{"id":990,"date":"2016-01-28T19:42:01","date_gmt":"2016-01-28T18:42:01","guid":{"rendered":"http:\/\/www.analysefreudienne.net\/afwpfr\/2016\/01\/28\/lucia-ibanez-marquez-deseo-y-mortificacion-en-masculino\/"},"modified":"2016-01-28T19:42:01","modified_gmt":"2016-01-28T18:42:01","slug":"lucia-ibanez-marquez-deseo-y-mortificacion-en-masculino","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.analysefreudienne.net\/es\/2016\/01\/28\/lucia-ibanez-marquez-deseo-y-mortificacion-en-masculino\/","title":{"rendered":"Luc\u00eda Ib\u00e1\u00f1ez M\u00e1rquez- &quot;Deseo y mortificaci\u00f3n en masculino&quot;"},"content":{"rendered":"<p><strong>Par\u00eds Octubre 2015<\/strong><\/p>\n<p>Hace varios a\u00f1os, en un cuarto de hospital, una voz implorante e imperativa me exig\u00eda:<\/p>\n<p>\u00bfEscribir\u00e1 alg\u00fan d\u00eda algo acerca de nuestro secreto?<\/p>\n<p>\u00bfNuestro secreto?<\/p>\n<p>S\u00ed, no se sorprenda, solo usted lo sabe.<\/p>\n<p>Y, \u00bfqu\u00e9 deber\u00eda escribir?<\/p>\n<p>Que un hombre se vuelve hombre cuando ya no se le empina.<\/p>\n<p>Ya no recuerdo qui\u00e9n de los dos sonri\u00f3 primero; nuestros rostros, dibujando una alegr\u00eda extra\u00f1a, nos hab\u00edan regalado esa \u00faltima mirada. Nuestra conversaci\u00f3n se qued\u00f3 ah\u00ed, como un barco varado en la arena del enigma de las \u00faltimas palabras pronunciadas. Me parec\u00eda que, con mi silencio, hab\u00eda aceptado guardar el secreto, para un d\u00eda tal vez, yo no dir\u00eda desvelarlo, sino quiz\u00e1s un poco, descubrirlo. Porque en el fondo, \u00bfqu\u00e9 sab\u00eda yo del secreto contenido en esa f\u00f3rmula pronunciada a modo de s\u00edntesis y que vendr\u00eda a arrojar algo de verdad de todo un trayecto de an\u00e1lisis?<\/p>\n<p>   <!--more-->  <\/p>\n<p>La pr\u00e1ctica cotidiana del analista es la del an\u00e1lisis de la transferencia, pero este no tiene nada de ordinario, y cuando lo inaudito de la vida ofrece la posibilidad de escuchar la fuerza de lo que se trama en el espacio del entre-dos (entre-deux), entonces no queda m\u00e1s que amarlo.<\/p>\n<p>El psicoanalista no tiene nada que hacer en la instituci\u00f3n, me replicaba recientemente un colega italiano, al tiempo que expresaba su emoci\u00f3n por la invasi\u00f3n del comportamentalismo en su pa\u00eds. Es cierto que esa situaci\u00f3n es un tanto desastrosa, pero cuando la vida nos da ocasi\u00f3n y nos lleva a algunos de esos lugares institucionales, ahora desertados de analistas, recordamos que son frecuentados por hombres, mujeres y ni\u00f1os, avatares de la vida que gritan, cada uno a su manera, su subjetividad lastimada y destruida.<\/p>\n<p>\u00bfDe d\u00f3nde les viene ese saber sobre la complejidad del sufrimiento que les impide conformarse con pastillas milagrosas y palabras terap\u00e9uticas compasivas?<\/p>\n<p>Apelar\u00e1n una y otra vez al an\u00e1lisis hasta que obliguen a sus psi a asumir la posici\u00f3n de analista. Reconozco que cierto optimismo persiste en mi esperanza por el futuro.<\/p>\n<p>Lugares&#8230;<\/p>\n<p>Le debo a una analizante haberme sacado de mi consultorio cuando me pidi\u00f3 que acudiera a su cuarto en el hospital, que no dejar\u00eda m\u00e1s, y poder as\u00ed continuar nuestras sesiones, hasta el final&#8230; Hab\u00eda hablado de su trayecto de an\u00e1lisis a los m\u00e1s cercanos, entre ellos, su onc\u00f3logo.<\/p>\n<p>Tras ella, otros han venido, el cuerpo adolorido y la palabra anudada. Para ellos, el tiempo ha dejado de ser eterno&#8230;<\/p>\n<p>Esta cl\u00ednica del cuerpo y alma quebrantada me condujo a otro lugar, m\u00e9dico esta vez, donde acuden pacientes de oncolog\u00eda urol\u00f3gica. Ah\u00ed, encuentro hombres con la voz turbada, sorprendidos de encontrarse, a pesar del pudor, impelidos por la imperiosa necesidad de hablar con alguien. Llegan arrastrando el cuerpo, a menos que sea el cuerpo el que los arrastre. Algunos son j\u00f3venes&#8230; Pero, \u00bfqu\u00e9 importa la edad? El tiempo ya no es tiempo, es intemporal, el viejo se ve como un ni\u00f1o y el joven ha extra\u00f1amente envejecido.<\/p>\n<p>\u00bfLa enfermedad? Nadie la quiere. Y sin embargo no alcanza m\u00e1s que a aquellos que hasta entonces hab\u00edan gozado de buena salud. Un d\u00eda todo va bien y por la tarde, la noche ha ca\u00eddo de repente; la vida se ha ido a parar a otro mundo, al de lo m\u00e9dico y sus instituciones por supuesto, pero tambi\u00e9n a ese otro mundo del lejano \u00edntimo, lugar donde se cimienta la significancia subjetiva del cuerpo y del alma pulsional.<\/p>\n<p>El organismo del cuerpo ha sido afectado en su realidad estructurada de carne y \u00f3rganos, pero bien sabemos que el cuerpo no vive m\u00e1s que por la gracia de la lengua, preservando lo que le ha precedido y que permanece inscrito por siempre en su memoria viva.<\/p>\n<p>El cuerpo es un extranjero<\/p>\n<p>Nadie parece salir indemne de los da\u00f1os que dejan huella en el cuerpo.<\/p>\n<p>La primera p\u00e9rdida, que ser\u00e1 seguida de otras, es la despreocupaci\u00f3n por el cuerpo y la ligereza que aportaba el hecho de poder ignorarlo. Mientras el cuerpo permanec\u00eda silencioso, era capaz de seguir bien que mal el paso del deseo, los proyectos y la vida. De repente, es \u00e9l el amo y se\u00f1or y la vida girar\u00e1 a su alrededor y a su antojo. El cuerpo se ha vuelto extra\u00f1o, se le teme, se le rechaza, se le detesta con rabia.<\/p>\n<p>El espejo que proyectaba la imagen algo idealizada se resquebraja y resulta dif\u00edcil reconocerse en ese espantado que hace temblar al ser del cuerpo por entero. El yo desorganizado amenaza con caer en migajas.<\/p>\n<p>Las fisuras abren brechas a lo que pulsa, es necesario encontrar un lugar fiable para descansar el cuerpo y quiz\u00e1s reencontrarlo.<\/p>\n<p>El hombre est\u00e1 afectado en la m\u00e9dula de su genitalidad, en el lugar simb\u00f3lico y significante de su virilidad. Es preciso escoger: la ablaci\u00f3n o el tratamiento qu\u00edmico que salva, pero que mantiene vivo el riesgo de invasi\u00f3n de la enfermedad. En ambos casos, las secuelas, de las cuales el espectro principal es la impotencia, forman parte del destino tal vez inevitable. \u00bfQu\u00e9 escoger entonces? \u00bfLa castraci\u00f3n qu\u00edmica temporaria o la castraci\u00f3n definitiva? Elecci\u00f3n imposible que se asemeja, en mucho, a la mort\u00edfera impuesta por la doble coerci\u00f3n (double mind): \u201c\u00bflos cojones o la muerte?\u201d<\/p>\n<p>De vida y de muerte&#8230;<\/p>\n<p>La traves\u00eda del sufrimiento parece inalcanzable y sin embargo, cada uno har\u00e1 lo posible para abrirse un camino en el an\u00e1lisis con fuerza y casi sin dudas. El tiempo para preliminares y para apariencias parece obsoleto, el habla viva vierte las palabras con ferocidad. La rabia, la culpabilidad, la verg\u00fcenza corroen hasta lo m\u00e1s profundo el cuerpo y lo que lo anima. El cuerpo se ha vuelto enigma. Es cuesti\u00f3n de vida y muerte, \u00bfdel cuerpo? \u00bfDel goce carnal?<\/p>\n<p>\u00bfDe lo que hace del hombre un hombre?<\/p>\n<p>El riesgo mayor es el de morir sin vida.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de la ablaci\u00f3n \u00ab ser\u00e9 un hombre con algo menos \u00bb, dice el protagonista de la novela de Tahar Ben Jelloun 1 , un hombre castrado al que se habr\u00e1 extirpado la pr\u00f3stata, pero solo eso, nada m\u00e1s, lo que deber\u00eda tranquilizarle. Sin embargo \u00abel algo menos\u00bb que se pierde en la castradura (para diferenciarla de la castraci\u00f3n) va m\u00e1s all\u00e1 de la p\u00e9rdida del \u00f3rgano, y esto sostiene como una br\u00fajula el trayecto de cada analizante.<\/p>\n<p>Desde el div\u00e1n, una voz interpela al pensamiento:<\/p>\n<p>\u201c\u00bfSab\u00eda usted que en nuestra \u00e9poca moderna todav\u00eda existen eunucos? Es cierto que ya no son poderosos ni deseados como lo fueron en los tiempos de los emires, pero la cuesti\u00f3n est\u00e1 en saber si el eunuco de hoy en d\u00eda es un hombre muerto o vivo en medio del harem\u00bb.<\/p>\n<p>Yo no sabr\u00eda formular mejor su pregunta y la respuesta que ella contiene, sobre todo porque da un sentido nuevo a la palabra harem. Ese lugar reservado a las mujeres y concubinas del Se\u00f1or estaba prohibido a los hombres, excepto al eunuco, guardi\u00e1n del harem considerado, por el hecho de estar castrado, sin posibilidad de practicar el coito y carente de deseo sexual.<\/p>\n<p>Pero Voltaire not\u00f3 la impostura, all\u00e1 donde se esconde el deseo. \u201cEl kizlar-aga, el eunuco perfecto, a quien se le hab\u00eda cortado todo y quien ten\u00eda, no obstante, un serrallo en Constantinopla: se le hab\u00edan dejado los ojos y las manos, y la naturaleza no perdi\u00f3 en absoluto sus derechos en su coraz\u00f3n.\u201d 2<\/p>\n<p>El deseo y el goce van m\u00e1s all\u00e1 de la p\u00e9rdida del \u00f3rgano, aunque esto no sea siempre posible. El eunuco deseante hace figurar aqu\u00ed, a pesar de la muertificaci\u00f3n del cuerpo, la insistencia del deseo por el Otro, representado aqu\u00ed por lo femenino.<\/p>\n<p>Se desprende as\u00ed del sentido cl\u00e1sico que se confiere al t\u00e9rmino \u00abharem\u00bb como lugar asociado al placer sexual, el de ser un lugar representativo del deseo, aquel que insufla vitalidad y ardor a la existencia.<\/p>\n<p>Sin la b\u00fasqueda del deseo subjetivo, el psicoan\u00e1lisis no existir\u00eda.<\/p>\n<p>Del Secreto<\/p>\n<p>\u201cH\u00e1game un hombre\u201d, con estas palabras y ante esta mujer desconocida que lo escuchaba,<br \/>\n se hab\u00eda comprometido a no fallarse m\u00e1s a s\u00ed mismo. No era la primera vez adem\u00e1s, que hac\u00eda semejante petici\u00f3n a una mujer. De repente, una escena de juventud surgi\u00f3, la imagen desesperante de su pene inerte ante la mujer que deseaba. \u201cHazme hombre\u201d, le hab\u00eda dicho, como si solo ella hubiera tenido la f\u00f3rmula, el poder de despertar al muerto.<\/p>\n<p>\u201cQue se le levante\u201d no hab\u00eda sido lo m\u00e1s sencillo, y eso desde el principio, pero la cosa hab\u00eda funcionado m\u00e1s bien que mal. Durante toda su vida hab\u00eda tenido que caminar derecho, como un \u00abhombre que tiene lo que hay que tener\u00bb y que seduce justamente por eso. No deb\u00eda sobre todo detenerse en peque\u00f1eces sobre las que, muy a menudo, se detienen las mujeres. Estaba m\u00e1s bien orgulloso de lo que la vida le hab\u00eda concedido: esposa, amante, hijo. Pero, \u00bfqu\u00e9 m\u00e1s esperaba de esta vida? Se sent\u00eda tan culpable. Hubiera deseado que la vida no hubiera tocado su cuerpo, ah\u00ed, en ese lugar en el que hab\u00eda puesto tan a menudo sus ilusiones y su esperanza.<\/p>\n<p>\u201cLo viril es fr\u00e1gil\u201d, dec\u00eda, \u201csi uno no lo tiene, nadie se lo puede cortar. Y si uno no existe, no hay nada que arriesgar\u00bb.<\/p>\n<p>Este era el reto de la elecci\u00f3n, arriesgar la vida en un cuerpo castrado o bien dejarse morir. La primera opci\u00f3n parec\u00eda m\u00e1s dif\u00edcil.<\/p>\n<p>Era imperativo reencontrar un poco de ligereza, todo parec\u00eda tan pesado y aplastante, sobre todo ese cuerpo que le ca\u00eda encima. Pero si hay algo que no se puede controlar, es la vitalidad que envuelve al deseo. No es posible decirse: \u201cvenga, vamos, despi\u00e9rtate y desea\u201d. Eso viene de aquel lugar donde la falta primaria relanza y renueva la invocaci\u00f3n que pulsa y vibra hacia el Otro.<\/p>\n<p>La erotika pulsional participa en la constituci\u00f3n de la transferencia. Erotika con k, para diferenciarla de la palabra \u201cer\u00f3tico\u201d, e investirla del sentido dado por la fuerza libidinal del verbo encarnado que surge en el lugar de la transferencia.<\/p>\n<p>Su trayecto en el an\u00e1lisis, el hombre del Secreto lo camin\u00f3 con rigor y sin falsa complacencia ni para \u00e9l ni para m\u00ed.<\/p>\n<p>Su cuerpo no hab\u00eda dejado de sorprendernos. No se hab\u00eda sentido antes tan fuerte y potente como durante el tiempo de la castraci\u00f3n qu\u00edmica. \u00bfTal vez se habr\u00eda equivocado el Gran Jefe y le habr\u00eda recetado una f\u00f3rmula de efecto contrario? En cualquier caso la erecci\u00f3n de la vieja, apodo que hab\u00eda dado a su pene, era mucho mejor que en la \u00e9poca despreciable de la duda adolescente. Era el desenfreno, deb\u00eda aprovechar y gozarlo mientras fuera posible.<\/p>\n<p>As\u00ed fue hasta la ablaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La vida lo confrontaba extra\u00f1amente a s\u00ed mismo. La ablaci\u00f3n se hab\u00eda convertido en su boca en la mutilaci\u00f3n de su esencia masculina. No solo lo hab\u00eda castrado, sino que lo hab\u00eda despojado de todos sus rasgos de macho simp\u00e1tico.<\/p>\n<p>Tuvo que desplegar hasta el m\u00e1s m\u00ednimo rinc\u00f3n las representaciones asociadas a su masculinidad tan querida, con la cual hab\u00eda terminado por confundirse. \u00ab Decir adi\u00f3s a la esencia de macho&#8230; \u00bb 3 , no porque de hecho hubiese una, sino m\u00e1s bien porque varias significaciones le hac\u00edan percibir al menos algo de su olor.<\/p>\n<p>Era necesario matar lo masculino, enterrarlo, exiliarlo y, tal vez entonces, sobrevivirlo.<\/p>\n<p>\u00bfLlegar\u00eda a olvidar su cuerpo de antes? \u00bfLograr\u00eda borrar la sensaci\u00f3n de semen fluyendo a lo largo de su pene? \u00bfC\u00f3mo sostener en ese estado despreciable la mirada de una mujer?<\/p>\n<p>Estaba desvitalizado&#8230;\u00bbPresi\u00f3n y depresi\u00f3n. La savia sube y se retira (como fluye y refluye la marea)\u201d. 4 Sal\u00eda solo para dirigirse a su sesi\u00f3n y hablarnos, a nosotros. Este nosotros era el \u00fanico lugar al que pod\u00eda dirigirse, el tercero intemporal que se conjuga siempre en presente en el meollo vivo de la transferencia. Ah\u00ed, distintas figuras y varios cuerpos se invitaron. Una vez, se escuch\u00f3 la voz de una ni\u00f1a peque\u00f1a que hablaba a su madre quien arrastraba un cuerpo bien vestido pero esquel\u00e9tico. Antes que la vocecita brotara del div\u00e1n, \u00e9l ignoraba que hubiera podido desear ser una ni\u00f1a quien habr\u00eda podido, ella, dar a su madre el deseo de comer y vivir.<\/p>\n<p>Pero su madre le hab\u00eda hablado como a un ni\u00f1o y eso le hab\u00eda gustado. Y su sexo y su pene le gustaban tambi\u00e9n. \u00bfY las mujeres? Las deseaba a\u00fan, quiz\u00e1s m\u00e1s que nunca. Su cuerpo de antes encajaba bien con todo eso, y, ahora que ten\u00eda otro cuerpo, ese que hab\u00edan cortado, \u00bfqu\u00e9 ser\u00eda de \u00e9l?<\/p>\n<p>Se sorprend\u00eda de no desear morir. El espectro de la muerte nos ofrece el destello del deseo desesperado.<\/p>\n<p>No deseaba tampoco ser la sombra del que hab\u00eda sido. Era imposible, una sombra no existe.<\/p>\n<p>Tal vez podr\u00eda convertirse en otra persona, en una especie de avatar metamorfoseado a partir de su esencia vital. \u00bfPor qu\u00e9 no convertirse en el hombre que no hab\u00eda sido hasta entonces?<\/p>\n<p>\u00bfPodr\u00eda llegar a ocurrir eso, as\u00ed simplemente? \u00bfY qu\u00e9 hacer de ese cuerpo extranjero?<\/p>\n<p>\u00bfAdoptarlo? \u00bfPodr\u00eda entonces llegar a amarlo?<\/p>\n<p>El hombre del Secreto hab\u00eda encontrado su aliento vital que no depend\u00eda de su potencia viril.<\/p>\n<p>Muri\u00f3 reconoci\u00e9ndose como un hombre incompleto, al igual que todo hombre entre los hombres que mueren. Es decir, reconciliado con la castraci\u00f3n fundadora de saberse limitado y mortal entre los mortales.<\/p>\n<p>El secreto del secreto ser\u00eda que muri\u00f3 viviente.<\/p>\n<p>Y la analista, \u00bfqu\u00e9 hace ella con el Secreto?<\/p>\n<p>En primer lugar, el Secreto permanece preservado en la memoria de lo que se olvida y se reencuentra solo cuando resuena. En esto, la cl\u00ednica de la que se habla es una ficci\u00f3n que se hace y se rehace cuando uno la piensa y todav\u00eda m\u00e1s cuando la escribe.<\/p>\n<p>Y a veces, en la soledad despu\u00e9s de la sesi\u00f3n, hablo a mi cuerpo y le pregunto \u00ab\u00bfcon qu\u00e9 te quedaste hoy?\u00bb<\/p>\n<p>Puedo a\u00f1adir que el pensar contin\u00faa.<\/p>\n<p>Los secretos perlaborados sesi\u00f3n tras sesi\u00f3n por estos hombres que me hablan de ese lugar donde viven lastimados y heridos me dan a pensar que el goce f\u00e1lico otorgado al hombre del pene ha quedado un tanto limitado, en teor\u00eda, a la buena voluntad de la erecci\u00f3n y su peque\u00f1a muerte. Y sin embargo, parece ser un continente tan grande como aquel que Freud calific\u00f3 de negro. Su topograf\u00eda es rica en colores y matices. Y solo, cada voz aferrada a la lengua, deja o\u00edr el tono \u00fanico de su creaci\u00f3n y su misterio.<\/p>\n<p>En cuanto al intento de localizar lo que ser\u00eda lo masculino frente a lo femenino, aqu\u00ed tambi\u00e9n la cl\u00ednica psicoanal\u00edtica nos advierte sobre la imposibilidad de pronunciarse. Quignard encuentra una bella manera de expresarlo: \u201cUno y una. Distintos pero no opuestos. La identificaci\u00f3n no designa m\u00e1s que esto, un \u201cni totalmente uno\u201d ni, \u201cno totalmente otro\u201d&#8230;el sexus es uno: un \u00ab uno \u00bb que no es nunca el mismo para cada uno. \u00bb 5<\/p>\n<p>Me parece importante tambi\u00e9n recordar el lugar que ocupa lo social como espejo de lo colectivo ante el cual se miden y valoran hombres y mujeres. Las pr\u00e1cticas sexuales de hoy se interesan a los \u00f3rganos sexuales en exceso y los tratan como repuestos de garaje; de hecho el comercio de objetos y juguetes sustitutos funciona bastante bien. Me parece que esto contribuye a una cierta fascinaci\u00f3n tanto por el pene como por la vagina y los senos.<\/p>\n<p>Entonces, cuando el c\u00e1ncer, enfermedad de nuestra \u00e9poca, impone la mutilaci\u00f3n de los \u00f3rganos sexuales, la construcci\u00f3n identitaria, en el fondo siempre vulnerable, amenaza con derrumbarse.<\/p>\n<p>Para terminar, quisiera leerles las l\u00edneas m\u00e1s hermosas que he encontrado evocando el camino simb\u00f3lico de la castraci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u201c&#8230;me sent\u00e9 al borde de la cama, clav\u00e9 la mirada en los dibujos un tanto er\u00f3ticos de una alfombra persa, y le habl\u00e9, como si mi libido fuera un personaje vivo, una pareja esencial. Le dije mi decisi\u00f3n: ya no soy capaz de darte m\u00e1s nada. Lo siento, la mec\u00e1nica ha dejado de funcionar definitivamente. Ahora soy un ser incompleto. No es culpa de mi cerebro, \u00e9l hace lo que puede, es el resto que ya no sigue m\u00e1s. Es como en esas pesadillas en las que uno grita pero la garg<br \/>\nanta no logra emitir ning\u00fan sonido. As\u00ed pues, querida libido, si bien te parece, nos separamos&#8230; y te olvido. \u00bb 6<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Notas:<\/p>\n<p>1 1\u00ab L\u2019ablation \u00bb, Folio, p27.<\/p>\n<p>2 Dictionnaire philosophique, en \u00ab Joseph \u00bb, Folio classique, 1994<\/p>\n<p>3 J. Lacan, Radiophonie, en Autres Ecrits, p.438<\/p>\n<p>4 Pascal Quignard, Vie S\u00e9cr\u00e8te, Gallimard, p. 169<\/p>\n<p>5 Pascal Quignard, Mourir de penser, Grasset, p 197<\/p>\n<p>6 L\u2019ablation, Ibid, p. 128-29<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Par\u00eds Octubre 2015 Hace varios a\u00f1os, en un cuarto de hospital, una voz implorante e imperativa me exig\u00eda: \u00bfEscribir\u00e1 alg\u00fan d\u00eda algo acerca de nuestro secreto? \u00bfNuestro secreto? S\u00ed, no se sorprenda, solo usted lo sabe. Y, \u00bfqu\u00e9 deber\u00eda escribir? 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