{"id":593,"date":"2013-08-19T11:05:05","date_gmt":"2013-08-19T09:05:05","guid":{"rendered":"http:\/\/www.analysefreudienne.net\/afwpfr\/2013\/08\/19\/serge-sabinus-los-prisioneros-del-tiempo\/"},"modified":"2013-08-19T11:05:05","modified_gmt":"2013-08-19T09:05:05","slug":"serge-sabinus-los-prisioneros-del-tiempo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.analysefreudienne.net\/es\/2013\/08\/19\/serge-sabinus-los-prisioneros-del-tiempo\/","title":{"rendered":"Serge Sabinus &#8211; Los prisioneros del tiempo"},"content":{"rendered":"<p> \t<strong>Madrid, 25 de mayo de 2013<\/strong><\/p>\n<p> \t&nbsp;<\/p>\n<p> \tCuando Eva me pidi&oacute; el t&iacute;tulo de mi conferencia de hoy, hace algunas semanas, yo estaba barajando la idea de trabajar varias cosas&nbsp;al mismo tiempo: el tiempo de la cura, el tiempo de la sesi&oacute;n, el texto de Lacan sobre el tiempo l&oacute;gico en los escritos, que se sustenta en el ap&oacute;logo de los tres prisioneros, el relato de Melville Billy Budd el Marinero, del que hablar&eacute; enseguida y sobre todo algunas preocupaciones muy personales sobre el tiempo&hellip;&nbsp;&iexcl;el tiempo que queda! Os hablar&eacute; de ello luego&#8230;<\/p>\n<p> \tLa palabra que me vino entonces para ajustar este conjunto es &#039;prisionero&#039;, &#039;prisionero del tiempo&#039;: &iquest;C&oacute;mo trata el an&aacute;lisis con este prisionero del tiempo que somos todos, y que a trav&eacute;s del analizante viene a cuestionarnos?<\/p>\n<p>  <!--more-->  <\/p>\n<p> \t&nbsp;<\/p>\n<p> \t&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n<p> \t(In) actualidad de la l&oacute;gica del inconsciente. El descubrimiento y la invenci&oacute;n freudiana del inconsciente y de su pr&aacute;ctica se basan en esto&nbsp;: las hist&eacute;ricas sufren de reminiscencias, el sufrimiento ps&iacute;quico no se debe pues a un d&eacute;ficit de memoria, ni a&nbsp; un agujero en la historia personal que se tratar&iacute;a de llenar, no, el sufrimiento ps&iacute;quico tal como lo trata el psicoan&aacute;lisis es el que corresponde a <u>un exceso de memoria<\/u>: hay, presente en toda formaci&oacute;n del inconsciente un recuerdo inolvidable, inolvidable e inconsciente, que se niega a volcarseen los archivos del pasado, y es entonces cuando Freud enuncia: el inconsciente ignora el tiempo. Hay que otorgar toda su fuerza a esta ignorancia que prevalece en el inconsciente freudiano, precisando que &#039;esta ignorancia&#039;, &iexcl;es un saber &#039;no sabido&#039;!<\/p>\n<p> \t&nbsp;<\/p>\n<p> \t&nbsp;<\/p>\n<p> \tPodr&iacute;amos entonces describir el objetivo de una cura tomando en cuenta esta doble &#039;ignorancia&#039;, ignorancia del tiempo e ignorancia de la presencia total de esos recuerdos olvidados. Yo dir&iacute;a que la cura tiene como objetivo volcar en la cuenta del pasado acontecimientos indebidamente actuales. Marcel Proust ser&iacute;a el Maestro contable m&aacute;s preciso y su m&aacute;s fiel escribano; mi alusi&oacute;n a este escritor, tan c&eacute;lebre por su inmersi&oacute;n en el tiempo, indica as&iacute; mis preferencias: apelo sobre todo a la escritura, a la literatura para escuchar en el decir de mis analizantes lo que est&aacute; ah&iacute; escrito.<\/p>\n<p> \t&nbsp;<\/p>\n<p> \tOs hablaba de mis preocupaciones personales respecto al tiempo. Preocupaciones bastante comunes despu&eacute;s de algunas d&eacute;cadas de pr&aacute;ctica del an&aacute;lisis y que hoy revisten para mi una viva actualidad, viva en el sentido en el que implica lo vivo, lo viviente. Podr&iacute;a resumirlo en esta simple pregunta (in)actual: &iquest;Cuanto tiempo a&uacute;n seguir&eacute; siendo analista?<\/p>\n<p> \t&nbsp;<\/p>\n<p> \t&iquest;Acaso no tengo derecho a alg&uacute;n descanso, no es ya la hora de jubilarme merecidamente despu&eacute;s de todos estos a&ntilde;os de buenos (y menos buenos) y leales servicios, al servicio precisamente de este Amo intransigente que es el inconsciente?<\/p>\n<p> \t&nbsp;<\/p>\n<p> \t&iquest;Si el inconsciente ignora el tiempo, es una raz&oacute;n para que yo tenga que convertirme en su c&oacute;mplice? &iquest;Soy&nbsp; prisionero del tiempo, del tiempo de la ignorancia, para siempre? Ya que, si el inconsciente ignora el tiempo &ndash;y Freud no se ech&oacute; atr&aacute;s ante esta consecuencia l&oacute;gica- ignora tambi&eacute;n la muerte&#8230;.<\/p>\n<p> \t&nbsp;<\/p>\n<p> \tEn franc&eacute;s, la palabra para decir jubilaci&oacute;n: &#039;retraite&#039;, tiene una connotaci&oacute;n militar que significa el movimiento de retirada de las tropas durante el ataque enemigo: Como si se dijese: &iexcl;los viejos deben hacerse atr&aacute;s y dejar sitio a los j&oacute;venes! Este contexto militar me evoca un momento anecd&oacute;tico de mi pr&aacute;ctica que me gustar&iacute;a compartir con Vds. sucede a menudo que el analizante que comienza se inquieta, recula o se irrita y pregunta &iquest;pero cuanto tiempo dura un an&aacute;lisis? Entonces, a veces les cuento una historia divertida (en realidad es un sketch de F. Raynaud, un c&oacute;mico franc&eacute;s que fue muy c&eacute;lebre en los a&ntilde;os 60): Lo resumir&eacute;. Se trata de un cabo primera que pregunta a los j&oacute;venes reclutas para saber si han aprendido bien su libro de instrucci&oacute;n militar: &iquest;Despu&eacute;s de disparar el ca&ntilde;&oacute;n, cuanto tiempo tarda el fuste del ca&ntilde;&oacute;n en enfriarse? Ante cada respuesta, todas un poco aventuradas, anecd&oacute;ticas, de los j&oacute;venes soldados, el cabo niega obstinadamente con la cabeza. &nbsp;Al fin, exasperado, lee la buena respuesta en el libro de instrucci&oacute;n: &ldquo;Despu&eacute;s de ser disparado el fuste del ca&ntilde;&oacute;n, tarda en enfriarse &iexcl;UN CIERTO TIEMPO!&rdquo;.<\/p>\n<p> \t&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &laquo;&nbsp;Un cierto tiempo&nbsp;&raquo;, &iexcl;es la respuesta correcta y no hay otra! Enti&eacute;ndanme: no es lo esquivo de la respuesta lo que subrayo aqu&iacute;, ni siquiera el juego sutil con la palabra &#039;cierto&#039; que podr&iacute;a dejar imaginar una certeza sobre el tiempo. No, lo que me interesa es que la respuesta apunta <u>a lo c&oacute;mico<\/u>.&nbsp; No es un &#039;witz&#039;, no, es la dimensi&oacute;n c&oacute;mica de la pregunta y de la respuesta,&nbsp; es la forma&nbsp; tajante de hacer escuchar lo que es ignorado, lo tr&aacute;gico: &iquest;Cu&aacute;nto tiempo seguir&eacute; siendo analista? &iquest;Cu&aacute;nto tiempo me queda por vivir? &iexcl;Un cierto tiempo! Como el analizante que, a causa de un afortunado efecto de la transferencia, lo ignora; somos como &eacute;l prisioneros del tiempo inactual, del &laquo;un cierto tiempo&raquo;, entre la incertidumbre de la muerte (&iquest;cu&aacute;ndo?) y su certeza esencial, aquella del silogismo que hace de S&oacute;crates nuestro hermano en lo tragic&oacute;mico.<\/p>\n<p> \t&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La respuesta convertida as&iacute; en c&oacute;mica (y no en burla, &iexcl;todo lo contrario!) es una invitaci&oacute;n a tomarse su tiempo: &laquo;t&oacute;mate tu tiempo&raquo; sugiere el analista al analizante en el momento en el que &eacute;l se lo impone a si mismo; volveremos a ver en acci&oacute;n enseguida esta bella f&oacute;rmula tranquilizadora acerca de Billy Budd el Marino, f&oacute;rmula que conlleva todo su terrible peso&hellip; como si fuera necesario tambi&eacute;n escuchar al pie de la letra la &ldquo;toma del tiempo&rdquo;; pero entonces, &iquest;qui&eacute;n &ldquo;toma&rdquo; mi tiempo? &iquest;Har&iacute;a falta entonces para tomarse realmente su tiempo, desprenderse de &eacute;l?<\/p>\n<p> \t&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En suma, para entrar sin perder demasiado tiempo en lo vivo de esta&nbsp; &ldquo;(in)actual l&oacute;gica del inconsciente&rdquo;, distinguir&eacute; entre dos formas de lo actual: &ldquo;el tiempo del instante&rdquo;, del que hablar&eacute; en primer lugar y &ldquo;el tiempo del acto&rdquo; a continuaci&oacute;n.<\/p>\n<p> \t&nbsp;<\/p>\n<p> \t<strong><em>1 &#8211;&nbsp; LO ACTUAL: EL TIEMPO DEL INSTANTE<\/em><\/strong><\/p>\n<p> \t&nbsp;<\/p>\n<p> \t&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Es usual representar el tiempo que pasa, viniendo del futuro hacia el pasado, por una flecha continua, infinita, constante cuyo sentido, cuya orientaci&oacute;n se corresponde exactamente a lo que vivimos. Y sin embargo, su representaci&oacute;n correcta en la prueba del inconsciente freudiano ser&iacute;a m&aacute;s bien la que evoca el fil&oacute;sofo Zen&oacute;n de Elea en su famosa apor&iacute;a: &iexcl;la flecha que sale del arco jam&aacute;s alcanzar&aacute; su blanco! La liebre nunca alcanzar&aacute; &nbsp;a la tortuga. Siempre le quedar&aacute;<br \/>\n la mitad de la distancia por recorrer. Zen&oacute;n, con su razonamiento &iexcl;volv&iacute;a l&oacute;gica y calculable la imposibilidad de morir!; lo que consagra Zen&oacute;n, fil&oacute;sofo y f&iacute;sico (in) actual, es el car&aacute;cter discontinuo de los fen&oacute;menos como condici&oacute;n de su propia existencia contra la evidencia de la continuidad.<\/p>\n<p> \t&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;Pr&aacute;cticamente al mismo tiempo que el descubrimiento freudiano, en 1895, aparece la novela de H.G. Wells &laquo;&nbsp;La m&aacute;quina de explorar el tiempo&nbsp;&raquo; donde se ve el inconsciente freudiano de la mano de un g&eacute;nero literario naciente,&nbsp; la ciencia ficci&oacute;n, a la que ser&iacute;a imprudente negarle el estatuto de cient&iacute;fica o peor a&uacute;n, de actual. La ciencia ficci&oacute;n no tiene nada que ver con la realidad, est&aacute; en relaci&oacute;n directa con lo que Lacan llama lo real. Y el analista est&aacute; apostado ah&iacute;, como un gaviero en lo alto del m&aacute;stil, vigilando los saltos del tiempo y sus fallos -como dec&iacute;amos ayer- (es el car&aacute;cter discontinuo del &laquo;&nbsp;discurso corriente&nbsp;&raquo;) para se&ntilde;alarlos como el gaviero que grita al viento cuando sopla ballena, estos cambios del tiempo son: los efectos del &#039;apr&egrave;s-coup&#039;, los actos fallidos, el juego de la negaci&oacute;n, la presencia anacr&oacute;nica de lo infantil&hellip; La cura que se escribe as&iacute; a lo largo de las sesiones no tiene nada de novela, de cuento (salvo quiz&aacute;s ese tan edificante, de las mil y una noches), de investigaci&oacute;n hist&oacute;rica o polic&iacute;aca, a&uacute;n menos es una versi&oacute;n autobiogr&aacute;fica, no, &iexcl;la cura es un texto de ciencia ficci&oacute;n! Daros cuenta que es la flecha del tiempo la que asegura la perennidad del sentido en la medida en que &eacute;ste implica el despliegue en la duraci&oacute;n y el respeto del principio aristot&eacute;lico de no contradicci&oacute;n. De lo que nosotros, los vig&iacute;as, nos damos cuenta es de las faltas,&nbsp; las irregularidades, los&nbsp;contra-dichos&nbsp;&raquo;, los fallos y las faltas de sentido. Este es el privilegio de la atenci&oacute;n al instante frente al despliegue de la duraci&oacute;n, que niega el sentido, la toma en cuenta del sentido, todo acceso posible a la verdad del inconsciente. Por ejemplo, el analizante que de repente, tras un comentario, llama a su padre &#039;pap&aacute;&#039;, eso nos despierta, los analistas sabemos lo que ocurre ah&iacute;, en ese instante, el &#039;hic et nunc&#039; del &#039;pap&aacute;&#039;, es un <u>tartamudeo de la flecha del tiempo<\/u> (utilizo a prop&oacute;sito esta palabra &#039; tartamudeo&#039; -que dio la casualidad de que Roque se anticip&oacute; hablando del tartamudeo ayer-&nbsp; por referencia a lo que seguir&aacute; con Billy Budd)<\/p>\n<p> \t&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero respecto a estos saltos, a estas irregularidades, los cient&iacute;ficos no se quedan atr&aacute;s. En los a&ntilde;os 20, cuando Freud le daba a la muerte un estatuto de pulsi&oacute;n, elev&aacute;ndola a la altura de la vida, un sabio un poco loco &ndash;Einstein- nos explicaba que el tiempo no era una constante sino una funci&oacute;n de la velocidad&nbsp;: &laquo;&nbsp;el tiempo&rdquo;, escrib&iacute;a Her&aacute;clito, &ldquo;es un ni&ntilde;o que juega&rdquo;. Volviendo a Einstein, os recordar&eacute; la experiencia de los gemelos de Langevin. Un experimento de pensamiento en el que Langevin imagino a dos gemelos, uno que se quedaba en tierra y otro que part&iacute;a en cohete a la velocidad de la luz.&nbsp; Al cabo de 30 a&ntilde;os terrestres, el viajero regresaba y seg&uacute;n los c&aacute;lculos de Einstein solo hab&iacute;a envejecido dos a&ntilde;os. Esta experiencia se vio confirmada objetivamente por el env&iacute;o en un cohete de un reloj at&oacute;mico de cesio, mientras otro id&eacute;ntico regulado exactamente igual quedaba en tierra. El envejecimiento ligado a la velocidad de desplazamiento- &iexcl;es por eso por lo que la moda del jogging engancha ahora a la tercera edad!)<\/p>\n<p> \tCito a Pessoa: &laquo;&nbsp;Me pregunto si las dos velocidades a las que caen al mar, un hombre que se suicida y otro que ha perdido el equilibrio al borde del muelle, son exactamente iguales&hellip;&nbsp;&raquo;<\/p>\n<p> \t&nbsp;<\/p>\n<p> \t&nbsp;<\/p>\n<p> \t&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El prisionero del tiempo se interroga sobre la naturaleza del tiempo. &iquest;Qu&eacute; es el tiempo? &iquest;C&oacute;mo ligar entre si esas &ldquo;gotas de tiempo&rdquo; de las que habla San Agust&iacute;n? &nbsp;Magnifico y heroico autor que en sus &ldquo;Confesiones&rdquo; da la medida de la desesperaci&oacute;n al tropezar con esta pregunta, desesperaci&oacute;n que &eacute;l conf&iacute;a en cuerpo y alma a su Dios Omnisciente, implorando su ayuda para comprender con acentos desgarradores. &iquest;Qu&eacute; es el tiempo? &ldquo;Si nadie me lo pregunta&rdquo;, escribe, &ldquo;lo s&eacute; de sobra, pero si se me pregunta e intento explicarlo, me doy cuenta que lo ignoro&rdquo;. Hab&eacute;is adivinado que esta ignorancia que hace las delicias del analista apostado como vig&iacute;a arriba de su m&aacute;stil, es de la que el inconsciente se alimenta sin cesar jam&aacute;s de cuestionar a los prisioneros del tiempo que somos todos.&nbsp; &iexcl;Sorprendente doble estatuto del analista-vig&iacute;a! Prisionero del tiempo como todo ser hablante, escuchamos a aquellos que vienen a hablar de sus sufrimientos. C&oacute;mo captar estas &laquo;&nbsp;gotas de tiempo&nbsp;&raquo;, este tiempo del instante, este presente huidizo, que no cesa de escapar, siempre m&aacute;s corto, cada vez m&aacute;s estrecho, siempre divisible como en la apor&iacute;a de Zen&oacute;n entre, por un lado lo incognoscible del futuro sobre el que se construye el fantasma, y por el otro lo ilimitado del pasado, fuente de lo que puede- o no decirse. Arist&oacute;teles planteaba el presente como &laquo;ex-tatico&raquo;, sin cesar abierto, por un lado a la retenci&oacute;n del pasado y por otro a la espera del futuro; el &lsquo;instante&rsquo; para &eacute;l era un tiempo fuera de lugar. Y dec&iacute;a que es este esp&iacute;ritu, el&nbsp; &laquo;&nbsp;No&ucirc;s&nbsp;&raquo;, el que manten&iacute;a la continuidad de estos 3 tiempos: presente, pasado, futuro&nbsp;; Agust&iacute;n, por su parte, le niega al tiempo presente esta situaci&oacute;n de fuera de tiempo, &laquo;&nbsp;ex-tatica&nbsp;&raquo;, y es esto lo que sostiene nuestra posici&oacute;n de analistas, me parece: a la vez fuera del tiempo y presente, la cura se sustenta en ese momento de pura presencia, de pura conciencia (es lo actual del &laquo;&nbsp;hic et nunc&nbsp;&raquo;) para hacer surgir la falta de este &laquo;&nbsp;&eacute;xtasis&nbsp;&raquo;. Tomar&eacute; prestadas las palabras de San Agust&iacute;n, constatando as&iacute; la omnipresencia del presente, el analista-vig&iacute;a planteara la existencia de un presente del futuro, de un presente del presente y de un presente del pasado. Tiempo presente en todos los tiempos, as&iacute; es el tiempo de la transferencia. Este presente que actualiza lo in-actual del pasado y del futuro, es el ritmo, el tempo de la transferencia. Yo dir&iacute;a que este efecto de ritmo, de danza de las palabras y de las frases, en las variaciones de la voz es lo que materializa el tiempo, lo vuelve presente al cuerpo en la sesi&oacute;n; es la condici&oacute;n del sentido y de la escucha (Duke Ellington &laquo;&nbsp;it ain&rsquo;t mean a thing if it ain&rsquo;t got that swing&nbsp;&raquo; &ldquo;No significa nada si no tiene ese swing&rdquo;).<\/p>\n<p> \t&nbsp;<\/p>\n<p> \t&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ah&iacute; donde &laquo;&nbsp;el presente no tiene ya ninguna extensi&oacute;n&rdquo; (San Agust&iacute;n), es el instante de la transferencia, de la flecha helada, fijada al instante de la reminiscencia puesta en acto, puesta en escena. Este tramo de tiempo si<br \/>\nn espesor que resbala desde la inexistencia del porvenir hacia la extinci&oacute;n del pasado, este corte, representa el momento &laquo;&nbsp;justo&nbsp;&raquo; de la interpretaci&oacute;n. No estoy lejos de avanzar que lo que yo llamo &ldquo;tramo&rdquo; representa lo Real en tanto que recorre su filo (filo de la navaja), lo imaginario para separarlo &ndash; un instante, el tiempo de un rel&aacute;mpago, de un claro &ndash; de lo simb&oacute;lico. El presente &laquo;&nbsp;ex-t&aacute;tico&nbsp;&raquo;&nbsp; es lo Real. Me parece importante sostener esta posici&oacute;n, de esta funci&oacute;n de lo Real como tramo, como corte en el continuo Imaginario\/Simb&oacute;lico. En efecto, es el corte el que permite la distinci&oacute;n mientras que, -y en el movimiento mismo de su eficacia separadora-, los acerca, los sutura (Imaginario\/Simb&oacute;lico). As&iacute; escribir&iacute;a yo el efecto de lo Real como &laquo;&nbsp;presente ex-t&aacute;tico&nbsp;&raquo;: &lsquo;corte y confecci&oacute;n&rsquo;, (en franc&eacute;s &#039;coupure\/couture&#039;, con una letra de diferencia solamente)<\/p>\n<p> \t&nbsp;<\/p>\n<p> \t&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;Ayer&rdquo;, escribe Samuel Beckett, &ldquo;no es un jal&oacute;n que hayamos superado, es un guijarro de los viejos senderos trillados por los a&ntilde;os, que se repite, lo que forma parte de nosotros irremediablemente, que llevamos en nosotros, pesado y amenazante&rdquo;. Beckett, muy joven, era lector de ingl&eacute;s en L&#039;&Eacute;cole Normale Sup&eacute;rieure&#039; de la calle Ulm en Par&iacute;s, escribe su primer texto realmente literario sobre Marcel Proust, este maestro indiscutible de las reminiscencias. El tiempo proustiano, recobrado, es el de la memoria involuntaria. Insisto en este calificativo de involuntario, en tanto nombra justamente este momento de surgimiento en la sesi&oacute;n de otro tiempo, de un tiempo que se reencuentra porque justamente se ha olvidado. Es la magdalena mojada en el t&eacute; lo que hace revivir el gusto a tila de su t&iacute;a L&eacute;onie quien le recib&iacute;a de ni&ntilde;o antes de la hora de misa en Combray, es el gesto de atado de la bota lo que hace que de repente se de cuenta, en el presente, de que su abuela est&aacute; muerta hace a&ntilde;os. La memoria involuntaria, como la interpretaci&oacute;n, vierte en la cuenta del pasado (ella muri&oacute; hace a&ntilde;os) lo que adven&iacute;a de forma inadecuada en el presente (el lazo actual entre el gesto, el movimiento, y la conciencia repentina de su muerte). Lo involuntario de la memoria proustiana es el surgimiento del &laquo;&nbsp;kairos&nbsp;&raquo; en el &laquo;&nbsp;Chronos&nbsp;&raquo;, su tensi&oacute;n, su corte. Proust en su escritura, como los analizantes en la cura, repuebla sus desiertos, reconstruye sus personajes de la infancia, remoza los paisajes de su infancia y&nbsp; sus amores contrariados. &laquo;&nbsp;Yo no pinto el ser&rdquo;, escrib&iacute;a Montaigne, &ldquo;pinto el pasaje, el paso&rdquo;. Tomo prestado a Montaigne su visi&oacute;n del riesgo, riesgo que conlleva este cortar (filo) del instante, este presente como real que corta: &ldquo;la raz&oacute;n&rdquo;, escribe Montaigne, &ldquo;al descubrir el instante lo destruye ipso facto. Corta el tiempo inmediatamente y lo divide entre futuro y pasado&raquo;. La interpretaci&oacute;n como filo &laquo;&nbsp;corta&nbsp;&raquo; (como dice Montaigne) el tiempo en dos bordes a la vez unidos y separados, esa es una funci&oacute;n de lo Real. Sin embargo hay un riesgo al jugar con el filo. En efecto, esta apertura al instante, de la que habla Proust en la delicia de sus miles de p&aacute;ginas, que lo dirigen lentamente al tiempo recobrado (&iquest;cuanto tiempo se tarda en leer a&nbsp; Proust? &iquest;Cuanto tiempo para recobrar el tiempo?) Esta apertura produce en S. Beckett un efecto totalmente diferente y le conduce, errante, a espacios helados y des&eacute;rticos donde la lengua agotada tartamudea y se rompe en trozos sombr&iacute;os e insignificantes.<\/p>\n<p> \t&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Curiosamente, Proust, inm&oacute;vil y al borde de la asfixia, se acerca a Beckett y a sus personajes improbables, siempre un poco partidos, desdoblados: Moran\/Molloy, Mercier\/Camier, Nagell\/Nell, Winnie\/Willie, personajes fuera del tiempo, ah&iacute; donde la muerte y el nacimiento se confunden, ah&iacute; donde imaginario y simb&oacute;lico ya no tienen peso. Es sorprendente situar a Beckett, lo cito &ndash; con sus&nbsp; &laquo;&nbsp;viejas historias&nbsp; venidas de no s&eacute; donde&nbsp;&raquo; justo al lado de aquel que ha elegido como su Maestro, M. Proust, que como &eacute;l practica lo inm&oacute;vil, en busca del tiempo congelado.&nbsp; No olvidemos, en nuestro trabajo, los efectos de Real que produce el corte\/costura interpretativo.<\/p>\n<p> \t&nbsp;<\/p>\n<p> \t&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &laquo;&nbsp;El presente grita alto&nbsp;&raquo;; sublime expresi&oacute;n de San Agust&iacute;n que deja escuchar lo que no se formula, la incre&iacute;ble aparici&oacute;n del significante en el coraz&oacute;n del &laquo;&nbsp;discurso corriente&nbsp;&raquo;. Y este grito, si no se escucha quedar&aacute; como grito&nbsp; &laquo;&nbsp;silencioso&raquo;, como el pintado por Munch o el que sale de la boca convulsa del Papa Inocencio X pintado por F. Bacon. Bacon, tambi&eacute;n, pintaba el pasaje, el paso y no el ser. Buscaba, dec&iacute;a &eacute;l, &ldquo;tocar la realidad en el coraz&oacute;n de lo que es&rdquo;; &iexcl;qu&eacute; definici&oacute;n tan poderosa de lo Real! (lo que me interesa en el hombre es &laquo;&nbsp;el meollo&nbsp;&raquo; dec&iacute;a C&eacute;line). Bacon sabe que este coraz&oacute;n es inalcanzable ya que &eacute;ste se produce en cada instante, instante inasible, entonces, pensaba que podr&iacute;a pintar el paso, el movimiento hacia la nada.<\/p>\n<p> \t&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La met&aacute;fora del grito, en el caso de Bacon, se hunde en una metonimia brutal: &iquest;c&oacute;mo pintar el grito? &iquest;C&oacute;mo no ser ya este prisionero del tiempo? &laquo;&nbsp;&iexcl;Siempre esper&eacute; poder pintar una boca como Monet pintaba una puesta de sol!&rdquo;, escribe. Y sobre su versi&oacute;n del papa Inocencio X de Vel&aacute;zquez, &laquo;&nbsp;la boca parece como si cortase toda la cabeza, aunque se parece todav&iacute;a a una boca &raquo;. Para iniciarse en la forma del grito en la boca, Bacon, antes de pintar al papa gritando, consult&oacute; un bonito libro en color sobre las enfermedades que deforman la boca.<\/p>\n<p> \t&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esta an&eacute;cdota nos sirve para subrayar que lo que est&aacute; en juego en la cura y en el corte de la interpretaci&oacute;n es el cuerpo, y puede ser incluso un trozo de cuerpo lo que est&aacute; siempre en juego (Lacan lo llamaba objeto a). San Agust&iacute;n cuenta en sus memorias que un d&iacute;a, mientras le&iacute;a en voz alta a su comunidad los vers&iacute;culos de la Biblia, tuvo violentos y s&uacute;bitos dolores de dientes que le dejaron sin palabras. Por la noche, pens&oacute; pedir a sus amigos que rezaran por su curaci&oacute;n. Tan pronto como escribi&oacute; este deseo en su tableta, el dolor desapareci&oacute;. Anunci&oacute; entonces en voz alta que renunciaba inmediatamente a su funci&oacute;n de abogado, de orador, para entrar al servicio del Se&ntilde;or, al servicio de la Verdad. Os pregunto a mi vez, no sin malicia, queridos\/as colegas: &iquest;est&aacute;is tambi&eacute;n al servicio de la Verdad y su medio decir, y qu&eacute; parte de cuerpo le consagr&aacute;is?<\/p>\n<p> \t&nbsp;<\/p>\n<p> \t<strong><em>2 &ndash; LO ACTUAL: EL TIEMPO DEL ACTO<\/em><\/strong><\/p>\n<p> \t&nbsp;<\/p>\n<p> \t&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El prisionero del tiempo se libera por un acto y ese acto es el del instante presente. En ese sentido ese acto es lo Real. En franc&eacute;s la etimolog&iacute;a de la palabra &laquo;&nbsp;actual&nbsp;&raquo; nos dirige hacia otro borde distinto del referi<br \/>\ndo al tiempo: &laquo;&nbsp;es actual lo que se traduce por actos\/ lo que empuja al acto&nbsp;&raquo;. El origen de la palabra datar&iacute;a de fines del S. XIV: &ldquo;cauteres auctuaus&rdquo;: &ldquo;cautere&rdquo; que act&uacute;a inmediatamente (desde luego nos viene a la cabeza la expresi&oacute;n &ldquo;cauterizar en pierna de madera&rdquo;) en espa&ntilde;ol es equivalente a: &laquo;&nbsp;hacer una raya en el agua&nbsp;&raquo;. Entonces lo actual es tambi&eacute;n el tiempo del acto.<\/p>\n<p> \t&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hace un momento hablaba del presente como lo que no se puede atrapar. Los griegos ten&iacute;an sin embargo una palabra para hablar de la ocasi&oacute;n, del buen momento para el acto, el instante justo que no hay que fallar (como el tempo de la interpretaci&oacute;n): &ldquo;kair&oacute;s&rdquo;. Una palabra y una representaci&oacute;n: a &#039;Kair&oacute;s&#039; se lo figuraba como un bello efebo que corr&iacute;a hacia delante (hacia el porvenir, pues), y peinado s&oacute;lo con un modesto mech&oacute;n de cabello sobre la parte delantera del cr&aacute;neo gracias al cual se lo pod&iacute;a agarrar por ah&iacute; antes de que desapareciera en las a&ntilde;oranzas del pasado. En el vocabulario que tenemos de Lacan, este presente inalcanzable, imposible, ese fragmento tan fino, es lo Real. El presente es lo Real en acto.<\/p>\n<p> \t&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Eso actual, &ldquo;que act&uacute;a inmediatamente&rdquo;, como la cauterizaci&oacute;n, es decir, que surge en el fragmento infinitamente reducido del tiempo presente, es &ldquo;un corte\/costura&rdquo; entre el futuro, lugar de lo imaginario, y el pasado (por el que se establece el campo simb&oacute;lico). El presente como Real es lo que autoriza la distinci&oacute;n y el anudamiento entre pasado y futuro; sin Real, no hay distinci&oacute;n entre Imaginario y Simb&oacute;lico. Hago un se&ntilde;alamiento cl&iacute;nico de pasada: esta definici&oacute;n de lo Real como fragmento de presente entre futuro y pasado, entre acto y temporalidad, me parece que se pone en escena &ndash;en una dimensi&oacute;n teatral tragic&oacute;mica- en el momento existencial de la adolescencia. Tomar en cuenta este elemento para el trabajo anal&iacute;tico con los adolescentes modifica ciertamente las coordenadas (el encuadre, por ejemplo, no puede ser el mismo que con los ni&ntilde;os o con los adultos)<\/p>\n<p> \t&nbsp;<\/p>\n<p> \t&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Les ruego ahora un peque&ntilde;o esfuerzo de imaginaci&oacute;n: imaginen a Kair&oacute;s, nuestro bello efebo griego, vestido de marinero con una bonita camiseta rayada en azul y blanco tipo marinero de Almod&oacute;var. Bien, voy a plantear el marco que viene a continuaci&oacute;n&hellip;<\/p>\n<p> \t&nbsp;<\/p>\n<p> \t&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Algunos meses antes de morir, en Septiembre, Herman Melville acaba la redacci&oacute;n de &laquo;&nbsp;Billy Budd, marinero&nbsp;&raquo; con estas palabras: &laquo;&nbsp;Fin del libro, 19 de abril de 1891&nbsp;&raquo; que escribe tras el &uacute;ltimo verso de la balada que cierra el relato: &ldquo;Tengo sue&ntilde;o, y las algas viscosas me enredan&rdquo;. Fin del libro, fin de la vida. Curiosamente habr&aacute; que esperar m&aacute;s de treinta a&ntilde;os para que el texto que cuenta la tr&aacute;gica historia del bello efebo Billy Budd aparezca en Nueva York.<\/p>\n<p> \t&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &laquo;&nbsp;Billy Budd, marinero&nbsp;&raquo; es el relato de un acto que dio en la diana ah&iacute; &ndash; exactamente &ndash; donde fall&oacute; la palabra. &nbsp;Es un magn&iacute;fico texto, escondido como una joya olvidada en el fondo de un cofre, que hace abrirse los cajones del esp&iacute;ritu como una memoria involuntaria. Tiendo a pensar que la homosexualidad del autor, H. Melville, hace con este texto una figura sintom&aacute;tica del retorno de lo reprimido.<\/p>\n<p> \t&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La historia es simple: Billy Budd es un bello marinero. Su juventud, su fervor educado, su generosidad inocente, se reflejan sin sombra en la belleza casi milagrosa de su cuerpo de hombre. Enrolado a la fuerza en la Marina Real Inglesa, ocupa el puesto de gaviero de mesana. Aunque los seduce a todos a bordo del nav&iacute;o de guerra, el Maestro de Armas, Claggart, pronto exasperado por tanta sensualidad silenciosa, le tiende una trampa mortal denunci&aacute;ndole ante el Capit&aacute;n Vere por un complot de amotinamiento. &Eacute;ste convoca entonces a las dos partes y les hace que se expliquen. Cuando llega su turno, Billy queda afectado por un &laquo;&nbsp;mutismo convulso, mientras que su cabeza y su silueta tend&iacute;an por completo hacia delante en un esfuerzo atroz e ineficaz por obedecer a la orden de hablar (p. 85)&raquo;. El Capit&aacute;n Vere intenta tranquilizarle: &laquo;no hay prisa, chaval, t&oacute;mate tu tiempo&raquo; (volvemos a encontrar aqu&iacute; la idea parad&oacute;jica de &ldquo;tomarse su tiempo&rdquo;, del tiempo &ldquo;tomado&rdquo;, tomado &ldquo;prisionero&rdquo;, cautivo) &nbsp;Billy redobla el esfuerzo por hablar y tras ello, de pronto agotado, dando &laquo;a su cara una expresi&oacute;n que era como una crucifixi&oacute;n (p. 86)&raquo;, su brazo derecho surgi&oacute; &laquo;&nbsp;tan r&aacute;pido como la llama de un ca&ntilde;onazo en la noche&rdquo; (&iexcl;acordaos del fuste del ca&ntilde;&oacute;n que debe de enfriarse!). Claggart, el impostor enamorado, cae fulminado sobre el puente. Tras un delicado y largo debate de conciencia, el consejo de guerra da su veredicto: acusado de asesinato, se condenar&aacute; legalmente a Billy Budd el marino a ser colgado al amanecer.<\/p>\n<p> \t&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sin embargo, desde las primeras p&aacute;ginas del relato, la l&iacute;nea del drama corr&iacute;a ya como el hilo rojo de los cordajes de esa misma Marina Real. En efecto, en un embarque anterior, Billy hab&iacute;a respondido a un vulgar provocador con ese silencio suyo obstaculizante y una agresi&oacute;n violenta sin consecuencias legales. Por otro lado, aunque tuviera &ldquo;tanta belleza masculina como puede esperarse ver por el mundo&rdquo;, Billy Budd ten&iacute;a tambi&eacute;n un defecto: &ldquo;un fallo ocasional de la voz&hellip; bajo el efecto repentino de un fuerte y violento sentimiento, su voz&hellip; ten&iacute;a tendencia a acusar una vacilaci&oacute;n org&aacute;nica, de hecho una especie de tartamudez o algo aun peor(34)&rdquo;.&nbsp; Y Melville explica con aguda clarividencia del inconsciente que hay, en cada uno de nosotros, &ldquo;un gran impostor, un envidioso saboteador&hellip; que nunca deja de deslizar su tarjeta de visita como para recordarnos: yo tambi&eacute;n estoy aqu&iacute; por algo&rdquo; (34\/35). Este &laquo;envidioso saboteador&rdquo; viene en el instante en que la palabra es llamada, en el momento en que surge lo que es verdaderamente importante, el momento tr&aacute;gico de la vida o de la muerte.<\/p>\n<p> \t&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El relato de Melville aporta sin duda un importante esclarecimiento acerca de la diferencia entre el acto y la acci&oacute;n, el actuar. Es sorprendente leer en el texto c&oacute;mo, una vez reducido el acto a un actuar, Billy recobra la palabra: (93) &laquo;&nbsp;Si hubiera podido servirme de mi lengua, no le habr&iacute;a golpeado. Pero minti&oacute;&hellip; era necesario que yo dijera algo y no pude decirlo sino con un golpe&raquo;. &laquo;&nbsp;Decir con un golpe&nbsp;&raquo;. No se puede describir mejor lo imposible que caracteriza al acto. La relaci&oacute;n (in)actual entre acto y acci&oacute;n es siempre compleja y no puede desenredarse m&aacute;s que en el &ldquo;apr&egrave;s-coup&rdquo;, fuera de la evidencia del ver. El c&eacute;lebre ap&oacute;logo de los tres prisione<br \/>\nros, en el cap&iacute;tulo sobre el tiempo l&oacute;gico de los Escritos de Lacan, puede servirnos de gu&iacute;a. La conclusi&oacute;n del ap&oacute;logo, el acto que punt&uacute;a el momento de concluir y conduce a los prisioneros hacia la salida, no pertenece propiamente al prisionero A m&aacute;s que a B o que a C&nbsp;; los tres son id&eacute;nticos, parecidos como &ldquo;hablaseres&rdquo; que son, por la gracia de la l&oacute;gica significante. Y sin embargo, en el mismo movimiento, por la soluci&oacute;n l&oacute;gica -es decir el hecho de salir de la prisi&oacute;n- cada uno de ellos se convierte en sujeto singular: A diferente de B y diferente de C. Esto es el acto como &lsquo;corte y costura&rsquo; que entra&ntilde;a la certeza (la de ser sujeto). Insisto: el orden l&oacute;gico es tan inhabitual como importante; el acto PRODUCE la certeza que lo legitima. Al contrario, en el momento de pasar al acto, del actuar en el sentido de la acci&oacute;n, es la certeza la que funda la acci&oacute;n, como le ocurre aqu&iacute; a Billy Budd, sin que el sujeto lo sepa. La certeza es la del lector. A sus ojos y a los del lector, Billy es inocente. Es inocente por su tartamudez y Claggart es un mentiroso en una aserci&oacute;n sin equ&iacute;voco posible. No se puede decir nada m&aacute;s de esto. Esta evidencia en el relato es sin apelaci&oacute;n, es la de la apariencia, la del ver, la del instante de ver.<\/p>\n<p> \t&nbsp;<\/p>\n<p> \tIntervenci&oacute;n: para no escaparnos del ap&oacute;logo de los tres prisioneros, &iquest;no crees que esa certeza que les hace salir viene despu&eacute;s de una vacilaci&oacute;n? Lo que es contrario de la certeza psic&oacute;tica&#8230;<\/p>\n<p> \t&nbsp;<\/p>\n<p> \tS. Sabinus: estoy de acuerdo porque los dos tiempos de la vacilaci&oacute;n en el tiempo l&oacute;gico solo pueden pararse con la decisi&oacute;n del acto, sin certeza. Una vez acaba la vacilaci&oacute;n es cuando llega la certeza de que el razonamiento l&oacute;gico era el correcto. En el pasaje al acto es lo contrario, hay una evidencia, por ejemplo en Billy Budd se ve, &eacute;l es inocente, es guapo, todo el mundo lo ama y del mismo modo todos sabemos que Claggart es culpable, es evidente que Billy Budd tartamudea, lo que lo convierte en inocente, no dice nada y le da un golpe. Esta evidencia que est&aacute; en el relato, es el instante de ver. Me parece que en el pasaje al acto, en este actuar particular, el momento de concluir se estrella, se aplasta contra el instante de ver, mientras que en el acto, un acto que se plantea, el actuar, la acci&oacute;n se desarrolla seg&uacute;n los tres tiempos l&oacute;gicos.<\/p>\n<p> \t&nbsp;<\/p>\n<p> \tMe parece muy importante se&ntilde;alar la importancia de la mirada en el necesario establecimiento de la diferencia entre el actuar (el del pasaje al acto, por ejemplo) y el acto (siendo su modelo el acto anal&iacute;tico).<\/p>\n<p> \tEs el acto lo que pone t&eacute;rmino a los tres tiempos l&oacute;gicos articulados, desplegados, seg&uacute;n el sofisma de los tres prisioneros que Lacan dice haber inventado, a saber: el instante de ver, el tiempo de comprender y el momento de concluir. Es f&aacute;cil captar que estos tres tiempos que describen la duraci&oacute;n necesaria para el anudamiento de las instancias ps&iacute;quicas (nombradas por Lacan: Simb&oacute;lico\/Imaginario\/Real) quedan puntuadas al final por un acto; hay que se&ntilde;alar tambi&eacute;n que ese tercer tiempo del actuar del acto no debe faltar. Es un actuar urgido (y no urgente) por concluir que, repito, CONSTRUYE la certeza en la que descansa (lo que Lacan llama certidumbre anticipada).<\/p>\n<p> \tEn el lado opuesto est&aacute; el actuar del pasaje al acto o del acto fallido, el del actuar que yo llamar&iacute;a sintom&aacute;tico. Este actuar tiene que ver con un tiempo &uacute;nico, primero, reducido a la evidencia de lo instant&aacute;neo: el momento de concluir se aplasta bruscamente en el instante de ver. Est&aacute; formado por un juego de miradas intemporal, un juego primero, por ejemplo un tiempo como el de la fascinaci&oacute;n. &nbsp;Melville hace de ello una descripci&oacute;n magistral: tras haber lanzado su acusaci&oacute;n en presencia del Capit&aacute;n Vere, Claggart, el odioso Maestro de Armas, da un paso adelante hacia la p&aacute;lida cara de Billy: &ldquo;(85)&hellip; los ojos del acusador que no abandonaban a los ojos azules dilatados, sufr&iacute;an una transformaci&oacute;n extraordinaria&hellip; Esas luces de la inteligencia humana perd&iacute;an su humanidad y volv&iacute;an a aparecer glacialmente como los ojos extra&ntilde;os de ciertas criaturas a&uacute;n no clasificadas de las profundidades. La primera mirada magn&eacute;tica fue aquella fascinante de la serpiente; la &uacute;ltima fue como el coletazo paralizante del pez torpedo<em>&rdquo;. <\/em>Esla fascinaci&oacute;n de la transferencia amorosa.<\/p>\n<p> \t&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Recordemos que fue la intuici&oacute;n de Freud en torno a la cuesti&oacute;n de la mirada lo que le hizo inventar el dispositivo del div&aacute;n en la sesi&oacute;n&hellip;de forma m&aacute;s neur&oacute;tica, Freud dec&iacute;a que estaba harto de que lo mirasen sus pacientes.<\/p>\n<p> \t&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Desde luego, y cada lector est&aacute; violentamente sometido a ello, esta l&oacute;gica de la apariencia tiene la fuerza del repudio, soberbiamente puesta en escena en la escritura del relato, del repudio de lo sexual. Melville, en efecto, no teme escribir a prop&oacute;sito del bello marinero:&nbsp;&ldquo;No os pod&eacute;is haber perdido su preciosa carita.&nbsp; Quiz&aacute; esconda una trampa humana (cepo)&rdquo;. Y despu&eacute;s, sobre el puente de mando, cuando Claggart, con &laquo;&nbsp;la varita como atada a su mano&nbsp;<em>&raquo;<\/em>, furioso, salva pasando por encima de la sopa que desgraciadamente hab&iacute;a derramado Billy, Melville escribe:&nbsp;&laquo;&nbsp;Deteni&eacute;ndose, estuvo a punto de soltarle una fresca al marinero<em>&hellip;<\/em> (p. 55)&nbsp;&raquo;; leamos el original ingles: &laquo;&nbsp;he was about to ejaculate something hasty&hellip;&nbsp;&raquo;. Doble sentido del verbo <em>&laquo;&nbsp;<\/em>to ejaculate<em>&nbsp;&laquo;&nbsp;<\/em>que se pierde en la mayor&iacute;a de las lenguas: &laquo;&nbsp;eyacular y gritar&nbsp;&raquo; (Como jaculaci&oacute;n en espa&ntilde;ol) que nos devuelve a la funci&oacute;n del grito en el lugar de las palabras. La met&aacute;fora no tiene lugar, les dije a prop&oacute;sito de Bacon: &laquo;&nbsp;la boca parece hendir la cabeza por completo&nbsp;&raquo;; y as&iacute; es justamente como muri&oacute; el Maestro de Armas, Claggart, con la cabeza hundida de un pu&ntilde;etazo ah&iacute; donde la boca call&oacute;. La ley restablecer&aacute; m&aacute;s adelante el tiempo de la palabra, restituyendo a lo simb&oacute;lico su lugar, separ&aacute;ndolo de un torturante imaginario (la imagen imperiosa del Hermoso Marino)<\/p>\n<p> \t&nbsp;<\/p>\n<p> \t&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Entre acto y acci&oacute;n est&aacute; el momento de concluir y el instante de ver, el tiempo de la palabra fundante de lo simb&oacute;lico y la ley en su distancia con la omnipotencia de la imagen, una palabra con estatuto de originaria, una palabra b&iacute;blica que enuncia: &ldquo;y el verbo se hizo carne&rdquo;.<\/p>\n<p> \t&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Me parece juicioso acercar aqu&iacute; a Melville y Pasolini. Billy Budd fracasa ah&iacute; donde parece tener &eacute;xito el Visitante de Teorema, quiz&aacute; del mismo modo en que Melville y Pasolini se sit&uacute;an de manera radicalmente distinta con respecto a la homosexualidad.<\/p>\n<p> \t&nbsp;<\/p>\n<p> \tUn par&eacute;ntesis sobre el ap&oacute;logo de los 3 prisioneros: Lacan dice que invent&oacute; este ap&oacute;logo justo despu&eacute;s de la guerra y creo que es suficientemente fino para que se pueda vincular con lo que quiere decir. &iquest;Qu&eacute; quiere decir tener una marca de color en una prenda, y m&aacute;s cuando es cuesti&oacute;n de vida o muerte? En el ap&oacute;logo, el instante de ver ser&amp;ia<br \/>\ncute;a aquel en el que un prisionero ver&iacute;a los dos discos negros y saldr&iacute;a. El tiempo para comprender consiste en hacer el razonamiento l&oacute;gico, pensar lo que pasa en la mente del otro prisionero. El primer tiempo de vacilaci&oacute;n es que los tres van a razonar del mismo modo, los tres se levantan al mismo tiempo y cada uno se dice: me he equivocado y se vuelven a sentar y vuelven a empezar el razonamiento. Lo que muestra Lacan es que tras dos vacilaciones, la &uacute;nica forma de llegar a la certeza es decir: &lsquo;Me equivoque o no, se acab&oacute;, dir&eacute; que tengo un disco blanco y saldr&eacute;&rsquo;. Tras el acto, el Director confirmar&aacute; que tiene detr&aacute;s un disco blanco. La confirmaci&oacute;n vendr&aacute; luego en el apr&egrave;s-coup. Lo que me interesaba es la diferencia entre las dos formas de actuar. La que corresponde al acto toma un tiempo, tiempo para que se desplieguen el instante de ver, el tiempo de comprender y el momento de concluir. Un ejemplo, el acto de decidir hacer un an&aacute;lisis, nunca nadie comienza un an&aacute;lisis inmediatamente, hace falta tiempo para hablar, un cierto n&uacute;mero de veces y despu&eacute;s viene un tiempo de concluir muy importante, que no se puede calcular, no se sabe cual es el momento preciso, que solo se puede determinar a posteriori. Es un momento decisivo, eso es el acto anal&iacute;tico.<\/p>\n<p> \t&nbsp;<\/p>\n<p> \tVolvemos a Pasolini y a Melville. Esta distancia entre los dos autores se despliega en torno al mismo tema, el de la ausencia radical de relaci&oacute;n que pueda escribirse entre los sexos. El Visitante de Pasolini &ndash;que es el acto sexual en tanto actuar- repite en todos los sentidos del t&eacute;rmino la soledad del ser humano, la del &ldquo;hablaser&rdquo;, precisamente dividido en cuanto que es sexuado. En cuanto a Billy Budd, todo el relato est&aacute; movido por el repudio radical y violento de lo sexual. En el relato de Melville no hay sexualidad, Billy Budd es hermoso, seduce a todos pero por su amabilidad, el texto respira la sexualizaci&oacute;n de las relaciones de la gente del barco cuyo culmen es Claggart. Mientras en Pasolini, est&aacute; el pasaje al acto, no hay amor en el sentido de lo que se despliega en palabras, hay pasaje al acto que se repite. En Melville no hay pasaje al acto sexual, hay pasaje al acto pero en otro registro. El uno y el otro, entre el acto &laquo;&nbsp;fallido&nbsp;&raquo; de Billy Budd (es decir, un actuar efectivo) y el actuar multiplicado del Visitante, dejan leer entre l&iacute;neas lo Real sexual que est&aacute; en el coraz&oacute;n de esta realidad de la que quer&iacute;an apropiarse F. Bacon y C&eacute;line (&laquo;el meollo&raquo;). Con Billy Budd no es tanto la homosexualidad lo repudiado, lo retirado en vivo del escrito, como el hecho de la sexualidad en tanto Real en lo vivo de la realidad. Desconocerlo, hace bascular el acto en un actuar sin palabra, fuera de lo simb&oacute;lico, fuera de la ley. Con el Visitante de Pasolini, su paso desvela la soledad de cada uno, luchando con los movimientos solipsistas del deseo.<\/p>\n<p> \tEs el mismo efecto de la belleza en los dos. Una especie de &aacute;ngel\/demonio, como es la belleza en el Visitante de Pasolini. Lo que es inquietante en Billy Budd y da fuerza a la narraci&oacute;n, es la incre&iacute;ble injusticia. Se tiende a pensar que en el consejo de guerra van a darse cuenta que es inocente y sin embargo lo condenan a ser colgado.<\/p>\n<p> \t&nbsp;<\/p>\n<p> \t&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En 1971, en su seminario &laquo;&nbsp;Ou pire&nbsp;&raquo; Lacan se ocupa de Arist&oacute;teles y de su principio fundamental de no contradicci&oacute;n. La palabra humana, sostiene el fil&oacute;sofo, es una palabra dirigida a otro para hacerse escuchar, para hacerse comprender; la palabra es antes que nada comunicaci&oacute;n de sentido. Arist&oacute;teles enuncia entonces su principio de estricta equivalencia entre decir y significar, para Aristoteles es imposible que dos palabras tenga dos sentidos diferentes:&laquo;&nbsp;Imposible pues que lo mismo pertenezca a la vez a dos campos diferentes, es necesario que eso sea lo mismo para uno mismo y para otro, es el sentido del principio de no contradicci&oacute;n&raquo;. Y bueno, lacan dice que eso es &ldquo;francamente idiota&rdquo;. En efecto, sostener la existencia (o ex-sistencia si se quiere) de lo inconsciente implica esto: que hay lo Real en el fondo de esta realidad que impregna nuestras palabras de buen sentido; hay lo real en el fondo de todo lo que se intenta comunicar. Lo Real que impide su buen funcionamiento un&iacute;voco (&laquo;un gran impostor, un envidioso saboteador&raquo; escrib&iacute;a Melville, genial intuici&oacute;n), en tanto que este Real &ndash; lo sexual &ndash; est&aacute; siempre presente y siempre en acto en cada enunciaci&oacute;n. Freud calific&oacute; a lo sexual de traum&aacute;tico, y ello para insistir en la lengua traumatizada por no poder evitar el &ldquo;sentido sexual&rdquo; que esta siempre ah&iacute;. El principio de discurso de nuestro lazo social &ndash;enuncia Lacan entonces-, no es la &laquo;&nbsp;estupidez&nbsp;&raquo; aristot&eacute;lica sino esto: &laquo;que no hay relaci&oacute;n sexual&raquo;. Es decir, no hay real en tanto sexual que pueda escribirse. Es un &laquo;&nbsp;hay (de lo Real como sexual)&nbsp;&raquo; que no puede enunciarse sino bajo su forma negativa, en tanto que lo Real\/sexual no puede escucharse sino bajo la forma de su repudio, su rechazo, su olvido, s&oacute;lo se puede ver, como en el caso del Visitante, por su proliferaci&oacute;n. Y Lacan prosigue:&laquo;La funci&oacute;n esencial del lenguaje es llenar todo lo que deja abierto el hecho de que no hay relaci&oacute;n sexual, lo que es como decir que ning&uacute;n escrito puede dar cuenta de ello&raquo;.<\/p>\n<p> \tLo sexual, descubre Billy Budd, no se escribe, es un acto. Para Billy, lo que no se &ldquo;exclama\/grita&rdquo; (del verbo &laquo;&nbsp;s&rsquo;&eacute;crier&nbsp;&raquo;\/s&rsquo;&eacute;crire, en ingl&eacute;s &laquo;&nbsp;to ejaculate&nbsp;&raquo;, en franc&eacute;s se escucha tras ese exclamar homof&oacute;nicamente &ldquo;escribirse&rdquo;) golpea con un pu&ntilde;etazo. Como el Visitante de Pasolini, &eacute;l es la encarnaci&oacute;n, la puesta en escena tr&aacute;gica de &laquo;&nbsp;el verbo se hizo carne&nbsp;&raquo;.<\/p>\n<p> \t&nbsp;<\/p>\n<p> \t&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A trav&eacute;s de esta palabra m&aacute;gica, b&iacute;blica, henos aqu&iacute; conducidos para terminar al campo de la cura anal&iacute;tica. Lacan nos previno: &ldquo;desconocer lo que es el acto anal&iacute;tico&rdquo; &ndash;dice en su Seminario &#039;&nbsp;el Acto&nbsp;anal&iacute;tico&#039;-, &ldquo;conduce a la negaci&oacute;n de la posici&oacute;n anal&iacute;tica&rdquo;. Lacan nos invita&nbsp; a preguntarnos sobre el acto anal&iacute;tico y sobre su diferencia con la acci&oacute;n. En la cura la acci&oacute;n esta suspendida en beneficio de la palabra, &uacute;nico acto permitido. Hay analistas que desaconsejan a sus analizantes tomar decisiones importantes para su vida. Y eso para permitir a todos los elementos pulsionales en juego, en lugar de evacuarse en la vida, concentrarse en el campo de la cura. Lo pulsional en juego debe quedarse en el campo de la transferencia. Una certeza, cl&iacute;nica esta vez: el acto no puede ser llamado anal&iacute;tico sino en el marco de la transferencia, es decir, en tanto que la palabra dirigida al analista lleva en el presente las huellas no sabidas del tiempo. El analista, al leer estas huellas, las restituye en su dimensi&oacute;n de ciencia ficci&oacute;n, su dimensi&oacute;n intemporal, siempre en el presente. El acto anal&iacute;tico se describe pues por lo que hemos se&ntilde;alado hoy: la dimensi&oacute;n del presente en tanto Real, su funci&oacute;n de &rsquo;corte y costura&rsquo; que autoriza la diferenciaci&oacute;n entre el futuro de lo imaginario y lo simb&oacute;lico en el pasado como siempre ya presente.<\/p>\n<p> \t&nbsp;&nbsp;&amp;nb<br \/>\nsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A esta l&oacute;gica actual\/inactual del inconsciente, responde la l&oacute;gica de lo (in)actual en la sesi&oacute;n (y por lo tanto en la cura). En efecto, se trata de plantear el acto anal&iacute;tico como ese acto que se&ntilde;ala en la palabra que circula ese juego de actual\/inactual tanto en el campo de la temporalidad (y se ha visto c&oacute;mo la memoria involuntaria solicitada en la cura por la asociaci&oacute;n libre permit&iacute;a el volcado sobre la cuenta del pasado lo que tomaba indebidamente el tiempo de la transferencia), como en el campo del acto (pienso aqu&iacute; en la localizaci&oacute;n de la repetici&oacute;n por parte del analista) &#8211;&nbsp; lo que Melville notaba ya con precisi&oacute;n en su relato: &ldquo;&iexcl;el acto actual es ese real siempre ya sexual, siempre ya realizado!&rdquo;).<\/p>\n<p> \t&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El acto anal&iacute;tico es siempre pues interpretaci&oacute;n. Participa de un decir a partir de que el analista interviene, ya sea cuando determina el principio de la cura en su precisi&oacute;n cronol&oacute;gica, o el final de la sesi&oacute;n en lo incierto de la interrupci&oacute;n, o el se&ntilde;alamiento de un significante, o el despliegue falsamente explicativo de una construcci&oacute;n&hellip; Es un decir que corta y que yo llamo de &lsquo;corte y costura&rsquo;. En la sesi&oacute;n del 20 de diciembre de 1977 (en el seminario que lleva el nombre de mi intenci&oacute;n&hellip; &ldquo;El momento de concluir&rdquo;, Lacan enuncia lo siguiente: &laquo;&nbsp;El analista corta. Lo que dice es un corte, es decir que participa de la escritura&raquo;. En efecto, es la necesaria y contractual suspensi&oacute;n del actuar lo que autoriza a la puesta en evidencia de la palabra como acto, acto Real en su (in)actualidad.<\/p>\n<p> \t&nbsp;<\/p>\n<p> \tIntervenciones: Se comenta la densidad del texto y los efectos de met&aacute;fora del mismo lo que requiere un tiempo de elaboraci&oacute;n.<\/p>\n<p> \t&nbsp;<\/p>\n<p> \tIntervenciones: sobre la cuesti&oacute;n de cuando se jubila el analista y sobre el libro &#039;Vieillir&#039; (envejecer) que versa sobre la retiradade los psicoanalistas.<\/p>\n<p> \t&nbsp;<\/p>\n<p> \tS. Sabinus: ese libro no tiene nada que ver con envejecer, es sobre todo psicolog&iacute;a que por otro lado se vende bien. La pregunta es importante, primero trabajo en ello y segundo no se puede evitar. Es tambi&eacute;n el equivalente de la pregunta del paciente por cuanto va a durar este an&aacute;lisis. Tomemos el tiempo que necesitemos. Para mi puede ser que yo pueda tomarme el tiempo para decidir cuando dejar de ser analista, como dec&iacute;a el capit&aacute;n de Billy Budd: &ldquo;tomate tu tiempo&rdquo;, no hay urgencia.<\/p>\n<p> \t&nbsp;<\/p>\n<p> \tIntervenci&oacute;n: una vieja analista respondi&oacute; a la pregunta de porque no dejaba de trabajar con la pregunta: &iquest;pero quien va a venir a verme sino?<\/p>\n<p> \t&nbsp;<\/p>\n<p> \tS. Sabinus: &iquest;no es el mismo tipo de respuesta c&oacute;mico tr&aacute;gico de F. Raynaud: &ldquo;un cierto tiempo&rdquo;? A veces estamos en lo c&oacute;mico y a veces en lo tr&aacute;gico.<\/p>\n<p> \t&nbsp;<\/p>\n<p> \tIntervenci&oacute;n: pregunta sobre el tema del &#039;corte\/costura&#039;, &iquest;Esa costura supone que se anuda de otra forma?<\/p>\n<p> \t&nbsp;<\/p>\n<p> \tS.Sabinus: Hubo una demostraci&oacute;n en el trabajo de Roque de ayer, como este corte&#8230;este corte en el s&iacute;ntoma entre la identificaci&oacute;n por un lado y el goce por otro, por la interpretaci&oacute;n de la letra permit&iacute;a otra costura, ya no estamos en el corte estamos en otra costura, por eso el comentario de Philippe me pareci&oacute; muy interesante, el analista no es un psic&oacute;logo ni un psiquiatra, es mucho m&aacute;s, es un artista, hay algo de la creaci&oacute;n, tambi&eacute;n por el lado del analizante, quien puede y debe crear.<\/p>\n<p> \t&nbsp;<\/p>\n<p> \tVuelvo a algo que me paso por la mente despu&eacute;s del comentario sobre la vieja analista&#8230;..Una an&eacute;cdota sobre envejecer y el tiempo y los viejos analistas, y los efectos de transferencia, es sorprendente c&oacute;mo una mujer bella y joven puede enamorarse de un analista viejo. Lo que me vino a la mente es la extra&ntilde;eza&nbsp; de una mujer con m&aacute;s de 70 a&ntilde;os que me dice que no va a hacer un an&aacute;lisis, dice: &ldquo;todo esto se acab&oacute; hace tiempo para mi&rdquo;, &iquest;qu&eacute; es lo que se acab&oacute;? Es ese cierto tiempo. Su tiempo de estar viva, es verdad que no es calculable, pero tampoco estamos en el pasaje al acto.<\/p>\n<p> \t&nbsp;<\/p>\n<p> \tIntervenci&oacute;n: est&aacute; tambi&eacute;n la fantas&iacute;a de que se muera el analista, tengo que terminar r&aacute;pido que se me muere el analista.<\/p>\n<p> \t&nbsp;<\/p>\n<p> \tS. Sabinus: Si, es el acto de concluir, tenemos tiempo pero vamos a darnos prisa&#8230;<\/p>\n<p> \t&nbsp;<\/p>\n<p> \tIntervenci&oacute;n: ese momento en el que el prisionero se dice: ya est&aacute; bien de vacilar voy a concluir. Hay algo del pasaje al acto ah&iacute;. &iquest;Cual es el matiz?<\/p>\n<p> \t&nbsp;<\/p>\n<p> \tS. Sabinus: el acto se define un poco como el actuar a ciegas, pero el momento de concluir es ya un acto de conclusi&oacute;n, viene despu&eacute;s de unos tiempos l&oacute;gicos. El pasaje al acto tiene la fuerza de la evidencia, que no se puede equivocar porque se ve, es evidente. En el momento de concluir hay algo l&oacute;gico, las vacilaciones, ambas hacen que haya algo que el prisionero comprende y en segundo lugar hay que salir. La incertidumbre del &lsquo;hay que salir&rsquo; viene de la l&oacute;gica del si no haces nada esto seguir&aacute; al infinito. Eso me recuerda c&oacute;mo se hacen los finales de an&aacute;lisis con los analizantes, a menudo dura mucho, desde que empiezan a hablar, hay vacilaciones: &ldquo;&#8230;las pr&oacute;ximas vacaciones ya no voy&#8230;no se&#8230;&iquest;me desenvolver&eacute; solo?&rdquo; Pero hace falta concluir, es un momento que pertenece totalmente al analizante, pero es incalculable.<\/p>\n<p> \t&nbsp;<\/p>\n<p> \tEn el ejemplo de Freud&nbsp; del Hombre&nbsp; de los lobos, Freud&nbsp; quiere que &eacute;l recupere el recuerdo de la escena primitiva y &eacute;ste no quiere, y Freud&nbsp; toma una soluci&oacute;n radical&#8230;le da un a&ntilde;o&#8230;.se ve en el desarrollo de la cura, hace falta un desarrollo del tiempo. Hay una inquietud particular de Freud, es grave y es que no se preocupaba de su paciente sino de su teor&iacute;a. Al mismo tiempo Freud confrontado a la pregunta de cuanto va a durar el an&aacute;lisis ten&iacute;a una respuesta genial: &ldquo;C&oacute;mo quiere que yo sepa lo que va a durar si no se a que velocidad avanza usted&rdquo;, eso contrasta con el a&ntilde;o que le da al Hombre de los lobos para que encuentre el recuerdo.<\/p>\n<p> \t&nbsp;<\/p>\n<p> \tIntervenci&oacute;n: Sobre como los otros pueden hacer que se precipite el acto. Por ejemplo la que se queda embarazada porque las amigas o las hermanas lo hacen.<\/p>\n<p> \t&nbsp;<\/p>\n<p> \tS. Sabinus: Eso es pasaje al acto, es el instante de ver. Si la otra est&aacute; embarazada yo tambi&eacute;n e incluso tener el hijo antes.<\/p>\n<p> \t&nbsp;<\/p>\n<p> \tIntervenci&oacute;n: En el tema de los prisioneros y en el tema de dejar de trabajar como analista hay implicado el tema de la muerte..de la muerte del deseo.<\/p>\n<p> \t&nbsp;<\/p>\n<p> \tS. Sabinus: Esta el deseo de vida y de muerte, la cuesti&oacute;n para mi no es entre deseo y muerte sino entre deseo de vivir y deseo de morir.<\/p>\n<p> \t&nbsp;<\/p>\n<p> \t&nbsp;<\/p>\n<p> \tSERGE SABINUS<\/p>\n<p> \tAnalyse Freudienne<\/p>\n<p> \tParis\/ Madrid&nbsp; mayo 2013&nbsp;<\/p>\n<p> \t&nbsp;<\/p>\n<p> \t&nbsp;<\/p>\n<p> \t&nbsp;<\/p>\n<p> \t&nbsp;<\/p>\n<p> \t&nbsp;<\/p>\n<p> \t&nbsp;<\/p>\n<p> \t&nbsp;<\/p>\n<p> \t&nbsp;<\/p>\n<p> \t&nbsp;<\/p>\n<p> \t&nbsp;<\/p>\n<p> \t&nbsp;<\/p>\n<p> \t&nbsp;<\/p>\n<p> \t&nbsp;<\/p>\n<p> \t&nbsp;<\/p>\n<p> \t&nbsp;<\/p>\n<p> \t&nbsp;<\/p>\n<p> \t&nbsp;<\/p>\n<p> \t&nbsp;<\/p>\n<p> \t&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Madrid, 25 de mayo de 2013 &nbsp; Cuando Eva me pidi&oacute; el t&iacute;tulo de mi conferencia de hoy, hace algunas semanas, yo estaba barajando la idea de trabajar varias cosas&nbsp;al mismo tiempo: el tiempo de la cura, el tiempo de la sesi&oacute;n, el texto de Lacan sobre el tiempo l&oacute;gico en los escritos, que se [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[65],"tags":[],"class_list":["post-593","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-inactualidad-de-la-logica-del-inconsciente"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.analysefreudienne.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/593","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.analysefreudienne.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.analysefreudienne.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.analysefreudienne.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.analysefreudienne.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=593"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.analysefreudienne.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/593\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.analysefreudienne.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=593"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.analysefreudienne.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=593"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.analysefreudienne.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=593"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}