Anna Konrad – El odio al psicoanálisis

Congreso AF 29.09.19

El odio al psicoanálisis es algo sumamente actual en Francia, se reivindica periódicamente en publicaciones, llamamientos, blogs o colectivos, a menudo retransmitido con toda generosidad por los medios dirigidos al gran público de prensa, televisión e Internet.
Estas producciones recomiendan excluir el psicoanálisis y someter el campo de la salud mental a la autoridad de lo que denominan auténticos conocimientos científicos en el ámbito de la psiquiatría y el sufrimiento psíquico. Argumentan vehementemente que Francia es un aberrante y único caso particular en el mundo en donde el psicoanálisis se ha hecho con el poder, se ha infiltrado en todos sitios, en la asistencia médica, en los centros de enseñanza, de investigación, en la educación y que urge expulsarlo totalmente, para que no quede nada de él, para que las prácticas al transformarse contribuyan verdaderamente al servicio público gracias a los datos actuales de las ciencias. Estas últimas proporcionan conocimientos sobre los fenómenos y sus causas y permiten medir los efectos de las intervenciones destinadas a modificar estas o aquellas. Estamos presenciando, no obstante, llamamientos para hacer tabla rasa, como si para extirpar a los psicoanalistas, se tuviese que proceder a una limpieza del cuerpo social de una polución que ha de ser completa antes de que pueda implantarse un estado saneado. Un llamamiento público para una psiquiatría humanista o un proyecto oficial de organización de la asistencia médica de sesgo radicalmente « neurodesarrollista », excluyente de cualquier otra psicología que no sea « cognitiva » que se ve finalmente matizado o simplemente una frase de un psicoanalista publicada en un medio de comunicación demuestran que la psico-esfera psicoanalítica contraataca. No hace mucho, en el mes de mayo, una tribuna publicada en el Quotidien du médecin pedía, tras el fin de la cobertura de la homeopatía por la Seguridad Social, que se pusiese fin a otra falsa medicina impartida en la Universidad y que da lugar a prácticas a veces cubiertas por la Seguridad Social: el psicoanálisis. El texto de esta tribuna se puede hallar con toda facilidad en Internet, el del derecho de réplica publicado por el periódico, resulta imposible encontrarlo.

Empecé por preguntarme si en el odio al psicoanálisis, hallábamos la interesante distinción, planteada este año por R. Levy, entre odio ordinario, el odio que todos conocemos -en el que el otro se reconoce como tal- y un más allá del odio, en el que la alteridad como humanidad del otro ya no se ve reconocida, permitiendo así pasajes al acto e inéditas violencias. Por ejemplo, en la disciplina psiquiátrica, la desaparición de su historia y de los conocimientos que la estructuran a día de hoy gracias al trabajo llevado a cabo a lo largo de todas las épocas, evoca este tipo de odio específico. La tribuna que acabo de mencionar quiere denunciar que en el campo de la psiquiatría, estaríamos presenciando « rechazos de diagnósticos o diagnósticos fantasiosos fundados en una clasificación única en el mundo, tratamientos inadaptados y/o con retardo… »1 Esta situación resultaría ser una de las nefastas consecuencias del psicoanálisis. El autor apunta manifiestamente a la clasificación conocida como clasificación francesa de los trastornos mentales en el niño y el adolescente (CFTMEA), un trabajo impulsado en los años 80 y dirigido, con el gran apoyo de grupos de trabajo durante muchos años, por Roger Misès, una gran figura histórica de la pedopsiquiatría de sector para responder al DSM al menos en el ámbito de la psiquiatría en el niño y el adolescente al introducir en la clasificación una dimensión psicopatológica y dinámica más congruente con la reflexión clínica efectiva de los facultativos con una orientación muy mayoritariamente analítica en el campo de la pedopsiquiatría en aquel momento. Los promotores de esta clasificación, en su mayoría relacionados con la Sociedad Psicoanalítica de París y, por consiguiente, con la corriente más « médica » del psicoanálisis en Francia, decidieron aplicar una codificación de referencia de cada diagnóstico de la CFTMEA hacia la CIM 10 (Clasificación Internacional de Enfermedades muy cercana al DSM), una codificación que funciona a día de hoy automáticamente en los programas informáticos. No basta pues con que el DSM haya ganado la batalla de los diagnósticos. Hay algo que sigue relacionando la codificación que nombra lo real con la historia de la disciplina y recuerda la clínica psiquiátrica. La depuración no es total. Al borrar su historia, la psiquiatría se ve destripada argumentando que los psicoanalistas la han infestado. Parece una locura, pero pese a que ningún facultativo, independientemente de cuál sea su orientación, a día de hoy, y según lo que yo sé, no parezca compartir esta perspectiva de erradicación, los representantes de la psiquiatría de ayer se ven perseguidos en este discurso del odio, tildándolos de indecentes, para dejar sitio, un sitio en el que el pasado nunca existió.

Esta reivindicación para hacer desaparecer el psicoanálisis, impidiendo o prohibiendo su práctica, posee una historia particular, en mi opinión, en Francia. Voy a ir desgranando una serie de recordatorios sueltos esperando que acaben por estructurar una reflexión.
El episodio de la película Le Mur emitida inicialmente en 2011, en donde se entrevistaba a psicoanalistas sobre el autismo, memorable para algunos por su recuerdo traumático, fue un ejercicio de ataque audiovisual: la deslegitimación por medio de la sátira, la burla, la deliberada deformación de la palabra. Tras haber sido prohibida, esta película se vio de nuevo autorizada por vía de recurso judicial para ser emitida en 2014, habiendo juzgado el tribunal que las palabras de los psicoanalistas, si bien ciertamente deformadas, no lo estaban lo suficiente como para constituir delito. La prohibición inicial y luego la autorización de la emisión enloqueció a los partidarios de la lucha contra el psicoanálisis, los cuales denunciaron una censura y una prueba de ocultación de su verdad, antes de cantar victoria y unir fuerzas para marcarse nuevos objetivos.
Michel Onfray llevó a cabo en 2010 este tipo de ataque en Le crépuscule d’une idole, l’affabulation freudienne 2, un ensayo biográfico sobre Freud que pretendía revelar verdades disimuladas, en el que el discurso va mucho más lejos, como lo subrayó Elisabeth Roudinesco, que un debate sobre Freud y el psicoanálisis, ya que Freud se convierte en él en tirano, perverso, cómplice del nazismo, falso científico cuya doctrina solo sirve para ocultar su biografía3. Le livre noir de la psychanalyse, publicado unos años antes, en 2005, le proporcionó a Michel Onfray, según sus propias palabras, las luces para convertirse al antifreudismo.4 Y ese Livre noir de la psychanalyse5 les fue inspirado a sus autores por un informe del Inserm sobre las psicoterapias en 2004, que concluía, tras haber analizado la literatura internacional en lo que respecta a la evaluación de las distintas modalidades de psicoterapia, que las Terapias Cognitivas Conductistas resultaban eficaces en la mayoría de las indicaciones en psiquiatría del adulto y las Terapias Psicodinámicas, correspondientes al enfoque psicoanalítico, en prácticamente ninguna. Este informe surgió del interés, reciente en aquella época, de los poderes públicos por la evaluación de las psicoterapias, a raíz de una incitación de la OMS que quería, desde finales de los años 1990, poder realizar recomendaciones en el campo de la Salud mental, como lo subraya Philippe Scheppens en un artículo de la revista Cliniques Méditérranéennes en 2005.6

En Estados Unidos, Freud ha sido objeto de ataques desde finales de los años 70 por parte de historiadores llamados revisionistas del freudismo que acusaron a Freud, como nos lo recuerda Elisabeth Roudinesco, en nombre de una historia antihagiográfica del psicoanálisis y de la vida de su fundador, de ser un impostor, un misógino, un perverso7. Sus tesis serán retomadas unos años más tarde en el Livre noir de la psychanalyse. Actualmente, a Freud se le considera en el mundo anglosajón –es mi opinión personal que no se basa en un estudio documentado- más bien una figura histórica cuyas tesis ya no son defendibles. Además, la comunidad médica y, finalmente, psicoanalítica, reconoce en el mundo anglosajón la primacía de la prueba para decidir cuál es el valor de un tratamiento, una prueba entendida como el resultado de una experiencia protocolizada, repetible y, por consiguiente, eventualmente refutable por parte de investigadores independientes. Esto implica en materia de psicoterapias, como para los demás tratamientos, ensayos clínicos aleatorizados con procedimientos estadísticos concretos. Pero el debate científico sobre las psicoterapias psicodinámicas no ha cesado en el propio seno de la comunidad científica que comparte habitualmente la noción de prueba, a nivel de las conclusiones del informe del Inserm en 2004.

Una abundante literatura está de hecho accesible, cada vez más nutrida en las revistas internacionales, en lo que respecta a las terapias psicodinámicas o PDT. Investigaciones basadas en la Evidence-based-medecine conducen a conclusiones que validan las psicoterapias psicodinámicas de largo recorrido, así como el psicoanálisis, en varias indicaciones clínicas de relevancia tales como la ansiedad, la depresión, los trastornos de la personalidad borderline, las afecciones relacionadas con « trastornos complejos »… como ya lo resumía una editorial en 2008 del JAMA (Journal of Americain Médical Association): Psychodynamic Psychothérapie and research evidence, Bambi survives Godzilla, (Psicoterapia Psicodinámica y pruebas de la investigación, Bambi sobrevive a Godzilla)8. Esta psicoterapia psicodinámica se definía en ella como « long term psychodynamic (also called psychoanalytic) psychothérapy (LTPP), a treatement with origins in uncontrolled clinical experience and with subsequent developments often influenced by theories than empirical testing » (significando aquí empirical testing una experiencia empírica controlada por mediciones científicas). La editorial comentaba la publicación en el mismo número de un metaanálisis cuyo rigor metodológico se celebraba, que ponía de relieve la prueba de la eficacia de las LTPP (long term psychodynamic psychotherapies) especialmente en los « complex mental disorders », pero también en las depresiones y la ansiedad en donde, en comparación con los tratamientos medicamentosos, constituye una alternativa9.
Este metaanálisis de 2008 se vio posteriormente criticado, y más adelante se publicaron esta misma crítica a su vez cuestionada y otras investigaciones clínicas, firmadas a menudo por autores que trabajaban en Alemania o en los países escandinavos. En 2015, la revista The Lancet publicaba una « systematic review » de los resultados de la terapia psicodinámica evaluada mediante estudios clínicos aleatorizados, que abundaban en ese mismo sentido10. En su discusión, sus autores subrayaban que el interés por la investigación de la eficacia de la PDT (psychodynamic therapy) había ido aumentado estos últimos años y que las pruebas se iban acumulando. Existen pruebas sustanciales de la eficacia de las PDT en la depresión, los trastornos somatoformes, los trastornos de las conductas alimentarias, los trastornos de la personalidad y las adicciones. Destacaban que un informe Cochrane había hallado que las PDT eran eficaces en los trastornos mentales ordinarios. Lo que se había « demostrado » es la equivalencia de la eficacia de las PDT con respecto a otros tratamientos de eficacia ya reconocida. Los autores subrayaban también que la misma metodología aplicada a las TCC no arrojaba resultados más potentes. La lectura de la discusión resulta interesante, ya que nos brinda una recapitulación de publicaciones con resultados opuestos, que se cuestionan unas a otras. Algunos tratan de demostrar la superioridad de las TCC frente a las PDT, mientras que otros señalan la debilidad metodológica de los estudios en los que se basan y su no asunción de otras investigaciones. En definitiva, la psicoterapia psicodinámica se ve reconocida en la investigación internacional en numerosas indicaciones en el campo de la psiquiatría.

¿Qué ocurre en Francia, en donde este contexto internacional parece ignorarse? Para entenderlo, me he leído algunas publicaciones de un virulento agente que además es científico.
F. Ramus es un incansable representante del odio al psicoanálisis en Francia, es investigador del CNRS, profesor en la Escuela Normal Superior, pero también miembro del Consejo Científico de la Educación Nacional. Es autor entre muchas otras cosas del capítulo La dyslexie, en un reciente manual: La cognition, du neurone à la société, que reúne todos los conocimientos en ese campo –pero obviando cualquier referencia a la teoría psicoanalítica11. Ha escrito el artículo del Quotidien du Médecin : La psychanalyse a-t-elle une place dans la psychiatrie du XXIème siècle ? Expone periódicamente en publicaciones de los medios y en un blog asociado con la revista La recherche, obsesiones que tienen que ver con la teoría del complot en cuanto al psicoanálisis. ¿Cuál es su discurso positivo? Para él solo existen los hechos establecidos por la investigación, es decir derivados de protocolos experimentales que hayan arrojado resultados, refutables, verificados por otros equipos. Es tan consecuente que, por ejemplo, en su blog en el que responde a todos los comentarios, pone en tela de juicio el testimonio de un hombre que relata una experiencia de psicoanálisis que le ha ayudado con unos acúfenos, mientras que una TCC le había dejado en un estado de sufrimiento con su síntoma. Argumenta frente al testimonio de este hombre que este cree realmente lo que dice, pero que esta creencia (que tiene en el valor de su psicoanálisis para él) constituye precisamente la prueba de que son pamplinas, no hay hechos. Esgrime estadísticas sobre la eficacia de las TCC en los acúfenos sugiriendo que su interlocutor se hallaba en el otro porcentaje y que su acúfeno había desaparecido por sí solo, sin que estuviese relacionada dicha desaparición con la psicoterapia analítica.

La forma en que Ramus se respalda en la ciencia experimental me sorprende incluso en campos un tanto diferenciados de los que afectan a su obsesión, el psicoanálisis. En lo que afecta a la causalidad de los trastornos psiquiátricos, recomienda tener en cuenta la investigación experimental, en un polémico artículo titulado Les neurosciences, un épouvantail bien commode, en la revista Cités en 201412. Por ejemplo, en el campo de las investigaciones GxE (gen-entorno-interacciones). Esgrime el ejemplo de un estudio de 2002 que probaría al parecer que la presencia de un alelo de cierto gen está estadísticamente asociado, cuando se ha producido una situación de maltrato en la infancia, con la aparición de problemas de psicopatía. Siendo la idea que sin este gen, el niño que sufrió el maltrato no se habría convertido o hubiera resultado menos psicópata. Así que la psicopatía tiene una parte genética que habría que cuantificar. Sin embargo, una búsqueda bastante somera en Internet acerca de las investigaciones GxE, conduce à una tesis publicada por la Universidad de Colorado en 2011 (3 años antes del artículo de Ramus) que destaca la enorme fragilidad científica de esta hipótesis13. Treinta intentos posteriores no han logrado reproducir de forma convincente los resultados iniciales de 2002. Un metaanálisis que, no obstante, confirmó esta hipótesis GxE en 2005, presentaba a su vez graves fallos metodológicos. El conjunto de resultados de las investigaciones GxE en psiquiatría ha de tomarse con precaución y se ve hipotecado por riesgos de error inherentes a este tipo de experimentación como los falsos positivos, un bajo nivel de pruebas y sesgos de publicación. Las dos investigaciones estrella de esta disciplina Gen-entorno-interacciones eran: sucesos vitales estresantes y depresiones, por un lado, y maltrato en la infancia-psicopatía posterior, por otro lado, viéndose el determinismo reforzado como hipótesis por la presencia de un gen que se convierte pues, si el entorno contribuye a ello, en una causa de susceptibilidad genética a la depresión o a la psicopatía. Ninguna de estas hipótesis fue confirmada entre 2002 y 2014, fecha del artículo de F. Ramus al que me refiero, sino más bien su demostrada gran debilidad científica y, no obstante, F. Ramus no parece dudar de lo que esgrime como una interesante hipótesis. Otro autor que defiende los estudios GxE plantea, por su parte, la idea de la posibilidad de un tratamiento medicamentoso en sucesos psicosociales en las poblaciones genéticamente susceptibles de desarrollar un problema psiquiátrico14. Nos adentramos aquí en el campo de la pesadilla científica. Y, en particular, su base, la investigación GxE, parece pertenecer al ámbito de lo que François Gonon llamó a partir de 2015 « la burbuja especulativa de la psiquiatría biológica ».15

¿Si los ataques contra el psicoanálisis en Francia sorprenden por la obsesión del complot y por una falta de rigor científico detectada hace ya tiempo, por qué funcionan entonces tan bien? Existe una especie de movimiento inexorable que tiende a excluir el psicoanálisis. ¿Pero se debe acaso a estos ataques, se debe acaso al odio? ¿Mi sensibilidad frente a este odio al psicoanálisis, mi necesidad de preocuparme por esta cuestión, de informarme sobre ella, no es acaso una falsa pista para entender la situación del psicoanálisis? Interesarse por el odio del otro como lugar de su alteridad es ciertamente una cuestión que me interesa en primera instancia como analista. Este odio al psicoanálisis quizás no tenga que ver con nada que se pueda decir de él desde una perspectiva psicoanalítica. Sus agentes afirman de hecho que están exentos de odio, Ramus afirma no odiar el psicoanálisis en su blog. Desea en efecto que desaparezca porque ya no tiene cabida, eso es todo, sabe que tiene que desaparecer del cuadro de las ciencias y figurar como falsa ciencia en el cuadro de la historia.

Mi cuestionamiento suscitado por los discursos de odio contra el psicoanálisis en Francia me conduce a constatar algo distinto de lo que pensaba: existe en esto algo más irracional y más inquietante que una reivindicación de cortas miras de un alineamiento respecto de lo que se supone que deben ser la medicina y la investigación internacionales. En nombre de la ciencia, se drenan argumentaciones claramente cojas, pero este hecho no impide que triunfen sin ser desmentidas. Esta historia comenzó en la época en la que la globalización desplegaba sus efectos específicos en Francia. Los ataques se produjeron en un contexto de fuerte implantación de una cultura psicoanalítica tras el fin de la guerra fría y la llegada del Internet generalizado. El proyecto del DSM llegó en ese momento a su madurez como herramienta planetaria de medición de los fenómenos en psiquiatría. Los detractores del psicoanálisis en Francia se apoderaron de esta cuestión de la medición, a golpe de referencia a los estudios aleatorizados, arrojando resultados cuantificados a favor de una terapia concurrente en el campo de la psiquiatría, las TCC, sin querer saber nada de las formas de objetividad diferentes que ofrece el psicoanálisis, organizado necesariamente en torno a una experiencia de la singularidad. No obstante, los agentes antipsicoanalíticos que siguen reclamando desde entonces que se someta la psiquiatría francesa a la autoridad de la Evidence-based Medecine, excluyendo para ello el psicoanálisis, parecen haber omitido el someterse ellos mismos a un rigor científico. Por ejemplo: actualizar sus conocimientos incorporando que las psicoterapias psicodinámicas han logrado aprobar, quieras que no, el examen de entrada a la EBM y van siendo reconocidas en una pluralidad de indicaciones que se sitúan entre las más frecuentes en psiquiatría.
Esta extraña contradicción resulta curiosa. Al aproximarse a los discursos que atacan al psicoanálisis, surge una pregunta: ciertas voces que gozan de reconocimiento, que se alzan con fuerza contra el psicoanálisis como un mal, se ven afectadas por graves fallos en la argumentación como la ausencia de verificación de sus fuentes y de un enfoque crítico en general en lo que afecta al psicoanálisis, condenado de antemano, pero también por una polémica estructura entretejida de alusiones y referencias a los abusos, la perversión y la muerte, que se le achacan al psicoanálisis, el cual conserva, no obstante, al mismo tiempo, un poder nocivo frente al cual el público tiene que abrir los ojos16. Lo más llamativo es la apertura a estos discursos de las puertas más respetables e institucionales, que influye en las decisiones. ¿Acaso este fenómeno de odio social contra el psicoanálisis hoy en día está relacionado con el lugar del odioamoramiento en esa disciplina que reconoce la dignidad del odio y sostiene que cada cual puede hacer algo con su odio, que cada cual es sujeto de su odio?

¿Acaso hay que ver en ello la incapacidad actual del vínculo social en Francia a la hora de mantener la cohesión de un ideal colectivo que brinde a cada cual un lugar en el que vivir? Robert Levy nos invitó a reflexionar sobre un vínculo entre la identificación del sujeto y la existencia de un ideal colectivo como soporte de procesos de metaforización en singular. El psicoanálisis se ha convertido en un vector de división en un campo que se ha vuelto confuso hasta en lo que respecta a su nombre: ¿Se trata de psiquiatría, de salud mental o del campo del sufrimiento psíquico? Sin mencionar la minusvalía que ha ido evolucionando ampliamente dentro de su campo semántico. ¿Y dentro de todo esto, dónde metemos el psicoanálisis?
Si los psicoanalistas se ven pues inmersos en los efectos de la globalización en ese espacio específico que representa Francia, les convendría, me parece, abrirse a lo que los une en el mundo a la dimensión de la palabra que realiza los pequeños milagros en nuestras vidas haciéndolas dignas de ser vividas, sin caer por ello en una devoción cualquiera. Solo la palabra, efectivamente, sostiene las trasmutaciones (en otras palabras las metáforas) de las que ninguna vida humana puede prescindir. Subrayar la especificidad del psicoanálisis entre otros enfoques de lo humano pasa por el vínculo con todos esos enfoques y no por la excepción.

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