{"id":3161,"date":"2019-10-31T21:16:08","date_gmt":"2019-10-31T20:16:08","guid":{"rendered":"http:\/\/www.analysefreudienne.net\/es\/?p=3161"},"modified":"2019-10-31T21:16:23","modified_gmt":"2019-10-31T20:16:23","slug":"eva-van-morlegan-odio-y-alteridad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.analysefreudienne.net\/es\/2019\/10\/31\/eva-van-morlegan-odio-y-alteridad\/","title":{"rendered":"Eva Van Morlegan &#8211; ODIO Y ALTERIDAD"},"content":{"rendered":"<p>1<br \/>\nEsta ponencia surge a partir de algunas preguntas que quedaron abiertas en el Seminario que realizamos en Sevilla, en el que estuvimos trabajando el tema del a\u00f1o de nuestra asociaci\u00f3n. Comenzamos nuestro recorrido con el tema de la identificaci\u00f3n a partir del cap\u00edtulo VII de Psicolog\u00eda de las masas donde Freud plantea una primera identificaci\u00f3n enigm\u00e1tica que nombra identificaci\u00f3n al padre, y que \u00e9l precisa en el Yo y el ello como una identificaci\u00f3n al padre\/madre y esto en un momento en que no hay objeto, ni sujeto. Es decir, estamos en lo pre-especular, en el momento en que se comienza a constituir el yo. Ah\u00ed es donde se sit\u00faa el odio primario, siendo el rechazo el mecanismo que se pone en juego para lograr una homeostasis.<br \/>\nDe este odio primario, que tiene que ver con lo constitutivo solo quedan huellas, marcas, que no tienen el registro de una inscripci\u00f3n significante.<br \/>\nDice Freud en Las pulsiones y sus destinos: \u201cEl odio, como relaci\u00f3n con el objeto, es m\u00e1s antiguo que el amor. Nace de la repulsa primitiva del mundo exterior\u201d1. Lacan precisa que, \u201cEl odio es m\u00e1s antiguo que el amor: es rechazo, expulsi\u00f3n del Otro, y se remonta a la Aussto\u00dfung (expulsi\u00f3n fuera del sujeto) que constituye a lo real como lo que subsiste fuera de la simbolizaci\u00f3n\u201d2<br \/>\nEstas marcas, ca\u00eddas bajo la represi\u00f3n primaria, no son sin efectos, podemos pensar en el trabajo de Winnicott El miedo al derrumbe3 donde nos dice que: \u201cEl derrumbe es ese estado de cosas impensable que est\u00e1 por debajo de la organizaci\u00f3n de las defensas\u201d.  Sostiene que \u201cel miedo cl\u00ednico al derrumbe es el miedo a un derrumbe ya experienciado\u201d. Es un hecho escondido en un inconsciente que no es el reprimido en las psiconeurosis y precisa \u201cen este contexto inconsciente significa que la integraci\u00f3n yoica no es capaz de abarcar algo\u201d.<br \/>\nEs lo que Lacan llama una huella en un inconsciente no reprimido, cuesti\u00f3n que trabaja Robert L\u00e9vy en su libro \u201cLo infantil en Psicoan\u00e1lisis\u201d4.<br \/>\nTambi\u00e9n en este art\u00edculo, Winnicott se\u00f1ala otro efecto de estas marcas: el miedo al vac\u00edo, y relaciona este miedo con que \u201dnada pas\u00f3 cuando pod\u00eda haber pasado. El paciente no sab\u00eda qu\u00e9 podr\u00eda pasar, y por ende nada pudo experimentar, salvo advertir que algo podr\u00eda haber sido\u201d.<br \/>\nEl paciente queda a la espera de un acto que no llega, de algo que ten\u00eda que haber sucedido y no sucede, por consiguiente, no es un trauma que se pueda recordar. Winnicott insiste en que esto es muy anterior al establecimiento de algo que podamos llamar yo.<br \/>\nEste miedo al vac\u00edo, a un derrumbe, est\u00e1 relacionado con la presencia de la falta en el Otro materno. Cuando la madre no puede poner en juego el deseo, la falta en el  gran Otro se vive como vac\u00edo, y este vac\u00edo no le sirve al ni\u00f1o de apoyo para hacer una construcci\u00f3n, y ante la pregunta \u00bfqu\u00e9 me quiere el Otro? no puede iniciar una b\u00fasqueda y hacer una distribuci\u00f3n de goce, ya que la falta es vivida como abandono y el ni\u00f1o se tiene que enfrentar con un exceso pulsional imposible de tramitar por \u00e9l solo. Es un vac\u00edo que no se puede constituir como falta.<br \/>\nWinnicott sostiene que este miedo al derrumbe se da tanto en pacientes neur\u00f3ticos como en psic\u00f3ticos. Puesto que se pone en juego algo que tiene que ver con lo constitutivo y sobre lo que Freud sostiene en \u201cEl malestar en la cultura\u201di, que lo primitivo sigue conviviendo con lo m\u00e1s elaborado y que en determinados momentos pueden reaparecer.<br \/>\nSin extendernos en las m\u00faltiples manifestaciones cl\u00ednicas de este vac\u00edo, lo que se aprecia es que estas fallas afectan directamente a la constituci\u00f3n narcisista del sujeto, dej\u00e1ndolo librado a un goce que no ha sido insertado en el intercambio con el Otro. Un goce asexuado, habitualmente relacionado con una pr\u00e1ctica pulsional determinada por ej en la anorexia y las drogodependencias, y tambi\u00e9n con estados depresivos graves, ataques de p\u00e1nico, o con estados en los que predomina la angustia y la actuaci\u00f3n. Si bien no estamos necesariamente en la psicosis, s\u00ed estamos ante momentos forclusivos, forclusiones locales, donde el sujeto no encuentra a trav\u00e9s de la identificaci\u00f3n, un modo de insertar el goce en el intercambio con los otros.<br \/>\nEn esta misma l\u00ednea, tanto en La agresividad en psicoan\u00e1lisis como en Acerca de la causalidad ps\u00edquica, Lacan plantea que el odio puede ser una manera de construir al gran Otro en el caso las psicosis. El odio al goce del Otro es lo que Lacan refiere al kak\u00f3n, como objeto malo interno. Es un objeto no especularizable. Lacan evoca el mecanismo liberador del kakon en el an\u00e1lisis del pasaje al acto en el caso Aim\u00e9e \u201cel objeto que golpea define el s\u00edmbolo de su enemigo interior, de su propia enfermedad\u201d. Se pone en juego el odio originario que se resuelve en la actitud agresiva hacia el otro.<br \/>\nDe esta manera el sujeto queda librado, al odio como un intento de separaci\u00f3n y de constituci\u00f3n del Otro, aunque m\u00e1s no sea mediante su exclusi\u00f3n.<br \/>\nTambi\u00e9n trabajamos el odio originario en relaci\u00f3n con lo que Lacan llama \u201cdeseo puro\u201d en el Seminario de La \u00c9tica, donde plantea que Ant\u00edgona encarna este deseo puro, al cual define como esa posici\u00f3n de un \u201cm\u00e1s all\u00e1\u201d de lo simb\u00f3lico, y lo nombra deseo de muerte. Es un deseo que va m\u00e1s all\u00e1 del mundo del Bien, de la duda y de la culpa, y que no tiene ninguna demanda por detr\u00e1s.<br \/>\nEn el discurso de Ant\u00edgona, su deseo aparece como tautol\u00f3gico: mi hermano es lo que es. La formulaci\u00f3n de esta elecci\u00f3n no est\u00e1 sostenida ni por la met\u00e1fora, ni por la metonimia. La unificaci\u00f3n es lo contrario de la identificaci\u00f3n y Ant\u00edgona hace uno con el hermano.<br \/>\nFreud habla del deseo puro en relaci\u00f3n a la pulsi\u00f3n anobjetal cuyo \u00fanico deseo es la descarga. El narcisismo primario es una fase completamente \u00abanobjetal\u00bb, donde el odio es a la carga, a lo pulsional. Hay una incomodidad en lo real del cuerpo que quiere llevar la tensi\u00f3n a cero. Ser\u00eda un odio a la falta de confort.<br \/>\nEstamos frente a un universal constitutivo, sobre el que luego viene lo simb\u00f3lico transmitido por el deseo materno que hace que el deseo deje de ser puro. Desde esta perspectiva, la alteridad atenta contra el deseo en su pureza.<br \/>\nFreud de entrada nos habla de un yo corporal, pero no hay ning\u00fan yo, es un puro movimiento pulsional y pensamos que es ah\u00ed donde se inscribe una huella, en el momento en que el cuerpo comienza a sufrir; porque ah\u00ed es donde se produce la diferencia. Pero es un puro real en su funcionamiento porque no hay discurso.<br \/>\nRetomando esta primera identificaci\u00f3n de las que nos habla Freud, pensamos que es una identificaci\u00f3n que pasa a trav\u00e9s de la madre, no es un intercambio entre el ni\u00f1o y la madre como si fueran dos. Es una identificaci\u00f3n con la privaci\u00f3n de goce, por eso Freud la llama identificaci\u00f3n al padre.<br \/>\nEsta huella se recubre y a veces puede ser audible en el relato del paciente en un momento del an\u00e1lisis, o manifestarse en una incomodidad, por ejemplo, pacientes que destruyen los v\u00ednculos sociales en la cotidianeidad, que se encierran y no quieren salir porque la relaci\u00f3n con el otro le produce una incomodidad que no pueden definir. Cuesti\u00f3n que podemos pensar como un odio a cualquier cosa que altere la homeostasis.<br \/>\nEs un odio que se vive como incomodidad en el cuerpo, y que tambi\u00e9n podemos ver su manifestaci\u00f3n en la dificultad en el establecimiento de la transferencia, por ejemplo, en el paciente que cuando se despide no te mira o te mira de costado, no se enfada, ni hace un desaire \u2026, pero no vuelve m\u00e1s y te hace desaparecer. Es un odio silencioso.<br \/>\nY nos preguntamos \u00bfEs el cuerpo el que habla en este pasaje al acto? \u00bfAqu\u00ed est\u00e1 en juego una amenaza como proveniente del otro, que suscita un odio que har\u00eda imposible la identificaci\u00f3n, y donde solo habr\u00eda movimiento de expulsi\u00f3n, de rechazo, como modo de afirmaci\u00f3n del yo?<br \/>\nCuando estamos frente a este odio constitutivo, que no ha llegado a formarse como trauma, y que pone en acto una violencia destructiva contra la alteridad, pensamos que ni siquiera estar\u00edamos en el registro de lo meton\u00edmico -en tanto lo meton\u00edmico es una operaci\u00f3n que se realiza entre significantes por contig\u00fcidad- sino que m\u00e1s bien estar\u00edamos en el registro del indicio en tanto hay que construir una historia que d\u00e9 cuenta de la relaci\u00f3n, para que se pueda producir una inscripci\u00f3n.<br \/>\nEsto nos convoca a realizar un trabajo de construcci\u00f3n, para poder poner palabras a lo que se presenta como una huella, huella que insiste por no acceder a una inscripci\u00f3n significante y quedar por fuera de la representaci\u00f3n. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>1 Esta ponencia surge a partir de algunas preguntas que quedaron abiertas en el Seminario que realizamos en Sevilla, en el que estuvimos trabajando el tema del a\u00f1o de nuestra asociaci\u00f3n. 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