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LA CURA CURA
EL CONCEPTO DE CURACIÓN EN PSICOANÁLISIS

Argumento

Aunque no podemos negar que en su origen, el punto de partida de Freud fue inventar un procedimiento destinado a aliviar las “enfermedades nerviosas”, el concepto de curación en psicoanálisis trasciende el heredado de la medicina.
Sigmund Freud fue médico antes que psicoanalista, era lógico que tratara de disminuir los sufrimientos tanto psíquicos como físicos y diferenciando uno de otro, dejando expresarse en cada análisis, las frustraciones ante los conflictos de la vida así como las emociones, los acontecimientos dolorosos, en suma : los deseos. Por lo tanto habrá que esperar la “cura por la palabra” y la “asociación libre” para que la “curación” se convierta en la puesta en acto del inconsciente y el ámbito de la verdad del sujeto. Avanzando en su teorización, la interpretación fue la forma lógica de desvelar aquello oculto y reprimido en lo inconsciente, lo que permitía obtener por estos procedimientos una ganancia de conocimiento antes inaccesible. Sin embargo, no todo se redujo a hacer consciente lo inconsciente, ni tampoco a colmar las lagunas del recuerdo. El trabajo analítico permite acceder a una cierta forma de elaboración.

A partir de ahí, el síntoma ya no es el objeto del trabajo analítico sino su función en la economía psíquica del sujeto. Hace falta entonces servirse del síntoma en lugar de querer anularlo. Lo cual no excluye, como lo da a entender igualmente Lacan, que los neuróticos vivan una vida difícil y que nosotros tratemos de aligerar su malestar. Un análisis no debe ser empujado demasiado lejos. Cuando el analizante piensa que está feliz con su vida, es bastante. [1] Entonces, ¿porque tanta tibieza por parte de los analistas a la hora de utilizar el término de curación? ¿Será acaso porque la cura confronta siempre al sujeto con su goce, con sus goces, y que la novedad que aporta el psicoanálisis sobre la curación, es que el sujeto goza sobre todo de su síntoma? Por ello es por lo que sin duda, la curación no puede ponerse en posición de ideal. Para hacer de ella un concepto analítico hay que subrayar su relación con lo real, es decir con lo imposible.

Así, no hay curación posible sin tomar en cuenta lo imposible. He aquí la paradoja con la que se confronta el analista en toda cura. Si el psicoanálisis siempre viene como contrapunto al discurso médico al que subvierte, es para afirmar con más fuerza que “la clínica psicoanalítica comienza ahí, en las manifestaciones transferenciales, lugar donde se detiene la clínica médica” [2] Casi al final de su vida, en 1937, Freud habla de las construcciones en psicoanálisis [3]. ¿Sería este nuevo esquema referencial el que permite la curación? ¿Sería pues esta forma de estructurar el devenir histórico del sujeto lo que produce una reorganización y un cambio en el analizante? En efecto, la “kulturarbeit”, está sumamente cerca de ese trabajo de civilización que Freud espera para permitir que los procesos de simbolización se implementen. Sin embargo, ¿no es acaso la verdad histórica irrecuperable?, ¿no es acaso siempre mítica?, ¿no es ese imaginario que el sujeto construye como el « mito individual del neurótico"?

¿O será que “la construcción en el análisis” es auténtica, desde el punto de vista de lo que surge en el proceso analítico; no ya como recuperación de una historia pasada, sino como tantas formas de representaciones y de deseos en las cadenas significantes, que le dan todo su valor? ¿La verdad más que la veracidad de los hechos? Por esta razón no podemos retroceder ante la evidencia de la desaparición de síntomas en tantos niños que consultan a los psicoanalistas, y menos retroceder frente a la necesidad de afirmar que el tratamiento de las psicosis, incluso si exige años de trabajo, aporta un resultado positivo en la vida de los pacientes, y eso gracias a los dispositivos y a los lugares en los que el psicoanálisis lo ha demostrado.
En consecuencia, si la cura cura, si la cura produce curación, queda por mostrar cuáles son sus mecanismos asumiéndolos hasta la curación, que sin embargo, siempre llega “por añadidura“, ya que no es su fin principal.


(1) J. Lacan “Conférences et entretiens dans des universités nord-américaines », Scilicet n° 6/7, PUF, 1975, pp. 42-45.
(2) J. Clavreul L’ordre médical Paris ED Seuil 1978.p 180-181
(3) S. Freud “Construction dans l’analyse” Résultats, idées, problèmes, tome II, PUF, 1998, p.269