Texto propuesto por Analyse Freudienne para el Congreso Internacional de Convergencia 2015 en Madrid

ANALYSE FREUDIENNE / ANALISIS FREUDIANO

¿EL ÚLTIMO BASTIÓN? “

Tras ser ignorado por completo durante un decenio, (el psicoanálisis) pasó de pronto a ser objeto del interés general y desencadenó una tormenta de indignada repulsa“, dice Sigmund Freud en “Las resistencias contra el psicoanálisis”. Es sabido que ni el interés por él ni sus detractores han cejado aún en su empeño.

El proyecto que sostiene la ciencia de encontrar causas diversas al sufrimiento, la locura o la angustia —pero causas no psíquicas—, es el desafío que impulsa a lo científico o pseudo científico a largas querellas y objeciones.

¡Parece mentira que las neurociencias no hayan conseguido aún explicarlo todo, dado el deseo que les anima a conseguirlo!

Por lo tanto nos incumbe siempre, y más aun hoy día como psicoanalistas, la responsabilidad de afirmar la teoría psicoanalítica y sus aportes frente a las demás ciencias, a las religiones, filosofías y otros dominios.

Freud produjo una concepción llamada “Metapsicología”, opuesta tanto al ”alma” como a la conciencia filosófica de la psique, que Lacan completará evacuando definitivamente cualquier sujeto filosófico del psicoanálisis, ‘desontologizándolo’ para abrir una vía definitiva al sujeto del inconsciente.

Hoy día se cuestiona la concepción psicoanalítica de las estructuras clínicas: neurosis, psicosis y perversión. Se produce una multiplicidad de apelaciones clínicas que intentan reforzar la posición científica, añadiendo items a los que poder referirse para asegurar que se trata de una patología.

Sin embargo, en la experiencia cotidiana del “uno por uno” con nuestros pacientes, las cosas no funcionan así. Esa pretensión clasificatoria, evaluatoria, de dar un nombre a cada sufrimiento en lugar de representar al sujeto que sufre, quizá sirva sólo para dar seguridad a quien lo trata.

No olvidemos lo que subrayaba Freud: “Yo no siempre he sido psicoterapeuta. Al igual que otros neurólogos, me acostumbré a referirme a los diagnósticos locales y a establecer pronósticos sirviéndome de la electroterapia; es por eso por lo que me asombro al constatar que mis observaciones sobre los enfermos se leen como si fueran novelas y que no llevan, si puedo hablar así, la impronta de seriedad de los escritos de los sabios» (Sigmund Freud, «Estudios sobre la histeria», Obras completas, Tomo II, 2009 pag 182).

De qué nos habla Freud aquí sino de los efectos de real en la clínica en y por la palabra, efectos que no pueden ser descritos según el modo habitual de cuantificación de las teorías científicas habituales. Seria mucho mas fácil, por ejemplo, etiquetar un “ataque de pánico” y recetar.

Para el psicoanálisis, lo que vienen a demandar los pacientes mediante sus síntomas no puede ser ni rechazado de un manotazo, ni simplemente contenido por una prescripción. Se trata de sostener la suposición de que en toda palabra hay una parte de real y que los síntomas en tanto objetos que remiten a construcciones de objetos diferentes e irreductibles, revelan una gran multiplicidad de reales que hay que tomar uno por uno para cada sujeto. Esto es precisamente lo que la ciencia no puede tomar en cuenta.

Para el psicoanálisis, también tienen importancia los diagnósticos para la conducción de la cura, diagnósticos que no se superponen, evidentemente a los de la semiología psiquiátrica. A veces, por no decir siempre, se requiere tiempo para precisar el diagnóstico, en razón de las interrogaciones y las dudas que van surgiendo en el curso del trabajo analítico. Sin embargo, la duda es difícil de admitir en medicina, incluso si antiguamente impulsó a intentar otro tipo de tratamientos como las curas termales de 1900, más tarde las lobotomías y más recientemente los electroshocks .

Tal vez sea por este aspecto perturbador del psicoanálisis, por lo que se lo tilda de obsoleto o de retrógrado, al obstinarse en tener en cuenta las leyes del inconsciente y cuyos principios, ética y avances son hoy, no ya olvidados sino rechazados. En cuanto a nosotros, sostenemos que las nociones clínicas de neurosis, psicosis y perversión podrían ser hoy el ultimo bastión para sostener al sujeto.

Fue en esta orientación y sobre una base clínica, donde Freud pudo edificar un primer modelo teórico para dar cuenta de la representación y los afectos en su complejidad, y de la dinámica del sujeto del inconsciente: el capitulo VII de “La Interpretación de los Sueños».

Comprendemos también que Lacan se distanciara rápidamente de los post-freudianos que retornaban a la verdad científica, acercándose, por ejemplo, a Alexandre Koyré. La pregunta constante de Lacan será saber si ciencia rima con forclusión del sujeto y reducción de la verdad a formulas lógicas. Freud, poco antes de su muerte y en nombre de una ética de la verdad, conseguía transmitirnos que “no podemos olvidar que la relación analítica está fundada en el amor a la verdad”, mensaje que podemos leer en “Análisis terminable e interminable”.

Entonces:

¿Cuál es el estatuto del sujeto en psicoanálisis?

¿Cuáles son las operaciones necesarias para que pueda producirse sujeto en el lugar del A (Otro) que lo preexiste?

Wo Es war, soll Ich Werden. Se trata de que el psicoanalista conciba el significante como pudiendo ser barrado, siendo por esta operación por la que se inaugura como significante. Entonces lo no dicho se desplaza, lo que hace que la negación descienda de la enunciación al enunciado. Lo que constituye al significante, más que su huella, es el hecho de que pueda ser barrado. Huella de lo que aún no es, límite de un vacío, huella de una ausencia, vacío de objeto.

El sujeto surgirá entonces bajo la acción del lenguaje. Situamos al inconsciente en ese lugar de corte, de hendidura, de abertura, de cierre y apertura. El inconsciente se presenta en estado de “estarse realizando”, siempre “por ser”; el sujeto es POR-VENIR.

Evocábamos más arriba que los conceptos de neurosis, psicosis y perversión, constituirían hoy el último bastión para sostener al sujeto. Estas estructuras — que también la psiquiatría ha utilizado—, son muy diferentes en el uso que les da el psicoanálisis, tanto Freud como Lacan. En lo que atañe al sujeto, lo que los diferencia es la relación con el discurso, el significante y la lengua.

Ya un Freud temprano sostenía que los discursos provenían del fantasma, recordemos las quejas de las primeras histéricas de haber sido abusadas. Entonces, renunciando muy pronto a las «conductas», Freud pudo introducir en «La interpretación de los sueños» la metáfora y la metonimia como leyes del lenguaje, así como las enunciaciones, la función significante, la falta y el deseo.

Hoy en día, por el camino de los DSM, asistimos a una vuelta de las «conductas «. La psiquiatría actual rechaza las manifestaciones psíquicas y somáticas y, al hacerlo, rechaza al sujeto en todas sus dimensiones: al sujeto de la historia, al sujeto del deseo, al sujeto del derecho y, evidentemente, al sujeto del lenguaje y del goce. Es la razón por la que rechazamos esta óptica. Para nosotros la histeria es el inconsciente mismo y la causalidad psíquica está en el origen de los síntomas.

Cómo podremos concebir a este sujeto, sino en tanto que hace síntoma, ya que allí donde hay síntoma hay sujeto. En consecuencia, acoger la histeria es acoger el sujeto del inconsciente, sabiendo que las histéricas son militantes de la causa analítica a cuyo descubrimiento contribuyeron ampliamente. A través de sus palabras, sus síntomas se hacen y se deshacen, revelando así sus deseos patógenos a través de sus reminiscencias y recuerdos dolorosos.

Igualmente podríamos plantear la cuestión de la sexuación en el niño, o preguntarnos cuándo un niño deviene sujeto, o cuándo nosotros mismos lo consideramos sujeto. Bien entendido: el sexo no define al sujeto.

Otra pregunta es si hay sujeto en las psicosis, es decir, si cuando Freud se refiere al rechazo, este término nos conviene tanto para dar cuenta del delirio, como de una sensación cenestésica o un automatismo mental. En efecto, ¿podemos hablar de sujeto cuando no hay acceso posible al fantasma? Probablemente sí, pero hay que decir que no se trata del sujeto del inconsciente en el sentido freudiano del término.

O bien, ¿qué entendemos por sujeto perverso, si consideramos con Freud que el sujeto esta tomado en los tres tiempos del fantasma? Entonces, hablar de fantasma en la perversión debería incluir los desarrollos de Lacan que, en “Kant con Sade”, toma el fantasma perverso como voluntad de goce, con lo que establece una diferencia con el fantasma neurótico.

Dicho de otra manera, ¿de qué sujeto se trata cuando hablamos de forclusión en unos casos y de repudio y de denegación en otros, puesto que la relación con el discurso difiere en todos ellos? O incluso, ¿cómo concebir estas preguntas sobre el sujeto tomado uno por uno, sin tener en cuenta estas estructuras, consideradas evidentemente como discursos y, en consecuencia, como recorrido posible en la estructura?

La psiquiatría moderna ha inventado una nueva terminología que no hace sino describir los síntomas y poco más. Nombres como bipolar, por ejemplo, sortean la estructura no describiendo más que sus elementos, haciendo desaparecer el sujeto bajo el peso aplastante de una definición.

Freud utilizó otros nombres como Edipo y Hamlet que revelan cómo era su concepción del sujeto, que no tenía que ver con la medicina ni con patologías que reposaran sobre variantes fisiológicas y menos aun con la psicología conductista, la antropología, o la sociología.

Finalmente, lo que Freud hizo fue inventar una «ciencia de lo real».

Así es como, en nuestra opinión, la cuestión de la estructura nos pone en el camino del sujeto.

María-Cruz Estada

Robert Lévy

Mercedes Moresco

Buenos Aires, Madrid, Paris, 2015

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