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INTRODUCCIÓN AL CONGRESO DE 2016

Quisiera insistir hoy en la particularidad de nuestro congreso. Vamos a emplear, efectivamente, tres lenguas y es un gran momento para el psicoanálisis. Así pues, quisiera darles la bienvenida a nuestros colegas de Dublín y, en especial, a Donna Redmond de quien emana esta iniciativa, así como a todos aquellos que han tenido a bien realizar un largo viaje para « compartir » -es la palabra española que me viene a la mente que es mucho más representativa de lo que AF ofrece que el término francés « partager »-, es decir para apostar por un partir con « algunos otros » que no se reducen únicamente a una serie de sujetos diferentes, sino que son también lenguas diferentes. Asímismo, les doy la bienvenida a nuestros colegas chilenos, a nuestros colegas de España y a todos los que, no habiendo podido viajar, van a escucharnos por Skype desde Buenos aires o Valparaíso.

Resulta que la cuestión del progreso no es tan simple como podría parecer.

El equivalente más evidente en apariencia sería el de una mejoría, pero ¿para quién y en qué dirección ? Normalmente, por progreso, entenderíamos avance, desarrollo...crecimiento. Lo cierto es que la idea de progreso parece unida a la civilización, a un incremento de civilización, pero ahí de nuevo se plantea la cuestión; ¿es tan simple? Aunque solo sea porque la idea de progreso no parece estar de acuerdo con la idea de crisis. ¿Por qué entonces las crisis parecen originarse del supuesto progreso y podemos entonces hablar de una evolución positiva de la civilización si el resultado es la crisis?

Hay analizantes que no llegan a nuestras consultas haciéndose representar por sus síntomas, haciendo pasar a través de la palabra sus problemas con el Otro y asociando según el modo clásico, sino que se hacen representar por sus acciones o por sus afecciones corporales,pero unas acciones y unas afecciones que harían pensar que han roto sus relaciones con ese Otro, o no, pero que presentan un síntoma, un dolor corporal por ejemplo, que se convierte en central en su discurso como si todo el logos de que son capaces estuviera concentrado en ese punto.

Las categorías de Neurosis-Psicosis–Perversión se han distinguido en psiquiatría por la descripción de síndromes: agrupamientos sintomáticos y evoluciones que se les asocian, acompañados o no de hipótesis etiológicas. Con Freud, se les asignaron contenidos psicopatológicos diferenciados que iban mucho más allá de las descripciones e hipótesis que las precedieron, dando paso en ciertos casos a una terapéutica razonada y coherente con dicha psicopatología.

Dar la voz… ¿Una ex-centricidad necesaria para los inaudibles?

“Lo que se rechaza de lo simbólico, reaparece en lo real. Esta es la clave de lo que llamamos el síntoma. El síntoma es el nodo real donde vive la verdad del sujeto1”

Dirigir las orejas hacia el cielo… ¿y luego qué?

Mi presentación de hoy no será necesariamente disruptiva. Palabra extraída del flujo continuo de información, anglicismo, neologismo de la palabra inglesa “disruptivity”, que combina en condescendiente benevolencia contemporánea, la frescura de la separación o de la dispersión con la fuerza de innovación de la ruptura. No, esto no es un nuevo eslogan publicitario. Pero más bien el medio presionado de una ingeniería de gestión abogando por el olvido, el desvanecimiento de la Historia de los pueblos así como la de los individuos. Un laminador eficaz que trata de finalizar desde el jardín de infancia las capacidades de simbolización y de subjetivación. ¿Cómo pensar, poner a la obra, estos golpes repetidos, asestados, sin que solo permanezcan micro-traumas que debilitan nuestro razonamiento o nuestras facultades críticas? Una biopolítica que esclaviza el cuerpo.