{"id":3177,"date":"2019-11-26T17:04:35","date_gmt":"2019-11-26T16:04:35","guid":{"rendered":"http:\/\/www.analysefreudienne.net\/es\/?p=3177"},"modified":"2019-11-26T17:19:28","modified_gmt":"2019-11-26T16:19:28","slug":"jose-luis-caceres-el-eterno-retorno-de-la-violencia-una-lectura-psicoanalitica-del-conflicto-armado-colombiano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.analysefreudienne.net\/es\/2019\/11\/26\/jose-luis-caceres-el-eterno-retorno-de-la-violencia-una-lectura-psicoanalitica-del-conflicto-armado-colombiano\/","title":{"rendered":"Jos\u00e9 Luis C\u00e1ceres &#8211; El eterno retorno de la violencia: Una lectura psicoanal\u00edtica del conflicto armado colombiano"},"content":{"rendered":"<p>XII Jornada de Psicoan\u00e1lisis<br \/>\nAn\u00e1lisis Freudiano<\/p>\n<p>\u201cEn la poblaci\u00f3n las gentes son sacadas de su hogar sin orden legal, y sometidas a flagelaci\u00f3n y tortura antes de conducirlas a la muerte\u201d (Guzm\u00e1n, Fals y Uma\u00f1a, 1962: 55-56). Nos relata Monse\u00f1or Germ\u00e1n Guzm\u00e1n acerca de lo que ocurr\u00eda en diferentes zonas de Colombia durante la d\u00e9cada de 1930.<br \/>\n\u201cEmasculan, profanan cad\u00e1veres, queman vivos a agentes previamente rociados con gasolina [\u2026] Los \u00f3rganos cercenados los colocan en la boca de la v\u00edctima\u201d (226) Contin\u00faa contando Guzm\u00e1n pero esta vez sobre sucesos ocurridos en los a\u00f1os 50\u2019s.<br \/>\n\u201c[\u2026] cuando tratamos de levantar el cad\u00e1ver, la masa craneana se desbarat\u00f3 debido a los excesivos disparos de fusil que recibi\u00f3 [\u2026] A varias de las v\u00edctimas les pusieron el pene en la boca y tal parece que por lo menos a una de ellas le abrieron el abdomen a machetazos en pleno estado de conciencia\u201d (Giraldo, Colorado &amp; P\u00e9rez, 1997). Rese\u00f1a un m\u00e9dico forense a finales de los 80\u2019s.<br \/>\nEn Colombia, la violencia tiene estructura de repetici\u00f3n. Aunque el conflicto armado cuenta ya con m\u00e1s de 60 a\u00f1os de duraci\u00f3n, no obstante, estos extremos de violencia ocurren cada cierto tiempo, retornan aproximadamente despu\u00e9s de una generaci\u00f3n, y lo hacen poniendo en escena a la muerte, la persecuci\u00f3n, el miedo y el destierro, a trav\u00e9s de las formas m\u00e1s dantescas inimaginables. Las masacres, las desapariciones forzadas, los secuestros, las bombas y los desplazamientos forzados son s\u00f3lo algunas de sus formas m\u00e1s conocidas.<br \/>\nHay, no obstante, una expresi\u00f3n mort\u00edfera del odio y de la violencia en Colombia de la que muy poco se escucha. Manifestaci\u00f3n que igualmente emerge compulsivamente en cada cap\u00edtulo del conflicto armado, como s\u00edntoma m\u00e1s extremo del desanudamiento de la pulsi\u00f3n de muerte en aquellos que se desenvuelven en el teatro de la violencia como actores armados.<br \/>\nSe trata de la fragmentaci\u00f3n del cuerpo del otro, de su desmembramiento o, inclusive, de su desintegraci\u00f3n. En los a\u00f1os 50\u2019s se les caracterizaba como cortes: el corte franela, de corbata, franc\u00e9s, como si a un tejido o a una costura se refiriera.<br \/>\n\u201cEl corte de franela, practicado especialmente en el Tolima, es invento guerrillero y consiste en una profunda herida sobre la garganta muy cerca al tronco. La hacen no golpeando sino corriendo con fuerza un afilado machete sobre la parte anterior del cuello. [\u2026] El \u00abcorte de corbata\u00bb, de invenci\u00f3n \u00abp\u00e1jara\u00bb1, es una contrarr\u00e9plica al anterior. Se verifica mediante una incisi\u00f3n por debajo del maxilar inferior por donde se hace pasar la lengua de la v\u00edctima quedando izada en forma espeluznante, sobre el cuello\u201d (Guzm\u00e1n, Fals y Uma\u00f1a, 1962: 228-229).<br \/>\nEl descuartizamiento tambi\u00e9n era una pr\u00e1ctica recurrente. En 1952 en Ca\u00f1asgordas, al noroccidente de Medell\u00edn, un joven de 18 a\u00f1os es atado a un \u00e1rbol para luego cortarle las manos y los pies, y con un cuchillo despedazarle el torso a la altura del coraz\u00f3n, para, finalmente, dejar sus dedos y sus genitales esparcidos en el camino (Guzm\u00e1n, Fals y Uma\u00f1a, 1962).<br \/>\n40 a\u00f1os m\u00e1s tarde, el 17 de Abril de 1990 el sacerdote cat\u00f3lico Tiberio Fern\u00e1ndez y su sobrina Alba Isabel Giraldo de 22 a\u00f1os fueron secuestrados, torturados y asesinados en Trujillo, al norte de Cali. Ella fue violada y sus senos cercenados, \u00e9l fue castrado. Sus cuerpos, junto con los de otras v\u00edctimas m\u00e1s, fueron descuartizados y arrojados al r\u00edo Cauca, donde los asesinos esperaban que fueran comidos por los peces.<br \/>\nDespu\u00e9s de cierto tiempo, la violencia retorna. Tras la firma del acuerdo de paz con las FARC-EP en 2016, ya se registran cerca de 500 l\u00edderes sociales asesinados, seg\u00fan fuentes oficiales2. Otras fuentes hablan de m\u00e1s de 600 muertes3. \u00c9sto lleva a pensar la violencia en Colombia como una constante que emerge seg\u00fan ciertos ciclos o periodos, una suerte de compulsi\u00f3n que no cesa de repetirse.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 podemos decir desde el psicoan\u00e1lisis sobre esta cualidad de la violencia?<br \/>\nEl tema que cerramos hoy en la Asociaci\u00f3n An\u00e1lisis Freudiano, nos plantea la pregunta por lo in\u00e9dito de la violencia, sin embargo, en el caso colombiano la violencia tiene estructura de repetici\u00f3n. Como un s\u00edntoma de lo inconsciente que no cesa de repetirse en el lazo social.<br \/>\nNo es la primera vez que se le plantea al psicoan\u00e1lisis la pregunta respecto del odio y la violencia. Ya en 1933, en los albores del conflicto armado colombiano, \u00e9poca en la que Europa tem\u00eda el inicio de una nueva guerra mundial, el f\u00edsico Albert Einstein le preguntaba a Freud el por qu\u00e9 de la guerra y si hab\u00eda alg\u00fan camino para evitar sus estragos.<br \/>\nFreud (1996\/1933) desarrolla su respuesta empezando por analizar la violencia constitutiva de las relaciones de poder en la sociedad. Por una parte, sectores de la clase dominante que intentan ponerse por encima de la ley haciendo uso de la violencia, por otra, los esfuerzos de grupos de oprimidos por reivindicar igualdad de derechos a\u00fan mediante el uso de las armas.<br \/>\nEn cualquier caso, el problema est\u00e1 en que la agresividad y el impulso a la destrucci\u00f3n aparecen como elementos estructurales del sujeto. Un poco antes de su respuesta a Einstein, Freud (1986\/1930), en El Malestar en la cultura, se\u00f1alaba que en la dotaci\u00f3n pulsional del ser humano hay una buena cuota de agresividad.<br \/>\nDice as\u00ed:<br \/>\n\u201cEn consecuencia, el pr\u00f3jimo no es solamente un posible auxiliar y objeto sexual, sino una tentaci\u00f3n para satisfacer en \u00e9l la agresi\u00f3n, explotar su fuerza de trabajo sin resarcirlo, usarlo sexualmente sin su consentimiento, desposeerlo de su patrimonio, humillarlo, infringirle dolores, martirizarlo y asesinarlo [\u2026] Bajo circunstancias propicias, cuando est\u00e1n ausentes las fuerzas an\u00edmicas contrarias que suelen inhibirla, [la agresi\u00f3n] se exterioriza tambi\u00e9n espont\u00e1neamente, y desenmascara a los seres humanos como bestias salvajes que ni siquiera respetan a los miembros de su propia especie\u201d (Freud, 1986\/1930: 108).<br \/>\nPartiendo de Freud, a\u00f1os m\u00e1s tarde Lacan tambi\u00e9n va a tratar la agresividad, pero esta esta vez, consider\u00e1ndola como una fascinaci\u00f3n narcisista que nutre la relaci\u00f3n del hombre con el espejo en la imposibilidad de la reunificaci\u00f3n del cuerpo real con la imagen ideal. Es lo que nos demuestra la paranoia, la imposibilidad de la coincidencia del otro m\u00e1s pr\u00f3ximo con el ideal narcisista. La violencia surge as\u00ed no del instinto natural, ni de la diferencia del otro, sino de un exceso de proximidad y de indiferencia donde el yo ve en el otro aquello que querr\u00eda ser y no es, o en su defecto, eso que quisiera tener y no tiene. El objeto de violencia es una versi\u00f3n idealizada del sujeto que agrede. Es la admiraci\u00f3n idealizada la que da lugar a una agresividad envidiosa porque la existencia del otro muestra persecutoriamente al yo lo que \u00e9ste no es, o no tiene.<br \/>\nMientras el yo sea presa de su locura narcisista que lo lleva a imponer en el otro la propia imagen idealizada, la existencia misma del otro como alteridad le parecer\u00e1 hostil y la violencia emerger\u00e1 como la \u00fanica respuesta posible. En este sentido, el origen subjetivo de la violencia est\u00e1 en la incapacidad del sujeto para constituirse como Uno (Recalcati, 2012. En: Gonz\u00e1lez-Barrientos, 2015).<br \/>\nLo que el otro refleja al yo especularmente es entonces su imagen incompleta, su irremediable divisi\u00f3n fundamental evidenciada en la hiancia con su ideal. Incompletud que puede regresar al yo paranoicamente como amenaza de destrucci\u00f3n y que Lacan (2008) designa como las imagos del cuerpo fragmentado, im\u00e1genes de castraci\u00f3n, eviraci\u00f3n, mutilaci\u00f3n, desmembramiento, dislocaci\u00f3n, destripamiento, devoraci\u00f3n y reventamiento del cuerpo.<br \/>\nPero estas im\u00e1genes pueden tambi\u00e9n alienar al sujeto, estructurando al yo de forma paranoica, captur\u00e1ndolo en una ambivalencia identificatoria propia del transitivismo en la que quien pega dice haber sido pegado, quien castra siente haber sido castrado, o quien mutila afirma haber sido mutilado. Pues aquel objeto que el otro idealizado posee no es visto como otra cosa que como el objeto de la completud del yo, el objeto perdido que precipita la rivalidad, la competencia, la agresividad e incluso la violencia de su despojo. Para el yo estructurado paranoicamente, lo que el otro posee le ha sido a \u00e9l previamente amputado, dej\u00e1ndole as\u00ed incompleto y fragmentado.<\/p>\n<p>El descuartizamiento del cuerpo del otro en la violencia: \u00bfuna locura paranoica?<br \/>\nInevitablemente, las imagos del cuerpo fragmentado de las que habla Lacan retrotraen las im\u00e1genes de las masacres y los cuerpos mutilados del conflicto armado colombiano. \u00bfC\u00f3mo entender los resortes ps\u00edquicos que han llevado a estos extremos y a esta particularidad de exterminio del otro?<br \/>\nPor una parte, parece l\u00edcito extrapolar el an\u00e1lisis para hipotetizar este fen\u00f3meno como una locura narcisista, en la que el agresor armado ve al otro reducido a la imagen de un rival. Aquel que posee aquello que completar\u00eda al agresor y cuya p\u00e9rdida resiente como una violencia sobre s\u00ed mismo, como un despojo del que previamente ha sido v\u00edctima. De ah\u00ed que el actuar del descuartizador sea con tanta violencia pues, no s\u00f3lo recupera el objeto perdido que imaginariamente atribuye en posesi\u00f3n del otro, sino que a su vez, cobra venganza por la misma p\u00e9rdida sufrida.<br \/>\nPor otra parte, no hay forma de que el agresor realmente pueda llenar su falta, ya que \u00e9sta tambi\u00e9n es estructural en el sujeto, haciendo del objeto un objeto perdido desde el principio. As\u00ed entonces, lo que el otro refleja especularmente al agresor es su propia incompletud, su car\u00e1cter dividido y fragmentado. La violencia del desmembramiento ser\u00eda en este caso una proyecci\u00f3n de la fragmentaci\u00f3n subjetiva, es decir, un acto mediante el cual se realiza en el cuerpo del otro la fragmentaci\u00f3n experimentada en s\u00ed mismo.<br \/>\nLa repetici\u00f3n de la mutilaci\u00f3n de los cuerpos vendr\u00eda a instalarse mediante un mecanismo paranoico. Parad\u00f3jicamente, la realizaci\u00f3n de la fragmentaci\u00f3n del cuerpo del otro enfrentar\u00eda al sujeto a lo real no s\u00f3lo de la muerte, sino tambi\u00e9n de su divisi\u00f3n misma, de su propia fracturaci\u00f3n subjetiva y de la irreductibilidad de la falta. Las im\u00e1genes de los cuerpos mutilados, castrados y descuartizados, retornar\u00edan al agresor como amenazas de su propia destrucci\u00f3n, como una locura paranoica.<\/p>\n<p>La repetici\u00f3n hist\u00f3rica: \u00bfuna locura transgeneracional?<br \/>\nAhora bien, \u00bfc\u00f3mo entender que esta repetici\u00f3n ocurra cada 20 o 30 a\u00f1os, tras el paso de una generaci\u00f3n? \u00bfHabr\u00e1 quiz\u00e1s algo en juego en el Edipo, en la tramitaci\u00f3n de la violencia de una generaci\u00f3n a otra? \u00bfO se tratar\u00e1 acaso de un fallo en la identificaci\u00f3n al momento de la estructuraci\u00f3n imaginaria del estadio del espejo?<br \/>\nEn general, desde lo que puede apreciarse a la distancia, no todos los torturadores o perpetradores de masacres parecen tener una estructura psic\u00f3tica, m\u00e1s bien da la impresi\u00f3n de tratarse de sujetos ubicados en una posici\u00f3n perversa. En este sentido, podr\u00eda pensarse la operaci\u00f3n subjetiva del agresor armado como una renegaci\u00f3n de su falta, desplaz\u00e1ndola al cuerpo del otro. Lo que se instalar\u00eda all\u00ed entonces es un goce perverso.<br \/>\nEn el discurso del perverso la falta no estar\u00eda en \u00e9l sino en el otro. No soy yo, eres t\u00fa el que est\u00e1 en falta, el que est\u00e1 mal, por eso pierdes tu vida, tus brazos, tus piernas, tu sexo y tu cabeza. Un discurso c\u00ednico que le permitir\u00eda ubicarse fuera de la falta y de la ley.<br \/>\nPero, \u00bfpor qu\u00e9 se repite en diferentes generaciones y de forma tan masiva que llega a impactar el mismo orden social? \u00bfSe tratar\u00e1 acaso de una estructuraci\u00f3n perversa de lo social? \u00bfEvidencia este fen\u00f3meno una faceta perversa de la sociedad colombiana, al modo del Estado Nazi de la Alemania de los a\u00f1os 30 y 40 del siglo XX, en que los diferentes miembros del partido participan, ya fuera de forma directa o indirecta, del exterminio de otros pueblos?<\/p>\n<p>Jos\u00e9 Luis C\u00e1ceres A.<br \/>\n24 de Agosto de 2019<\/p>\n<p>Referencias bibliogr\u00e1ficas<br \/>\nFreud, S. (1986\/1930). El malestar en la cultura. En: Freud, Obras Completas; Vol. XXI (1986). Buenos Aires: Amorrortu.<br \/>\nFreud, S. (1933\/1996). \u00bfPor qu\u00e9 la guerra? En: Sigmund Freud, Obras Completas; vol. XXII (1996). Buenos Aires: Amorrortu.<br \/>\nGiraldo, C., Colorado, J. &amp; P\u00e9rez, D. (1997). Relatos e im\u00e1genes. Bogot\u00e1 D.C., Colombia: Cinep.<br \/>\nGonz\u00e1lez-Barrientos, M. (2015). Traducci\u00f3n de \u201cLa locura de Narciso y el gesto de Ca\u00edn\u201d. En Massimo Recalcati (2012), Jacques Lacan: Desiderio, godimento e soggettivazione (p. 01-66). Milano: Raffaello Cortina Editore. Traducci\u00f3n libre para fines acad\u00e9micos.<br \/>\nGuzm\u00e1n, G., Fals, O. y Uma\u00f1a, E. (1962). La violencia en Colombia. Estudio de un proceso social. Bogot\u00e1 D.C., Colombia: Ediciones Tercer Mundo.<br \/>\nLacan, J. (2008). La agresividad en psicoan\u00e1lisis. Informe te\u00f3rico presentado en el XI Congreso de los Psicoanalistas de Lengua Francesa, reunido en Bruselas a mediados de mayo de 1948. En Lacan, J. (2008). Escritos 1. Buenos Aires, Argentina: Siglo XXI.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>XII Jornada de Psicoan\u00e1lisis An\u00e1lisis Freudiano \u201cEn la poblaci\u00f3n las gentes son sacadas de su hogar sin orden legal, y sometidas a flagelaci\u00f3n y tortura antes de conducirlas a la muerte\u201d (Guzm\u00e1n, Fals y Uma\u00f1a, 1962: 55-56). 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