la aparición del sinthome. Al igual que en el análisis, lo único que se puede garantizar cuando nos adentramos en un concepto es que se va a recorrer un tramo en relación al mismo.

Aprehender las últimas enseñanzas de Lacan, poder pensar la clínica orientada por la lógica de los nudos y por aquellos principios donde el goce pueda actuar como brújula de la praxis psicoanalítica, me condujo a ir “Tras la senda del sinthome”. Sobre todo, para poder pensar, en aquellos sujetos que de acuerdo a su devenir histórico no han podido articular sustancialmente los tres registros (RSI), o bien, que existiera el riesgo de desarticulación de los mismos por la fragilidad con que están articulados, sea, por el peso del trauma sufrido, o por ambas cosas, y donde el registro simbólico, peligra especialmente.

En torno a estas reflexiones encontré y busqué un material, el libro “Instrumental”, que podría convertirse en cierta medida en soporte de mis reflexiones, alejadas del acto analítico, pero apoyadas en un relato, hecho en primera persona: James Rhodes, escritor e intérprete de piano.

Así se presenta el autor:

“Me violaron a los seis años.
Me internaron en un psiquiátrico.
Fui drogadicto y alcohólico.
Me intenté suicidar cinco veces.
Perdí la custodia de mi hijo.
Pero no voy a hablar de eso.
Voy a hablar de música.
Porque Bach me salvó la vida.
Y yo amo la vida.

Hay muchas derivas que se podrían contemplar en este relato, he preferido obviarlas e intentar, y digo intentar, ceñirme a la línea de mi reflexión, en mi propósito de articular Goce y Sinthome.

Freud dijo que en la psicosis es la realidad misma la que está provista de un agujero, que luego el mundo fantasmático vendrá a colmar. Podríamos situar la violación continuada de este niño como el agujero de la realidad de la que habla Freud. Sí esto fuera así, el pianista, encontró-escuchó, el elemento disuasorio para evitar colmar su agujero a través del mundo fantasmático, y realizar una actividad creadora a través de la música. Un acto ligado a la pulsión de vida y respaldado más tarde por la identificación con aquellos músicos que habían vivido hechos de índole traumático en su infancia, lo cual no les impidió, quizá más bien, les llevó a esta actividad musical que les permitió estar en el mundo de otra manera, como sujetos deseantes.

¿De qué hablamos cuando decimos sinthome? ¿de suplencia, de hacer función del Nombre del Padre? El sinthome, el cuarto nudo posibilita que no se desanuden los tres registros en el nudo borromeo.

En la experiencia clínica hay aspectos de la misma, que forman parte del dispositivo, de ese entre dos, que van dejando huella, unas marcas que te hacen ir tras ellas. En este trabajo he seguido algunas huellas, las marcas que deja el formar parte de una topología donde se ocupa el lugar de objeto de goce respecto del Otro con mayúscula.

Nos encontramos con un niño en un contexto donde la vivencia de desamparo en su entrada a la escuela, junto con los otros, -los semejantes- y sin un Otro protector es traumática. Precisamente, se encuentra con todo lo contrario, con alguien que está en el lugar del Otro con mayúscula, y lo utiliza, lo usa como objeto de su goce.

El estudio de Lacan nos hace salir del mito y entrar en otra lógica, la lógica de las posiciones del objeto a. ¿Dónde está colocado el sujeto? La idea de que el hijo pueda hacer de sinthome me ha llevado, desde hace algún tiempo a preguntarme especialmente por el tema, pero no solo el hijo puede ocupar ese lugar, también el analista, la escritura y por qué no, la música u otros.

Alain Didier Well con su texto “La nota azul” nos habla sobre los efectos subjetivantes de la música avalando la función que ha realizado en el joven interprete. No deja de ser enigmático pensar que un tema de Bach es capaz de convertirse en el tema de su vida, convirtiendo la música en el elemento articulador, en posible sinthome.

¿Cuáles son las condiciones en que surge un sinthome? Desde mi punto de vista es la presencia, la regularidad, el tiempo, junto con la constancia y la consistencia del hilo articulador, bien sea la música, la escritura, el hijo, el analista/análisis… que pueden favorecer la emergencia del cuarto nudo, situando a alguno de estos elementos, en el lugar de lo “fallado”. La repetición, la presentificación de ese elemento articulador-sostenedor, hará que lo cuantitativo, lo repetitivo favorezca un cambio cualitativo y se pueda realizar la suplencia.

Considero que esos elementos permiten acceder a poder tener una percepción de sí mismo de un cuerpo no fragmentado, de no ser sólo un “atuendo” sin cuerpo. La persistencia de ese cuarto nudo en ese lugar es la que hace que el sujeto se sostenga en un cierto equilibrio. Esto es muy evidente, sobre todo, cuando es un hijo el que ocupa el lugar de sinthome y algo cambia en la posición del mismo movilizado por la cura. Todo se desestabiliza y los padres parecen derrumbarse, llevándolos incluso, a interrumpir el tratamiento del hijo.

¿Qué pasa en un momento dado para que algún elemento ocupe ese lugar? Es la pulsión de vida que empuja. El pianista dice: “La música es lo más consistente y lo que nunca me ha defraudado”. A lo largo de su seminario sobre El Sinthome, Lacan habla de la importancia de la consistencia del nudo borromeo.

Según el diccionario, consistencia:

1.- Cualidad de la materia que resiste sin romperse ni deformarse fácilmente. (cohesión, cuerpo)
2.- Cualidad de lo que es estable, coherente y no desaparece fácilmente. Solidez de una estructura… la palabra consistencia nos permite evaluar cuál es la calidad requerida en términos de firmeza y complemento de algo.

Los hechos que acaecieron en la vida de James, se iniciaron a los cinco años. Es difícil hablar de una consistencia en su estructura. El Otro con mayúscula con el que se encuentra, no está sujetado a la Ley, -el profesor de boxeo violador- aparece en la vida de este niño cuando la represión originaria parece estar realizada, ha accedido al lenguaje, pero no sabemos con qué solidez, y tampoco sabemos, si está sostenida por alguien que cumpla la función paterna, que la pueda encarnar. Y cuando menos se lo esperaba, a los 7 años, escucha a Bach: La Chacona (Busoni), se convierte en el tema recurrente, es el tema de su vida. Dirá:

“La pieza determinó mi vida; sin ella habría muerto hace años, estoy convencido”.

La forma en que el autor relata la seducción del Otro (del profesor de gimnasia) a través de la mirada y del cuerpo y, la respuesta del niño, me plantea: ¿por qué a él y con él y no con otro? El Otro le muestra un espejismo a través de la transgresión, un real desconocido, al que se subyuga con la esperanza de un goce absoluto. Lacan en Aún dice:

“Esa exigencia de lo Uno, sale del Otro. Allí donde está el ser, es exigencia de infinitud”.

Esta exigencia de infinitud lleva al autor por los derroteros que siguió, sin embargo, él agujero de lo simbólico se queda para siempre, aunque él intente obturarlo una y otra vez por el camino de lo real: drogas… En definitiva, como dice Néstor Braunstein:

“Para volver a recuperar el estado de felicidad absoluta del que supuestamente tenía cuando era “su majestad el bebé” y era comisionado para suplir lo que le faltaba al Otro”.

En el trascurso del tiempo en que fue abusado y violado, aparece un real, la música, que afecta al cuerpo, que le permite mirar para otro lado distinto del que ejerce la mirada del Otro, el violador. Que le permite olvidarlo todo, como él dice, es decir, la música se convierte en un real que le inunda de tal manera que le permite sostenerse. Le entra a través del único órgano, la oreja, que permanece abierto siempre. O sea que la música se convierte en el objeto de la pulsión invocante, pudiendo recorrer el circuito de la pulsión: escuchar, ser escuchado y hacerse escuchar. Además, se conjuga el hecho de que es un intérprete de piano, donde el cuerpo está especialmente implicado, junto con la mirada y el movimiento. En muchas ocasiones el músico puede interpretar gracias a la memoria muscular y a la disociación en que se sumía. Lo cual le permite vivir su sexualidad sin quedarse fijado al brutal acto.

“La sexualidad no afecta al cuerpo desde dentro de él mismo, o desde afuera del goce perverso del Otro, sino que es el litoral de unión-desunión del sujeto y del Otro. El goce está prohibido al que habla como tal. La ley está fundada por esta prohibición. (…) El sujeto debe renunciar al goce a cambio de una promesa de otro goce, que es el propio goce, que es el propio de los sujetos de la Ley”.NB

En la interpretación de la música él está falicizado, posee el falo. “La música clásica me la pone dura”, dice Rodhes, la erotización de la que está cargada la música le ayuda a escaparse del lugar que ocupa en el goce del Otro para participar de un goce fálico, no sin grandes luchas internas.

“El falo, allí donde es esperado como sexual, nunca aparece más que como falta, y tal es su vínculo con la angustia. Todo esto quiere decir que el falo es llamado a funcionar como instrumento de la potencia” “Todo lo que se refugia tras la dignidad de cualquier profesión es siempre una falta central que es impotencia” Lacan Sem X “La angustia”.

Me atrevo a pensar que la dignidad de este profesional es muestra de su falta central, de su impotencia y que en definitiva es su forma de hacer con su trauma. Él mismo dirá: “algo sigue fallando en mí”. Deja las marcas en el cuerpo, dice James Rhodes

“… tengo una erección cada vez que lloro, de un modo u otro el cuerpo lo recuerda todo y asocia las lágrimas con la excitación sexual”.

El intérprete, el escritor, (el que toma la palabra), abre dos caminos diferentes y con diferentes funciones, en el primer caso, respecto a James Rodhes, cumple la función de shintome, articulando los tres registros cuando estos sufren de falta de consistencia. Y en el caso de la escritura, de la palabra, dice:

“Es una forma de ser alguien, (de tener un nombre) es la manera de que no siga pasando”, dirá el autor.

La música hace de sinthome, la escritura le permite darse un nombre.
Lacan dirá:
“El goce es expulsado por lo simbólico”.

Isabel Cerdán. Análisis Freudiano
XXVI Jornadas Clínicas de Alicante 2017

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