María Cristina Kupfer – ¿Pueden existir nuevos modos de subjetivación donde el inconsciente no tenga cabida?

La pregunta que se saca a la luz aquí proviene de la provocación del argumento del congreso.
Este argumento nos recuerda que el discurso científico contemporáneo ha borrado, en sus escritos y prácticas, el inconsciente, la represión, el fantasma, la identificación y la transferencia. Decir que el inconsciente no existe es condenarlo a la desaparición, ya que estas categorías psíquicas existen solo si hay un Otro que las sostenga. Entonces, nos preocupa ver desaparecer el psicoanálisis y la propia noción de sujeto del inconsciente en un futuro que no estaría tan lejano.
A esta preocupación, podemos agregar otra: el problema no es solo ver negado, por el discurso científico, el funcionamiento subjetivo alumbrado (o inventado) por Freud. El problema se vuelve aún más complejo cuando vemos la aparición de nuevos modos de subjetivación, de nuevos sujetos, que supuestamente prescinden de las piedras angulares del psicoanálisis: existen sin apelar a los estilos conocidos de obturar la falta en el Otro, a saber, represión, la forclusión y la renegación. Si el discurso científico declara que el inconsciente no existe, estos sujetos le hacen eco. Uno de estos sujetos bien podría decir que es verdad: no tengo un inconsciente.
Entre estos sujetos que operan de acuerdo con, digamos, modos no freudianos de construcción psíquica del mundo se ubican los autistas y post-autistas.
Estoy anunciando aquí ya el tema principal de mi trabajo: podemos considerar el autismo y el post-autismo como nuevos modos de subjetivación, donde el inconsciente no es el freudiano, pero ciertamente tiene una función en ellos.
El advenimiento de estos individuos probablemente esté relacionado con la negación del sujeto operado por el discurso contemporáneo. El autista está muy de moda, muy enmarcado, por así decirlo, con la contemporaneidad. Podría muy bien sobrevivir ahí.
¿Podemos llamarlos sujetos en el sentido psicoanalítico del término? Algunos psicoanalistas contemporáneos autores no dudan en nombrar-los sujetos (Maleval, 2009; Ferreira y Vorcaro, 2017). Sin embargo, éstos no son sujetos del inconsciente; no se pueden representar mediante un significante para otro significante. Autores como Rene Lew (2004) dicen, por ejemplo, que el sujeto autista está desde siempre presente. Sin embargo, incluso si se dice que estos sujetos son sujetos, ellos mismos no ratifican nuestro juicio. Un autista savant (sabio) adulto, durante una conferencia que dio, dijo que no podía entender por qué su terapeuta, de niño, le hacía jugar a ofrecer café a las muñecas. Para él no tuvo ningún interés. Para su terapeuta, era para hacerlo fantasear, para provocar un semblant, para despertar en él el placer compartido, suponiendo en él un sujeto, pero él no se reconoció allí.
Por lo tanto, hoy asistimos a la negación del sujeto por el discurso científico, pero también a la negación del sujeto por parte de los propios sujetos.
Insistamos en un punto específico: ¿es realmente posible que puedan prescindir del inconsciente?
En los autistas, la ausencia de la represión originaria da como resultado la no constitución de la identificación primordial, que impide la operación de la alienación al Otro del lenguaje y, en consecuencia, la fundación del inconsciente. Si no hay alienación, el vínculo con el lenguaje será diferente. La relación con el lenguaje no estará gobernada por el significante, sino por el signo. Por lo tanto, este niño podrá pronunciar enunciaciones o escuchar enunciaciones de otros.
Podemos decir que estamos presenciando, en estos casos, el advenimiento de un modo de subjetivación en el que el inconsciente no tiene lugar, o casi no tiene lugar.
Esta teorización sería suficiente, pero tenemos dos problemas que ella no cubre: 1. los autistas que a veces hacen irrupciones de enunciación y los autistas que salen del autismo. ¿Qué podemos decir sobre su aparato psíquico? ¿Tiene el inconsciente un lugar en estos funcionamientos? ¿Cuál es el sujeto que surge cuando aparece una enunciación? En los casos de post-autistas, ¿habría una fundación tardía del sujeto del inconsciente?
Los autistas enuncian. La clínica del autismo nos hace toparnos con situaciones enigmáticas en las que el niño autista de repente muestra una captura del significante. En estos momentos, sale una expresión de su boca y un niño mudo habla perfectamente, como si fuera un parlêtre. Muestra algo de voluntad, se enoja, después de un evento ante el que se siente impulsado a reaccionar enérgicamente.

Post-autistas

¿El autista siempre permanece autista? Para Maleval (2009), su único destino será convertirse en Asperger. Para René Lew (2004), Laznik (2007), Álvarez (1994), hay algunos autistas que dejan de serlo. Para los practicantes del psicoanálisis con niños autistas, especialmente para aquellos que lo acompañan desde muy temprano, estos niños pueden salir de autismo, el criterio de salida siendo el advenimiento de la tercera etapa del circuito pulsional. Para resumir: la salida ocurre para los niños que llegan a una construcción pulsional o, como se llama, cuando alcanzan la capacidad de compartir placer con los demás. Estos niños, los llamamos post-autistas.
Siendo este resultado, sin embargo, obtenido tardíamente, asistiremos a diferentes sujetos que pueden surgir desde el momento en que se alcanza este placer compartido. Si el niño es aún pequeño, habrá una serie de construcciones psíquicas que hacer, pero si tiene 5 o 6 años, su perfil psicológico será necesariamente diferente de la de un niño neurótico. Este niño post-autista no será ni neurótico ni ya autista, ni psicótico. El niño puede avanzar hacia diferentes destinos, dependiendo de si ha sido instalado el tercer tiempo del circuito pulsional y la entrada en el espejo, de si el niño permanece en el espejo, de si sale, de si lo intenta, sin éxito, o de si la instalación del placer compartido no esté completamente terminada.
Estos diferentes destinos post-autistas se pueden agrupar en diferentes clasificaciones. Nuestro propósito aquí no es proponer nuevas categorizaciones, ya que el DSM ya lo ha hecho demasiado extensamente. Simplemente queremos cuestionar el lugar del inconsciente en lo que llamamos aquí nuevos modos de subjetivación, en particular autismo y post-autismo.
La posibilidad de salida del autismo ya fue contemplada por autores kleinianos, como Diatkine, citado por Joly (2007). Diatkine dijo: «Es muy inapropiado hablar de angustias autistas, cuando estas angustias terribles que sin duda todos conocemos en la clínica diaria son más precisamente de ‘salida de autismo’, o al menos el choque del caparazón del autismo y la iniciación (o reinicio dependiendo del caso) del circuito pulsional de subjetivación y representación en el encuentro del objeto» (p.65). En otras palabras: si el niño muestra angustia, es porque ha alcanzado el tercer tiempo del circuito pulsional, de acuerdo con nuestra terminología.
Yo me detendré en dos de estos destinos: cabezas grandes y niños falsos neuróticos.

Cabezas grandes

Considerados como niños autistas por los neurólogos, demuestran sin embargo tener una relación muy clara con el otro. Sonríen, miran a sus madres, pero tienen intereses especiales, rutinas, repeticiones, comportamientos extraños, como tratar de mirar la pared del rabillo del ojo mientras él corre arrastrando el tobillo, tal vez tratando de atrapar cambios de ligeros de luz.
Entre estos comportamientos extraños está sus «conocimientos»: el cabeza grande es capaz de repetir los números, el alfabeto (en un tono monótono, sin duda, pero todavía es muy «savant»), el nombre de los colores, y especialmente el nombre de los colores en inglés! Es una maestra quien dice que son «grandes cabezas». Es lo que los psiquiatras llaman: hiperlexia.
¿Son niños llamados Asperger? ¿Es suficiente decir que son niños psicóticos? Pero no, no son clásicos, la actividad de fantasía abundante y los delirios psicóticos están ausentes.
Han tomado el camino de la subjetivación mucho después que un niño neurótico (en un año, o un año y medio), pero pueden mezclarse con otros niños. Tienen todavía un precio que pagar: no son como los demás. Esto es lo que dicen sus maestros y sus padres: el cabeza grande no tiene amigos, tiene peculiaridades, habla sólo, a menudo es un pequeño genio. Pero proviene de un primer momento autista, probablemente.
¿Qué decir de su estructura psíquica? ¿Qué decir sobre su relación con el Otro y el significante ¿Podremos decir que prescinde del inconsciente?

Los falsos neuróticos

En otros casos de post-autismo, somos testigos de la reanudación de la construcción del aparato psíquico, pero el tiempo de su experiencia autista deja rastros, en la forma de un mantenimiento de ciertos comportamientos que escapan al funcionamiento digamos, neurótico. Estas conductas son fuera de lo común y parasitan su sistema psíquico.
Veamos por ejemplo a la niña que salta. Se le diagnostica con el síndrome de Asperger a los cuatro años de edad, pero un tratamiento conductual la normaliza y ahora está aparentemente progresando hacia la neurosis. Ella va a la escuela, es muy sociable, pero dos rasgos siguen siendo importantes: siempre es muy metódica – pero se disfraza muy bien a través del entrenamiento conductual – y … salta. Sus saltos son inesperados, ella va directamente al movimiento. Hay algo que parasita su cuerpo, que no pasa por los desfiladeros del significante, ni por los de los signos. Eso no quiere decir nada; es un movimiento automático, involuntario e implícito que la obliga a «bailar» como un títere durante unos momentos. A sus colegas no les gusta para nada, y se burlan de ella. Su entrenamiento no llegó a controlar estas irrupciones.
¿Es su yo real freudiano el que se manifiesta, una manifestación que no tiene nada que ver con el inconsciente?
Cuando ella salta, es como si tratara de obtener una homeostasis de las tensiones internas, de manera «primitiva», que se muestra precisamente en los niños autistas, en la que el cuerpo no está ligado a una construcción pulsional. Los autistas y la niña, cuando salta, trabajan al nivel de un yo real, que luego está vinculado a una idea de Sistema Nervioso, de homeostasis de las tensiones internas.
Su cuerpo funciona como una manifestación psicosomática, como la úlcera, un verdadero agujero en el cuerpo.
Estos eventos también nos hacen pensar en las nuevas patologías del acto, como ciertas compulsiones que toman el camino del pasaje al acto, de una descarga, donde surge un síntoma sin que un sujeto esté implicado. Cuando esta compulsión funciona, cito, “no hay vacilación, conflicto o lucha psíquica, sino simplemente una compulsión a la repetición”. (Calmon of the Pine y Almeida, 2009, Gondar, 2001).
Si las personas autistas a veces son domesticadas por el significante, para las post-autistas es lo contrario. Entran en la dialéctica del significante y se dejan domesticar por él, pero a veces un funcionamiento autista irrumpe, donde no se ve ni sujeto ni inconsciente.

El lugar del inconsciente

Todos los modos de subjetivación son modos de tratamiento de lo Real (Ferreira y Vorcaro, 2017), el autismo y sus destinos entre ellos.
El autismo puede ser considerado como siendo gobernado por un modo de subjetivación estructurado en la no constitución de la represión primaria y el inconsciente, pero aun así tiene derecho a un funcionamiento mental que puede resultar freudo/lacaniano: el autista puede manifestarse como sujeto, debido al efecto de su inmersión en el discurso.
En cuanto a los post-autistas, ellos han podido constituir, de forma más o menos intensa, más pronto o más tarde, una pulsionalización a partir del placer compartido, lo que los hará entrar en el discurso y el inconsciente podrá tener un lugar en su aparato psíquico.
Para que el niño sea capturado por el lenguaje, ya sea tarde o cuando el niño todavía es autista, se debe poner en marcha un cierto mecanismo. Este mecanismo es similar al de la elección de la estructura como la concibe Lacan (1966). Él dice que en esta elección un sujeto no está implicado. Bernardino (1999) lo traduce así, a partir de una discusión con Calligaris: cuando se trata de la elección de la estructura, «no hay una operación psicológica que requiera la intervención de la subjetividad; esto no es un trabajo de significación, sino un trabajo comandado por las cadenas significantes en torno al significante paterno, y es desde allí que se realiza un cálculo, donde el sujeto no interviene, siendo la determinación automática «(Bernardino, 1999, p.19).
Cuando el autista se permite a sí mismo enunciar, podemos ver lo que dice Maleval (2009). Cito: el autista no es indemne a la captura por el significante, sino que eso es insoportable para él. (Maleval, 2009, 102). (Me gusta decir: incluso si es insoportable para él). Pero ser capturado por el lenguaje significa entrar en la dialéctica significante, traído por el movimiento de la cadena significante, donde está, como dice Lew, «desde siempre presente».
Una breve enunciación también podría estar ordenada por la cadena significante sin que se haya fundado realmente un sujeto del inconsciente. El niño autista ha construido un modo de subjetivación donde el sujeto no está controlado por las cadenas significantes, pero aún puede sufrir sus efectos. El niño podrá acercarse al funcionamiento significante, mientras mantiene una construcción del mundo ordenada por el signo. O bien, post-autista, podrá embarcarse en los desfiladeros del significante, para construir un aparato psíquico típicamente neurótico, pero puede preservar los modos de funcionamiento donde el sujeto y el inconsciente no están para nada, dando origen a una subjetivación híbrida, gobernada por el aparato psíquico Freudo / Lacaniano, pero al mismo tiempo manteniendo comportamientos en los que el sujeto no está.
Que haya modos de subjetivación donde hay poco espacio para la represión, el inconsciente y las reminiscencias, no significa que debamos renunciar al sujeto. Todo puede transformarse, y deberán surgir nuevos modos de subjetivación, donde tal vez ya no sufran de reminiscencias. Pero si la ciencia moderna defiende la desaparición del sujeto, a menudo está motivada por intereses no científicos, y a eso es lo que tenemos que decir que no, apoyando una posición ética y política. En los nuevos modos de subjetivación, el habla y el decir de un sujeto no se borrarán, siendo siempre posible su inmersión en el lenguaje. El tratamiento que sigue para sus nuevos sujetos no podrá renunciar al esfuerzo de hacerles decir, o de hacernos escuchar, su humanidad.

1 «Desde nuestra posición como sujeto, siempre somos responsables». Lacan, J. (1966), Science and Truth, en: Jacques Lacan (1966) Writings, Paris, Seuil, 858.

Referencias

Alvarez, A. (1994). Companhia Viva: psicoterapia psicanalítica com crianças autistas, bordeline, carentes e maltratadas. Porto Alegre: Artes Médicas.

Bernardino, L.M.F. (1999). O que um autista e uma analista podem aprender com Hamlet. Estilos da Clínica, v. 4, n. 7, pp. 18-29.

Bernardino, L. M.F. (2017). Como dar voz aos autistas e aprender com eles. A propósito do livro O autista e sua voz, de Jean-Claude Maleval.( SP: Blücher, 2017). Inédito.

Calmon du Pin e Almeida, M. (2009). A compulsão nossa de cada dia. Revista Brasileira de Psicanálise, v. 43, n. 3.

Ferreira, T., Vorcaro, A. (2017). O tratamento psicanalítico de crianças autistas. Belo Horizonte, Autêntica.

Gondar, J. (2001). Sobre as compulsões e o dispositivo psicanalítico. Ágora, v. IV, n. 2, p 25-35.

Joly, F. (2007). De vous mêrme à moi-même. Langage postautistique et partage d’affect dans le dialogue analytique. In : B.Touati, F. Joly, M.-C.Laznik, (dir.). Langage, voix et parole. Paris, Le fil rouge, p. 61-84.
Lacan, J. (1966). La Science et la vérité. In: Jacques Lacan (1966). Écrits. Paris, Seuil, p. 855-877.
Laznik, M.-C. (2007).La prosodie avec les bébés à risque d’autisme: clinique et recherche. In: B.Touati, F. Joly, M.-C.Laznik, (dir.). Langage, voix et parole. Paris, Le fil rouge, p. 181-216.

Lew, R. (2004). Fonction de la jouissance dans l’autisme. Colloque Préaut/ALI. Autisme, actualités des différentes recherches. Paris, 17 octobre 2004.

Maleval, J-C. (2009). L’autiste et sa voix. Paris, Seuil.

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