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París, viernes 20 de noviembre de 2015

Estimados colegas,

Nos acabamos de enfrentar a lo innombrable y aunque ninguno de nosotros ni tampoco ninguno de nuestros seres queridos fue afectado directamente, nos encontramos, sin embargo todos profundamente afligidos por este ataque contra la humanidad. Esta falta de humanidad nos obliga, mas que a otros, a poner palabras a un impensable que todavía para muchos solo puede expresarse con lagrimas y consecuentemente por la imposibilidad de pensar.

La cuestiones de "defensa del sujeto" tan largamente debatidas en nuestra asociación encuentran en este asunto su primer interés.

Frente a esta confrontación colectiva con la aparición de un real mortífero, nuestra tarea de analista ¿ no será, de nuevo, intentar permitir devolver al sujeto , cada uno en su historia personal, los puntos o los momentos en los cuales se encontró excluido?


El Buró de Análisis Freudiano

 

« Morir, es una cagada »

por Serge Sabinus, psicoanalista.

Este es mi título. Y este título es una declaración de fe, ¡una crisis!, un grito fuerte como una carcajada, una reivindicación (pedid lo imposible, ¿os acordáis?). Es también una revuelta, una indignación, una exigencia, como un capricho infantil... en fin, cualquier cosa salvo una oración, ¡qué pasa!

Este título es un homenaje, un homenaje a Elsa. Elsa Cayat que animaba entre los periodistas de Charlie Hebdo una crónica bimensual, creo: "el diván". Una mujer champaña y juegos de palabra, encaramada a una altura vertiginosa sobre sus tacones increíbles, a la altura de la lengua, ahí donde se pasa del sentido y de las certezas que éste produce. Aún tenía en la mano la pluma para el que ella no sabía que sería su último papel, una crónica que había titulado con cierto desaire: "La Navidad es una cagada". Era como una narizota roja sobre la jeta del Padre eterno, pero la narizota se ha extendido en una enorme mancha roja...

Elsa Cayat era psicoanalista, mujer y judía. Lo tenía todo para hacer felices a los asesinos de la palabra, esos que de la palabra sólo conocen la versión hipnótica de la oración y de la llamada al crimen. Quiero dejarlo claro. Elsa Cayat, psicoanalista, tenía su lugar preciso en Charlie Hebdo. Ahí donde la risa, la parodia, la burla del sentido, el witz, son los garantes de la palabra libre. El "diván" es ese lugar. Los partidarios del totalitarismo, del Todo Uno —ya sea religioso, político, científico o familiar— hacen morir tanto la risa como la palabra libre. No hay humoristas en tierras de integrismo; ¡ni humoristas ni psicoanalistas! El integrismo de cualquier tendencia mata a quienes vagan libremente. Elsa Cayat fue una de sus víctimas. Vayan estas palabras para que no sea olvidada aquella que abogó, y yo con ella, modestamente, las gracias demasiado humanas del humor libre.

 

¡BASTA YA!


Llamada del colectivo de los 39 del 1 de noviembre de 2014


Los hechos están ahí y son tozudos: mientras crece la demanda de atención —sobre todo para los niños—, los medios humanos son cada vez más escasos: disminución de puestos de enfermería, marginalización escandalosa de los psicólogos, escasez de psiquiatras (públicos y privados).
La formación de los enfermeros es claramente insuficiente y, para los residentes de psiquiatría es reductora, simple y engañosa, ya que se toma raramente en cuenta la complejidad de la disciplina. Sólo raramente se les permite elegir sus opciones teóricas, desarrollar un pensamiento crítico indispensable. Todos los estudiantes sufren un formateo en el que reina la dimensión binaria y reductora de la atención, por lo que ya no está a la orden del día ayudar al paciente a comprender lo que le ocurre. Se les enseña a tratar una enfermedad y no a curar a un ser cuyo sufrimiento representa también una protesta que es necesario acoger.
Lo mismo ocurre con la formación de los educadores y de los trabajadores sociales dispensada en los Institutos Regionales del Trabajo Social, formación sometida a los dictámenes de la "calidad" y el "buen trato", reductora, operativa y completamente inapropiada para la dimensión relacional del encuentro educativo.
Además, en la vida cotidiana de los servicios (públicos o privados), no queda ya tiempo para la transmisión del saber-hacer, para las reuniones de equipo, los intercambios informales a propósito de los pacientes. A cambio, hay que consagrar el tiempo a rellenar casillas con "grandes y pequeñas cruces", cumplir obligaciones tan ineptas como estériles para que sea respetada una pseudo-calidad, justo la que impone la Alta Autoridad de Salud (HAS), institución antidemocrática que impone sin restricción protocolos extraños a la cultura de los equipos terapéuticos, que tiraniza con su preocupación por la homogeneidad y maestría de todos los actores, incluida la jerarquía hospitalaria. Como organismo burocrático de alto nivel, "elabora" sus protocolos de tratamiento para todos.

Manifiestos por el psicoanálisis

 

Estimados colegas,


Los miembros de la Asociación Análisis Freudiano apoyamos el esfuerzo de los psicoanalistas que han ido elaborando distintos manifiestos en apoyo del psicoanálisis: